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La Palabra
de Dios ... LA REVELACIÓN DIVINA EN LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA ... recibida por Bertha Dudde El Sol. Luz y Amor Oh, hija mía, entrégate incondicionalmente a tu Salvador y la paz reinará en tu corazón. Y serás liberada de todo lo que te oprime. Su Amor te dará consuelo. El Señor no quiere que vuestro espíritu se canse, y por eso os consuela y conforta cada vez más con sus palabras. Cada proceso de la naturaleza tiene su origen en el gran Amor de Dios. Es como la irradiación continua de una luz vivificadora que influye en todo lo que existe y en lo que se prepara en la Tierra y en todo el universo. Para que estos procesos se desarrollen según la sabia Voluntad de Dios, Él hace que esta luz irradie continuamente.
Si la infinitud del universo te desconcierta y tomas consciencia de tu pequeñez ante él, ¡no dudes sin embargo del Amor de Dios ni de su preocupación por cada uno de los seres que existen! Así como el Sol ilumina la Tierra, la calienta, y vivifica las plantas y todos los seres que viven en ella, de la misma manera muchos soles, inmensos en número, irradian su luz para que todo el universo esté bajo la influencia de la luminosidad divina, una luz que nunca se apagará porque el mismo Padre celestial es la Luz de la cual emana toda vida. Eterna es la vida y eterno el amor, y los dos son la esencia de Dios eterno. En su Amor y Bondad ilimitados, Dios creó a sus criaturas en la Luz. Por eso todos los seres se inclinan hacia la luz. Y a quien camina en ella, el camino le llevará hacia arriba.
El que anhela conseguir la iluminación divina y se dirige al Señor, se verá envuelto en una luz clara, pues la sola la voluntad firme de querer volver al estado original hace acercarse a él. Toda planta intenta romper la corteza de la Tierra para dirigirse hacia la luz. También predomina el deseo de luz en la fauna. ¿Cómo iba a preferir el hombre permanecer en la oscuridad en vez de dirigirse hacia el Padre de toda luz? Sin embargo, el hombre ha de sostener grandes luchas contra los poderes del enemigo que quiere extinguir su deseo de luz eterna. El propósito del oponente es envolver al espíritu y al alma del hombre de plena oscuridad para ocultarle el verdadero objetivo de la vida y arrastrarle hacia abajo, a la oscuridad eterna; quiere obtener poder total sobre el hombre para alejarle del ámbito de Luz al que se
dirige inconscientemente.
Pero el Amor de Dios se preocupa constantemente de aquellas criaturas de la Tierra amenazadas por las tinieblas. La voluntad propia de quien cae en poder de las tinieblas quedará paralizada, y sin ayuda divina ya nunca podría librarse de ese poder. Por eso, con el fin de que ninguna criatura de la Tierra sea abandonada a su suerte sin haber sido advertida, hay muchas fuerzas espirituales puestas a disposición del hombre. Aunque por un lado el adversario procura influir en el hombre, por otro está el amor de los nobles seres espirituales que lucha por las almas. Si la criatura se dejase llevar sólo un poco por las fuerzas positivas, todo le resultaría mucho más fácil. Pues la fuerza del amor es incomparablemente mayor que la fuerza negativa. Pero ¡qué ciega está la criatura! Su libre voluntad, que debiera llevarla
hacia el Padre celestial, falla precisamente en eso. Pero cuando se trata del caso contrario, acepta decidida e incondicionalmente lo que el oponente le insinúa. Por eso, si el hombre usa su fuerza y su voluntad para apostatar de Dios, cuando le han sido concedidas para desarrollar su alma, él mismo será responsable de las consecuencias.
Hija mía, el Señor te necesita. Los colaboradores dispuestos y devotos del Señor deben ayudar a los pobres a encontrar el buen camino para que, mediante la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, comiencen su retorno hacia el Padre. Es de suma importancia transmitir a los hombres el conocimiento de la Verdad, porque tras la continua lucha entre Iglesias, la doctrina de Cristo ha quedado alterada de tal manera que difícilmente es aceptable hoy día. Los hombres no ven actualmente en ella una guía sino más bien una doctrina educativa, ya sin relación con la formación espiritual. Y como la toman por obra de origen humano, más bien prefieren desentenderse de ella que tomarla en serio. Por eso el Padre quiere revelar su Palabra a los hombres de una forma nueva, una forma en la que puedan sentir el Amor divino, para que se
les abra el corazón y escuchen la voz de las alturas.
De nuevo el Salvador está entre los hombres. Siempre estará entre quienes divulgáis sus enseñanzas, y siempre os ayudará a elegir las palabras más adecuadas, y a que también vosotros mismos practiquéis lo que enseñáis. De esta manera su Palabra entrará en los corazones de los hombres que, como consecuencia, actuarán con amor mutuo. Porque habrá luz para cada uno de ellos, y en cuanto les llegue el menor rayo de Luz divina, se librarán de las tinieblas. Pues el deseo intenso de Luz continuará durante toda la eternidad.
Amén.
Seres del Más Allá piden ayuda Te saludamos, en el nombre del Padre. A tu alrededor se encuentran todos los seres que quisieran entrar en contacto contigo. Para satisfacer su deseo, el Señor ha dispuesto que puedan participar en esta comunicación.
Hay un anciano cuyo espíritu se encuentra junto a ti hace ya mucho tiempo. Le ha sido concedido servirse de tu fuerza para comunicarse contigo. Te ruega encarecidamente que no olvides a su hijo, que también está cerca de ti, cuya vida en la Tierra terminó recientemente. Él frecuenta tu hogar, observa tus anhelos y no logra entender por qué no puede entrar en contacto contigo. Durante su vida terrestre no quiso que le enseñasen nada y nunca pensó en la hora de la muerte. El Señor le reclamó, pero su espíritu permanece todavía en las cercanías de la Tierra porque aún no es consciente de su misión en el Más Allá. Su padre está preocupado por él y te ruega que reces por él. ¡Consiente en ello!
Ahora se está acercando a ti. No te doy su nombre; hay muchos seres aquí, todos ellos atraídos por tus pensamientos. Pero procura inclinarte hacia nosotros y sé receptiva únicamente a lo que nosotros te comunicamos. Sé consciente de esto. Todos te acompañan en tu trabajo y quieren confirmarte que puedes ayudar a muchos con tu misión. Éste está continuamente a tu lado; te darás cuenta cuando quiera inmiscuirse en tus pensamientos. Se encuentra muy a gusto en tu ambiente porque te tiene gran cariño. Le gustaría mucho darse a conocer a todos vosotros aunque, muy a pesar suyo, no hay manera. Pero cuando en vuestros pensamientos estéis con él, entonces, si el Padre le concede la fuerza necesaria, procurará llamar vuestra atención. Por hoy no quiere sino saludarte y pedirte que reces por él. Ahora él mismo desea
hablarte, lo que le es concedido:
«Querida amiga, todos tu trabajos son un consuelo para nosotros y nos dan mucha esperanza. Necesitamos el amor de los hombres que todavía están en la Tierra porque en nuestro tiempo desaprovechamos la ocasión de unirnos al Señor. ¡Ay, qué equivocados vivimos nuestra vida en ella! Ahora todo nos cuesta un gran esfuerzo y te estamos muy agradecidos, porque tus oraciones, en las que nos recuerdas tan cariñosamente, nos ayudan mucho. Dependemos de tu amor y por eso estamos siempre alrededor de ti. Pues el Señor nos concede la Gracia de poder aprovecharnos de tu trabajo. Alabado sea el Padre celestial porque mediante tu trabajo podemos conocer nuestra misión, a la que nos entregamos con mucho esmero estimulados por tu trabajo espiritual y fortificados por tus propios esfuerzos y las oraciones en las que nos recuerdas.
Todo esto es una gran bendición para quienes estamos cerca de ti, pues hemos aprendido algo sobre la actividad de seres espirituales ya más avanzados, los cuales nos tratan con mucho amor y nos permiten presenciar cada una de las comunicaciones que tienen contigo. Así podemos aprender como debemos hacer nuestro trabajo en el Más Allá para ascender cada vez más...».
Terminamos con algo que te causará alegría: aquí, en el Más Allá, se les ha dicho a todos los seres que te ayuden. Los que estamos capacitados para ello, no te dejaremos sola sea cual fuere el apuro en que estuviere tu alma. A tu alrededor siempre habrá un grupo grande de quienes en la Tierra fueron muy cercanos a ti y a los que, todavía hoy, les gusta estar a tu lado para protegerte contra los peligros que amenazan tu alma. Recuerda pues siempre con cariño a todos los que te precedieron, los cuales se encuentran ahora permanentemente a tu alrededor. Ellos piden continuamente a Dios que te bendiga y que puedan estar un día unidos contigo de nuevo para siempre. Dedícales también tu oración, pues todos debéis preocuparos amorosamente de los demás.
Amén. |