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La era de la guerra perpetua   Lista de mensajes  
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Las motivaciones de Estados Unidos
La era de la guerra perpetua
La obsesión por la confluencia entre un "Estado fuera de la ley" y
el "terrorismo internacional"; el control sobre los Estados del Golfo
Pérsico y sus recursos en hidrocarburos y la reafirmación de la
hegemonía mundial de EE.UU., serían las verdaderas razones de
una "guerra preventiva" contra Irak decidida unilateralmente por la
administración Bush. Frente a los endebles argumentos que esgrime, se
perfilaría un eje París-Berlín-Moscú, eventual segundo polo de un
mundo donde los intereses de la globalización financiera resultan no
ser monolíticos.

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"History is again on the move" 1

Arnold J. Toynbee

Es evidente que algo fundamental está en juego en esta cuestión de
Irak. Por todas partes se encienden señales de alerta; el conjunto de
la arquitectura internacional se resquebraja, la ONU está
desmembrada, la Unión Europea dividida, la OTAN fracturada…
Convencidas de que la máquina de producir tragedias se ha vuelto a
poner en marcha, diez millones de personas protestaron en las calles
de las ciudades del mundo el 15 de febrero de 2003, expresando así su
rechazo al retorno de la brutalidad a la política internacional, con
sus violencias extremas, sus pasiones y odios.

Estos miedos colectivos se expresan en forma de angustiosos
interrogantes: ¿Por qué esta guerra contra Irak? ¿Por qué ahora?
¿Cuáles son los verdaderos designios de Estados Unidos? ¿Por qué
Francia y Alemania se oponen con tanta energía a la guerra? ¿Qué
revela este conflicto sobre la nueva situación en materia de política
exterior? ¿Qué cambios anuncia en los grandes equilibrios del mundo?

Son demasiados quienes creen que las verdaderas razones de esta
guerra siguen siendo enigmáticas. Con la mejor de las voluntades,
quienes analizan los argumentos que esgrime Washington se mantienen
escépticos. Las autoridades estadounidenses no han logrado convencer
de la necesidad de esta guerra. Y su insistencia en machacar
justificaciones de escaso valor vuelve aun más dubitativa a la
opinión internacional.

¿Cuáles son los argumentos oficiales? Son siete los enunciados en el
informe "Una década de mentira y desafío", presentado por el
presidente George W. Bush ante el Consejo de Seguridad de la ONU el
12 de septiembre de 2002. Este texto de 22 páginas evoca los tres
reproches principales: Irak no habría respetado dieciséis
resoluciones de la ONU; poseería o se propondría poseer armas de
destrucción masiva (nucleares, biológicas, químicas y misiles
balísticos); por último, sería culpable de violaciones a los derechos
humanos (torturas, violaciones, ejecuciones sumarias) 2.

Las otras cuatro acusaciones conciernen al terrorismo (Bagdad
albergaría a organizaciones palestinas y entregaría 25.000 dólares a
las familias de cada uno de los comandos suicidas contra Israel); los
prisioneros de guerra (entre ellos un piloto estadounidense); los
bienes confiscados en ocasión de la invasión de Kuwait (obras de arte
y material militar); y el desvío del programa "petróleo por alimento".

Todos estos reproches llevaron al Consejo de Seguridad de la ONU a
votar por unanimidad el 8 de noviembre de 2002 la resolución 1441,
que instaura "un régimen de inspección reforzado con el objetivo de
concluir de manera completa y verificada el proceso de desarme".

¿Son estos argumentos tan estremecedores como para que todos los
países consideren a Irak el problema número uno del mundo?
¿Convierten a Irak en la amenaza más grave que pesa sobre la
humanidad? ¿Justifican en definitiva una guerra de gran envergadura?

A estas tres preguntas Estados Unidos y algunos de sus aliados (Reino
Unido, Australia, España…) responden por la afirmativa. Sin esperar
la luz verde de alguna instancia internacional, las autoridades de
Washington (y de Londres) enviaron a las fronteras de Irak una
temible fuerza militar, de alrededor de 200.000 hombres, dotada de
una potencia de destrucción colosal.

En cambio, otros países occidentales (Francia, Alemania, Bélgica…) y
una parte importante de la opinión internacional, responden a esas
mismas preguntas con un triple "No". Reconocen la gravedad de los
reproches pero juzgan que las mismas acusaciones –no respeto a las
resoluciones de la ONU, violación de los derechos de las personas y
posesión de armas de destrucción masiva– podrían dirigirse a otros
Estados del mundo, empezando por Pakistán e Israel, estrechos aliados
de Estados Unidos, contra los cuales nadie piensa declarar una
guerra. También observan que Washington guarda silencio sobre muchas
otras dictaduras amigas de Estados Unidos (Arabia Saudita, Egipto 3,
Túnez, Pakistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Guinea Ecuatorial, etc,)
que pisotean los derechos humanos. Por otra parte, estiman que
sometido desde hace doce años a un embargo devastador, a la
limitación de su soberanía aérea y a una vigilancia permanente, el
régimen iraquí no parece constituir una amenaza inminente para sus
vecinos. A propósito de la interminable búsqueda de armas
inhallables, muchos se ven tentados de pensar, como Confucio, que "no
se puede atrapar un gato negro en una habitación a oscuras, sobre
todo si el gato no está". Y por último, consideran que los
inspectores de la Comisión de control, verificación e inspección de
la ONU (Cocovinu, dirigida por el diplomático sueco Hans Blix) 4, y
los de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AEIA), dirigida
por el experto egipcio Mohamed El Baradei, hacen progresos
constantes –atestiguados por los informes presentados ante el Consejo
de Seguridad– y que esto debiera permitir alcanzar el objetivo
buscado: el desarme de Irak, sin recurrir a la guerra.

Por haber hecho suyo este razonamiento de sentido común, y haberlo
expresado con firmeza a través de su ministro de Relaciones
Exteriores, Dominique de Villepin, en el recinto de las Naciones
Unidas, el presidente francés Jacques Chirac encarna la resistencia
frente al predominio estadounidense, a ojos de quienes se oponen a la
guerra en el mundo. Sin duda el traje le queda algo grande, pero es
indiscutible que el presidente de la República francesa ganó en pocas
semanas una popularidad internacional que pocos dirigentes franceses
tuvieron antes que él. Como el personaje del general della Rovere en
el célebre film de Roberto Rossellini 5, Chirac se encontró tal vez
por azar en ese rol de resistente, pero es preciso constatar que
asume su misión.

Por su parte, la administración estadounidense no logra convencer de
que la guerra esté justificada. Sigue expuesta al veto francés y
padeció dos desastres diplomáticos en el Consejo de Seguridad:
primero el 4 de febrero, con el fiasco de la presentación por Colin
Powell de las "pruebas" contra Irak; después el 14 de febrero, con la
presentación de los informes más bien positivos de los inspectores,
en cuyo transcurso Blix indicó que varias de las "pruebas" contra
Bagdad presentadas por Powell carecían de fundamentos. Ese mismo día,
de Villepin afirmó también: "Hace diez días, Powell evocó supuestos
vínculos entre Al-Qaeda y el régimen de Bagdad. En el estado actual
de nuestras investigaciones e informaciones llevadas a cabo junto con
nuestros aliados, nada nos permite establecer esos vínculos". Pero
ocurre que el establecimiento de vínculos entre la red de Ben Laden y
el régimen de Saddam Hussein es decisivo para justificar este
conflicto. Especialmente a ojos de la opinión pública estadounidense,
que sigue impactada por los atroces atentados del 11 de septiembre de
2001.

Control del Golfo árabe-pérsico

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Hasta ahora ningún argumento verificable fundamenta esta guerra, y es
por eso que tantos ciudadanos se movilizan en todo el mundo contra
ella. Es preciso preguntarse sobre las verdaderas motivaciones de
Estados Unidos. Evidentemente, son por lo menos tres.

En primer lugar, está la preocupación, que se ha vuelto obsesiva a
partir del 11 de septiembre de 2001, de evitar toda confluencia entre
un "Estado canalla" y el "terrorismo internacional". Ya en 1997, el
secretario de defensa de Clinton, William Cohen, declaraba: "Nos
enfrentamos a la posibilidad de que actores regionales, ejércitos de
tercer tipo, grupos terroristas e incluso sectas religiosas traten de
lograr un poder desproporcionado mediante la adquisición y
utilización de armas de destrucción masiva" 6. En un comunicado
difundido el 11 de enero de 1999, Ben Laden admitía que esa
posibilidad era real: "No considero un crimen tratar de comprar armas
nucleares, químicas y biológicas" 7. Y George W. Bush reconoció que
esa eventualidad lo obsesionaba: "Nuestro temor es que los
terroristas encuentren un Estado fuera de la ley que podría
proporcionarles tecnología para matar" 8.

En el espíritu del presidente de Estados Unidos, ese "Estado fuera de
la ley" no es otro que Irak. De ahí la teoría de la "guerra
preventiva" definida el 20 de septiembre de 2002 9, que James
Woolsey, ex director de la CIA, resumió del siguiente modo: "La nueva
doctrina surgida de esta batalla asimétrica contra el terror es la de
la `disuasión anticipada' o `guerra preventiva'. Puesto que los
terroristas siempre tienen la ventaja de atacar en secreto no importa
cuándo ni dónde, la única defensa consiste en atraparlos ahora, donde
se encuentren, antes de que estén en condiciones de montar su golpe"
10. Por supuesto, no se exige ninguna autorización de las Naciones
Unidas.

La segunda motivación, no confesada, es el control del golfo árabe-
pérsico y de sus recursos en hidrocarburos. Más de dos tercios de las
reservas mundiales conocidas de petróleo se encuentran concentradas
bajo el suelo de algunos Estados situados en las orillas del Golfo:
Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Para los países desarrollados, especialmente para Estados Unidos, que
es un gran dilapidador de energía, esta región desempeña un rol
capital y posee una de las claves fundamentales de su crecimiento y
modo de vida.

Toda intervención contra países del golfo se considera pues una
amenaza para los "intereses vitales" de Estados Unidos. Ya en 1980,
en su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente James
Carter, premio Nobel de la paz 2002, definía la doctrina
estadounidense para la región: "Todo intento por parte de cualquier
potencia extranjera de tomar el control de la región del golfo
Pérsico será considerado un ataque contra los intereses vitales de
Estados Unidos de América. Y ese ataque será rechazado por todos los
medios necesarios, incluida la fuerza militar" 11.

Controlada por los británicos desde el final de la primera guerra
mundial y el desmantelamiento del Imperio otomano, la región del
Golfo vio crecer la influencia estadounidense desde 1945. Dos
importantes países escapan sin embargo actualmente al dominio de
Washington: Irán desde la revolución islámica de 1979 e Irak desde la
invasión a Kuwait de 1990. Arabia Saudita se convirtió en sospechosa
desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, debido a sus
vínculos con el islamismo militante y a la ayuda financiera que los
sauditas habrían aportado a la red Al-Qaeda. Washington considera que
no puede permitirse perder un tercer peón en el tablero del Golfo, y
menos aun de la importancia de Arabia Saudita. De allí la tentación
de ocupar Irak bajo falsos pretextos y retomar el control de la
región.

Más allá de las dificultades militares, la administración de un Irak
liberado de Saddam Hussein por fuerzas de ocupación estadounidenses
no será fácil. En sus épocas de lucidez, Colin Powell medía su
inextricable dificultad: "Por mucho que despreciáramos a Saddam por
lo que había hecho, Estados Unidos no tenía ganas de destruir su
país. En el curso de los últimos diez años, nuestro gran rival en
Medio Oriente era Irán, no Irak. Queríamos que Irak siguiera haciendo
de contrapeso a Irán. Arabia Saudita no quería que los chiítas
tomaran el poder en el sur de Irak. Los turcos tampoco querían que en
el norte los kurdos se separaran del resto de Irak (…) Los Estados
árabes no querían que Irak fuera invadido y desmantelado (…) Un Irak
dividido en facciones sunnita, chiíta y kurda no contribuiría a la
estabilidad que queríamos en Medio Oriente. El único medio de
evitarlo hubiera sido conquistar y ocupar esa lejana nación de veinte
millones de habitantes. No creo que sea lo que quieren los
estadounidenses" 12. Sin embargo es lo que desea hoy el presidente
Bush…

La tercera motivación, tampoco confesada, de esta guerra es afirmar
la hegemonía de Estados Unidos en el mundo. El equipo de ideólogos
que rodea a George W. Bush (Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Perle, etc.)
teorizó desde hace mucho tiempo este ascenso hacia la potencia
imperial de Estados Unidos (ver pág. 8, artículo de P. Golub). A
fines de 1980 ya rodeaban a George Bush padre. Era el final de la
guerra fría, y a la inversa de la mayor parte de las estrategias que
preconizaban una disminución del instrumento militar, ellos alentaban
la reorganización de las fuerzas armadas y el recurso a ultranza a
las nuevas tecnologías con el objetivo de restituir a la guerra su
carácter de instrumento de política exterior.

En esa época, relata un testigo, "el síndrome de Vietnam estaba vivo
todavía. Los militares no querían recurrir a la fuerza sino con la
condición de que todo el mundo estuviera de acuerdo. Las condiciones
planteadas exigían prácticamente un referéndum nacional antes de que
se pudiera emplear la fuerza. Ninguna declaración de guerra era
posible sin un acontecimiento catalizador como Pearl Harbor" 13.

Sin embargo este equipo de halcones, con la ayuda ya del general
Colin Powell, logró poner en marcha en diciembre de 1989, sin el
acuerdo del Congreso ni de las Naciones Unidas, la invasión de Panamá
(más de mil muertos) y el derrocamiento del general Noriega. Estos
mismos hombres llevaron a cabo la guerra del Golfo, en cuyo curso las
fuerzas armadas de Estados Unidos realizaron una demostración de
superpotencia militar que dejó al mundo estupefacto.

Un Estado militar de nuevo tipo

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De regreso al poder en enero de 2001, estos ideólogos consideraron
los atentados del 11 de septiembre como "el acontecimiento
catalizador" esperado desde hacía mucho tiempo. Ahora nada parece
frenarlos. Mediante el Patriot Act, dotaron a los poderes públicos de
un temible instrumento liberticida: prometieron "exterminar a los
terroristas", propusieron "la guerra global contra el terrorismo
internacional", conquistaron Afganistán, derrocaron al régimen de los
talibanes y proyectaron fuerzas de combate en Colombia, Georgia,
Filipinas... A continuación definieron la doctrina de la guerra
preventiva, y sobre la base de propaganda e intoxicación,
justificaron esta guerra contra Irak.

Aceptan que Washington se concentre en los lugares de poder en la
hora de la globalización liberal: Grupo de los 7; FMI, Organización
Mundial de Comercio, Banco Mundial…Y quieren sustraer poco a poco a
Estados Unidos del marco político multilateral. Por eso impulsaron al
presidente Bush a que denunciara el protocolo de Kyoto sobre el
efecto invernadero, el tratado ABM de misiles balísticos, el tratado
que instaura una Corte Penal Internacional, el tratado sobre minas
antipersonales, el protocolo de armas biológicas, el acuerdo sobre
armas de pequeño calibre, el tratado sobre prohibición total de armas
nucleares y las convenciones de Ginebra sobre los prisioneros de
guerra en lo que concierne a los detenidos en la cárcel de
Guantánamo. El próximo paso sería la negativa del arbitraje del
Consejo de Seguridad, lo que amenazaría de muerte al sistema de las
Naciones Unidas.

Pieza por pieza, en nombre de grandes ideales –la libertad, la
democracia, el libre cambio, la civilización– estos ideólogos
proceden a transformar a Estados Unidos en un Estado militar de nuevo
tipo. Y reanudan la ambición de todos los imperios: volver a dibujar
el mundo, volver a trazar las fronteras, vigilar a las poblaciones.

Los colonialistas de antaño no actuaban de otro modo. "Creían –
recuerda el historiador Douglas Porch– que la difusión del comercio,
del cristianismo, de la ciencia y la eficacia administrativa de
Occidente ensancharían los límites de la civilización y reducirían
las zonas de conflicto. Gracias al imperialismo, la pobreza se
convertiría en prosperidad, el salvaje encontraría su salvación, la
superstición se convertiría en luz y se instauraría el orden donde
antes reinaban solamente la confusión y la barbarie" 14.

Es para evitar esta afligente deriva, y en nombre de cierta idea de
la Unión Europea 15, que Francia y Alemania optaron por hacer de
contrapeso –no hostil– a Estados Unidos en el seno de la
ONU. "Estamos convencidos, afirmó de Villepin, de que hace falta un
mundo multipolar y de que una potencia sola no puede asegurar el
orden mundial" 16.

Cobra forma el boceto de un nuevo mundo donde el segundo polo de
poder podría estar constituido o bien por la Unión Europea, si se
sabe reagrupar, o bien por una alianza inédita París-Berlín-Moscú o
bien por otras configuraciones variables: Brasil, Sudáfrica, India,
México. La iniciativa franco-alemana es un paso histórico, que saca
por fin a Europa de sesenta años de miedos y le permite redescubrir
la voluntad política. Un paso tan audaz que por contraste revela la
actitud pusilánime de algunos países europeos: Reino Unido, España,
Italia, Polonia, sometidos durante demasiado tiempo.

Estados Unidos empezaba a instalarse en la comodidad de un mundo
unipolar, dominado por la fuerza de su aparato militar. La guerra
contra Irak debiera servir para demostrar su nuevo poder imperial.
Francia y Alemania vinieron a recordarle que en materia de potencia
hay cuatro factores decisivos: la política, la ideología, la economía
y la fuerza militar. La globalización pudo hacer creer que sólo la
ideología (liberal) y la economía constituían factores fundamentales.
Y que los otros dos (la política y la fuerza militar) se habían
vuelto secundarias. Era un error.

En la nueva reorganización del mundo que comienza, Estados Unidos
apuesta a lo militar (y a lo mediático). Francia y Alemania, en
cambio, a la política. Para afrontar los problemas que agobian a la
humanidad, apuestan a la paz perpetua. El presidente Bush y su
entorno, a la guerra perpetua…

"La historia está de nuevo en marcha".
Este informe no establecía ningún vínculo ente Bagdad y la red Al-
Qaeda de Osama Ben Laden, como hizo Colin Powell en su exposición del
4 de febrero en la ONU.
Desde hace más de veinte años, Egipto, que recibe alrededor de 3.000
millones de dólares de ayuda de Estados Unidos por año (casi tanto
como Israel) prohibe toda manifestación callejera, la oposición es
ferozmente reprimida (hay más de 20.000 detenidos políticos), los
homosexuales son condenados a pesadas penas. El general Hosni
Mubarak, en el poder desde hace 22 años, aspira a ceder la
presidencia a su hijo… Esta dictadura es sin embargo calificada en
los grandes medios estadounidenses y franceses como "régimen
moderado", y el dictador es considerado como tratable…
UNMOVIC en inglés.
En El general della Rovere (1959) Roberto Rossellini cuenta la
historia de un estafador, representado por Vittorio de Sica, a quien
los ocupantes nazis convencen de que se haga pasar por el general
della Rovere, uno de los jefes de la Resistencia, para descubrir la
identidad de los partisanos. El personaje se identifica poco a poco
con su rol, hasta el punto que resiste de veras y muere como un
héroe.
Mencionado por Barthélemy Courmont y Darko Rinbikar en Les guerres
asymetriques, PUF, París, 2002.
Ibidem.
Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 12-9-02.
Paul-Marie de la Gorce, "El peligroso concepto de guerra preventiva",
Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2002.
El País, Madrid, 3-8-02.
Citado por Bob Woodward en Chefs de guerre, Calmann Levy, París,
2002.
Colin Powell, Un enfant du Bronx, Odile Jacob, París, 1995.
Bob Woodward, Chefs de guerre, op. cit.
Douglas Porch, Les guerres des empires, Autrement, París, 2002.
Robert Kagan, "Power and Weaknesss", Policy review, Nº 113, junio-
julio 2002; Graham E. Fuller, "Old Europe- or old America?",
International Herald Tribune, París, 12-2-03.
Le Journal du Dimanche, París, 16-2-03.
Ignacio Ramonet
Director de Le Monde diplomatique, Francia.


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Jue, 13 de Oct, 2005 3:56 pm

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