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Rosario Net
1 de diciembre de 2004 - Rosario - Argentina

Catorce años de negocios políticos y escándalos

01/12/2004 - Más unos cuantos escándalos. Para hablar de la historia
de la ley de lemas en Santa Fe, primero habría que mencionar a los
padres de la criatura: Víctor Reviglio y Horacio Usandizaga.
Casualidad o no, hoy algo los vuelve a unir: son muertos políticos.

En el caso del radical, la ley que pactó en el año 90 con el entonces
gobernador peronista mucho tiene que ver con esa realidad que hoy
padece.

La sanción de la ley de lemas surgió del Pacto de La Matilde –nombre
de la residencia que alquilaba la provincia para el gobernador–
firmado, justamente, por Reviglio y Usandizaga, entonces intendente
de Rosario. ¿Con qué objetivo? El peronista, con evidente mejor
visión política, porque la imaginó como un buen instrumento electoral
para dar batalla en las elecciones del 91, a las que el justicialismo
llegaba deteriorado por los escándalos de corrupción en su gobierno,
pero con una de las nuevas estrellas que surgían del firmamento
menemista: Carlos Reutemann. El radical porque creyó que la
Gobernación ya estaba ganada y la norma de doble voto simultáneo le
permitía saltear la interna con su eterno enemigo Changui Cáceres y
no darle lugar en sus listas. Con los años, el ex intendente –que fue
el más votado en aquellos comicios, y también en el 95, pero en
ninguna de las dos oportunidades pudo con la suma de sublemas del PJ–
admitiría su apoyo a la ley de lemas y su renuncia anticipada a la
Intendencia como sus mayores errores políticos.

Que la ley de lemas iba a generar escándalos quedó claro desde el
mismo debate legislativo del proyecto, rodeado de sospechas en torno
a supuestas compras de votos.

El segundo escándalo lo protagonizó el propio Usandizaga, que no pudo
digerir ser víctima de su propia medicina –fue lejos el más votado
pero no le alcanzó– y salió a denunciar fraude la misma noche de la
elección del 91, aunque rápidamente se desdijo.

Los comicios del 95 trajeron un nuevo papelón. Otra vez el Vasco fue
el más votado, pero la pelea la protagonizaron Jorge Obeid –apoyado
por el reutemismo– y Héctor Cavallero –con el aval del menemismo–,
que, caída del sistema informático mediante, salieron a proclamarse
ganadores dentro del PJ, que como lema había obtenido más sufragios
que la Alianza Santafesina. Durante 40 días se contó voto por voto y
el gobernador terminó siendo Obeid, que inauguró una situación que se
convirtió en su karma: llegar al poder con sólo el 20 por ciento de
sufragios propios y apenas un puñado de legisladores que le
respondían.

La saga continuó en el 97, con la sorpresiva aparición de un
desconocido, Rubén Clon Bermúdez, que llegó a concejal gracias a que,
disimulando su nombre y resaltando su apellido en la boleta, generó
una confusión entre muchos que pretendían votar a su primo Carlos
Bermúdez. A esa altura, el mayor problema pasó a ser la cantidad de
listas y la sobreabundancia de boletas en el cuarto oscuro. Nada se
hizo para corregir eso y cuatro años después se produjo un escándalo
parecido: el ARI trucho –no el de Elisa Carrió– obtuvo los votos
suficientes para convertir en concejal a Sandra "Dolly" Cabrera, pero
los ediles nunca la dejaron asumir.

En el medio, en el 99, Reutemann se dio el gusto de esta vez sí, y
por lejos, ser el más votado. Con casi un millón de sufragios,
aplastó a Usandizaga y se convirtió por segunda vez en gobernador.

Vinieron entonces algunas reformas que alimentaron el malestar de la
oposición con el régimen electoral: la imposición de las boletas
sábana y el impedimento para que las alianzas pudieran presentar
sublemas.

En 2003 el Vasco volvió a ser candidato, pero a intendente, y su
magra cosecha de votos dejó en claro que su tiempo había pasado,
aunque Reutemann se encargó de pagar sus favores con un redituable
sillón en el Ente Regulador de Servicios Sanitarios (Enress). El
candidato a gobernador más votado fue el socialista Hermes Binner,
pero no pudo con la suma de sublemas del PJ y Obeid volvió a la Casa
Gris con el 20 por ciento de sufragios propios. En esa elección hubo
un verdadero festival de candidaturas –44 mil–, es decir que uno de
cada 51 electores se postulaba a algo.

Durante la campaña, la oposición cargó tanto contra la ley de lemas
que Obeid tuvo que prometer que si llegaba al poder iba a derogarla.
El día que asumió el mandatario envió el proyecto que ayer se
convirtió en ley.

Mucha agua corrió bajo el puente desde el 90 hasta ayer. Y así como
en aquellos años de menemismo ascendente hubo una tendencia general
de las provincias a incorporar la ley de lemas, hoy es también
general la tendencia a derogarla. Más allá de escándalos y avivadas,
a la hora de hacer el balance en Santa Fe hay que tener en cuenta que
de las cuatro elecciones a gobernador que hubo bajo el imperio de la
ley de lemas en tres casos ganaron los que en realidad había perdido,
y que eso –Obeid lo sabe muy bien y el trámite legislativo que
culminó ayer es todo un ejemplo–, además de distorsionar la voluntad
popular, complica la gobernabilidad.










Jue, 2 de Dic, 2004 1:08 am

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