Urgente24 02/10/2005 - 22:20
López Murphy: "Aunque me critiquen, creo que el spot publicitario me
suma votos"
El candidato a senador nacional por el PRO, Dr. Ricardo Lopez Murphy,
se presentó en el programa televisivo "La Cornisa", que conduce el
periodista Luis Majul. Allí, en el marco de una entrevista, habló de
la polémica que despertó el spot publicitario de su campaña y
defendió su teoría al respecto. "Aunque algunos piensen que el
lenguaje que utilicé no es el apropiado, creo que el spot
publicitario me suma votos", dijo el candidato. A su vez, aprovechó
las cámaras para reiterar que "la Provincia de Buenos Aires está
presa, razón por la cual debe liberarse de las esposas", aclarando
sus dichos días atrás. Por último, agregó que "se bastardearon las
reglas institucionales".
En el marco de una entrevista televisiva en el programa "La Cornisa",
el candidato a senador nacional por el PRO, Dr. Ricardo Lopez Murphy,
defendió el aviso publicitario que despertó la polémica a poco de las
elecciones legislativas de octubre.
Al respecto, consideró que "luego del spot, un gran público empezó a
prestarle atención a la campaña".
En otro orden, cuando le consultaron sobre sus dichos en los que
manifestó que "la Provincia debe liberarse de las esposas",
comentó: "Lo dije porque siento que está presa, no por hacer
alusiones personales contra ninguna mujer". Y dijo que el índice del
delito se ha triplicado y "se bastardearon las reglas
institucionales".
Nuevamente, volviendo al tema del aviso, recalcó que no lo hizo para
ofender a nadie, y mucho menos a las mujeres. "Más bien fue dirigido
a un público sofisticado", aclaró el candidato.
A raíz de las acusaciones que hablan de que utiliza un
lenguaje "vulgar", que no corresponde a su persona, dijo: "No se
puede pretender que uno hable de la misma manera en un barrio donde
la gente plantea sus problemas, que en la universidad".
Por último, reiteró que pese a las críticas, "el spot publicitario me
suma votos".
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Clarín
¿AZUCAR O SACARINA?
El aviso de López Murphy y los alcahuetes de la maestra
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Julio Blanck.
jblanck@...
Señorita, señorita, Ricardito dijo quilombo. Y también dijo que
Kirchner se la pone a Duhalde. Fue él, señorita, yo lo escuché, fue
Ricardito.
Con ese tono que la caricatura asigna a los alumnos alcahuetes de la
maestra, algunos espíritus almidonados se espantaron por el aviso de
campaña en el que Ricardo López Murphy usó palabras mucho más
livianas que las que se escuchan en algunos de los programas de más
audiencia en la televisión, que a diario son seguidos con deleite por
la familia argentina.
El spot tiene menos de 30 segundos, se grabó en el jardín de la casa
de un amigo y lo dirigió en persona Ernesto Savaglio, el publicista
que ya había inventado al Bulldog como recurso para desacartonar a
López Murphy en las presidenciales de 2003.
La pieza se vio apenas un puñado de veces por televisión y se escuchó
sólo algunas más por radio, porque el comité de campaña anda flaco de
fondos. Pero alcanzó para escandalizar a muchos de los que
construyeron a López Murphy, ya antes de los tiempos en que fue
ministro de la Alianza, y más aún en las elecciones de hace dos años,
como la última esperanza blanca ante la expansión voraz del peronismo.
En aquel imaginario que supo tener su cuarto de hora, López Murphy
aparecía liberal y pundonoroso, con porte militar y duro discurso de
aire cuartelero. Casi una figura a medida de quienes, con palabras
educadas y gestos bien compuestos, habían tolerado, acompañado o
alentado algunas de las barbaridades más graves de nuestra historia
moderna.
Pero resulta que López Murphy, en verdad un republicano cabal que no
consiguió armar un partido desde el cual reproducir en estructura e
influencia los 3.142.848 votos conseguidos en la última elección, que
desde entonces perdió fuerza y cambió de aliados, y que ahora veía
languidecer su proyecto político personal sin encontrar dónde pararse
frente al duelo entre Cristina Kirchner y Chiche Duhalde, compró la
idea de su publicista y consiguió transformarse otra vez en un
personaje de la campaña.
Claro que nada es gratis. Porque lo criticaron no sólo los pacatos y
envarados que lo tenían como mascarón de proa, sino también mucha
gente con las mejores intenciones que, estuviese pensando en votarlo
o no, sintió que el doble sentido que coquetea con la guarangada lo
colocaba más cerca de la farándula que de la política. O lo que es
peor, para esa buena gente, lo vieron en un registro demasiado
parecido a los modos ásperos que exhibe el peronismo en su
desenfrenada pelea bonaerense.
El publicista Savaglio defiende su obra con fervor: "Del spot se
habló más de lo que se vio. Tuvo una repercusión notable. Instaló un
tema que no estaba en la agenda. López Murphy ya había hablado de la
trampa que significa la pelea entre Kirchner y Duhalde de otra manera
y nadie le dio bola. En el aviso no hay insultos, no hay falta de
respeto. ¿Cuál es el problema del doble sentido? ¿Alguno de los que
lo atacan se pregunta si lo que dice López Murphy es verdad o
mentira? Le cuestionan las palabras, pero no saben qué contestar a lo
que verdaderamente dice. Además, él le está hablando a la provincia
de Buenos Aires que tiene un 80% de gente no politizada. Los que lo
critican solamente están tratando de matar al mensajero".
No se le puede pedir objetividad a un interesado directo en el
conflicto, como es Savaglio. Y habrá que decir que además de sus
argumentos, el aviso también significa el manotazo que intenta salvar
una campaña que venía en picada, abre el interrogante sobre un dudoso
rédito en votos (aunque cerca de López Murphy dicen que repuntó con
la polémica) y debe cargar en su cuenta el picadillo fino que
hicieron con el candidato los que le disputan la misma franja del
electorado.
Es cierto que nunca un buen aviso por sí solo salva una campaña, ni
una buena campaña le asegura el triunfo a un candidato que no tiene
con qué ganar. Pero también es cierto que en privado López Murphy es
bastante más divertido, y hasta se diría parecido al del aviso, que
lo que acostumbra a mostrar en público: gesto adusto, pelo engominado
y bigote desafiante.
Quizá López Murphy haya equivocado el tono, los modos, el mensaje, el
momento, la elección del enemigo o peor todavía la percepción sobre
su auditorio. O quizás su pecado haya sido la franqueza, que en
política suele tener el peor de los castigos.
La Nación
Opinión
Domingo 2 de Octubre de 2005
El dilema estratégico de López Murphy
El Diccionario de la Real Academia Española define la palabra
quilombo como "una expresión vulgar de origen africano que en algunos
países latinoamericanos, entre ellos la Argentina, significa
prostíbulo, lío, barullo, gresca, desorden".
Lo que sorprendió esta semana, cuando diversos partidos lanzaron sus
spots publicitarios por televisión, no fue que alguien recurriera a
aquella expresión vulgar, de uso extendido en nuestro lunfardo
cotidiano, sino que ese "alguien" fuera nada menos que Ricardo López
Murphy. En su spot , además, López Murphy dice que Kirchner "se la
puso" a Duhalde, nublando así por segunda vez una imagen hasta ese
momento impecable.
Si el objetivo de los publicitarios del candidato a senador por la
provincia de Buenos Aires era impresionar a los ciudadanos en medio
de una campaña que hasta ahora los ha dejado indiferentes, por cierto
lo lograron. Mientras los spots de los demás partidos pasaban casi
inadvertidos, el mensaje "vulgar" de López Murphy ganó los titulares.
Cuando lanzó sus sorpresivas "vulgaridades", ¿quiso López Murphy nada
más que echar mano de un ingenioso recurso publicitario o hay algo
más profundo detrás de su sorpresa? Lo suyo ¿ha sido sólo un desliz,
casi una travesura, porque después del spot seguirá siendo quien era,
o revela al contrario un giro estratégico?
¿Todos populistas?
Cuando Perón volvió a la Argentina en 1973, un periodista le pidió
que evaluara las fuerzas políticas. Perón le contestó atribuyendo a
cada una de ellas, salvo al peronismo, un determinado porcentaje de
adhesiones. A continuación, el periodista le preguntó entonces cuál
era el porcentaje peronista. "Ah, no -respondió el caudillo-,
peronistas somos todos..." De este modo señaló, con su habitual
ironía, el fenómeno político más importante de las últimas décadas:
el proceso de mimetización que el peronismo ha generado en las demás
fuerzas políticas.
En las democracias bien ordenadas de nuestro tiempo, dos tendencias
prevalecen. Una liberal, de centroderecha, que apuesta a un proceso
de desarrollo económico que, al garantizarles a los capitales una
rentabilidad previsible, estable, los induce a reinvertir su sobrante
en el mismo país donde lo han obtenido. La acumulación consiguiente
de recursos se distribuirá después, por diversos caminos, entre los
que menos tienen. La otra tendencia socialista o populista, de
centroizquierda, promueve en cambio la distribución inmediata del
sobrante entre los más necesitados, con lo cual eleva en el corto
plazo sus condiciones de vida, pero al costo de la huida de los
capitales afectados por la falta de seguridad y la consiguiente
desaparición del sobrante capitalista en el largo plazo.
Cada una de las dos tendencias cree tener razón con miras a lo que
ambas quieren: reducir la pobreza. Pero, como ambas tendencias son de
fuerza pareja, alternan en el poder en el curso de los períodos
electorales, de tal modo que al fin prevalece en las democracias bien
equilibradas un sistema mixto de liberalismo y socialismo.
Cuando el peronismo llegó al poder, trajo consigo un poderoso impulso
populista después de un período conservador. ¿Qué deberían haber
hecho entonces los partidos no peronistas? Mantener su adhesión al
liberalismo, hasta que les tocara su turno. Sin embargo, el primero
en desertar de este equilibrio fue el radicalismo, que a poco de
llegar Perón cambió su programa económico-social en dirección del
populismo. Otras fuerzas no radicales reiteraron el mimetismo
radical. En consecuencia, el país no ha sido gobernado durante
décadas por un populismo y un liberalismo alternativos, sino por una
sucesión de populismos: el populismo peronista, el populismo radical
y hasta el populismo militar.
De ahí la aguda respuesta de Perón: en la Argentina, de una manera o
de otra, todos hemos sido peronistas. El resultado a largo plazo de
esta multiplicación del populismo ha sido, como era de prever por la
persistente falta de aliento a los capitales, la insoportable
multiplicación de la pobreza que hoy padecemos porque el populismo,
benéfico en el corto plazo, pero letal en el largo plazo, nunca fue
moderado por períodos auténticamente liberales, capaces de restaurar
el equilibrio, que exhiben por doquier las democracias exitosas.
López Murphy, Macri y...
En las elecciones presidenciales de 2003, dos candidatos apuntaban a
una reinserción liberal en competencia con el panpopulismo argentino.
Uno auténtico, López Murphy. El otro, Menem, a mitad de camino entre
el peronismo y el liberalismo. Entre ambos obtuvieron el 40 por
ciento de los votos. Al fin triunfó, con el apoyo de Duhalde, el
presidente Kirchner, cuya retórica apunta hacia el agresivo populismo
autoritario del peronismo de la primera hora, hacia el "neoperonismo"
de un Chávez, en tanto que esa mezcla improbable de peronismo y
liberalismo que encarnaba Menem parece hundirse en el pasado.
Sin embargo, el problema político de fondo de los argentinos continúa
siendo la reinserción liberal en el sistema democrático, si es que
vamos a recuperar el equilibrio socialista-liberal de las democracias
exitosas. Esa reinserción, ¿podrá vislumbrarse a partir de las
elecciones de 2005?
Como último cimiento firme de esta necesaria evolución, quedaba la
candidatura de López Murphy. Al acudir a sus últimas "vulgaridades",
¿piensa el candidato de Pro mantener, pese a ellas, el perfil de un
liberal principista en medio de la marea populista, o está empezando
a ceder a la mimetización que arrastró antes de él a los radicales?
Cuando se está en la oposición a un sistema al parecer invencible, no
hay otro camino que persistir una y otra vez más allá de las
derrotas. ¿Tiene López Murphy esta voluntad casi heroica o, dejándose
llevar como tantos otros por la ola populista, terminará ahogándose
en ella?
Queda todavía pensar que ha sido tal el fracaso del panpopulismo
interminable que en el seno del propio peronismo pueden surgir
anticuerpos. Por un momento, Menem pareció encarnar una reacción
liberal dentro del peronismo, aunque la tendencia histórica del
movimiento hacia la reelección indefinida enturbió al fin las aguas.
En el momento en que Menem parecía dominarlo todo desde su "cuasi"
o "seudo" liberalismo, quien se le opuso en nombre del peronismo
tradicional fue Duhalde. Entre Kirchner y Menem, Duhalde optó por el
primero. Pero ahora lo enfrenta, habiendo conseguido esta semana la
primera derrota presidencial en la Cámara de Diputados. Desde su
nueva versión antikirchnerista, ¿apunta el duhaldismo en dirección de
una versión más moderada del desarrollo económico que el agresivo
populismo del Presidente? Ante esta posibilidad, Macri, el otro
candidato liberal, no ha cortado puentes con el duhaldismo. Al
acercamiento eventual entre ellos podría sumarse otro moderado, el
ministro Lavagna. ¿Es posible imaginar un eje Duhalde-Lavagna- Macri-
López Murphy, en busca de una etapa no populista?
La perspectiva parece lejana, pero sigue siendo verdad que, hasta que
la Argentina encuentre un nuevo equilibrio entre el populismo y el
liberalismo, seguirá alejada de la fórmula de las democracias
exitosas y los pobres, mientras tanto, tendrán que esperar.
Por Mariano Grondona
http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=743836
LA NACION | 02.10.2005 | Página 33 | Opinión
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