Esta es Mi Palabra A y W El Evangelio de Jesús La manifestación de
Cristo que el mundo no conoce
Cristo,
el Hijo de Dios,
el Corregente de los Cielos,
el Redentor de todos los hombres
y almas,
el Constructor y Soberano
del Reino de Dios en la Tierra,
se manifiesta
sobre Su modo de vivir, pensar y obrar
como Jesús de Nazaret
"... quien tome al pie de la letra las palabras que pronuncié siendo Jesús de
Nazaret, aún hoy errará el camino; pues las palabras eran y son sólo símbolos e
indicadores de camino para la verdad interna. ... El sentido de las palabras de
la vida sólo puede ser captado e interpretado correctamente por hombres que
anhelan la verdad y se esfuerzan por alcanzarla”.
Todos los seres y hombres deberían saber de Dios, la luz eterna, la verdad
ilimitada. Y a todos les ha sido dado el libre albedrío, para aceptarla o
rechazarla.
- Vida Divina -
CAPITULO 30
El pan de la vida
y la vid viva
Cristo da pan espiritual para la vida interna. El camino al Reino de Paz:
lucha y sacrificio de los justos (5). Recibe la fuerza de la vida quien se
orienta a Dios (6). La Redención y la gracia están en Cristo. Enfermedad,
sufrimiento y golpes del destino son culpas hechas visibles. El día del juicio
final (7). El ojo humano sólo ve la envoltura terrenal perecedera. El entrar en
-y salir de- el cuerpo espiritual. El vía crucis de la profetisa de Dios en el
cambio de era. Desarrollo del cristianismo externalizado (8-10)
1. Al otro día, la gente que estaba al otro lado del lago vio que no había más
que la barca en la que Sus discípulos habían entrado, y que Jesús no estaba en
la barca con Sus discípulos, sino que Sus discípulos habían partido solos. Y
cuando las gentes vieron que Jesús no estaba allí, y que Sus discípulos tampoco,
tomaron igualmente una barca y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús.
2. Al encontrarle al otro lado del mar, Le dijeron: "Rabbí, ¿cómo has venido
aquí?” Jesús les contestó diciendo: "en verdad, en verdad os digo, vosotros Me
buscáis no porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido los panes y
la fruta y os habéis saciado; procuraos no el alimento perecedero, sino aquel
alimento que permanece hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre,
que es también el Hijo de Dios; pues Dios, el Padre universal, Le ha investido”.
3. Le preguntaron: "¿qué haremos para hacer obras de Dios?” Jesús respondió
diciéndoles: "la obra de Dios es que creáis en Aquel que El ha enviado, y que os
da la verdad y la vida”.
4. Ellos, a su vez, Le dijeron: "pues Tú, ¿qué signos haces para que podamos
ver y Te creamos? ¿Qué haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto,
según está escrito: les dio a comer pan del Cielo”.
5. Díjoles, pues, Jesús: "en verdad, en verdad os digo: Moisés no os dio el
verdadero pan del Cielo, sino Mi Padre os da el verdadero pan del Cielo y el
fruto de la vid viva; pues éste es el alimento de Dios, que viene del Cielo y da
la vida al mundo”. (Cap. 30, 1-5)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
En verdad, Dios, Mi Padre, el gran Uno universal, Me ha investido a Mí, Su
primer Hijo visualizado y primogénito, como Corregente de los Cielos, y Me ha
dado la fuerza omnipresente en Sus cuatro atributos. Estos son los peldaños
evolutivos que llevan a la filiación en Dios.
Mi fuerza omnipresente es con ello también energía evolutiva. Una parte de
esta energía evolutiva se convirtió en la fuerza redentora para todos los
hombres y almas caídos y cargados.
La Redención es evolución; también es apoyo, liberación y conducción, para
todas las almas y hombres en el camino hacia el Dios Padre-Madre; pues todos los
seres espirituales, almas y hombres son Sus hijos.
Yo Me hice hombre para enseñar a los hombres el camino a la casa del Padre.
Vine a la existencia terrenal y di signos de la fuerza interna con la que el
hombre lo puede todo, cuando entra en la vida interna. Multipliqué panes, frutos
y peces. Transformé agua en vino; ayudé y sané a muchos hombres; resucité a más
de uno de la llamada muerte, cuando el cordón informativo espiritual -que une
alma y cuerpo- no estaba todavía separado del cuerpo. A los hombres les enseñé
que sólo pueden vivir en el mundo en la plenitud si cumplen la ley de Dios
también en la vida diaria; pues la ley de Dios es la plenitud.
Muchos no querían entenderme, pues sólo pensaban en su cuerpo y su bienestar.
Por este motivo no pudieron ni quisieron entenderme, cuando hablé del pan
espiritual para la vida interna. No deseaban el pan que viene del Cielo y que es
el único alimento del alma. Querían seguir siendo tan pecaminosos como eran, y
querían pan terrenal para su cuerpo material y más comodidades para su
existencia terrenal.
Dios, Mi Padre, el Dios Padre-Madre de todos Sus hijos, Me invistió en el
Cielo como Corregente de toda la Creación y Me envió a todas las almas y hombres
como Redentor. Quien venga a Mí y Me acepte y acoja a Mí, su Redentor, quien
regrese al reino interno, también será rico en su interior, y no tendrá ni
hambre ni sed. Recibirá lo que de luz y fuerza haya desarrollado su alma. Tendrá
comida y bebida en la existencia terrenal y recibirá lo que necesite para su
cuerpo: ropa, cobijo -y más aún-. Por tanto, quien en primer lugar aspire al
Reino de Dios, no sufrirá necesidades como hombre.
Yo hablé a los hombres del Reino de Dios, que está dentro de ellos. Con la
fuerza de este Reino interno les ayudé, tanto interna como externamente. La
mayoría de los hombres, sin embargo, querían un hacedor de milagros, que les
hiciera agradable la vida terrenal. Querían un rey para un reino terrenal y no
al rey interior, el Corregente de los Cielos.
Mis hermanos y hermanas que vivís en otro tiempo, en el tiempo de luz, apenas
si podréis entender lo que está escrito aquí. Sin embargo, el mundo, el suelo
sobre el que vivís en vestido terrenal, ha sido obtenido al precio de Mi sangre
y con la sangre y el cuerpo y el sacrificio de muchos profetas justos y hombres
y mujeres justos. Cada oprobio que han tenido que sufrir, y cada gota de sangre
que ha sido vertida por la justicia, fueron para la salvación de todos.
La Tierra, la fortaleza de las tinieblas, ha sido conquistada por la luz
mediante estos actos desinteresados y estas obras divinas, y lo demoníaco ha
sido atado.
A través de muchas generaciones fluyó la sangre, y hombres se sacrificaron por
la justicia y contribuyeron a la consecución del plan de Dios, la Redención.
Fueron los pioneros para el Nuevo Tiempo, en siempre renovadas encarnaciones.
Una y otra vez fueron perseguidos, inclusive en el tiempo en que estas palabras
fueron escritas [1989].
De generación en generación se fortaleció la luz en la Tierra a través de
aquellos hombres que cumplieron más y más las leyes divinas. Del caos del yo
humano fluyó la luz y tomó forma y aspecto en la Tierra.
Los pioneros para el Nuevo Tiempo ataron con Mi fuerza y en Mi nombre lo
satánico.
La Tierra ha sido reconquistada por hermanos y hermanas de la estirpe de David
-la tribu para el Reino de Paz de Jesucristo- y por muchos hombres y mujeres
justos de otras estirpes. Satanás, lo demoníaco, está atado. Los hombres y
mujeres que en vestido terrenal han sufrido inconcebiblemente, están ahora, en
vestido espiritual, a Mi derecha, y brillan como las estrellas en el cielo.
6. Dijéronle, pues, ellos: "Señor, danos siempre de tal pan y de tal fruta”. Y
Jesús les dijo: "Yo Soy el verdadero pan y la vid viva, y el que venga a Mí,
nunca más tendrá hambre, y el que crea en Mí, nunca más tendrá sed. Y en verdad
os digo: si no coméis la carne y bebéis la sangre de Dios, no tendréis la vida.
Sin embargo, vosotros Me habéis visto y no Me creéis. (Cap. 30, 6)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
"...coméis la carne y bebéis la sangre de Dios”, significa: coméis los
alimentos del Cielo, es decir recibís energía de Dios, y bebéis del manantial de
la vida, del Espíritu de Dios.
Comprended: Dios ha provisto a la Tierra con frutos, hierbas y agua para el
bien del cuerpo humano. Quien acepta con gratitud los dones de Dios, cumpliendo
las leyes de Dios, no sólo sacia su cuerpo, sino alimenta también su alma. En
cada don terrenal de Dios está al propio tiempo la fuerza de Dios, el pan de los
Cielos y el agua de la vida.
El pan y los frutos de la Tierra sólo alimentarán a todos los hombres cuando
los hombres no pretendan que sean propiedad personal suya, sino consideren los
dones de Dios como regalo Suyo para todos los hombres. El requisito para ello es
que el hombre no sólo piense en saciar su cuerpo, sino haga fluir el manantial
del alma: el Espíritu de Dios, que es el pan vivo y el fruto vivo. Quien venga
al Espíritu de Dios en Mí, el Cristo de Dios, el Redentor de todas las almas y
hombres, recibirá del pan eterno y no tendrá hambre ni sed.
Pues también el pan y el fruto de la Tierra crecen únicamente por la vida en y
proveniente de Dios. Nada viene de sí mismo. Todo lo bueno viene de Dios. Quien
no crea en Dios, a la larga tampoco recibirá de Dios, porque no se está
orientando a la vida interna, al Dios donante.
Muchos hombres Me vieron y oyeron en Jesús de Nazaret y, a pesar de ello, no
creyeron en la fuerza de la vida, sobre la que enseñé y que personifiqué.
7. "Todos los que Mi Padre Me ha dado, vendrán a Mí, y a quien venga a Mí, no
le repudiaré; pues he bajado del Cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la
voluntad de Dios, que Me envió. Y esta es la voluntad de Dios, que Me ha
enviado: que Yo no pierda ninguno de todos los que Me han sido dados, sino que
los resucite en el día del juicio final”. (Cap. 30, 7)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Mi Padre, que también es vuestro Padre, Me envió a los hombres. Yo Me hice
hombre para habitar entre los hombres y para anunciar con el lenguaje del hombre
lo que es vida eterna. El Hijo de Dios, que como hombre se hizo Hijo del hombre,
vino del Cielo para traer la Redención.
Como Dios, Mi Padre, ama a todos Sus hijos de igual modo, Me dio el poder y la
fuerza de conducir a todas las almas a Su corazón, al Hogar. Vine del Cielo para
manifestar a los hombres la voluntad de Dios y para cumplir Su voluntad entre
los hombres.
A ningún hombre y a ningún alma repudiaré, pues a todos les he traído la
Redención. Sólo se arroja a sí mismo a su destino el hombre que rechaza la
voluntad de Dios y sigue viviendo en su voluntad personal, en el pecado. A pesar
de todo, lleva dentro de sí la Redención y, algún día, de Mi mano encontrará el
camino de regreso, y le conduciré al Padre, pues en Mí y a través de Mí son
redimidos todos los hombres y almas.
Quien se entrega a Mí, el Cristo, no tiene que cargar con cada uno de los
pecados cometidos; pues: quien viene a Mí, el Cristo, de corazón, también se
esfuerza en reconocer y cumplir la voluntad de Dios en cada situación. Y quien
se esfuerce honestamente en hacer la voluntad de Dios, ya habrá recibido de
Dios.
Venir a Mí significa, no sólo rezarme a Mí, sino realizar también la ley de la
vida en uno mismo y en el prójimo. Quien observe las leyes de Dios, estará
orientado a Mí, el Cristo de Dios. No tendrá que cosechar su siembra humana.
Quien se orienta a Mí, experimenta en sí mismo y a su alrededor la gracia del
Altísimo. Ella da apoyo a cada hombre en toda situación de la vida. Reconforta
al hombre, le fortalece, y le ayuda a reconocer y purificar sus pecados antes de
que se hagan visibles en el cuerpo.
Los pecados en su día cometidos se hacen visibles en el cuerpo si el hombre es
obstinado y a sabiendas hace caso omiso de las muchas advertencias e
indicaciones. Si el pecado se ha hecho visible en el cuerpo a través de
enfermedad, sufrimiento o fatalidad, también el hombre debería cargar con él.
Sin embargo, ¡no os desalentéis! Orad a Dios, y entregaos a Su santa voluntad.
Entonces podrán obrar el amor y la gracia de Dios, eliminando la enfermedad o
dándoos fuerza para que podáis cargar con el pecado que se ha vertido.
Cada pecado hecho visible es comparable con un parto: el pecado se muestra en
el cuerpo como engendro de lo que llevaba el alma. La partera para ello es la
inflexibilidad del ser humano, que hace parir el pecado del alma. El ser humano
le cede espacio al pecado, para que pueda extenderse al cuerpo.
El "día del juicio final” del alma no es la hora de la muerte del hombre, y
tampoco un tiempo predeterminado, sino que es el despertar del alma a lo divino
y su entrada en ámbitos de vida más luminosos y elevados, hasta llegar al Dios
Padre-Madre, que es la vida absoluta.
Todos los hombres, almas y seres, y también Yo, Cristo, el Redentor, somos
hijos de la vida eterna. Como Hijo de Dios y como Redentor, Yo Soy la vida
omnipresente en Dios, Mi Padre. Con Su fuerza conduzco a cada alma a la
conciencia de la unidad con y en Dios, a la vida eterna.
8. Murmuraban los judíos, porque El había dicho: "Yo Soy el pan que ha bajado
del Cielo”. Y decían: "¿no es éste Jesús, el hijo de José y María, cuyos padres
conocemos? Pues ¿cómo dice ahora: he bajado del Cielo?”
9. A ello respondió Jesús diciéndoles: "no murmuréis entre vosotros. Nadie
puede venir a Mí si el amor santo y la sabiduría no le traen. Y ésos resucitarán
en el día del juicio final. En los profetas está escrito: todos serán enseñados
por Dios. Todo el que oiga y haya captado la verdad, vendrá a Mí.
10. "No es que alguno haya visto lo Santísimo, excepto aquellos que son de lo
Santísimo: sólo ellos ven lo Santísimo. En verdad, en verdad os digo: quien crea
en la verdad, tendrá la vida eterna”. (Cap. 30, 8-10)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Las palabras, "Yo Soy el pan que ha bajado del Cielo”, significan: sólo la
vida en y con Dios es verdadera vida. Todo lo demás son ideas y conceptos
humanos de la vida o proyecciones de deseos y anhelos.
El pan que traje a los hombres siendo Jesús de Nazaret, es el espíritu de
Dios, el alimento del alma -la vida que Yo, en el Padre, Soy-. Quien se ha
convertido en la verdad, es la verdad y vive en la verdad. Nunca sufrirá
necesidades, pues la verdad es Dios, y Dios es la plenitud.
Yo Soy la verdad y el pan del alma. Los Cielos eternos son la ley de la
verdad. Yo vine de la verdad y Soy la verdad.
Jesús era la carne que surgió de la sustancia material -el cuerpo terrenal que
como instrumento sirvió a la verdad-. Sólo a éste vieron los hombres, y también
expresaron esto, con palabras con el sentido de: "¿no es éste Jesús, el hijo de
José y María, cuyos padres conocemos?”
El hombre engendra el cuerpo y la mujer lo lleva bajo su corazón y da a luz a
la vida externa, la forma en la que habita el ser proveniente de Dios, el alma.
El ojo humano sólo se fija en la carne, y la boca humana habla de la carne. El
ojo humano no percibe lo interno que está envuelto por la envoltura, por la
carne. Pero quien se fije en el espíritu de Dios -es decir, cumpla las leyes de
Dios-, percibirá el interior del hombre y no preguntará por el prestigio y la
posición de un hombre, ni por sus padres. El ve lo que la carne no ve, y sabe
que lo que importa no es la posición ni el prestigio de este mundo, sino sólo el
interior del hombre.
Comprended: en un rico que sólo ambiciona bienes y prestigio y cuyo corazón se
ha enfriado, no vive un alma despierta. Todavía duerme, y pasa su existencia
aletargada, sin estar despierta, y por lo tanto tampoco capta su origen.
Sin embargo, también para el rico cuyos únicos esfuerzos y aspiraciones se
dirigen a las pertenencias y al prestigio, llega algún día la hora del dar la
vuelta, y su alma será agitada y sacudida para que despierte en el espíritu de
la verdad y poco a poco reconozca su origen. En Dios, en el corazón de la vida
interna, sólo pueden entrar aquellos que han abierto su corazón al amor y a la
sabiduría de Dios.
Algún día, todos aceptarán y acogerán las instrucciones provenientes del
espíritu del amor y de la sabiduría y caminarán por el camino que Yo, Cristo,
Soy, hacia el Padre. Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Sólo quien Me acepta
y acoge a Mí, el Cristo de Dios, el Redentor, encuentra el camino al corazón
inmediato del Eterno.
Quien cree en la verdad y cumple las leyes de Dios, ya posee en ese instante,
conscientemente, la vida. Para él no existe la muerte, que el que no está
despierto llama el fin. Para el que está despierto, la muerte es el portal que
da a la vida interna, que como hombre ya ha abierto en el camino al interior.
Sabed: en el eterno SER, la vida es fuerza universal de Dios. Es la conciencia
del Dios Padre-Madre, del que surgieron las formas espirituales. Las formas
espirituales puras, las formas primarias espirituales, son sustancia primaria
ingrávida, son ley eterna comprimida; son los seres espirituales en los Cielos.
Sólo cuando éstos encarnan en la materia, su cuerpo espiritual se reviste de
sustancias de los planos de purificación, se convierte en alma y entra a
continuación en un cuerpo corruptible.
Ningún alma resucitará con su cuerpo terrenal, pues se ha desprendido de él. Y
cuando el alma vuelva de nuevo a la carne, un nuevo cuerpo será engendrado y
nacerá para ella, en el cual se introducirá; y del cual también saldrá, porque
ningún cuerpo físico puede entrar en los mundos de sustancia sutil. Sólo existe
el introducirse en el cuerpo y el salir de la carne.
Entré en la carne para vivir entre los hombres y para explicarles, en el
lenguaje de los hombres, el evangelio del amor. Este hace libre a aquel hombre
que vive según él y aspira al amor y la sabiduría de Dios.
Quien realiza, es llenado por el amor y la sabiduría de Dios. Habrá llegado a
ser un verdadero sabio. Vivirá conscientemente en Dios y Dios vivirá a través de
él. Un hombre tal ya ha alcanzado la resurrección espiritual. En la hora en que
abandone su cuerpo terrenal, su cuerpo espiritual entrará conscientemente en la
gloria del Padre eterno. Su cuerpo espiritual contemplará al eternamente Santo,
porque el hijo de Dios habrá llegado a ser la verdad. Esa alma despierta y unida
a Dios, ya no buscará ningún otro cuerpo terrenal -a no ser que tenga todavía
que cumplir una misión divina para con hombres y almas.
Hablo ahora a Mis hermanos y hermanas del Nuevo Tiempo, del tiempo del Cristo:
Mis hermanos y hermanas en Mí, Cristo: en el libro "Esta es Mi Palabra”, leéis
una y otra vez que el principio femenino de la Sabiduría divina se encontraba en
vestido terrenal. El ser humano Me sirvió de instrumento para -como hice Yo en
Jesús- abordar y expresar en lenguaje humano lo que era importante en aquel
tiempo [1989]. Ella vino a este mundo con la misión de preparar el Nuevo Tiempo
conmigo, Cristo, y con su dual espiritual -que se encontraba, como Yo, en el
espíritu de Dios, y obraba desde la omnipotencia de Dios.
La vida de la Sabiduría divina en vestido terrenal fue análoga en muchas
situaciones a Mi vida en Jesús de Nazaret. El elevado ser en vestido terrenal,
la sierva de Dios, tuvo que sufrir cosas parecidas a las que sufrí Yo siendo
Jesús de Nazaret. Su vida -al servicio de Dios- por los hombres, fue un vía
crucis diario. Llevó la cruz de la burla, del desdén, de la calumnia y de la
mentira consciente de aquellos que se llamaban cristianos. Entre ellos había
muchos representantes de las instituciones eclesiásticas de entonces.
Se trataba de un cristianismo externalizado, una llamada religión estatal, que
estaba dividida en una gran Iglesia católica y una gran Iglesia protestante.
Ambas confesiones se apoyaban en una Biblia que sólo contenía partes de la
verdad eterna. Sin embargo, este libro no era la medida para su vida, aunque lo
calificaban de la palabra de Dios. Hablaban de la Biblia y leían en voz alta el
evangelio a sus fieles. Pero los menos, de entre aquellos que se llamaban
pastores, cumplían ellos mismos lo que esperaban de sus fieles.
Antes de Mi tiempo como Jesús de Nazaret y después de Mi vida terrenal, fue
manifestado mucho de la verdad eterna. Muchos hombres pusieron por escrito la
verdad, también en los llamados evangelios. ¿Qué sucedió? Ciertos eruditos,
encargados por la institución Iglesia, escogieron, entre la multitud de escritos
espirituales existentes, unos pocos que consideraron la verdad, e hicieron con
éstos un libro al que llamaron "Biblia”. De acuerdo con su entendimiento
tacharon arbitrariamente muchas verdades y añadieron falsedades.
Así se convirtió en un libro como muchos otros libros, pues contenía sólo
partes de la verdad. Quien a partir de ella hubiese querido encontrar la verdad,
habría tenido que andar por el camino del Sermón de la Montaña, por el Camino
Interno. Sin embargo, la consecuencia habría sido que en la Iglesia ya no se
habrían dado jerarquías con poder y autoridad sobre sus semejantes. Los
representantes de la Iglesia habrían tenido que renunciar a sus elevados
ingresos terrenales y las instituciones a sus bienes, de acuerdo con las
palabras: "no debéis acumular tesoros que las polillas y el óxido corroen, donde
los ladrones excavan y roban. Acumulad tesoros en el Reino de Dios”. Tendrían
que haber sido hermanos, entre hermanos y hermanas.
Los representantes de ambas confesiones se autodenominaban también pastores de
su rebaño. Muchos también usaron Mi nombre, Cristo, para hacer negocios con él y
subyugar a sus semejantes, calumniarlos, desacreditarlos y matarlos. Entiéndase
bien, ellos utilizaron Mi nombre para fines deshonestos, pero no por Mí, el
Cristo.
A muchos representantes de la Iglesia les faltaba humildad; incluso se
destacaron por su soberbia y abusaron de la fe de sus súbditos.
En el transcurso de muchos siglos, este llamado mundo cristiano se deshizo
poco a poco. Se descompuso desde dentro, pues Yo, Cristo, no pude estar con las
llamadas Iglesias cristianas, porque no quisieron estar conmigo. A pesar de la
resistencia de ambas grandes Iglesias, Yo, Cristo, vencí con la Sabiduría divina
y con muchos hermanos y hermanas en vestido terrenal, encabezados por los de la
estirpe de David.
Mis hermanos y hermanas del Nuevo Tiempo: la lucha ha terminado -la vida
proveniente de Dios ha nacido. Vosotros, en el Nuevo Tiempo, vivís únicamente
conmigo, el Cristo, y nosotros en Dios, nuestro Padre, sin religión externa y
sin dogma alguno. La vida es la vida que proviene de Dios; la ley del amor nos
aúna y une. Estas palabras, Mis palabras del Cristo, las di en el cambio de la
época del viejo tiempo pecaminoso al Nuevo Tiempo, en los comienzos del Reino de
Paz de Jesucristo [1989].
Repito, para que se os grabe: como instrumento Me sirvió el serafín de la
Sabiduría divina, que aceptó la carne para esta y otras tareas, para servir a
Dios-Padre y a Mí, el Cristo, como sierva de Dios. La vida de esta mujer en
vestido terrenal fue una entera privación. A pesar de la mucha resistencia -ante
todo por parte de los representantes de antaño de las Iglesias- y a pesar de más
de una derrota -a través de hombres que aunque Me habían dado su sí, volvieron
al mundo- se levantó una y otra vez para la lucha, recobró de nuevo ánimos y
luchó contra todas las adversidades y resistencias que se le opusieron. Día y
noche los que vienen de las tinieblas estaban al acecho, para atormentarla y así
hacerla callar. La mujer, el elevado ser espiritual en vestido terrenal, la
sierva de Dios, no obstante no calló. Después de cada lucha, aunque el cuerpo
estaba exhausto, recobró ánimos y siguió luchando por la justicia, el Reino de
Dios en la Tierra, el Reino de Paz -en el que
ahora vivís.
Repito algunas cosas, cuando se trata de la co-portadora de la Sabiduría divina,
en vestido terrenal. Debéis llevarla en vuestro corazón; pues, cerrando los ojos
físicos, veréis ante vuestros ojos espirituales un cristal brillante: es el
serafín de la Sabiduría divina en el vestido radiante de la vida interna. Con
vosotros seguirá sirviendo al Eterno en los ámbitos de sustancia sutil, para
llevar a todas las almas -en Mí y a través de Mí, Cristo, vuestro Hermano
divino- de regreso al Hogar, al corazón del Padre.
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