Un angelito se encontraba paseando por un parque, cuando se detuvo para
observar a dos bellas estatuas, de un Hombre y de una Mujer desnudos,
sobre un pedestal. Entonces el Angelito, pensó un rato, y luego, con
su poder divino, les dió vida y dijo:
- Bellas esculturas, les daré vida por una hora para que puedan ver las
bellezas de la creación de nuestro señor... pueden hacer todo lo que
gusten pero mientras vuelvan luego de la hora...
La estatua de Mujer y la estatua de Hombre se miraron a los ojos, se
tomaron de la mano, y corrieron tras unos arbustos cuyas hojas se
movieron sin parar durante toda una hora... Luego las estatuas
regresaron, como era convenido a su pedestal.
Viendo el cumplimiento y la puntualidad de las Estatuas, el Angelito
les dijo:
- Como se portaron bien, mis bellas estatuas... voy a darles una hora
más de vida... vayan y disfruten nuevamente de las maravillas de la
Creación...
Entonces las estatuas se miraron nuevamente, y mientras se dirigían
devuelta a los arbustos, una le decía enojada a la otra:
- ¡No es justo! ¡Ahora me toca a mí hacerle Caca a las palomas!