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Necochea, 28 de octubre de 2002.
 
Hola Amigos:
 
Recibí de ESEADE el siguiente artículo. Lleva a la reflexión. Sería bueno que lo discutamos.
 
Saludos,
Miguel Yáñez
FORO Argentinos a las Cosas

 
 
El fracaso argentino
J. BRADFORD DELONG*

Durante la década de 1990 Argentina implementó tal vez el 80% de la agenda de la política económica neoliberal. Abrió su economía al comercio internacional y a los capitales extranjeros; buscó garantizar una tasa de inflación baja y dinero sólido. Luchó para mejorar su sistema legal de forma que las decisiones se apegaran a las reglas y generaran confianza de que los contratos se respetarían. Falló.

Esto no quiere decir que esos años hayan sido catastróficos. La vida era mucho peor durante la guerra sucia de los años de 1970. Los años de 1980 no fueron mejores. La década comenzó con una crisis de deuda y terminó con una hiperinflación generada en el país, lo que provocó que Argentina perdiera 10 años con respecto a las economías más fuertes del mundo.

En contraste, durante los años de 1990 el PBI del país creció 25% desde los niveles más bajos hasta los más altos que llegó a registrar. Hasta fines del invierno pasado los problemas de Argentina parecían ser un tropiezo molesto pero temporal. Ese optimismo es imposible actualmente, y hay pocas esperanzas de que la debacle del país sea temporal.

En opinión de la clase política de EEUU, el colapso argentino es culpa de sus políticos. Estoy de acuerdo a medias con ese punto de vista. A los líderes argentinos se les advirtió que al mantener el tipo de cambio constante y fijar su valor al del dólar se corría el riesgo de que la economía entrara en recesión si el dólar se revaluaba. También que no podrían sostener su política cambiaria a menos que la relación entre la deuda nacional y el PBI cayera. No obstante, durante los años del boom, entre 1993 y 1998, el gasto público excedió a los impuestos lo suficiente para impulsar la relación deuda-PBI en Argentina del 29% al 44%.

Cuando el dólar se revaluó y llegó la recesión, los políticos tuvieron poco valor para hacerlo cuando las cosas se pusieron difíciles. El tiro de gracia vino con la decisión del gobierno (cuando llegó la crisis) de mantener los depósitos bancarios fijados al dólar y cambiar las deudas a los bancos a pesos; esto llevó de un plumazo a la quiebra al sistema financiero.

El programa neoliberal de Argentina en los años de 1990 era prácticamente a prueba de idiotas, pero resultó que los políticos del país formaban una clase amplia e ingeniosa de idiotas. Sin embargo, existe otra forma de ver la tragedia argentina. Se basa en la observación de que el sistema político del país se ha desempeñado durante mucho tiempo de manera predecible. Sus gobiernos le prometen a los oligarcas ricos que no habrá muchos impuestos y le prometen a los trabajadores y a los consumidores un seguro social generoso. Prometen un desarrollo económico acelerado, abundante gasto en infraestructura, empleos cómodos con poco trabajo para quienes tienen contactos políticos y así sucesivamente. Si se ponen juntas, esas promesas significan que las necesidades siempre exceden el 100% del producto nacional. Si a eso añadimos una distribución inequitativa del ingreso y la riqueza, una falta de respeto social entre la clase trabajadora y la clase media, y una larga tradición de violencia política, tenemos la receta para una política de todos contra todos.
Cualquier fuerza política que intente bajar la puja prometiendo sólo lo que puede cumplir está condenada a la derrota. Así, en Argentina los déficits gubernamentales grandes son una ley natural, un hecho de la vida. Todo el mundo sabía que el sistema político argentino genera déficits crónicos, y de ahí que era probable que los pagos de intereses sobre la deuda explotaran. Dado que la dinámica de la deuda argentina era tan inestable, un tipo de cambio fijado a una divisa dura no podía mantenerse.

El acceso libre a los mercados internacionales de capital y las cuentas bancarias denominadas en dólares significaban que cuando el tipo de cambio fijo chocara finalmente con la lógica generadora de déficits de la política argentina, los resultados no podían ser más que catastróficos.
Si la crisis actual se hubiera manejado con astucia, si Argentina hubiera tenido otra década de crecimiento rápido, sus conflictos de distribución de riqueza se podrían haber moderado.
También estoy de acuerdo a medias con esta visión. Sí, el gobierno argentino cometió errores enormes; sus políticos pecaron contra los dioses de la economía monetaria. Pero, ¿tenía que ser el castigo tan sumario y tan severo?

*Profesor de economía en la Universidad de California en Berkeley, ex secretario asistente del Tesoro de EEUU.


Lun, 28 de Oct, 2002 7:32 pm

miguely@...
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Necochea, 28 de octubre de 2002. Hola Amigos: Recibí de ESEADE el siguiente artículo. Lleva a la reflexión. Sería bueno que lo discutamos. Saludos, Miguel...
Ing. Miguel Yáñez
miguely@...
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