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Un Sorpresivo Día para Walther   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #5 de 32 |
Era un día 06 de noviembre, caluroso, como suele serlo en Buenos
Aires Argentina, pues en esa fecha ya hemos ingresado al Verano.
Walther Darío Collins, que de extrangero no tenía nada, pero que era
un gran empresario, se encontraba sobervio, bebiendo una taza de café
frente a su escritorio.
Él solía ser mi malhumorado, explotador, miserable, basura de
persona, y siempre disconforme jefe, en tiempos lejanos en los cuales
yo solía trabajar para su firma, junto con su apuesto pero fanfarrón
y de un poco hipócrita hijo Oliver , y mi vago compañero Luis Elson
con el cual solía tener muchos inconvenientes, pero no siempre muy
bien remunerada, sin embargo, con el desempleo y la abundancia del
trabajo en negro en Argentina era mi obligación soportar ello por
retener mi empleo.
Teníamos también una simpática empleada llamada Miriam Winner,
encargada de la limpiesa y de servir café, que, solía venia a la
oficinas y hablar durante horas con nosotros, trayendonos las últimas
novedades de todo el edificio, y, generalmente, nos visitaba la
Señora Valeria Halmir, la ex esposa del Señor Collins, que,
extrañamente para mi gusto, concervaba como amiga y solía ingresar a
la oficina central muy a menudo.
Ese día todos los empleados y su ex esposa planeamos darle una
sorpresa: no porque lo queríamos mucho sino por ser nuestro jefe. La
Señora Halmir ingresó por la puesta con una gran caja que contenía un
delicioso pastel y sidra, de parte de su hijo Oliver, unos sadwichs
de miga de la panadería del frente, y, por parte mía y de Luis Elson
un poco de confeti, cornetas y globos que acomodamos por todas las
instalaciones con la ayuda de la Señorita Miriam Winner.
Mientras tanto, y sin permiso del encargado de seguridad, un extraño
sujeto ingresó; estaba vestido de gris, y su ropa y cabellos olían a
cigarro, con cejas gruesas y forma de la hoja de una cimitarra, una
mirada penetrante tras las gafas; al principio pensamos que eran los
inspectores de Impuestos, y el Señor Collins era un moroso desde
hacía tiempo y no porque no tuviera dinero.
Me contaron que ya había pasado por casi todas las oficinas del
edificio, y que en todas había sido rechazado su, al parecer,
propuesta de venta. Parecía ser que, luego de tantos malos negocios,
esta era la última oportunidad que le otorgaban los Superiores de su
empresa. Me dijeron, que derrotado, y tras mirar sorprendido la hora
que era, se había sentado en uno de los escalones, y colocando el
malentín en sus piernas intentó falsificar una firma en un contrato
que llevaba encima, con un bolígrafo rojo y de tinta hedionda, pero
que, en ese mismo momento todo el edificio tembló, y se levantó
asustado y encontró la entrada de nuestra agencia.
¡y aunque intentaba mostrar lo contrario se veía preocupado y
desesperado!
Finalmente, el sujeto ingresó a nuestra agencia, solicitando una
audiencia con el Señor Walther Collins... en ese momento, todos
escondimos las cosas, sin pasar por inadvertidos por el mismo... y
extrañamene, cuando revisé desconfiada la planilla, sin ganas, y
sabiendo que no recordaba a nadie con el nombre de "Juan Perez" que
hubiese solicitado una entrevista, encontré su nombre, y luego de
comunicarme por el teléfono interno con mi cretino jefe, ingresó a la
oficina central.
Mientras arreglabamos darle la sorpresa, el Señor Collins tuvo una
larga charla con el sujeto, quien, colocando en el escritorio un
contrato y mirada fija se presentó:
-Soy Juan Peres, Señor Collins... Recuerda lo del contrato?
- Qué contrato? - Se levantó indignado mi jefe - Yo a Usted no lo
conozco ni recuerdo haber acordado una entrevista! Le ruego se aleje
de mi oficina porque tengo mucho trabajo que hacer! sea lo que sea
que me quiere vender diré que Usted es un mal empleado y de los
peores: me quejaré con su compañía ahora mismo!!!
- Escuche... - Insistió el intruso seductor- Señor Collins, somos dos
Honorables Hombre de Negocios que obtenemos nuestros objetivos sin
tregua, y mi empresa puede ofrecerle un buen contrato, más ganancias
de las que tiene, lujos y todos los placeres que cualquier hombre
hubiese en su vida soñado, y cobertura contra cualquier tipo de
riezgo: oportunidades como éstas no habrán de perderse o tarde o
temprano se lamentarán... y no es bueno que lo lamente... sólo debe
firmar este contrato, a un costo bastante accesible.
El Señor Collins lo miró fijo a los penetrantes ojos, y completamente
asustado desvió la vista, y se dió cuenta de quien se trataba- Que no
sé de lo que Usted está hablando!!! Retirese por Dios de mi oficina o
llamaré a seguridad!!!
- Usted no llamará a nadie, mientras no firme sobre la línea
punteada. - Le dijo el sujeto tomándole agresivamente del brazo.
- Suélteme!!! - Forcejeó el Señor Collins y tomando el teléfono me
dió la orden - Señorita Vargas, llame inmediatamente a seguridad!!! -
pero extrañamente, el teléfono no sonó, y ni siquiera notamos que se
encontraba en problemas, como si su oficina estuviera completamete
bloqueada, e incomunicada.
-Déle, qué le cuesta? Muchos de sus amigos no han dudado en contratar
con nosotros y hoy en día tienen todos sus problemas resueltos, una
vida lujosa y todo lo que quieran, hasta el más diminuto capricho al
alcance de su mano.
- Dije que no!!! - Gritó el Señor Collins, sacando el Garrote de
plomo que tenía debajo de su escritorio, el cual al tomarlo, lo
sintió demasiado ardiente y con el caucho derretido, quemandole la
mano, cosa que hizo arrojarlo al piso.
- No sea infantil, fime este contrato, o mis superiores me
regañarán...
- Me importa un bledo: Suélteme ya, y salga por la misma puera por
la cual ingresó... Señorita Vargas!!! Señorita Vargas!!! - Gritó
llamandome más nadie en la oficina lo escuchó y seguíamos con la
sorpresa.
- Míreme, Seños Collins... a los ojos... míreme bien... - Le dijo
agresivamente el extraño quitandose las gafas, y el Señor Collins
quedó perplejo, mirando las imágenes que como una pantalla de TV
reflejaba sanguinarias imágenes. - Debe confiar en mí ya que Usted
más que nadie sabe lo que es estar solo en la vida, con amigos que
desaparencen en malos momentos, y sin alguien a quien acudir...
míreme bien... y vea cómo hasta sus propios empleados y su ex mujer
planean un complot contra Usted... vea cómo traen algo secreto
escondido en esta caja... un veneno para hacerle probar... tal vez
una bomba...
- Pero déjese de fastidiar!!! - Dijo incrédulo el Señor Collins
desviando nuevamente la mirada, por fingir que no ha podido ser
sometido por la presencia del extraño. - En nuestra oficina había
estallado uno de los globos, y eso hizo gritar al Señor Collins.
- Míreme Señor Collins!!! Míreme!!! - Se le subió encima y le dejó
paralizado.
En ese momento, el Señor Collins se vió en plena avenida, que
habiendo sido al principio completamente desiera, hizo surgir desde
lejos a una gran multitud iracunda y con antorchas, y a otras que
brotaban de todos lados. Estaba integrada por Socios y clientes a
los cuales había estafado, familiares y amigos a los cuales había
traicionado por siempre querer ganar, sus empleados enojados y su ex
mujer a la cual por su orgullo y egoísmo nunca supo Amar, su hijo
Oliver al cual había dejado desde niño muy abandonado en su colegio
en el extrangero por siempre estar ocupado en sus negocios. Todos
querían dar con él para matarlo y cobrar venganza por todos los males
que les había causado.
- No hay escapatoria Señor Collins - Resonaba la voz del individuo
por las paredes de la ciudad - En este Mundo se nace y muere...
SOLO... simplemente quiero darle una mano para que nadie más quiera
derribarlo y destruir a todos sus enemigos. Simplemente firme este
papel y el mismo Mundo que tantas deudas le ha causado será quien
deba rendirle cuentas a Usted, que todo por lo cual, arduarmente ha
trabajado lo alcance y sea eternamente concervado sin preocupación. -
De repente miró asustado la hora en su reloj.
-Suéltemen!!! Suéltemen!!! Déjenmen en paz!!! - Gimoteaba mi jefe
completamente quemado por las antorchas de la gente - Pido perdón...
juro que repararé los daños que he causado, uno por uno...
En ese momento, el Señor Collins despertó y se encontró solo frente a
su escritorio, la puerta de su oficina agitandose como si alguien
hubiese salido a las apuradas de allí. Entonces entramos nosotros
apagando la luz, por lo cual el Jefe gritó hasta que vió a la Señora
Halmir (su ex mujer) y a su hijo ingresar con a torta y a la Señorita
Winner, a Luis Elson y cantar el Feliz Cumpleaños. Allí, el Señor
Collins, como siempre, sin agradecer se secó el sudor de la frente, y
sonrió.
Mientras festejabamos todos en la agencia, el maldito día en que una
desagradable persona como el Señor Collins había nacido, los vecinos
vecían por las calles, como "Un Fulano" corría por las calles,
escapando de algo imaginario, con humo surgiendo de su espalda, hasta
quedar definitivamente convertido en nada.
Nazarena_Cruz








Vie, 1 de Jul, 2005 12:53 pm

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1 de Jul, 2005
12:54 pm
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