Publicado por La Nación el 04-08-02
Para el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz
La culpa de la crisis en Brasil y Uruguay no es de la
Argentina sino producto de la inestabilidad
capitalista
Afirma que en las recesiones hay que usar préstamos
del Fondo Monetario Internacional para no tener que
cortar gastos
Permanente crítico del organismo multilateral, lo
acusa ahora de haber perdido el rumbo
Ataca la convertibilidad
Y dice que cualquier país es vulnerable
NUEVA YORK.- Sudeste asiático, Rusia, la Argentina...
"Estamos aprendiendo lecciones sobre la inestabilidad
del sistema capitalista. Cualquier país es vulnerable,
no importa cuán buenas sean las políticas del FMI que
aplique", asegura Joseph Stiglitz, premio Nobel de
Economía 2001.
.
Stiglitz no es un premio Nobel cualquiera. Ex
economista en jefe del Banco Mundial (1997-1999) y ex
asesor económico de Bill Clinton (1995-1997), este
profesor de la Universidad de Columbia, que pasó antes
por Yale, Stanford, Princeton y Oxford, no se queda
quieto jamás, y mucho menos cuando se trata de hablar
de su principal enemigo, el Fondo Monetario
Internacional (FMI), a quien dedica la mayor parte de
su último libro, "El malestar en la globalización".
.
"El FMI no sólo perdió el rumbo, sino que está yendo
en contra de sus fundamentos", asegura, mientras juega
con su celular último modelo y se sienta después de
haber llegado una hora tarde a la entrevista, como
suele ocurrirle. Una vez instalado en un salón de la
Escuela de Negocios de Columbia (el piso en el que se
encuentra su pequeña oficina está en refacción y es
casi imposible encontrar allí un lugar en donde
sentarse) se rasca nerviosamente la cabeza y casi con
la misma naturalidad con que toma de su latita de
gaseosa dietética refuta que los temblores financieros
en Brasil y Uruguay hayan sido fruto del "efecto
tango".
.
"Lo que se ve no es tanto un contagio de la crisis
argentina, sino el principio general de que cualquier
país con grandes deudas es víctima de las
fluctuaciones del mercado -dice-. Le sucede lo mismo a
los Estados Unidos, con la brutal caída del Nasdaq,
pero éste es un país lo suficientemente fuerte para
resistir esos viavenes. Los países en desarrollo no
pueden hacerlo, y se produce el desastre. Le pasó a la
Argentina en el 97, cuando el país tenía una excelente
calificación del FMI y explotó la crisis del sudeste
asiático. La tasa de interés que debía pagar la
Argentina subió enormemente, y ése fue el principio
del fin. No fue que la Argentina hubiera hecho algo
malo, fue que las instituciones financieras
internacionales impusieron requisitos que ningún país
razonable podía cumplir. Esa es la lección que se debe
aprender para el futuro."
.
En "El malestar en la globalización", que ya le ha
ganado muchos enemigos en Washington y en Wall Street,
Stiglitz acusa al FMI de imponer recetas a países en
desarrollo que están en crisis que son totalmente
opuestas a las que un país desarrollado llevaría a
cabo.
.
Según él, si un país desarrollado se enfrenta a una
recesión o a un shock serio del sistema lo primero que
hace es bajar los impuestos y las tasas de interés
para darle liquidez al sistema, mientras que el
gobierno hace todo lo posible por mantener la
confianza de consumidores y productores. En cambio,
cuando el Fondo sale al rescate de una desventurada
economía del Tercer Mundo, lo primero que exije es
durísimos recortes fiscales, un plan de austeridad
extrema, altas tasas de interés y aumentar el peso
impositivo, como bien sabe la Argentina.
.
Moviéndose impacientemente en su silla, Stiglitz
afirma que no hay evidencia empírica que demuestre que
la restricción del gasto fiscal es necesaria para el
desarrollo económico. Todo lo contrario.
.
"En los comienzos de la Gran Depresión en Estados
Unidos había dos visiones sobre cómo responder a una
recesión económica -apunta adquiriendo toda su pose de
profesor universitario-. La primera, la que apoyaba
Wall Street, sostenía que cuando uno entra en recesión
y baja la recaudación hay que eliminar el déficit y
mantener el equilibrio fiscal; ésa fue la política que
llevó a cabo el presidente Herbert Hoover, y la
depresión empeoró. La visión alternativa fue la del
economista inglés John Maynard Keynes, que proponía
más gasto fiscal y una política monetaria expansiva.
Señalaba que a veces la política monetaria no
funcionaba y que entonces era aún más importante tener
una política fiscal expansiva, aun cuando ésta llevara
al déficit. En los 70 años que han pasado desde
entonces los economistas han respaldado la visión
keynesiana, al punto que en este país, en la recesión
del año pasado, tanto republicanos como demócratas
decían que había que tener una política fiscal
expansiva para salir del ciclo recesivo. El problema
es que en América latina y en otros países la política
fiscal ha sido procíclica (es decir, ha acentuado el
ciclo recesivo). Recortar los gastos del Estado cuando
se está en recesión no hace más que acentuar los
efectos de la caída de la economía. El FMI ha
presionado para imponer este tipo de políticas, con el
resultado conocido.
.
-Pero es difícil expandir el gasto cuando el Estado ya
tiene un gran déficit, como ocurrió en la Argentina.
.
-Ese es el principal problema. Hay varias respuestas.
Primero, para eso es para lo que se creó
originariamente el FMI, para dar fondos a aquellos
países que enfrentan una desaceleración económica y
que no pueden obtener dinero de otra manera. Por lo
tanto, el FMI no sólo perdió el rumbo, sino que está
yendo en contra de sus fundamentos keynesianos.
.
-Pero a la Argentina le dio mucho dinero...
.
-Sí, pero sólo bajo la condición de que se realicen
los recortes. Eso contribuyó a agravar la crisis, cuyo
problema fundamental era el tipo de cambio fijo, y a
lo que se agregaron otros, como la forma en que se
hicieron las privatizaciones. No hay dudas de que las
políticas del FMI exacerbaron la recesión. Hay muchas
otras maneras en que los países pueden pedir prestado
dinero internamente.
.
Tomemos como ejemplo Bolivia, que tiene grandes
cantidades de gas natural que comenzarán a explotarse
en aproximadamente un año. Para financiar una política
fiscal expansiva podría pedir prestado dinero poniendo
como garantía las ganancias futuras que obtendrá por
la venta de gas. Otra cosa que podría hacer, dado que
tiene un sistema de jubilaciones y pensiones
privatizado como el de la Argentina, es pedir prestado
ese dinero a las compañías que manejan esos fondos.
También es posible utilizar mecanismos de crédito para
dirigir los préstamos bancarios o reducir el riesgo de
los prestamistas del sector privado.
.
-¿Está de acuerdo en que la convertibilidad fue
necesaria en su momento?
.
-Creo que era una de tantas maneras que había para
frenar la inflación rápidamente; no estoy seguro de
que haya sido la mejor manera. Pero en su momento
solucionó el problema: redujo la inflación y ayudó a
recuperar el crecimiento económico. Por otra parte,
tendrían que haber reconocido que los tipos de cambio
fijo casi nunca funcionan por largos períodos.
.
-Como ex asesor del presidente Bill Clinton, ¿qué
recomendaciones le haría ahora a los gobernantes
argentinos?
.
-Creo que deberían concentrarse en la economía real y
no en el capital financiero internacional. ¿Cuál es el
corazón de una economía? Empleo, producción, ventas.
Los argentinos tienen que enfocarse en reavivar la
economía a través de la búsqueda de mercados de
exportación y atraer capital que genere empleos. Yo
trabajaría muy duro en una política de "buen vecino"
para que países de Europa y Estados Unidos, en esta
situación de emergencia, abran sus mercados a
productos argentinos. Presentaría esto como un gran
desafío a la comunidad internacional: ¿quieren ver el
desastre en América latina o quieren ayudar? Porque si
realmente quieren ayudar, lo más importante no es que
nos presten dinero, sino que abran sus mercados. Y
todos estos países pregonan el libre comercio y la
apertura de mercados. ¡Que lo pongan en práctica! La
Argentina debe tener una posición agresiva para que se
abran los mercados del resto del mundo. No busquen
dinero, busquen mercados.
.
Y pregunten a esos países cómo pueden ayudar a
financiar capital para las empresas argentinas. Yo
buscaría que España, por ejemplo, hiciera algo similar
a lo que hizo Japón en el sudeste asiático, que lanzó
un programa de 30.000 millones de dólares para
créditos comerciales, no de asistencia financiera. Y
funcionó. Es importante conseguir ayuda de gobiernos
primero; luego, que empresas extranjeras inviertan
capital allí, para generar empleos. Ustedes tienen
excelentes recursos humanos y naturales que están
ociosos, y eso es lo que se tiene que poner a trabajar
cuanto antes. Ahora que en Washington el Congreso le
aprobó a Bush la Autoridad para la Promoción Comercial
("fast track" o "vía rápida") hay un buen contexto
para decirles a los Estados Unidos "miren, si quieren
que trabajemos juntos nos tienen que ayudar con
inversiones de capital". Y si no hay ayuda, la
Argentina tiene que hacerles notar a los Estados
Unidos que la doctrina Monroe ("América para los
americanos") se acabó. Hoy la Argentina puede ir con
sus productos a Europa, donde tiene buenos amigos, o a
Asia. Y tiene que jugar esa carta.
.
Por Alberto Armendáriz
Para LA NACION
.
Con la colaboración de: Claudio Iván Remeseira
.<< Comienzo de la notaNUEVA YORK.- Sudeste asiático,
Rusia, la Argentina... "Estamos aprendiendo lecciones
sobre la inestabilidad del sistema capitalista.
Cualquier país es vulnerable, no importa cuán buenas
sean las políticas del FMI que aplique", asegura
Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001.
.
Stiglitz no es un premio Nobel cualquiera. Ex
economista en jefe del Banco Mundial (1997-1999) y ex
asesor económico de Bill Clinton (1995-1997), este
profesor de la Universidad de Columbia, que pasó antes
por Yale, Stanford, Princeton y Oxford, no se queda
quieto jamás, y mucho menos cuando se trata de hablar
de su principal enemigo, el Fondo Monetario
Internacional (FMI), a quien dedica la mayor parte de
su último libro, "El malestar en la globalización".
.
"El FMI no sólo perdió el rumbo, sino que está yendo
en contra de sus fundamentos", asegura, mientras juega
con su celular último modelo y se sienta después de
haber llegado una hora tarde a la entrevista, como
suele ocurrirle. Una vez instalado en un salón de la
Escuela de Negocios de Columbia (el piso en el que se
encuentra su pequeña oficina está en refacción y es
casi imposible encontrar allí un lugar en donde
sentarse) se rasca nerviosamente la cabeza y casi con
la misma naturalidad con que toma de su latita de
gaseosa dietética refuta que los temblores financieros
en Brasil y Uruguay hayan sido fruto del "efecto
tango".
.
"Lo que se ve no es tanto un contagio de la crisis
argentina, sino el principio general de que cualquier
país con grandes deudas es víctima de las
fluctuaciones del mercado -dice-. Le sucede lo mismo a
los Estados Unidos, con la brutal caída del Nasdaq,
pero éste es un país lo suficientemente fuerte para
resistir esos viavenes. Los países en desarrollo no
pueden hacerlo, y se produce el desastre. Le pasó a la
Argentina en el 97, cuando el país tenía una excelente
calificación del FMI y explotó la crisis del sudeste
asiático. La tasa de interés que debía pagar la
Argentina subió enormemente, y ése fue el principio
del fin. No fue que la Argentina hubiera hecho algo
malo, fue que las instituciones financieras
internacionales impusieron requisitos que ningún país
razonable podía cumplir. Esa es la lección que se debe
aprender para el futuro."
.
En "El malestar en la globalización", que ya le ha
ganado muchos enemigos en Washington y en Wall Street,
Stiglitz acusa al FMI de imponer recetas a países en
desarrollo que están en crisis que son totalmente
opuestas a las que un país desarrollado llevaría a
cabo.
.
Según él, si un país desarrollado se enfrenta a una
recesión o a un shock serio del sistema lo primero que
hace es bajar los impuestos y las tasas de interés
para darle liquidez al sistema, mientras que el
gobierno hace todo lo posible por mantener la
confianza de consumidores y productores. En cambio,
cuando el Fondo sale al rescate de una desventurada
economía del Tercer Mundo, lo primero que exije es
durísimos recortes fiscales, un plan de austeridad
extrema, altas tasas de interés y aumentar el peso
impositivo, como bien sabe la Argentina.
.
Moviéndose impacientemente en su silla, Stiglitz
afirma que no hay evidencia empírica que demuestre que
la restricción del gasto fiscal es necesaria para el
desarrollo económico. Todo lo contrario.
.
"En los comienzos de la Gran Depresión en Estados
Unidos había dos visiones sobre cómo responder a una
recesión económica -apunta adquiriendo toda su pose de
profesor universitario-. La primera, la que apoyaba
Wall Street, sostenía que cuando uno entra en recesión
y baja la recaudación hay que eliminar el déficit y
mantener el equilibrio fiscal; ésa fue la política que
llevó a cabo el presidente Herbert Hoover, y la
depresión empeoró. La visión alternativa fue la del
economista inglés John Maynard Keynes, que proponía
más gasto fiscal y una política monetaria expansiva.
Señalaba que a veces la política monetaria no
funcionaba y que entonces era aún más importante tener
una política fiscal expansiva, aun cuando ésta llevara
al déficit. En los 70 años que han pasado desde
entonces los economistas han respaldado la visión
keynesiana, al punto que en este país, en la recesión
del año pasado, tanto republicanos como demócratas
decían que había que tener una política fiscal
expansiva para salir del ciclo recesivo. El problema
es que en América latina y en otros países la política
fiscal ha sido procíclica (es decir, ha acentuado el
ciclo recesivo). Recortar los gastos del Estado cuando
se está en recesión no hace más que acentuar los
efectos de la caída de la economía. El FMI ha
presionado para imponer este tipo de políticas, con el
resultado conocido.
.
-Pero es difícil expandir el gasto cuando el Estado ya
tiene un gran déficit, como ocurrió en la Argentina.
.
-Ese es el principal problema. Hay varias respuestas.
Primero, para eso es para lo que se creó
originariamente el FMI, para dar fondos a aquellos
países que enfrentan una desaceleración económica y
que no pueden obtener dinero de otra manera. Por lo
tanto, el FMI no sólo perdió el rumbo, sino que está
yendo en contra de sus fundamentos keynesianos.
.
-Pero a la Argentina le dio mucho dinero...
.
-Sí, pero sólo bajo la condición de que se realicen
los recortes. Eso contribuyó a agravar la crisis, cuyo
problema fundamental era el tipo de cambio fijo, y a
lo que se agregaron otros, como la forma en que se
hicieron las privatizaciones. No hay dudas de que las
políticas del FMI exacerbaron la recesión. Hay muchas
otras maneras en que los países pueden pedir prestado
dinero internamente.
.
Tomemos como ejemplo Bolivia, que tiene grandes
cantidades de gas natural que comenzarán a explotarse
en aproximadamente un año. Para financiar una política
fiscal expansiva podría pedir prestado dinero poniendo
como garantía las ganancias futuras que obtendrá por
la venta de gas. Otra cosa que podría hacer, dado que
tiene un sistema de jubilaciones y pensiones
privatizado como el de la Argentina, es pedir prestado
ese dinero a las compañías que manejan esos fondos.
También es posible utilizar mecanismos de crédito para
dirigir los préstamos bancarios o reducir el riesgo de
los prestamistas del sector privado.
.
-¿Está de acuerdo en que la convertibilidad fue
necesaria en su momento?
.
-Creo que era una de tantas maneras que había para
frenar la inflación rápidamente; no estoy seguro de
que haya sido la mejor manera. Pero en su momento
solucionó el problema: redujo la inflación y ayudó a
recuperar el crecimiento económico. Por otra parte,
tendrían que haber reconocido que los tipos de cambio
fijo casi nunca funcionan por largos períodos.
.
-Como ex asesor del presidente Bill Clinton, ¿qué
recomendaciones le haría ahora a los gobernantes
argentinos?
.
-Creo que deberían concentrarse en la economía real y
no en el capital financiero internacional. ¿Cuál es el
corazón de una economía? Empleo, producción, ventas.
Los argentinos tienen que enfocarse en reavivar la
economía a través de la búsqueda de mercados de
exportación y atraer capital que genere empleos. Yo
trabajaría muy duro en una política de "buen vecino"
para que países de Europa y Estados Unidos, en esta
situación de emergencia, abran sus mercados a
productos argentinos. Presentaría esto como un gran
desafío a la comunidad internacional: ¿quieren ver el
desastre en América latina o quieren ayudar? Porque si
realmente quieren ayudar, lo más importante no es que
nos presten dinero, sino que abran sus mercados. Y
todos estos países pregonan el libre comercio y la
apertura de mercados. ¡Que lo pongan en práctica! La
Argentina debe tener una posición agresiva para que se
abran los mercados del resto del mundo. No busquen
dinero, busquen mercados.
.
Y pregunten a esos países cómo pueden ayudar a
financiar capital para las empresas argentinas. Yo
buscaría que España, por ejemplo, hiciera algo similar
a lo que hizo Japón en el sudeste asiático, que lanzó
un programa de 30.000 millones de dólares para
créditos comerciales, no de asistencia financiera. Y
funcionó. Es importante conseguir ayuda de gobiernos
primero; luego, que empresas extranjeras inviertan
capital allí, para generar empleos. Ustedes tienen
excelentes recursos humanos y naturales que están
ociosos, y eso es lo que se tiene que poner a trabajar
cuanto antes. Ahora que en Washington el Congreso le
aprobó a Bush la Autoridad para la Promoción Comercial
("fast track" o "vía rápida") hay un buen contexto
para decirles a los Estados Unidos "miren, si quieren
que trabajemos juntos nos tienen que ayudar con
inversiones de capital". Y si no hay ayuda, la
Argentina tiene que hacerles notar a los Estados
Unidos que la doctrina Monroe ("América para los
americanos") se acabó. Hoy la Argentina puede ir con
sus productos a Europa, donde tiene buenos amigos, o a
Asia. Y tiene que jugar esa carta.
.
Por Alberto Armendáriz
Para LA NACION
.
Con la colaboración de: Claudio Iván Remeseira
Ahora podés usar Yahoo! Messenger desde tu celular. Aprendé cómo hacerlo en
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