CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El índice bursátil Merval ignoró la promesa de pago de la deuda con el Club de París, y cerró sin cambios y con poco volumen, en una jornada de gran apatía. Y reflexión. Los operadores se preguntan qué harán ahora los Kirchner, dado lo mal que les salió su sorpresiva decisión.
En acciones domésticas, se operaron solamente $31,1 millones. El Merval se mantuvo en el mismo nivel que el martes (2/09), en los 1.758,13 puntos. Los bonos, que ayer no registraron subas significantes, hoy (3/09) retrocedieron en su mayoría. El Discount en pesos, referente del mercado, perdió 0,46%.
El pago de deuda al Club de París, según los efectos que está teniendo en el mercado, es poco trascendente para recuperar la confianza de los inversores.
Para sumar al malestar del mercado, el Ministerio de Economía anunció una nueva licitación para la recompra de deuda, pero ésta se enfocará a los títulos en dólares y cupones atados al PBI, los mismos que la semana anterior, cuando el mercado esperaba una licitación de títulos en pesos que ajustan por CER.
Los movimientos destacados correspondieron al 'Boden 2014' en dólares, con una baja del 2,2%, y al 'Par' en pesos, que presentó una merma del 2,1% AR.BONOS.
Los inversores y economistas mantienen interrogantes sobre una elevada inflación que, según los cálculos privados, supera el 20% anual, no reconocida por un Gobierno que mantiene intervenido el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos.
Alrededor del 40% de los bonos soberanos del país se ajustan por inflación. Y los funcionarios de los Kirchner se enorgullecen de que desdibujando el índice de precios reducen el pago de intereses de los bonos.
La Argentina dijo que recomprará, en una subasta que se realizará el jueves (4/09), bonos por hasta $200 millones, en un intento por poner un 'piso' a las cotizaciones de los activos.
La operación busca rescatar bonos Boden 2012, Boden 2013, unidades PIB en pesos y unidades PIB en dólares bajo legislación argentina.
En una subasta similar realizada la semana pasada, el Gobierno solo rescató $9,89 millones de ARG02.
El índice EMBI+ Argentina 11EMJ, que mide la sobretasa de los bonos locales frente a similares del Tesoro de Estados Unidos, estuvo hasta 19 puntos básicos a 697 puntos básicos.
A inicios de agosto, el EMBI+ Argentina mostró marcas superiores a los 730 puntos, su nivel máximo desde la reestructuración de deuda que completó el país en 2005. Pero el anuncio del pago al Club de París hizo suponer a los funcionarios que bajaría mucho más el riesgo-país.
El optimismo del Gobierno chocó con las exigencias de los analistas, que creen que son necesarios cambios más profundos para que la medida redunde en beneficios concretos para el país.
Ellos creen que nada cambiará si no se enfrenta el problema de la alta inflación, se normalizan las cuestionadas estadísticas oficiales y si no se da una solución a los acreedores 'hold-in' rechazaron el plan de reestructuración de deuda y que aún reclaman por su dinero.
"La evaluación más importante es saber si este arreglo con el Club de París señala un cambio más abarcativo en la política económica", dijo en un informe el Royal Bank of Scotland.
La entidad dijo que parece inconsistente pagarle al Club de París si no viene acompañado de un plan económico que incluya, además de una normalización total de la deuda y la mejora de las estadísticas económicas, una fuerte reducción del gasto público.
"Esta solución unilateral muestra una administración a la que le falta una estrategia e ideas, pero que está buscando formas de impresionar a un mercado escéptico sin decisiones políticamente más dolorosas", dijo UBS en un informe.
"Esta decisión, al igual que las recientes recompras de deuda, no enfrentan problemas fundamentales del país", agregó.
Tras la colocación de deuda a Venezuela a altas tasas y ante el persistente aumento del gasto público, los inversores comenzaron a dudar sobre la capacidad del país de sostener su superávit primario y hacer frente a los vencimientos de deuda, que en 2009 trepan a US$ 20.200 millones.
El presidente del Banco Central, Martín Redrado, buscó despejar dudas al decir que el Gobierno argentino cuenta para el año próximo con unos US$30.000 millones, entre depósitos en bancos públicos, el superávit fiscal presupuestado y el financiamiento asegurado en el mercado doméstico.
El funcionario dijo que la decisión de utilizar reservas para pagar la deuda al Club de París es "consistente con el compromiso de repetir en el próximo lustro la performance fiscal del período precedente, esto es, un superávit fiscal primario superior al 3,2 por ciento del PIB".
El Gobierno adelantó que el proyecto del Presupuesto 2009 prevé un superávit primario de entre 3,15% y 3,3% del Producto Interno Bruto.
Pero los analistas no son tan optimistas, especialmente porque en 2009 se realizan elecciones legislativas y porque la caída de los precios internacionales de las materias primas, junto con un menor crecimiento económico, puede afectar la recaudación impositiva en un contexto de gasto creciente.
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Muy peligroso: Al destinar el 25% de las reservas 'cash' al pago al Club de París, advierten que la paridad cambiaria queda 'a tiro' del mercado
La realidad de las cuentas del Banco Central es muy diferente a la que imaginan los Kirchner. Lo grave es que ellos toman decisiones como si sus ficciones fueran reales. En el caso del Club de París es muy complicado, explica el autor, socio del estudio Massot & Monteverde.
POR AGUSTÍN MONTEVERDE | 03/09/2008 | 14:01
CIUDAD DE BUENOS AIRES (InC.) La presidente Kirchner ha anunciado que instruyó al ministro de Economía para que, utilizando las reservas de libre disponibilidad del Banco Central, cancele la deuda de US$ 6.706 millones con el Club de París.
• La primera consideración que cabe hacer del anuncio es que deja al descubierto la inexistencia fáctica que padecen en la Argentina las instituciones que las leyes —aunque sólo formalmente— consagran.
La completa subordinación de la autoridad monetaria —supuestamente independiente— a los dictados del Ejecutivo ha quedado expuesta con la mayor crudeza.
• Aunque, a primera vista parece un paso en la dirección correcta, la decisión constituye un grave error, por varias razones.
En primer lugar, es incomprensible cancelar la totalidad de la deuda cuando, tratándose de créditos blandos de fomento, podría negociarse su refinanciación parcial a bajo costo.
Mucho más bajo, por cierto, que las estrafalarias tasas que nos cobra el dictador bolivariano por hacer de trader de nuestros bonos con los bancos de Venezuela.
Tal como hicimos con el FMI, somos tan firmes frente al imperialismo capitalista que, antes que negociar, pagamos de contado. Los más duros en el difícil arte de arrugar.
Perdemos entonces la posibilidad de refinanciar a bajas tasas sólo para evitar una auditoría del peligrosísimo FMI. ¿No ocurrirá que lo realmente peligroso sería una auditoría de las cuentas públicas por quienquiera que no esté sujeto a los aprietes del inefable Moreno?
Un gobierno mucho más preocupado por los gestos —o aún mejor, las gesticulaciones— que por los hechos concretos.
Que con esta decisión ha buscado dar una —aunque tardía— señal de voluntad de pago.
Pero, en las delicadas circunstancias actuales y las inciertas perspectivas de las finanzas públicas, además de voluntad el mundo reclama medidas concretas que aseguren capacidad de pago.
Y aquí, como ocurre con frecuencia, el atajo no resulta el mejor camino. El negarnos tercamente a una auditoría del FMI constituye una señal nada despreciable sobre la escasa confiabilidad de las cuentas públicas y la pretendida solidez fiscal.
De todas formas, las precedentes consideraciones tienen consecuencias menores frente al serio daño que se le inflige a nuestra moneda.
Las reservas internacionales tienen como exclusivo propósito respaldar el valor del dinero en circulación.
La notable detracción que se hace a ese respaldo constituye una suprema irresponsabilidad, cuyas derivaciones en el tiempo pueden ser gravísimas.
No podría ser de otra manera, si se tiene en cuenta que el pago representa prácticamente la cuarta parte de las reservas netas del BCRA (es mucho más gravoso, aún, si se utiliza el dudoso concepto referido por “reservas de libre disponibilidad”, que suman menos de US$ 14.800 millones).
Veamos.
Las reservas internacionales al 22 de agosto —último dato oficial— eran US$ 47.204 millones.
Una parte sustantiva de esas reservas están fondeadas con pasivos financieros del BCRA (LEBAC, NOBAC y pases pasivos) y que representan unos US$ 16.763 millones.
Por lo que las reservas netas, propias del BCRA, se reducen a unos US$ 30.440 millones.
Por su parte, la base monetaria a aquella fecha alcanzaba los $ 98.320 millones.
Esto arroja un tipo de cambio de equilibrio de $ 4,14 por dólar. Y ello sin computar un margen mínimo por diferencial de riesgo, que lo lleva con comodidad por encima de los $ 4,55.
• En los últimos tiempos ha recrudecido la presión del lobby empresario local para que se efectúe una nueva devaluación, a lo que algunos integrantes del gobierno se han resistido para evitar una consiguiente e inevitable llamarada inflacionaria.
• La irreflexiva decisión de pagar con reservas nos pone en riesgo de que la próxima devaluación sea impulsada por el mercado antes que por el gobierno.
La autoridad monetaria, golpeada repetidamente en su solvencia, ha quedado vulnerable a una eventual corrida cambiaria.
Es cierto que también con reservas se pagó al FMI. Pero las circunstancias económicas y financieras, tanto locales como globales, han sufrido un drástico deterioro desde aquella oportunidad.
• No es malo cumplir, aunque con imperdonable demora, con las obligaciones que se contraen.
• Pero no es éticamente lícito recurrir para ello al despojo a terceros, en este caso la sociedad argentina toda; y particularmente las familias con menores recursos, más expuestas a la pulverización de sus salarios que provocan la devaluación y la inflación.
• Los créditos del Club de París financiaron a empresas que ya han devuelto al estado argentino los fondos correspondientes a los vencimientos.
Fondos que el gobierno tiene la obligación de haber mantenido en alguna cuenta oficial reservada para tal destino.
Y es a ellos que debe recurrir; y no a las reservas, que son respaldo y contrapartida de los billetes en circulación. Un nuevo atentado a nuestra soberanía monetaria.
• Por unos días, en el mejor de los casos semanas, la cancelación total dará oxígeno a los títulos públicos.
• Se recibirán también comentarios elogiosos de la prensa internacional.
• Pero la Argentina no cambiará por esta mera decisión, en lo más mínimo, su situación de aislamiento financiero. No, al menos, hasta que se ofrezcan fundamentos sólidos de que la capacidad de pago acompaña esta (algo novedosa) voluntad.
• Las reservas debieran ser en el peor de los casos un recurso extremo a utilizar para demostrar una inquebrantable voluntad de pago en situaciones realmente desesperantes.
No cuando se tiene la oportunidad —pero no la voluntad— de renegociar al alcance de la mano.
Y cuando aún hay que hacer algo con los holdouts, a quienes no se les ha devuelto tan siquiera el capital que nos prestaron. La voluntad de someterse a negociaciones francas tiene más valor que la prepotencia.
• El argumento usado para justificar la intempestiva decisión ha sido el que se trataría de una deuda "de las más genuinas porque prefinancia exportaciones, no es deuda de carácter financiero” (sic CK).
No se entiende entonces el por qué de tantos años de destrato.
Pero menos se entiende que pretendamos que el mundo se interese por nuestros bonos soberanos, que caen por cierto en el ignominioso terreno de la deuda de carácter financiero.
Salvo que lo único que preocupe al oficialismo es retomar el disparate fastuoso del tren-bala.
• La principal razón que ahuyenta a los inversores es que en Argentina no hay otra seguridad jurídica que la sospechosa amistad con los gobernantes.
Todos saben que se está estafando a los tenedores de los bonos ajustables por inflación.
Todos saben que aquí que de un día para el otro los legisladores cambian las leyes y los jueces sus sentencias, a gusto de un hombre que ni siquiera tiene cargo.
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| -INDEC: Un test de la desvergüenza |
| Por Manuel Solanet |
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www.notiar.com.ar |
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Ninguna sociedad organizada puede funcionar sin una medición confiable de la inflación. Por otro lado el falseamiento del índice de precios contamina muchas otras estadísticas. Hay un sinnúmero de relaciones contractuales o decisiones que son referidas a índices oficiales que por definición no se deberían poner en duda. | |
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Si esto último no fuera así, esas relaciones o decisiones se entorpecerían. No habiendo una medida confiable de la inflación, cada uno la supone a su gusto. Por ejemplo los asalariados reclaman aumentos excesivos y los empleadores los rechazan alegando una inflación menor que la real. El conflicto se potencia.
Entre las cuestiones que se vinculan a los índices del INDEC se encuentra el ajuste de los títulos públicos nominados en pesos. Son nada menos que un compromiso de la República Argentina frente a ahorristas de todo el mundo.
En este caso la manipulación de los índices implica una estafa lisa y llana a quienes compraron los bonos. Esto ocurre en la Argentina y ya hay reclamos judiciales al respecto. Difícilmente el gobierno argentino pueda defenderse ya que los mismos técnicos a los que se obliga a alterar las cifras lo denuncian públicamente. Los juicios se perderán tarde o temprano.
El falseamiento oficial de la inflación por la vergonzosa manipulación del INDEC ha llevado inevitablemente a que empiecen a elaborarse índices privados. Ha tomado la iniciativa FIEL, la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, que inició en junio pasado la elaboración de un índice de precios minoristas en la ciudad de Buenos Aires. Releva mensualmente precios de 12.000 artículos y los traduce en un índice empleando la misma ponderación del INDEC.
La primera publicación del índice FIEL en la semana pasada provocó una notable respuesta del Director del INDEC Norberto Itzcovich en la que intentó descalificar a cada uno de los economistas y miembros del Consejo Académico de FIEL, entre ellos a quien suscribe esta Carta Semanal, diciendo que es “uno de los más conspicuos representantes del pensamiento económico reaccionario”.
El uso de esta expresión de estilo stalinista exime de respuesta; simplemente identifica a quien la empleó y muestra que el kirchnerismo no termina de aprender que su desgastado recurso dialéctico de descalificar a quienes no comparten sus ideas o señalan errores, sólo revierte sobre sus autores.
También puede encontrarse otro índice de precios en el sitio de Internet www.inflacionverdadera.com. Éste sólo mide 150 productos alimenticios, pero parece hacerlo seriamente. Pronto aparecerán otros y veremos en los contratos la referencia a estos nuevos índices privados, aunque ello no podrá llegar obviamente a los títulos públicos ni a los convenios donde sea parte el estado.
En cada día que transcurre sin que se rectifiquen las políticas vigentes, se acentúan las distorsiones y se potencian las consecuencias de su corrección. El sistema de precios está sometido a intervenciones que no sólo requieren subsidios, que ya se han salido de madre, sino que también provocan la caída de la producción en sectores vitales tales como el petróleo, el gas, la lechería y la carne, entre otros. El sinceramiento de los índices del INDEC, de ocurrir, deberá recoger no sólo lo que se falseó en el pasado, sino también los efectos de la inevitable recuperación de los precios retrasados.
El manipuleo de los índices oficiales es el primer señalamiento que en todos los ámbitos internacionales se le hace al gobierno del matrimonio Kirchner y es lo primero que se le exige corregir para comenzar a conversar sobre el encausamiento de cualquiera de sus múltiples faltas.
Si no se empieza por el INDEC nada se hará por cambiar el rumbo de colisión que llevamos. Pero justamente en esa trinchera se empeña quien desde Olivos manda en el kirchnerato. Su mano instrumental en este zafarrancho, Guillermo Moreno, es sostenido en su cargo contra viento y marea y la cuestión sirve como una prueba de lealtad de todo nuevo funcionario. Inmediatamente a su asunción debieron declarar su apoyo a Moreno o al INDEC, los ministros Peirano, Lousteau, Massa y otros.
El nuevo secretario de Agricultura Carlos Cheppi fue más allá y reconoció a Moreno como su maestro de economía. Nadie que ocupe un lugar en el entorno presidencial puede admitir expresamente que el gobierno miente a través del INDEC.
Lo absurdo es que todo el mundo lo sabe y lo peor, además de los efectos económicos y jurídicos señalados, es su efecto destructivo de la confianza y la credibilidad. La reversión de este absurdo sería el test básico para abrir una esperanza de rectificación, si es que ella cabe.
Fuente: Fundación Futuro Argentino y Periodismo de Verdad.com.ar |