| -Cristina, Kelsen y las retenciones | |||
| Por Ricardo Lafferriere | |||
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| ¿Qué diría el inefable Cristiano Ratazzi, presidente de FIAT, si del precio de cada automóvil que exporta –fabricado en el país con combustible subsidiado, energía subsidiada y salarios subsidiados- se le restuviera el 44 % de su valor? ¿Por qué lo que parece justo en un caso provocaría una generalizada repulsa en los otros? ¿Por qué al campo se le puede robar, y a los industriales no? La dura polémica a la que asiste el país entre el gobierno y los hombres de campo está tensando la convivencia nacional a un extremo que se acerca peligrosamente al desborde y al caos. La utilización de una “guardia pretoriana” para enfrentar a ciudadanos que protestan de una forma que el propio gobierno incitó durante todos estos años a que utilizaran los distintos sectores desconformes por distintas cosas al tolerar y amañar los cortes, los bloqueos, los “escraches” y todas las formas violentas de resolver desconformidades,
está llegando al borde de un caos generalizado. La pasividad de la administració Esta vez se les fue la mano. Y la presidenta, que no es iletrada, lo sabe. Ella, que invocó su convicción kelseniana en oportunidad de su último discurso en el Congreso, sabe que en la pirámide jurídica la prelación normativa suprema radica en la Constitución. Luego, las leyes. Por último, los decretos del Poder Ejecutivo, en el marco de las leyes. Y tanto las leyes como los decretos son válidos sólo en cuanto se dicten en armonía con las normas constitucionales. Sabe que las retenciones son inconstitucionales, y que en un debate abierto como el que han desatado con su codicia no hay forma de
defenderlas. La Constitución tiene un artículo, el 14, que establece la inviolabilidad de la propiedad. No puede ni Moreno, ni Lousteau, ni ella misma, tocar esa propiedad si no hay una ley previa que la declare sujeta a expropiación, un juicio con derecho a defensa y un pago previo. Nada de eso existe en el caso de las “retenciones”, inconstitucionales, ilegales y antijurídicas: el gobierno resuelve quedarse con ingreso que es propiedad de sus dueños pasando por encima de sus derechos constitucionales. Aunque se disfracen de impuestos aduaneros, que deben también discutirse en el Congreso y no pueden ser confiscatorios. Se usa para
justificarlas una “ley” de Onganía, disfrazándolas de impuestos a la exportación. La Corte ha dicho que los impuestos no pueden absorber más del 35 % del valor de un producto, porque serían confiscatorios. Las retenciones son inconstitucionales, su legalidad emana sólo de una “ley” originada en un gobierno dictatorial, y su monto supera ampliamente lo permitido por la justicia. En conjunto, entre las retenciones (44 %), el impuesto a las ganancias (35 %), el IVA no deducible, los impuestos provinciales, las tasas municipales y las contribuciones patronales, el peso impositivo sobre la producción agraria oscila en alrededor del 65 %, llegando en algunos casos al 90 %. Son, en la visión de la filosofía del derecho a la que adhiere la presidenta, sencillamente ilegales. Peo no sólo son ilegales. Económicamente son la expresión de una visión retrógrada, fuertemente conservadora, con las que se financia la conformación del bloque de poder clientelista y subordinado que comenzó Duhalde y prosigue su gestión. Esta lucha está mostrando la puja de dos países. El futuro de crecimiento en un país abierto al mundo, competitivo e inclusivo, protagonista de la globalización sin enconos ni complejos, asentado en la potencia creadora de sus hombres y mujeres trabajando con imaginación y tesón, o el pasado de un país cerrado y clientelista, prebendario y corrupto, en el que los
ciudadanos son objetos de las trasnochadas veleidades políticas o ideológicas –destinadas al “zonzaje”- por parte de la vergonzosa asociación ilícita que se está quedando con el país. Se trata de la lucha del país del pasado por sacarle a los hombres de campo el fruto de su trabajo, su riesgo y su inversión, y de éstos para defenderlo, sencillamente porque es de ellos. De cualquier forma, es interesante reflexionar sobre los dos caminos que se debaten sobre el destino de los ingresos de los productores agropecuarios. Se respeta el estado de derecho y quedan en sus manos; o se les roba para que sea la administració En manos de los productores ese ingreso circula hacia varias corrientes importantes: 1. hacia las empresas fabricantes de maquinarias agrícolas, tractores, cosechadoras, sembradoras; 2. de éstas hacia sus trabajadores, técnicos, distribuidores, fabricantes de sus partes –pequeñas metalúrgicas, tornerías y talleres locales-, 3. nuevamente desde estas últimas a los trabajadores del sector, los comerciantes y proveedores de los pueblos, (con sus empleados), 4. hacia los municipios a los que les abonan los impuestos, y desde allí hasta los trabajadores municipales, las obras públicas locales, el florecimiento de los pueblos del interior mejorando su calidad de vida. 5. hacia el conjunto de impuestos locales, con los cuales se refuerzan las finanzas de provincias y pueblos: mejora la educación, la salud pública, las obras públicas locales. 6. Otra corriente va hacia los proveedores de siembra, fabricantes y proveedores de semillas, fertilizantes, agroquímicos y demás insumos agropecuarios, profesionales agronómicos, veterinarios, técnicos. 7. Y es posible que, como es tradicional, el excedente que hubiere se invierta en la explotación ganadera, la “caja de ahorros” del hombre de campo, incrementando la producción de carne, con sus derivados –veterinarios, peones de campo, proveedores de genética, medicamentos, etc-. ¿Dónde
van, por el contrario, las retenciones administradas por la gestión “K-K”? No mencionaremos “la valija de Micheli”, ni las coimas de Skanska, los sobreprecios de los gasoductos o el pago a precios exorbitantes del gas importado de Bolivia. Sólo hablaremos de las corrientes de gastos más evidentes, la mayoría de los cuales no surgen de un debate parlamentario sino que están utilizados con la discrecionalidad de quien maneja un almacén propio. ¿Hacia dónde va la recaudación de las retenciones administradas por el gobierno? 1. hacia las prebendas al Sindicato de Moyano, utilizado como fuerza de choque estilo
“camisa negra” seudo fascista. 2. hacia las transferencias a las empresas transportistas de colectivos, con fuertes “devoluciones” 3. a empresas fantasmas, como ENARSA, o la propia LAFSA, creada por Dualde y continuada por Kirchner, que sigue pagando sueldos de 10.000 pesos mensuales y más a personal que no hace nada, porque no tiene aviones, ni vuela. 4. a los subsidios a empresas deficitarias amigas del gobierno. 5. a reforzar las “sugerencias” y presiones a los gobernadores, Intendentes, Jueces y periodistas en la nueva “cadena de la felicidad” que tanto éxito le dio al menemismo en sus diez años de gestión; 6. hacia la utilización política para alinear sindicatos, repartiendo fondos a las obras sociales de los sindicalistas que acepten a Moyano como su jefe. 7. hacia las transferencias a los empresarios
bonaerenses golpistas del 2001 que heredaron del duhaldismo. 8. hacia la construcción clientelista de poder a través de los municipios del conurbano, el pago a personas convertidas en “carne de cañón” de movilizaciones amañadas y aplaudidoras acarreadas en los actos de apoyo a las internas políticas o sindicales del esquema oficial. 9. hacia la construcción amañada de la reorganizació La diferencia es nítida Por el primer camino el país tomaría la senda homologable de contruir un futuro integrado, federal, apoyado en el potencial creador de sus ciudadanos más dinámicos, sostenido en un sistema político en el que la base última es la reflexión y decisión de ciudadanos libres. Por el segundo, se profundizarán las distorsiones republicanas propias del país corporativo, estancado y envejecido, de espaldas al mundo en el que, a pesar de la oportunidad internacional, se están desperdiciando alternativas que difícilmente se repitan en el corto plazo. Un país que, en pleno auge y “optimismo”,
ha girado al exterior en el segundo semestre del 2007 nada menos que USD 8.622 millones de dólares, más que los que expulsó durante la crisis del Tequila, en el primer semestre de 1995 (USD 5.787 millones) o los emigrados en el segundo semestre del 2001, cuando todo se caía (USD 6.491 millones). Un país cuyos funcionarios no dudan en perjudicar a sus productores y beneficiar a sus competidores del exterior, regalando mercados que costaron décadas conquistar, a la capacidad exportadora de Brasil, Uruguay, Paraguay y los propios “farmers” norteamericanos, felices de las decisiones de la administració Los hombres de campo, como lo han hecho tantas veces en la historia, están abriendo un camino y mostrando un ejemplo. Bastante han tolerado hasta ahora el desprecio y la soberbia. En todo caso, la política –gran ausente de éste y de todos los debates importantes desde el 2001- debiera tomar nota para que no se extienda en todo el país un nuevo y potente grito de que “se vayan todos”. ricardo.lafferriere Gentileza en exclusiva para NOTIAR de http://stores. |
| -Estalló el modelo |
| La protesta del campo es un acontecimiento histórico que deja en
evidencia las profundas grietas del andamio oficial. El gobierno apela a viejas recetas que se muestran impotentes para enfrentar un hecho social que empieza a mostrar puntos de contacto con la crisis del 2001. Por Ignacio Fidanza Lo que está pasando con el campo es un acontecimiento histórico que como suele suceder cuando las cosas ocurren
en la cara, es muy difícil de mesurar. La primer reacción, inexorable, es quitarle entidad, minimizarlo y asimilarlo a episodios familiares y conocidos. Lo mismo sucedió en diciembre del 2001 y terminó como terminó. La gran diferencia es que entones se trató de una propuesta con epicentro en la Capital Federal lo que permitió el efecto amplificador de los granes medios transmitiendo en tiempo real. La situación ahora es distinta, la protesta esta atomizada en la inmensa geografía nacional, lo que dificulta aún más su captación, sobre todo por los medios y los gobernantes que se guían por los climas mediáticos, más que por un conocimiento real de lo que sucede. La comparación con el 2001 no significa aventurar para el gobierno de Cristina Kirchner un final como el que sufrió Fernando de la Rúa, pero si se vincula con la irrupción de un actor social al que los políticos le temen más que al fuego: el pueblo, o la gente como se prefiere nombrar ahora. Como en la época del “que se vayan todos”, los productores agropecuarios lideran hoy un movimiento espontáneo que se ha fijado su propia agenda –la eliminación lisa y llana del aumento a las retenciones que anunció entre risas Martín Lousteau-. Reclamo que desbordó a la dirigencia de las cuatro entidades rurales a las que sólo les queda acompañar, muy concientes que ante la mínima percepción de una negociación no autorizada con el poder, pasarán a encabezar la lista de los enemigos. No saben que hacer En este medio ya se anticipó que el eje real que domina la acción oficial es el desconcierto. Primero intentaron ignorar la protesta “hasta que se les pase”. Como no se les pasó, lo mandaron a Martín Lousteau a ratificar las medidas; como esto agigantó los reclamos, amenazaron con cerrar las exportaciones de carne; pero como esto tampoco funcionó filtraron a La Nación un inconsistente “plan” de subsidios a productores chicos. Finalmente, como la propuesta no sedujo a los rebeldes, lo mandaron a patotear a Hugo Moyano y sus hijos. Y para terminar, reprimieron con la Gendarmería. Si se mira, la secuencia tiene su lógica, cuando el poder se queda sin argumentos se desenmascara, y hasta el más simple penalista sabe que la razón última que sostiene el poder es la violencia. Pero se trata esta de una verdad que el kirchnerismo en sus largos cinco años de ejercicio del poder intentó disimular. Por eso, la represión que las tropas de Aníbal Fernández descargaron sobre los manifestantes del puente subfluvial que une Paraná con Santa Fe, lastima severamente al discurso oficial. ¿Cómo es posible que se toleren cortes de pasos internacionales, que camioneros y piqueteros –aún los de más nimia representació Si en el gobierno existiera algún funcionario que releyera la historia, entenderían que lo que les sucede no es novedoso. Varias de las revoluciones más radicales se dispararon cuando la gente entendió que el poder les estaba quitando demasiado, cuando la carga de los impuestos se volvió inaguantable. Ahí está la película sobre María Antonieta de Sofía Coppola, por si quieren repasar un caso sin tener que molestarse en la lectura, y de paso deleitarse con el costosísimo vestuario de la nobleza de la época. Cualquier comparación con la actualidad es exclusiva responsabilidad de los lectores. Cómo destruir un
sector Primero destruyeron el sector de la carne, después el lácteo y no conformes con ello ahora van por la soja, el único rubro del campo al que le quedaba rentabilidad. Es tan torpe la política oficial en esta área que parece un plan perfecto diseñado por algún enemigo astuto del kirchnerismo. Tan simple como entender que si los productores no ganan haciendo carne ni leche, aún a costa de elecciones personales y tradiciones familiares, terminarán pasándose a la soja. Cuando la carne y la leche empezaron a subir –sencillamente porque el mundo demanda más de ambos alimentos y reconoce la calidad de los productos argentinos-, el Gobierno intervino y manipuló ambos mercados. ¿Y qué logró? Agudizar el problema: Ahora hay menos carne y leche; y la Argentina se perdió una oportunidad histórica de conquistar nuevos países para sus productos. Productores de Santa Fe aún recuerdan con frustración la visita que recibieron el año pasado de empresarios de Nueva Zelanda. Esa isla es una potencia láctea mundial y vinieron a analizar en el terreno el futuro de la cuenca lechera más grande de Latinoamérica, que intuían podía plantearles una dura competencia a nivel global. ¿La conclusión? Partieron convencidos que las regulaciones del gobierno iban a destruir el
sector y les ahorrarían el trabajo de una competencia, que se avizoraba muy dura. Estalló el modelo Desde el refugio de El Calafate, los Kirchner en comunicación con su asesor privilegiado Alberto Fernández, luego de notables zigzagueos ofrecieron a través de La Nación la mejor propuesta negociadora que se les ocurre en caso de conflicto: Subsidios. Ni siquiera fue considerada por los productores. Aquí lo que empieza a estar en entredicho y a
plena luz del sol es la globalidad de un modelo de los más centralistas que recuerde la Argentina. Los subsidios son la cara buena del dispositivo de dominación que instauró el kirchnerismo a través de la mayor concentración fiscal –a costas de las provincias- que haya gozado una Presidencia. Las retenciones no se coparticipan, todo va a la caja del tesoro nacional. Así sentado sobre esa fortuna ajena, que encima promocionan cada mes anunciando récord de recaudación, el kirchnerismo se divierte domesticando liderazgos políticos, sindicales y empresariales, a cambio de la promesa de invitarlos al banquete. Concentración fiscal y política, son
las dos caras de un proyecto que nunca tuvo la capacidad de construir desde el consenso y la dignidad propia y del otro. Un proyecto que sólo entiende de jefes y empleados, de propios y enemigos. Un maquiavelismo retrógrado que se pierde las sutilezas políticas de las democracias más avanzadas, y embrutece a sus propios dirigentes, rebajados al rol de loros del libreto oficial. Con este paro el campo le está diciendo no a las cadenas del subsidio, no a la concentración fiscal, no a la acumulación de poder, no a demolición del ideal de un país federal y articulado horizontalmente. Y ese decálogo contiene mucho más que el reclamo de un sector y por eso conmueve, porque se vislumbra allí algo más profundo que unos productores enojados por un impuesto. El modelo de una economía subsidiada y precios “administrados” ya no funciona. Tan simple como eso. Y el síntoma de este fracaso es la inflación. Se expropia la rentabilidad de los sectores más competitivos para evitar una disparada de los precios y el resultado es: destrucción de riqueza y más inflación. Ya no se pueden subsidiar todas las tarifas, todos los productos, todas las actividades. No hay inversión privada ni acceso al crédito internacional, asi no hay plata que alcance y entonces se vuelve al campo, que esta vez dijo basta. Fuga de capitales Es ocioso discutir si es la política la que condiciona la economía o al revés. Se trata de distinciones del saber que hacen los hombres y la realidad se encarga de sintetizar. Hoy el conflicto se originó por una medida económica y el costo ya empieza a ser político. Gobernadores como Daniel Scioli, Hermes Binner, Sergio Urribarri, Juan Schiaretti y José Alperovich, comenzaron a recibir la bronca de los productores. Si no reaccionan y se mantienen en un vergonzante apoyo –o silencio cómplice- con las medidas de Martín Lousteau, su capital político, como sucedió con otros liderazgos en convulsiones
sociales no tan lejanas, puede evaporarse antes de que entiendan que les pasó. Es su territorio el que está cruzado por el conflicto. Allí se contarán los heridos de eventuales enfrentamientos y las consecuencias económicas de la decisión del ministro de Economía. En estas horas críticas, como nunca, el gobierno aparece preso de su propia lógica. Lo más sencillo, ante el notable repudio popular, sería dejar sin efecto el aumento de las retenciones y si esto provoca la renuncia del ministro de Economía, que renuncie, para eso sirven los ministros. Para que el agua nunca llegue al despacho presidencial. Pero fueron demasiados años acostumbrados
a ganar todas las apuestas, a doblegar, a imponerse. Y entonces el Gobierno hace lo que siempre hizo: fuga hacia delante con los Moyano, D´Elía y compañía. Un coro que a esta altura sólo contribuye a intensificar el descrédito que el kirchnerismo ya acusa en las encuestas. Así las cosas, la situación ofrece a Cristina Kirchner una oportunidad: la posibilidad de dar el tan esperado golpe de timón, de ser la artífice de la reinvención del ADN político del kirchnerismo, sumando a su capacidad de conducción la plasticidad del cambio. A veces para ganar hay que perder. Fuente: La Política
Online |
| -Un país sin retenciones |
| Por Alberto Medina Méndez |
| Desde que el Estado conduce las políticas económicas estamos en manos de los irresponsables de turno. Esta claro, que no llegamos hasta aquí por casualidad, sino por el progresivo avance de las ideologías que promueven las políticas activas y la mano salvadora del Estado para resolver lo que el mercado, según ellos, no puede solucionar. Bajo estas ideas que nos gobiernan hace décadas en el mundo y particularmente en América Latina, nuestro país esta recorriendo un camino cada vez mas perverso. El desabastecimiento, los controles de precios, la
inflación, las retenciones, la carga impositiva, los subsidios, los planes sociales, son solo algunos de los componentes de este inmoral régimen que no solo no ha traído progreso, sino cada vez más distorsiones. Para colmo de males, esta forma de pensar, goza de un manto de cobertura moral que justifica en forma ciega cada una de las decisiones que involucra, olvidando que cuando alguien decide redistribuir, lo que esta haciendo es sacarles a unos para entregarles a otros, y por lo tanto ignorando la propiedad que cada uno de nosotros tenemos sobre el fruto de nuestro trabajo. En este contexto, esta gestión, la actual, no solo que sigue
avanzando sino que perfecciona un discurso cada vez más retorcido e inmoral. A no equivocarse, no se trata de las personas. No tiene que ver con el circunstancial funcionario de turno, sea este electo o no. NO es la Presidente, ni el ministro ni sus secretarios. Es bastante mas profundo. Es la ideología que nos gobierna, con estos u otros protagonistas. La situación actual, en este caso la del campo, solo sirve como otro ejemplo mas de cómo razonan, de cuan perversa puede ser esta forma de pensar y ver a la economía. Los precios internacionales están en su mejor momento. Nosotros, los argentinos podemos ufanarnos de ser un proveedor privilegiado
por las riquezas que disponemos, con tierras especialmente generosas y una habilidad innata para desarrollarlas. Sabemos, a estas alturas, que la cuestión entre gobierno y campo, es un tema ideológico, que va más allá de lo recaudatorio. Ya no se trata solo de buscar alternativas para financiar las aventuras políticas de los detentadores del poder, sino mas bien, de una revancha económica que impida que ese sector de la sociedad pueda sacar la cabeza mas de la cuenta. El contexto internacional es favorable a la Argentina. Somos productores de aquello cuyo valor económico circunstancialmente sube por una cuestión propia del mercado, ese mercado
al que denostamos por su imperfección, pero del que estamos aprovechándonos para obtener el máximo rédito no solo en el sector privado, sino también en el público vía impuestos. Cuando el ministro de economía dice que "si fuera por el campo no habría retenciones" tiene razón. Y esta bien. No se entiende que le molesta al Ministro en este punto. Las retenciones NO son una bendición sino un distorsionador del mercado. Que cree el Ministro y sus representados que sucedería sin retenciones ?. El primer impacto evidente es que el Estado Nacional no recaudaría como lo hace hoy. Esto por supuesto tendría importantes consecuencias en su estrategia de despliegue político partidario electoral, ya que se quedaría sin una de sus más seductoras herramientas de poder, el dinero. A nadie escapa que ese dinero, y no el carisma de los líderes de turno, es lo que le permite dominar a gobiernos provinciales y municipales en casi todo el territorio. Ese mismo dinero que le posibilita destinar subsidios a los sectores económicos que se articulan ( por utilizar un lenguaje educado ) y aprueban sus políticas, no sin antes obtener una jugosa recompensa material por dicho apoyo. Intentan controlar los precios internos y asegurar el abastecimiento, evitar que los productores dejen de producir algo menos rentable o que nuestros campos migren desde actividades menos rentables a mas rentables. Al mercado no hay que regularlo, mucho menos sujetarlo, el arte consiste en interpretarlo. Estamos en un momento especial, el mundo demanda alimentos, esos que nosotros producimos con mayor facilidad que muchas otras naciones. Es tiempo de obtener el máximo provecho de esas circunstancias. Es el mercado y no el gobierno quienes pueden decodificar esa información. El gobierno no sabe como se
hace, no son productores, no conocen nada del campo, tampoco de otras cuestiones. Si el país quiere crecer y recuperar su protagonismo, debe animarse a mas, y para ello, las retenciones son un corset que solo nos impiden seguir avanzando. El ministro tiene razón, si fuera por el campo no habría retenciones. El gobierno le tiene miedo a las ganancias, suponen ingenuamente que los productores mejoraran su estándar de vida con los dividendos que logran desconociendo algo básico en la naturaleza humana, el ansia de progreso. Los hombres de campo, como los de ciudad, no solo trabajan para conseguir un progreso económico circunstancial, lo hacen
porque aman lo que hacen, y porque creen en la sana ambición de crecer y ver crecer a los que los rodean. El campo ha dado pruebas de ello en reiteradas oportunidades. Cuando gana, reinvierte y va por más. No hay que temerle al mercado. Hay que animarse a respetarlo y subirse a la ola de las oportunidades. El gobierno le teme al mercado, odia ideológicamente a la rentabilidad, creyendo que sabe cual es la razonable de cada actividad, tomándose la atribución de decidir cuanto debe ganar cada argentino, sean estos asalariados o emprendedores. Se equivoca el gobierno y
mucho. Este no es el camino del progreso. Proyectar sus propias limitaciones no nos llevará a buen puerto. Aunque es difícil creer que la ideología reinante nos pueda sacar de esta retorcida manera de entender la economía, aun estamos a tiempo de soñar con un país sin retenciones. 03783 Ñ 15602694 Corrientes – Corrientes -
Argentina Gentileza para NOTIAR |

Nueva Mayoría
Los Kirchner comienzan a enfrentar los costos de dos grandes errores: subordinar toda la política económica a sus necesidades políticas y pretender dividir y enfrentar a la sociedad. 



En la ciudad de Paraná, capital de la Provincia de Entre Ríos, en la sede del Círculo Católico Obrero y con la presencia de gran cantidad de personas, quedó constituido el PARTIDO FEDERAL distrito ENTRE RIOS. El público que se convocó quedó muy conforme con lo actuado y decididos a emprender este nuevo camino. En momentos tan especiales como los que estamos viviendo los Argentinos, la presencia del Partido Federal en la Provincia, marcará un hito de trascendencia en el campo de la política entrerriana. A la finalización del encuentro hubo un gran aplauso para quienes dirigen el PF a nivel nacional...Complete el texto, todas la fotos sobre este tema, y otras noticias en: 




En 200 años la Nación Argentina no ha podido resolver este dilema, todo un siglo de luchas, que sirvieron para ubicarnos en el concierto de los nueve países más importantes y desarrollados, choca hoy con inmensos bolsones de pobrezas, degradación cultura, falta de educación, y bajos niveles de calidad en la salud pública; que son la evidencia cotidiana de que algo nos ha pasado, sus resultados devastadores están a la vista.
La suba de las retenciones al campo demuestra que el INDEC y el
Gobierno no dicen la verdad cuando afirman que la Argentina crece a pasos agigantados, la inflación no existe y el fantasma de la pobreza está quedando atrás.
CONOZCA EL TEXTO COMPLETO DE UNA CARTA ABIERTA PRESENTADA EN LA CASA DE GOBIERNO A LA Sra. PRESIDENTE DE LA NACION Dra. CRISTINA FERNANDEZ, POR UN GRUPO DE ARGENTINAS AL QUE ADHIRIERON LAS MUJERES DEL PARTIDO FEDERAL...Complete el texto, todas la fotos sobre este tema, y otras noticias en: 
