Estimados amigos,
a) INGLATERRA controla las reservas de hidrocarburos en el Mar del Norte.
b) ESPAÑA tiene a ¡ REPSOL !
c) RUSIA : ¿ cómo jugará ?
d) CHINA: ¿ esperando... o qué ?
Ha lugar para ejercicios de la imaginación (?)... como el de Paul Harris.
Muchos saludos,
Nicolás E.Benito.
PAUL HARRIS
LA GUERRA DE LOS ESTADOS UNIDOS CONTRA EUROPA
El autor de este artículo, canadiense, es columnista de YellowTimes.org
Hay muchas razones que explican la obsesión de George Bush
con Bagdad. En anteriores artículos que he escrito para
YellowTimes.org indiqué que una razón no tan obvia de la
campaña contra Irak es la guerra de Bush contra Europa. En
realidad, ahora he llegado a creer que ésta es la primera
razón de su «irakofobia».
Cada vez que un país decide embarcarse en una guerra, se
hacen planes para quienes van a ganar y para quienes van a
perder; nadie se embarca en una guerra esperando perder,
pero no siempre el blanco de la agresión es la fuerza
propulsora real de la guerra. A veces, no se trata de lo que
uno espera obtener de una guerra, sino más bien de lo que
espera que algún otro pierda; y no tiene por qué ser el
enemigo declarado el que se espera que afronte las pérdidas.
En este caso, la víctima esperada por Bush es la economía
europea. Ésta es robusta, y probablemente lo será mucho más
en un futuro fácilmente previsible. La entrada de Gran
Bretaña en la Unión Europea es inevitable; Escandinavia se
le unirá más pronto que tarde. Sin incluir a estos países,
habrá diez nuevos miembros en mayo de 2004, lo que
incrementará el PIB de la UE a cerca de 9,6 billones de
dólares, con sus 450 millones de habitantes, contra los 10,5
billones de dólares y los 280 millones de habitantes de los
Estados Unidos. Esto representa un formidable bloque
competidor para EE.UU., aunque la situación es
significativamente más compleja de lo que revelan estos
números. Y gran parte de ella depende del futuro de Irak.
He escrito con anterioridad, como muchos otros, que la
guerra que viene es por el petróleo. Seguramente existen
otras razones, pero la del petróleo es la más contundente.
Sin embargo, no en el sentido en que se podría suponer. No
importa demasiado que se crea que haya grandes y no
explotadas reservas en Irak, no explotadas debido únicamente
a la tecnología obsoleta; no importa demasiado el deseo
norteamericano de poner sus sucias manos en esta riqueza;
mucho más importante es la cuestión de qué otras manos
sucias los norteamericanos quieren mantener fuera.
Lo que precipitó todo esto no fue el 11 de Septiembre, no
fue la súbita comprensión de que Saddam era un tipo
asqueroso, y ni siquiera el cambio de dirigentes en los
Estados Unidos. Lo que lo precipitó fue, el 6 de noviembre
de 2000, el paso de Irak al euro como moneda para sus ventas
de petróleo. En aquel momento, pudo haber parecido insensato
que Irak renunciara a un montón de ganancias con el fin de
hacer una declaración política. Pero esta declaración se
hizo y la fuerte depreciación desde entonces del dólar con
relación al euro significa que Irak obtuvo unos buenos
beneficios al cambiar la moneda de sus reservas y sus
transacciones. El euro se ha valorizado un 17% respecto al
dólar a partir de ese momento, lo que también se aplica a
los 10.000 millones de dólares en poder del fondo de reserva
iraquí «petróleo por comida» de las Naciones Unidas.
De manera que la cuestión que se plantea, tal como se la
planteó George Bush, es la siguiente: ¿qué sucedería si la
OPEP se pasara repentinamente al euro? En pocas palabras, se
desatarían los demonios del infierno.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, se alcanzó un acuerdo
en la Conferencia de Bretton Woods que fijó el valor del oro
a 35 dólares la onza y que se convirtió en el patrón
internacional en relación con el cual se debían valorar las
monedas. Pero en 1971, Richard Nixon sacó al dolar del
patrón oro y desde entonces el dólar ha sido el instrumento
monetario global más importante, y sólo los Estados Unidos
pueden producirlo. El dólar, actualmente una moneda sin
respaldo, ocupa el primer lugar en los intercambios
comerciales, a pesar del déficit por cuenta corriente récord
de los EE.UU. y la situación de los EE.UU. como principal
país deudor. El 4 de abril de 2002, la deuda nacional de los
EE.UU. ascendía a 6,21 billones de dólares frente a un PIB
de 9 billones de dólares.
El comercio entre los países se ha convertido en un ciclo en
el que los EE.UU. producen dólares y el resto del mundo
todas aquellas cosas que los dólares pueden comprar. Los
países ya no comercian para obtener ventajas comparativas,
sino más bien para conseguir los dólares necesarios para
pagar los servicios de sus deudas externas denominadas en
dólares y para acumular reservas en dólares con el fin de
sostener sus monedas nacionales. En un esfuerzo para impedir
ataques especulativos y potencialmente destructivos contra
sus monedas, los bancos centrales de estos países tienen que
comprar y mantener reservas de dólares en las cantidades
correspondientes a las de sus propias monedas en
circulación. Esto suministra un respaldo inconmovible a un
dólar fuerte que, a su vez, obliga a los bancos centrales a
comprar y mantener incluso más reservas en dólares, haciendo
que el dólar sea más fuerte aún.
Este fenómeno es conocido como la «hegemonía del dólar», el
cual es creado por la peculiaridad geopolíticamente
construida de que las mercancías cruciales, sobre todo el
petróleo, están valoradas en dólares. Todo el mundo acepta
dólares porque los dólares pueden comprar petróleo.
La realidad es que la fuerza del dólar, desde 1945, reposa
en el hecho de que es la moneda de reserva internacional
para las transacciones mundiales de petróleo (esto es, el
«petrodólar»). Los EE.UU. imprimen cientos de millones de
estos petrodólares sin respaldo, que son utilizados por los
estados nacionales para comprar petróleo y energía a los
productores de la OPEP (con la excepción actual de Irak y,
hasta cierto punto, de Venezuela). Estos petrodólares son
reciclados después por la OPEP de vuelta a los EE.UU., a
través de Bonos del Tesoro u otros activos denominados en
dólares, tales como acciones estadounidenses, propiedades,
etc. El reciclaje de los petrodólares es el precio que los
EE.UU. han cobrado desde 1973 a los países productores de
petróleo por su tolerancia ante el cártel exportador de
petróleo.
Las reservas de dólares deben ser invertidas en activos
estadounidenses, lo cual determina un excedente de cuentas
de capital para la economía de los EE.UU. A pesar del pobre
rendimiento del mercado durante el año pasado, la
valorización de las acciones es varias veces superior, y el
comercio un 56% mayor, en comparación con los mercados
emergentes. El superávit de la cuenta de capital financia el
déficit comercial de los EE.UU.
Puesto que los EE.UU. imprimen los petrodólares, también
controlan el flujo del petróleo. Desde el momento en que el
petróleo está denominado en dólares a través de la acción
estatal de los EE.UU., y el dólar es la única moneda sin
respaldo para comerciar con petróleo, se puede afirmar que
EE.UU. se apropia del petróleo mundial esencialmente gratis.
Por lo tanto, ¿qué ocurriría si la OPEP como grupo decidiera
seguir el camino de Irak y de repente empezara a vender el
petróleo sobre la base del patrón euro? Licuefacción
económica. Los países consumidores de petróleo tendrían que
deshacerse violentamente de los dólares que componen las
reservas de sus bancos centrales y reemplazarlos con euros.
El valor del dólar se derrumbaría y las consecuencias serían
aquellas que cabe esperar del colapso de cualquier moneda y
la inflación masiva (pensemos en Argentina como un ejemplo a
mano). Los fondos extranjeros saldrían a torrentes de los
mercados de valores de los EE.UU. y de los activos
denominados en dólares; se desataría una avalancha sobre los
bancos como la de los años 30; el déficit por cuenta
corriente ya no podría ser reparado; el déficit
presupuestario se convertiría en quiebra, y así sucesivamente.
Y esto nada menos que en los Estados Unidos. Japón
particularmente recibiría un duro golpe en razón de su total
dependencia del petróleo extranjero y de su extraordinaria
sensibilidad respecto al dólar estadounidense. Si la
economía de Japón se desploma, lo mismo ocurrirá con muchos
otros países, en especial los Estados Unidos, en un
creciente efecto dominó.
Ésta es la posible consecuencia de un «súbito» pase al euro.
Un cambio más gradual podría ser manejable, pero incluso
esto modificaría el equilibrio financiero y político del
mundo. Dado el tamaño del mercado europeo, su población, su
necesidad de petróleo (Europa importa realmente más petróleo
que los EE.UU.), se podría concluir rápidamente que el euro
se convertirá de facto en el patrón monetario mundial.
La OPEP como grupo tiene buenas razones para seguir a Irak y
empezar a fijar el valor del petróleo en euros. Parece haber
pocas dudas de que así disfrutaría de la oportunidad de
hacer una declaración política, después de años de tener que
ponerse de rodillas ante los EE.UU., aunque también existen
sólidas razones económicas.
El poderoso dólar ha reinado soberano desde 1945, y en los
últimos años ha obtenido una mayor solidez a partir del
predominio económico de los Estados Unidos. Durante los
últimos años de la década del 90, más de las cuatro quintas
partes de todas las transacciones internacionales de
divisas, y la mitad de las exportaciones mundiales,
estuvieron denominadas en dólares. Además, las cuentas en
moneda de los EE.UU. representan cerca de las dos terceras
partes de todas las reservas oficiales de divisas. La
dependencia mundial respecto a los dólares estadounidenses
para pagar las obligaciones comerciales ha atado a los
países a sus reservas en dólares, las cuales son
desproporcionadamente más altas que la participación de los
Estados Unidos en la producción total global.
Es importante observar que el euro no está en ninguna
posición de desventaja frente al dólar si se compara las
dimensiones relativas de las economías correspondientes, y
sobre todo si se tiene en cuenta los planes de expansión de
la UE. Por otra parte, la UE tiene una participación mayor
que los EE.UU. en el comercio mundial, y mientras los EE.UU.
tienen un enorme déficit por cuenta corriente, la UE
mantiene una posición de cuentas externas más equilibrada.
Uno de los argumentos más apremiantes para mantener los
precios y pagos del petróleo en dólares ha sido el de que
los EE.UU. son un gran importador de petróleo, a pesar de
ser ellos mismos un productor sustancial. Pero la UE es
incluso un importador de petróleo y productos derivados
mayor que los EE.UU., y representa para la OPEP un mercado
más atractivo, más próximo y menos tiránico.
El objetivo de la guerra de Bush contra Irak, por lo tanto,
es asegurarse el control de estos pozos de petróleo y volver
a fijar su valor en dólares, para después aumentar la
producción exponencialmente, forzando una caída de los
precios. Finalmente, el objetivo de la guerra de Bush es
amenazar con una acción semejante a cualquiera de los
productores de petróleo que intenten pasarse al euro.
A largo plazo, entonces, no es realmente Saddam el objetivo
sino el euro y, en consecuencia, Europa. No hay manera de
que los Estados Unidos se crucen de brazos y permitan que
esos nuevos ricos europeos tomen en sus manos su propio
destino, y menos aún el de las finanzas mundiales.
Por supuesto, todo esto depende de que el demente plan de
Bush no se convierta en el detonante de una Tercera Guerra
Mundial, como fácilmente podría serlo.
19 de febrero, 2003
Traducción: Round Desk
Original inglés
<http://www.yellowtimes.org/article.php?sid=1083>
[Paul Harris está autoempleado como consultor que suministra
a los empresarios canadienses las herramientas y la pericia
necesarias para reintegrar con éxito a sus trabajadores
enfermos o lesionados al puesto de trabajo. Ha viajado
extensamente por lo que los arrogantes americanos del norte
llaman «el Tercer Mundo», y cree que la vida es muy parecida
a una alcantarilla: lo que uno recibe de ella depende de lo
que uno deposita en ella. Paul vive en Canadá.]
Paul Harris le invita a que haga sus comentarios:
pharris@... <mailto:pharris@...>
YellowTimes.org is an international news and opinion
publication. YellowTimes.org encourages its material to be
reproduced, reprinted, or broadcast provided that any such
reproduction identifies the original source,
http://www.YellowTimes.org. Internet web links to
http://www.YellowTimes.org are appreciated.
PORTADA <https://portal.newknow.com/filesys/revistas/index.htm>
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El autor de este artículo, canadiense, es columnista de YellowTimes.org
Hay muchas razones que explican la obsesión de George Bush
con Bagdad. En anteriores artículos que he escrito para
YellowTimes.org indiqué que una razón no tan obvia de la
campaña contra Irak es la guerra de Bush contra Europa. En
realidad, ahora he llegado a creer que ésta es la primera
razón de su «irakofobia».
Cada vez que un país decide embarcarse en una guerra, se
hacen planes para quienes van a ganar y para quienes van a
perder; nadie se embarca en una guerra esperando perder,
pero no siempre el blanco de la agresión es la fuerza
propulsora real de la guerra. A veces, no se trata de lo que
uno espera obtener de una guerra, sino más bien de lo que
espera que algún otro pierda; y no tiene por qué ser el
enemigo declarado el que se espera que afronte las pérdidas.
En este caso, la víctima esperada por Bush es la economía
europea. Ésta es robusta, y probablemente lo será mucho más
en un futuro fácilmente previsible. La entrada de Gran
Bretaña en la Unión Europea es inevitable; Escandinavia se
le unirá más pronto que tarde. Sin incluir a estos países,
habrá diez nuevos miembros en mayo de 2004, lo que
incrementará el PIB de la UE a cerca de 9,6 billones de
dólares, con sus 450 millones de habitantes, contra los 10,5
billones de dólares y los 280 millones de habitantes de los
Estados Unidos. Esto representa un formidable bloque
competidor para EE.UU., aunque la situación es
significativamente más compleja de lo que revelan estos
números. Y gran parte de ella depende del futuro de Irak.
He escrito con anterioridad, como muchos otros, que la
guerra que viene es por el petróleo. Seguramente existen
otras razones, pero la del petróleo es la más contundente.
Sin embargo, no en el sentido en que se podría suponer. No
importa demasiado que se crea que haya grandes y no
explotadas reservas en Irak, no explotadas debido únicamente
a la tecnología obsoleta; no importa demasiado el deseo
norteamericano de poner sus sucias manos en esta riqueza;
mucho más importante es la cuestión de qué otras manos
sucias los norteamericanos quieren mantener fuera.
Lo que precipitó todo esto no fue el 11 de Septiembre, no
fue la súbita comprensión de que Saddam era un tipo
asqueroso, y ni siquiera el cambio de dirigentes en los
Estados Unidos. Lo que lo precipitó fue, el 6 de noviembre
de 2000, el paso de Irak al euro como moneda para sus ventas
de petróleo. En aquel momento, pudo haber parecido insensato
que Irak renunciara a un montón de ganancias con el fin de
hacer una declaración política. Pero esta declaración se
hizo y la fuerte depreciación desde entonces del dólar con
relación al euro significa que Irak obtuvo unos buenos
beneficios al cambiar la moneda de sus reservas y sus
transacciones. El euro se ha valorizado un 17% respecto al
dólar a partir de ese momento, lo que también se aplica a
los 10.000 millones de dólares en poder del fondo de reserva
iraquí «petróleo por comida» de las Naciones Unidas.
De manera que la cuestión que se plantea, tal como se la
planteó George Bush, es la siguiente: ¿qué sucedería si la
OPEP se pasara repentinamente al euro? En pocas palabras, se
desatarían los demonios del infierno.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, se alcanzó un acuerdo
en la Conferencia de Bretton Woods que fijó el valor del oro
a 35 dólares la onza y que se convirtió en el patrón
internacional en relación con el cual se debían valorar las
monedas. Pero en 1971, Richard Nixon sacó al dolar del
patrón oro y desde entonces el dólar ha sido el instrumento
monetario global más importante, y sólo los Estados Unidos
pueden producirlo. El dólar, actualmente una moneda sin
respaldo, ocupa el primer lugar en los intercambios
comerciales, a pesar del déficit por cuenta corriente récord
de los EE.UU. y la situación de los EE.UU. como principal
país deudor. El 4 de abril de 2002, la deuda nacional de los
EE.UU. ascendía a 6,21 billones de dólares frente a un PIB
de 9 billones de dólares.
El comercio entre los países se ha convertido en un ciclo en
el que los EE.UU. producen dólares y el resto del mundo
todas aquellas cosas que los dólares pueden comprar. Los
países ya no comercian para obtener ventajas comparativas,
sino más bien para conseguir los dólares necesarios para
pagar los servicios de sus deudas externas denominadas en
dólares y para acumular reservas en dólares con el fin de
sostener sus monedas nacionales. En un esfuerzo para impedir
ataques especulativos y potencialmente destructivos contra
sus monedas, los bancos centrales de estos países tienen que
comprar y mantener reservas de dólares en las cantidades
correspondientes a las de sus propias monedas en
circulación. Esto suministra un respaldo inconmovible a un
dólar fuerte que, a su vez, obliga a los bancos centrales a
comprar y mantener incluso más reservas en dólares, haciendo
que el dólar sea más fuerte aún.
Este fenómeno es conocido como la «hegemonía del dólar», el
cual es creado por la peculiaridad geopolíticamente
construida de que las mercancías cruciales, sobre todo el
petróleo, están valoradas en dólares. Todo el mundo acepta
dólares porque los dólares pueden comprar petróleo.
La realidad es que la fuerza del dólar, desde 1945, reposa
en el hecho de que es la moneda de reserva internacional
para las transacciones mundiales de petróleo (esto es, el
«petrodólar»). Los EE.UU. imprimen cientos de millones de
estos petrodólares sin respaldo, que son utilizados por los
estados nacionales para comprar petróleo y energía a los
productores de la OPEP (con la excepción actual de Irak y,
hasta cierto punto, de Venezuela). Estos petrodólares son
reciclados después por la OPEP de vuelta a los EE.UU., a
través de Bonos del Tesoro u otros activos denominados en
dólares, tales como acciones estadounidenses, propiedades,
etc. El reciclaje de los petrodólares es el precio que los
EE.UU. han cobrado desde 1973 a los países productores de
petróleo por su tolerancia ante el cártel exportador de
petróleo.
Las reservas de dólares deben ser invertidas en activos
estadounidenses, lo cual determina un excedente de cuentas
de capital para la economía de los EE.UU. A pesar del pobre
rendimiento del mercado durante el año pasado, la
valorización de las acciones es varias veces superior, y el
comercio un 56% mayor, en comparación con los mercados
emergentes. El superávit de la cuenta de capital financia el
déficit comercial de los EE.UU.
Puesto que los EE.UU. imprimen los petrodólares, también
controlan el flujo del petróleo. Desde el momento en que el
petróleo está denominado en dólares a través de la acción
estatal de los EE.UU., y el dólar es la única moneda sin
respaldo para comerciar con petróleo, se puede afirmar que
EE.UU. se apropia del petróleo mundial esencialmente gratis.
Por lo tanto, ¿qué ocurriría si la OPEP como grupo decidiera
seguir el camino de Irak y de repente empezara a vender el
petróleo sobre la base del patrón euro? Licuefacción
económica. Los países consumidores de petróleo tendrían que
deshacerse violentamente de los dólares que componen las
reservas de sus bancos centrales y reemplazarlos con euros.
El valor del dólar se derrumbaría y las consecuencias serían
aquellas que cabe esperar del colapso de cualquier moneda y
la inflación masiva (pensemos en Argentina como un ejemplo a
mano). Los fondos extranjeros saldrían a torrentes de los
mercados de valores de los EE.UU. y de los activos
denominados en dólares; se desataría una avalancha sobre los
bancos como la de los años 30; el déficit por cuenta
corriente ya no podría ser reparado; el déficit
presupuestario se convertiría en quiebra, y así sucesivamente.
Y esto nada menos que en los Estados Unidos. Japón
particularmente recibiría un duro golpe en razón de su total
dependencia del petróleo extranjero y de su extraordinaria
sensibilidad respecto al dólar estadounidense. Si la
economía de Japón se desploma, lo mismo ocurrirá con muchos
otros países, en especial los Estados Unidos, en un
creciente efecto dominó.
Ésta es la posible consecuencia de un «súbito» pase al euro.
Un cambio más gradual podría ser manejable, pero incluso
esto modificaría el equilibrio financiero y político del
mundo. Dado el tamaño del mercado europeo, su población, su
necesidad de petróleo (Europa importa realmente más petróleo
que los EE.UU.), se podría concluir rápidamente que el euro
se convertirá de facto en el patrón monetario mundial.
La OPEP como grupo tiene buenas razones para seguir a Irak y
empezar a fijar el valor del petróleo en euros. Parece haber
pocas dudas de que así disfrutaría de la oportunidad de
hacer una declaración política, después de años de tener que
ponerse de rodillas ante los EE.UU., aunque también existen
sólidas razones económicas.
El poderoso dólar ha reinado soberano desde 1945, y en los
últimos años ha obtenido una mayor solidez a partir del
predominio económico de los Estados Unidos. Durante los
últimos años de la década del 90, más de las cuatro quintas
partes de todas las transacciones internacionales de
divisas, y la mitad de las exportaciones mundiales,
estuvieron denominadas en dólares. Además, las cuentas en
moneda de los EE.UU. representan cerca de las dos terceras
partes de todas las reservas oficiales de divisas. La
dependencia mundial respecto a los dólares estadounidenses
para pagar las obligaciones comerciales ha atado a los
países a sus reservas en dólares, las cuales son
desproporcionadamente más altas que la participación de los
Estados Unidos en la producción total global.
Es importante observar que el euro no está en ninguna
posición de desventaja frente al dólar si se compara las
dimensiones relativas de las economías correspondientes, y
sobre todo si se tiene en cuenta los planes de expansión de
la UE. Por otra parte, la UE tiene una participación mayor
que los EE.UU. en el comercio mundial, y mientras los EE.UU.
tienen un enorme déficit por cuenta corriente, la UE
mantiene una posición de cuentas externas más equilibrada.
Uno de los argumentos más apremiantes para mantener los
precios y pagos del petróleo en dólares ha sido el de que
los EE.UU. son un gran importador de petróleo, a pesar de
ser ellos mismos un productor sustancial. Pero la UE es
incluso un importador de petróleo y productos derivados
mayor que los EE.UU., y representa para la OPEP un mercado
más atractivo, más próximo y menos tiránico.
El objetivo de la guerra de Bush contra Irak, por lo tanto,
es asegurarse el control de estos pozos de petróleo y volver
a fijar su valor en dólares, para después aumentar la
producción exponencialmente, forzando una caída de los
precios. Finalmente, el objetivo de la guerra de Bush es
amenazar con una acción semejante a cualquiera de los
productores de petróleo que intenten pasarse al euro.
A largo plazo, entonces, no es realmente Saddam el objetivo
sino el euro y, en consecuencia, Europa. No hay manera de
que los Estados Unidos se crucen de brazos y permitan que
esos nuevos ricos europeos tomen en sus manos su propio
destino, y menos aún el de las finanzas mundiales.
Por supuesto, todo esto depende de que el demente plan de
Bush no se convierta en el detonante de una Tercera Guerra
Mundial, como fácilmente podría serlo.
19 de febrero, 2003
Traducción: Round Desk
Original inglés
<http://www.yellowtimes.org/article.php?sid=1083>
[Paul Harris está autoempleado como consultor que suministra
a los empresarios canadienses las herramientas y la pericia
necesarias para reintegrar con éxito a sus trabajadores
enfermos o lesionados al puesto de trabajo. Ha viajado
extensamente por lo que los arrogantes americanos del norte
llaman «el Tercer Mundo», y cree que la vida es muy parecida
a una alcantarilla: lo que uno recibe de ella depende de lo
que uno deposita en ella. Paul vive en Canadá.]
Paul Harris le invita a que haga sus comentarios:
pharris@... <mailto:pharris@...>
YellowTimes.org is an international news and opinion
publication. YellowTimes.org encourages its material to be
reproduced, reprinted, or broadcast provided that any such
reproduction identifies the original source,
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PORTADA <https://portal.newknow.com/filesys/revistas/index.htm>
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