Esta es Mi Palabra A y W El Evangelio de Jesús La manifestación de
Cristo que el mundo no conoce Cristo,
el Hijo de Dios,
el Corregente de los Cielos,
el Redentor de todos los hombres
y almas,
el Constructor y Soberano
del Reino de Dios en la Tierra,
se manifiesta
sobre Su modo de vivir, pensar y obrar
como Jesús de Nazaret
"... quien tome al pie de la letra las palabras que pronuncié siendo Jesús de
Nazaret, aún hoy errará el camino; pues las palabras eran y son sólo símbolos e
indicadores de camino para la verdad interna. ... El sentido de las palabras de
la vida sólo puede ser captado e interpretado correctamente por hombres que
anhelan la verdad y se esfuerzan por alcanzarla”.
Todos los seres y hombres deberían saber de Dios, la luz eterna, la verdad
ilimitada. Y a todos les ha sido dado el libre albedrío, para aceptarla o
rechazarla.
- Vida Divina -
CAPITULO 82
La crucifixión de Jesús
Jesús resistió todos los ataques y se convirtió en Redentor (1-2). Pilato
sacrificó a un inocente para conservar su posición (3-4). Engendrar y dar a luz
en pecado o en el amor desinteresado (5-7). El hombre determina el vestido que
su alma llevará en el más allá (8-13). El pecador arrepentido (14-16). El
aparente triunfo de las tinieblas se convirtió en victoria del Cristo para
glorificación del Padre. Sólo el cuerpo espiritual puro puede entrar en el Cielo
(17-19). "Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?” (20). La ley del amor
y de la unidad (21-23). El terremoto, signo de la fuerza de Cristo (24-27). No
existe el derecho de condenar a muerte o de matar (28)
1. Entonces les soltó Pilato a Barrabás. Después de haber hecho azotar a
Jesús, Lo entregó para que fuese crucificado. Y los soldados del gobernador se
Lo llevaron al pretorio y reunieron a toda la tropa de soldados.
2. Y Lo desnudaron y Le vistieron un manto púrpura. Y tejiendo una corona de
espinas la pusieron sobre Su cabeza, y en la mano derecha una caña; y doblando
ante El la rodilla se burlaban de El diciendo: "¡salve, Rey de los judíos!”
(Cap. 82, 1-2)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Los demonios utilizaron todos los medios que tenían a su disposición, para
tentarme y para hacerme dudar de Mi misión; pues cada dudar de Dios es pecado.
Yo no dudé ni pequé, y así pudo ser pronunciado el "está consumado”, para que
la Fuerza parcial de la Fuerza primaria, una parte de Mi herencia espiritual,
pudiera penetrar como destello en las almas. Ni el escarnio ni la burla con el
manto púrpura y la corona de espinas y la caña, pudieron inducirme al pecado.
Permanecí en el Eterno, en el que Yo, Cristo, Soy.
Nadie llega al Padre en los Cielos sino por Mí, el Hijo de Dios y Corregente
de los Cielos, que se convirtió en Redentor de todas las almas y hombres.
Si el pueblo judío y la estirpe de David hubiesen defendido Mi causa, Yo no
habría tenido que padecer la muerte en la cruz. Habría ascendido ante los ojos
de todos a los Cielos y el Cielo habría permanecido entre Mi pueblo, ya que los
hombres habrían realizado las leyes celestiales -y Yo habría regresado a ellos
como Soberano del Reino de Dios en la Tierra.
Comprended: quien la ley de la vida sólo la escucha, y no realiza, sigue
siendo quien es y se abusará de él por parte del que cree gobernar el mundo: el
satanás de los sentidos, las fuerzas antagonistas.
Yo permanecí en el Padre eterno, y en el espíritu he consumado la Obra de la
Redención, que había sido decidida en el Cielo: el conducir de regreso a casa a
todas las almas y hombres, mediante la Obra del amor.
3. Salió entonces Jesús, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Y
Pilato les dijo: "¡he aquí al hombre!”
4. Cuando los sumos sacerdotes y los responsables del pueblo Le vieron así,
gritaron: "¡crucifícale, crucifícale!” Y Pilato les dijo: "tomadle vosotros y
crucificadle, pues yo no hallo culpa en El”.(Cap. 82, 3-4)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Aunque Pilato pronunció unas palabras conforme el sentido de, "tomadle
vosotros y crucificadle, pues yo no hallo culpa en El”, no obstante se hizo
culpable. Pilato, valiéndose de lo que había comprendido internamente y de su
posición externa, habría podido hacer reflexionar a más de un judío.
Tened presente: no es posible hacer que todo un pueblo *dé la vuelta* de
golpe. Cada uno es parte del pueblo y es importante para el pueblo. Si Pilato
hubiese pensado así, y actuado correspondientemente, habría estado a Mi favor, a
favor de Cristo. Pero se opuso a Mí.
Pilato mostró su debilidad. Temió al pueblo, pues quería conservar su posición
en el mundo. También el comportamiento de Pilato ha sido y es un símbolo para
muchos. El que está orientado al mundo depende de las masas para mantener su
poder y su posición en este mundo. Para ello sacrifica a su prójimo, a fin de
salvaguardar su prestigio y conservar su poder externo.
5. Y escupiéndole, tomaban la caña y Le golpeaban con ella en la cabeza. Y
después de haberse burlado de El, Le quitaron el manto, Le pusieron Sus propias
vestiduras y Le llevaron a crucificar.
6. Y mientras Le llevaban, pararon a un hombre de Cirene, de nombre Simón, que
justamente iba al campo. Le obligaron a llevar la cruz, tras Jesús. A El Le
seguía una gran muchedumbre del pueblo, y muchas mujeres que se lamentaban y
lloraban por El.
7. Pero Jesús se volvió hacia ellas y dijo: "vosotras, hijas de Jerusalén, no
lloréis por Mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos; pues he
aquí que vendrán días en que se dirá: ¡bienaventuradas las estériles y los
vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron! (Cap. 82, 5-7)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Comprended: sólo escupen y golpean a su prójimo aquellos hombres a quienes sus
pecados les escupen y golpean. Así, en Jesús fui un símbolo para muchos. También
Simón, que Me ayudó a llevar Mi cruz, fue un símbolo para muchos.
Muchos hombres sencillos, que conservan sus corazones libres de las
futilidades, de la pompa y de la ostentación de este mundo, llegarán a ser
verdaderos ayudantes desinteresados en la viña del Señor. Ayudarán a muchos
hombres a cargar con su cruz.
Mi vida en Jesús de Nazaret será un símbolo para todos los hombres hasta que
en cada uno haya despertado la vida espiritual, la vida en Mí. Y Mis palabras
serán válidas en el mundo hasta que la Luz del mundo haya traspasado a todas las
almas y hombres. Pero mientras aún muchos hombres se dejen gobernar por las
tinieblas, seducirán una y otra vez a aquellos que son como una caña oscilando
al viento, que en una ocasión se orientan a Dios y en otra al mundo. Muchos de
ellos crean una y otra vez nuevas causas y una y otra vez darán a luz a hijos
con iguales o parecidas causas.
El significado de las palabras, "¡bienaventuradas las estériles y los vientres
que no engendraron y los pechos que no amamantaron!”, es el siguiente: deberían
tener pena de sí mismos los que son como cañas oscilando al viento y que
engendran y dan a luz a los que son iguales o parecidos a ellos mismos; pues,
una y otra vez, los iguales se atraen. En estas palabras están la ley de la
atracción y el saldar las causas que atan a padres e hijos entre sí, las cuales
tienen que expiar y purificar conjuntamente.
Las palabras, "¡bienaventuradas las estériles y los vientres que no
engendraron y los pechos que no amamantaron!”, también significan: quien
engendra y concibe en pecado e inmoralidad, da a luz a algo igual o parecido a
él, y el pecador tendrá que volver a sufrir bajo el pecado. Esto es válido
especialmente en los días en que está sucediendo lo que he manifestado: el mundo
materialista se derrumba. ¡Ay de los que viven en el pecado!
Sin embargo, no todo lo que se denomina esterilidad tiene que atribuirse a una
culpa. Hombres de la luz darán a luz a almas luminosas cuando a las almas
luminosas les haya llegado el tiempo de venir a la Tierra.
Comprended: bienaventurados son aquellos que han dado a luz y dan a luz a
almas luminosas; pues no han engendrado ni engendran en pecado, avidez y pasión,
y tampoco han dado ni dan a luz en pecado. Han engendrado y engendran en el amor
desinteresado, y dan a luz en el amor desinteresado. Tales pechos darán vida
desinteresada.
8. "Entonces empezarán a decir a los montes: ¡caed sobre nosotros!; y a las
colinas: ¡ocultadnos!; pues si esto se hace en el leño verde, en el seco, ¿qué
será?”
9. También fueron llevados otros dos, que eran malhechores, para ser
ejecutados con El. Y cuando llegaron al lugar llamado Calvario y Gólgota, lo que
significa lugar de la calavera, Le crucificaron; e igualmente a los malhechores,
a uno a la derecha y al otro a la izquierda.
10. Y era la hora tercia cuando Le crucificaron y Le dieron a beber vinagre
mezclado con hiel. Y cuando lo probó, no quiso beberlo. Y Jesús dijo: "Padre,
perdónalos, pues no saben lo que hacen”.
11. Después que los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron Sus
vestiduras, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La
túnica era sin costura, tejida de una pieza. Se dijeron unos a otros: no la
rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para ver a quién toca.
12. A fin de que se cumpliese la Escritura, que dice: "se han repartido Mis
vestiduras y han echado suertes sobre Mi túnica”. Eso hicieron, pues, los
soldados; y se sentaron y hacían guardia.
13. Y una inscripción fue puesta sobre El, en letras griegas, latinas y
hebreas, que decía: "este es el Rey de los judíos”. (Cap. 82, 8-13)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Se repartieron entre ellos Mis vestiduras y echaron suertes sobre ellas. La
codicia del hombre tampoco se detiene ante la ropa de un condenado a muerte. A
nada ni a nadie respeta el yo codicioso -ni siquiera a sí mismo-. Con los bienes
de que el hombre se ha apropiado, de forma lícita o ilícita, no puede entrar en
el Reino de los Cielos. Tendrá que entregar hasta su último vestido.
El alma, en cambio, entra -con sus vestidos de pecado o de virtud- en la vida
del más alla. Ni alma ni hombre pueden impedirlo. Con lo que el hombre ha
sembrado, carga el alma. No puede esconderlo ni tampoco desprenderse de ello, a
no ser por el perdón, por el pedir perdón y por la reparación del mal, y no
cometiendo más los mismos pecados. Sólo entonces le puede ser quitado el vestido
del pecado.
Qué vestido llevarás como alma, o de qué vestido querrás desprenderte, no lo
determina la suerte sino tú mismo -con la manera de comportarte respecto a la
ley de Dios.
Las palabras, "este es el Rey de los judíos,” fueron pronunciadas como
escarnio; pero Pilato presintió que tenían mayor significado: este es el Rey, el
Soberano del Reino de Dios en la Tierra, del Nuevo Israel y de la Nueva
Jerusalén.
14. Este título lo leyeron muchos judíos, pues el sitio en que fue crucificado
Jesús estaba cerca de la ciudad. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos
dijeron a Pilato: "no escribas, el Rey de los judíos, sino que El ha dicho: Soy
el Rey de los judíos”. Pilato respondió: "lo que he escrito, escrito está”.
15. Uno de los malhechores que estaban colgados, se burlaba de El diciendo:
"si Tú eres Cristo, ayúdate a Ti mismo y a nosotros”. El otro le reprendió
diciendo: "¿no temes a Dios tú que estás en la misma condena? Es justo que
nosotros estemos en ella, pues recibimos la justa recompensa por nuestras obras;
pero éste nada malo ha hecho”.
16. Y dijo a Jesús: "Señor, acuérdate de mí cuando llegues a Tu Reino. Y Jesús
le dijo: "en verdad te digo: hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”. (Cap. 82,
14-16)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Las palabras que dije al pecador arrepentido, conforme al sentido de, "en
verdad te digo: hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”, eran palabras de
perdón. El entró en ámbitos de la vida más elevados, en los que no tuvo que
soportar dolor ni pena, porque se había autorreconocido, se había arrepentido y
había expiado, y fue con ello acogido en Mí, el Cristo. El había robado para su
familia hambrienta.
El otro era un asesino y recibía su recompensa.
17. Y pasaban por delante de la cruz y se burlaban de El, moviendo la cabeza y
diciendo: "Tú querías destruir el templo de Dios y reedificarlo en tres días.
¡Ayúdate ahora a Ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡baja de la cruz!”
18. Y también los sumos sacerdotes se burlaban de El, con los escribas y
ancianos, diciendo: "ayudó a un cordero, pero a sí mismo no puede ayudarse. Si
es el Rey de Israel, que baje ahora de la cruz, y creeremos en El. Confiaba en
Dios, dejádselo a El, a ver si quiere tenerle; pues El ha dicho: Soy el Hijo de
Dios”.
19. Los usureros y los tratantes de animales se explayaban de modo similar,
diciendo: "Tú has arrojado del templo a los comerciantes de bueyes, ovejas y
palomas, pero Tú mismo eres una oveja que ha sido sacrificada”. (Cap. 82, 17-19)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Todo esto lo soporté para que la Redención pudiera venir a todas las almas y
hombres -a los lugares de purificación y a este mundo-. Las tinieblas
calumniaron a Mi cuerpo físico, se burlaron de él y lo mataron; pero lo que con
eso querían conseguir, no lo consiguieron, es decir: separarme de Dios
haciéndome dudar de El. Yo permanecí en Mi Padre, y el Padre permaneció en Mí.
De este modo glorifiqué al Padre en Mí. Y así vino a este mundo la gloria del
Padre, como luz de la Redención, a través de Mí, el Cristo. Y nadie puede apagar
esta luz del mundo. Ella se ha dado nacimiento en todas las almas y hombres
-hasta en el más tenebroso demonio-. Desee admitirlo o no: también él ha
recibido de Mí la luz redentora. También él será liberado, gracias a ella, de
sus pecados.
Bajé de la cruz, pero no con Mi cuerpo físico. No es el cuerpo físico el que
entra en los Cielos, sino únicamente el cuerpo espiritual puro. Pero quien
considera al cuerpo terrenal como la medida de todas las cosas, quiere conservar
su cuerpo físico. Y si vive en el pecado, también por el pecado -y en pecado- se
desprenderá de su cuerpo físico. Esto puede ir unido a mucho sufrimiento, pues
es su pecado lo que quiere conservar. El pecado se ata al cuerpo físico, y con
ello a este mundo.
Algo igual o parecido a lo que Yo tuve que soportar tendrán que soportar todos
los que Me sigan -hasta que se acabe este mundo pecaminoso-. Para ellos es
válido: si Me han perseguido a Mí, también os perseguirán a vosotros. Si Me han
calumniado y se han burlado de Mí, también os calumniarán y se burlarán de
vosotros. Si han hablado mal de Mí, también hablarán mal de vosotros. Si Me han
matado a Mí, también matarán y atormentarán a muchos de vosotros -ya sea con
palabras, con actos o con ambos.
20. Y desde la hora sexta, hubo oscuridad sobre todo el país, hasta la hora
novena. Y algunos que se hallaban alrededor, encendieron sus antorchas, por la
gran oscuridad que había. Y hacia la hora sexta, Jesús gritó con voz fuerte:
"Eli, Eli, ¿lama sabachtani?”, que quiere decir: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué
Me has abandonado?” (Cap. 82, 20)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Las palabras "Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?”, las gritó el
corazón de Jesús.
Desde la cruz vi a muchos pueblos -innumerables hombres, cuyas almas vinieron
una y otra vez al vestido terrenal y caminaron durante muchos siglos en
tinieblas-. Habían perdido el Camino Interno. En su ignorancia, en sus
necesidades, enfermedad y soledad, clamaron a Dios. Pero sólo pensaban en su
cuerpo material, y no en su alma. A ésta la dejaron atrofiarse.
Así, Mi grito en la cruz fue el grito de muchas generaciones que se han creído
y se creen perdidas; pues Mi sufrimiento y muerte fue y es un símbolo del
sufrimiento y muerte de los hombres. Mis palabras, "Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué
Me has abandonado?”, son las palabras de los hombres que, en todos los pueblos y
generaciones, en su incredulidad, han acusado y acusan a Dios de sus pecados.
Estas palabras no las dije por Mí, sino como símbolo para muchos.
También actualmente Mis palabras en la cruz son un símbolo para muchos
hombres. También actualmente, en su necesidad externa, claman: "Dios Mío, Dios
Mío, ¿por qué me has abandonado?”; pues tampoco actualmente [1989] llegan a
captar que la salvación, la ayuda y la sanación sólo vienen del interior.
También aún actualmente muchos luchan únicamente por su vida terrenal, porque su
verdadero ser todavía les es extraño.
Así que Mi grito en la cruz era el grito de los que se han creído y se siguen
creyendo perdidos. Su grito será escuchado -cuando abran su corazón a Dios y ya
no estén enganchados con sus sentidos a su vida terrenal-. Entonces serán
escuchados, dado que habrán encontrado el camino al corazón de Dios.
El Consolador y Redentor, el Cristo de Dios, que Yo, el Camino, la Verdad y la
Vida, Soy, ha traído y trae de nuevo a este mundo el camino del amor, que
conduce al corazón de Dios.
Así como el Padre se glorificó en Mí, Jesús, y se glorifica en Mí, el Cristo,
así Me glorificaré en aquellos que en verdad claman a Dios, pues hallarán lo que
anhela su corazón: Dios, el amor y la vida, su verdadero ser.
21. Algunos de los presentes, que oyeron esto, dijeron: "este hombre llama a
Elías”. Otros decían: "llama al sol”. Los restantes decían: "quedémonos y veamos
si viene Elías a salvarlo”.
22. Estaban junto a la cruz de Jesús Su madre y la hermana de Su madre; María,
la mujer de Cleofás, y María Magdalena.
23. Jesús, viendo a Su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dijo a
Su madre: "mujer, he aquí a tu hijo”. Y dijo al discípulo: "he aquí a tu madre”.
Y desde aquella hora, el discípulo la acogió en su casa. (Cap. 82, 21-23)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Las palabras a María conforme al sentido de, "mujer, he aquí a tu hijo”, y al
discípulo, "he aquí a tu madre”, simbolizan la ley del amor desinteresado y de
la unidad. Estas palabras fueron comprendidas por aquellos para los que tenían
validez. El discípulo cumplió la ley del amor y de la unidad, y acogió a María;
pues un mandamiento de la ley de Dios dice: Uno para todos -Cristo-; y todos
para Uno -Cristo-; cada uno para cada uno -en buenos pensamientos, y en
verdadero amor y verdadera dedicación.
Quien guarda la ley del amor y de la unidad está a disposición del prójimo. No
sólo lo acoge en su corazón, sino también en su casa, si verdaderamente necesita
ayuda.
Quien guarda la ley del amor y de la unidad, viviendo él mismo en la casa de
Dios, en el corazón de Dios, conduce a los hombres de buena voluntad al amor y
la unidad de Dios.
24. Jesús supo entonces que todo había sucedido, y que la Escritura se había
cumplido. Dijo: "tengo sed”. Y de un recipiente lleno de vinagre empaparon una
esponja, la pusieron en un hisopo y se la acercaron a la boca.
25. Y Jesús clamó con fuerte voz: "¡Padre, en Tus manos encomiendo Mi
Espíritu!”
26 Después de haber tomado el vinagre, Jesús clamó en alta voz: "¡está
consumado!” E inclinando la cabeza, expiró. Era la hora novena.
27. Y he aquí que hubo un gran trueno y relámpagos, y la pared que separaba el
santuario, ante la que colgaba el velo, cayó y se rompió en dos partes. La
tierra tembló y las rocas se partieron. (Cap. 82, 24-27)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
El terremoto no sólo simboliza la libertad de las almas, sino ante todo la
fuerza, la vida que recibieron todas las almas, ya estuvieran encarnadas o
desencarnadas:
La Fuerza parcial de la Fuerza primaria, la fuerza de Cristo, que se fraccionó
en destellos y penetró en todas las almas -también en las de los demonios.
Por la poderosa irradiación cósmica algunos hombres fueron transitoriamente
clarividentes y vieron a almas que mediante esta fuerza de la Redención se
elevaron a ámbitos de vida interna más elevados; pues habían alcanzado la
madurez interna para pasar a peldaños de vida más elevados y habían esperado
anhelantes la fuerza de la Redención, el destello redentor, que les indicó e
indica el camino al corazón del Eterno.
28. El centurión y los que con él vigilaban a Jesús, viendo el terremoto y
cuanto había sucedido, temieron sobremanera y dijeron: "verdaderamente era Hijo
de Dios”. (Cap. 82, 28)
YO, CRISTO, EXPLICO, RECTIFICO Y PROFUNDIZO LA PALABRA:
Está escrito: "temieron sobremanera y dijeron: 'verdaderamente era Hijo de
Dios'”.
Cuando los reconocimientos infunden miedo a los hombres, deberían examinar su
conciencia: ¿cuántas veces cometieron actos de los que ahora reconocen que son
ilegítimos? El miedo y el reconocimiento, al fin y al cabo, fueron
remordimientos de conciencia: querían advertir, al llamado centurión y a los que
estaban con él y vigilaban a Jesús, que el hombre no debe matar, ni tener parte
de culpa en la muerte de su prójimo, por ejemplo dando la orden de matar a un
hombre; pues ¿quién tiene el derecho de condenar a muerte o matar a otros?
Dios, el Eterno, no ha mandado tal cosa. El, el Uno universal, que es la ley
de la vida, más bien ha ordenado a los hombres: no matarás; pues El es la vida y
no la muerte.
La llamada muerte es el fallecimiento del cuerpo terrenal, que es de la tierra
y vuelve a la tierra. Es un proceso legítimo, que obedece a la encarnación del
alma y que se desenvolverá de modo acorde a la forma de pensar y vivir del
hombre y al estado de su alma.
Dios es la vida. Por eso el hombre no tiene el derecho de matar el cuerpo
terrenal de su prójimo o de ordenar su muerte. Quien mate conscientemente o
conscientemente ordene matar, tendrá que soportar y sufrir, conforme a la ley de
siembra y cosecha, lo que haya causado en su vida lejana a Dios.
29. Y había allí muchas mujeres, que desde Galilea Le habían seguido y
servido. Entre ellas estaba María, la madre de Santiago y José, y la madre de
los hijos de Zebedeo, y lloraban y se lamentaban, diciendo: "¡la Luz del mundo
está oculta a nuestros ojos, el Señor de nuestro amor ha sido crucificado!”
30. Como era la víspera del sábado, los judíos pidieron a Pilato que se
rompieran las piernas a los cadáveres y fueran retirados, para que no se
quedaran en la cruz durante el sábado (pues era sábado de Pascuas).
31. Vinieron los soldados y rompieron las piernas de los dos que habían sido
crucificados con El. Al llegar a Jesús y ver que ya estaba muerto, no Le
rompieron las piernas, sino que uno de los soldados Le atravesó con su lanza el
corazón, y al instante salió sangre y agua.
32. Y el que vio esto, lo ha atestiguado, y su testimonio es verdadero. El
sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis; pues eso sucedió para
que se cumpliese la Escritura: no romperéis ni uno de sus huesos; y también:
mirarán al que atravesaron. (Cap. 82, 29-32)
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