| La muerte del héroe |
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La inmolación de Grau y la tripulación del Huáscar, el 8 de octubre de 1879, es un hecho luctuoso, pero siempre digno de ser recordado. Aquí algunos testimonios e imágenes que muestran la dimensión del daño causado a la que fue nuestra nave insignia y revelan el sentido del deber de su comandante. Por Renzo Babilonia Fernández Baca
En otra carta, fechada en Arica el 27 de setiembre de 1879, Grau vuelve a solicitar a su esposa que contrate los servicios del referido estudio: "Necesito un retrato grande para la Municipalidad de Sucre, mándalo a hacer donde Courret2". Grau y Prat
Entre los objetos que se devolvieron a la viuda de Arturo Prat se encontraban la espada sin su vaina, un anillo de oro de matrimonio, tres fotografías –una de su señora y las otras dos, probablemente, de sus niños–, una reliquia del Corazón de Jesús, un escapulario del Carmen y una medalla de la Purísima, un par de guantes de preville, un pañuelo de hilo blanco, sin marca, un libro memorándum y una carta cerrada. A la carta que Miguel Grau envía a la viuda de Prat se le contesta con la siguiente conmovedora nota: Valparaíso, agosto 1ro de 1879
"Las dos sombras eran las del Huáscar y La Unión, que llevaban en ese momento sus luces apagadas para ocultarse de nuestra vista… No tuve ninguna vacilación para reconocer al Huáscar. Había estado en esta nave cuando llegó por primera vez a Valparaíso en 1866, siendo oficial del batallón de infantería de marina; tenía vivo y exacto el recuerdo de su estructura estudiada en las dos veces que le disparamos nuestros cañones en Antofagasta, y guardaba entonces una fotografía en previsión de cualquier incidente". Aunque el texto no termina de ser muy claro, da la impresión de que el autor afirma conservar una fotografía del Huáscar para reconocerlo en caso de avistarlo y dar aviso en caso de cualquier imprevisto. Un caso muy especial, por su calidad de británico y combatiente en la Marina de Guerra chilena, es el del suboficial Edwin John Penton, quien sirvió a bordo del blindado Cochrane desde 1878 hasta 18827. El marinero victoriano escribió un diario8 en donde narró la captura del Huáscar y algunas acciones terrestres en las que apoyó su barco, como la toma de Arica y las batallas por Lima. Entre sus múltiples anotaciones dejó algunas sobre la captura del Huáscar que llaman la atención. Finalizado el combate de Angamos, Penton fue enviado al blindado peruano para evaluar los daños. Lo que describió fue un verdadero escenario de horror sobre la cubierta de la nave:
La imagen más famosa del Huáscar, aunque todavía muy poco vista en el Perú, fue tomada por el fotógrafo norteamericano Spencer en Valparaíso. En ella se observan los daños sufridos por el blindado en Angamos y, si tomamos en cuenta que el Huáscar arribó el 20 de octubre de 1879 y el 22 se comenzó a repararlo, se puede presumir que la fotografía se realizó al poco tiempo de llegar la nave al puerto9. Sin embargo, aquella imagen no nos transmite ni recrea la sensación de horror que se produce al leer el diario de Penton. No se escuchan los gritos de los heridos; tampoco se siente el olor a carne quemada ni el humo de los incendios. No hay una descripción cabal del horror, pero sí un nivel de sugerencia. La imagen solamente buscaba demostrar a la opinión pública que el gran adversario había sido vencido. No pretendía inquietar mostrando escenas de una lucha excesivamente sangrienta. Tiene demasiado marcado el signo de ser la historia oficial del conflicto. La campaña terrestre recién comenzaría el dos de noviembre de 1879, a pocos días de la llegada del Huáscar a Valparaíso, con la toma de Pisagua. A partir de allí se sucederán sangrientas batallas que conllevarán gran mortandad durante la toma de Pisagua, Tarapacá, Tacna y Arica. No es tiempo todavía de impresionar a la población que, enrolada en el ejército chileno, participará en la invasión, con imágenes de muerte y horror. Luego de su captura por la Marina de Guerra chilena, el blindado peruano fue fotografiado en Antofagasta y Valparaíso. Era indispensable documentar el nuevo estado de las cosas lo más pronto posible. El Huáscar había impedido por seis meses cualquier intento de invasión del Perú y, a partir del 8 de octubre de 1879, la guerra daría un giro definitivo a favor de Chile. Al retratar al blindado, este resultaba doblemente capturado: dominado en su materialidad y, a la vez, retenido artificialmente por la imagen. Incluso, en su diario, Penton señaló que el domingo 12 de octubre de 1879 un fotógrafo subió a la cubierta del Huáscar (anclado en aquel momento en Antofagasta) e hizo algunas tomas desde la cubierta10. Muerto el héroe y capturado el Huáscar después del sangriento Angamos, y fotografiado el blindado en Valparaíso y Antofagasta, ya no quedaba duda del curso que a continuación llevaría la guerra. La imagen del vencido blindado peruano prisionero en Valparaíso fue reproducida, como veremos la próxima semana, en la prensa europea y norteamericana. No solamente como demostración del nuevo giro que tomaría la guerra, sino también por el interés que producía en EEUU y Europa apreciar los efectos producidos en el primer enfrentamiento entre blindados en el Océano Pacífico. | ||||||||
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