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Orgullo
Después que dos personas pelean y se ofenden todo comienza a ser pretexto
para deshacerse una de la otra.
Hasta las palabras dichas con amor parecen cargadas de ironía.
Los mismos gestos que antes eran elogios mutuamente se vuelven
despreciables: "haces esto solamente para aparentar, para provocar compasión
todo es fingimiento".
Realmente el ambiente queda tenso: se busca desviar la mirada, se evita el
encontrarse.
Cualquier cosa sirve como chispa para estallar más de un "barril" de
resentimientos, injurias, algarabías...
Nadie quiere dar el brazo a torcer: "fue él quien comenzó"; "fue ella la que
provocó todo eso"; "yo no me voy a rebajar y a pedir perdón"; "no tengo
ninguna culpa". Y el abismo se va volviendo cada vez mayor. A veces la
situación se vuelve insoportable.
Sólo que todo eso está únicamente en la mente de las personas, pues con un
pequeño esfuerzo y humildad de ambas partes todo se resolvería con la mayor
facilidad.
Piense bien: es hasta ridículo mantener la cara larga, tener que hacer
fuerza para mostrar que se está herido. pero existe gente que prefiere vivir
así.
Lo más interesante en toda esta historia es que siempre la otra persona es
la culpable.
Ah! el orgullo herido.
La Anciana
A la entrada del gran bazar se reunían toda clase de mendigos. Me llamó
especialmente la atención una anciana llena de andrajos que parecía la más
pobre de todos ellos.
- Por favor -gemía-, llevo tres días sin comer.
Rebusqué en mis bolsillos y le di dos monedas. Esperé escondido en un zaguán
hasta que se levantó, con el propósito de seguirla y ver en qué invertía la
parca limosna que le había dado.
Despacio y cansina, la anciana avanzó lentamente entre la multitud que
abarrotaba el mercado. Durante unos momentos la perdí de vista, y cuando
volví a verla, caminaba ya mucho más alegre, apretando con cuidado un bulto
bajo la túnica.
Tomó un callejón lateral que salía del mercado y desembocaba en una especie
de plaza calurosa y polvorienta. Allí, sentada a la sombra del único árbol
que había sobrevivido al terrible viento del desierto, la mujer levantó la
túnica y sacó un mendrugo de pan y una magnífica rosa roja. Hizo una mueca
que debía ser una sonrisa, al tiempo que comenzó a ablandar el pan con sus
encías desdentadas.
La contemplé mientras deshizo el mendrugo lentamente y, poco a poco, se fue
comiendo hasta la última migaja mientras observaba la rosa con ojos
brillantes. Después, una expresión de paz se reflejó en su rostro.
Me acerqué junto a ella y le pregunté:
- Anciana, ¿cómo es posible que alguien tan pobre como tú haya derrochado
una de las dos monedas que le di en esa extraña flor?
La anciana me miró desde sus cien años de sabiduría y dijo:
- Tenía dos monedas. Con una compré con qué vivir. La otra la gasté para
tener por qué vivir...


Los Zapatos del Otro...
Plutarco
Nos cuenta Plutarco en una de sus historias, que en aquellos tiempos de la
antigüedad había un romano que decidió separarse de su mujer abandonándola.
Sus amigos le recriminaron por ello, pues no veían claros los motivos de
aquel divorcio:
- No es hermosa?-preguntaban.
-Sí. Lo es. Y mucho.
-¿No es, acaso, casta y honrada?
-Sí. También lo es.
Extrañados, insistían en conocer el motivo que había llevado a su amigo a
tomar una decisión tan extrema.
El romano, entonces, se quitó un zapato y mostrándolo a sus amigos,
preguntó:
-¿Es bonito?
-Sí. Lo es -dijeron ellos.
-¿Está bien construído?
-Sí. Eso parece -todos aprobaron.
Y entonces él, volviéndoselo a calzar, les aseguró: -Pero ninguno de ustedes
puede decir dónde me aprieta.

La piedra
El distraido tropezo con ella.
El violento la utilizo como proyectil.
El emprendedor construyo, con ella.
El campesino cansado la utilizo como asiento.
Para los ni´nos fue un juguete.
David mato a Goleat y Michelangelo
le saco la mas bella escultura.
En todos estos casos,
la diferencia no estuvo en la piedra,
sino en el hombre.
No existe piedra en tu camino que no puedas
aprovechar para tu propio crecimiento.

POR QUÉ LA GENTE GRITA?
Un día un maestro preguntó a sus discípulos lo siguiente:
- ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?
Los discípulos pensaron unos momentos:
- Porque perdemos la calma, dijeron.
Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el
maestro. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona
cuando estás enojado? Los discípulos dieron algunas otras respuestas pero
ninguna de ellas satisfacía al maestro.
Finalmente él explicó:
- Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para
cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más
enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a
través de esa gran distancia.
Luego el maestro preguntó:
- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que
se hablan suavemente, ¿por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La
distancia entre ellos es muy pequeña.
El maestro continuó:
- Cuando se enamoran aún más, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se
vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente, no necesitan siquiera susurrar
sólo se miran y eso es todo. Así es cuando están cerca dos personas que se
aman.
Luego el maestro dijo:
- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras
que los distancien más, porque llegará un día en que la distancia sea tan
grande, que no encontrarán de nuevo el camino de regreso.

Hay cuatro principios para la tolerancia:
1. No responder a las blasfemias
Cuando somos insultados, provocados o acusados injustamente debemos
responder con el silencio. Si respondemos de la misma forma cuando somos
víctimas de la blasfemia, nos igualamos con aquellos que nos insultan,
rebajando nuestro nivel. Si nos mantenemos en silencio usándolo como arma
contra las blasfemias, evocando la conciencia de quien las pronunció, esta
fuerza es, naturalmente, mayor.
2. Mantenerse calmo frente a los infortunios
Cuando nos encontramos con personas que nos quieren incomodar derrumbar u
oprimir, debemos enfrentarlas con calma, evitando cualquier confrontación.
No responder con un puñetazo cuando se recibe uno, ni responder con un
puntapié cuando se recibe otro, pues de esta confrontación nadie sale
vencedor. Si la intención es buscar venganza de un odio momentáneo, no
alcanzará el éxito de grandes hazañas.
3. Compasión frente a la envidia y el odio
Frente a la envidia y el odio de otros no debemos responder igualmente con
odio y envidia, sino con corazón abierto y alma compasiva, ofrecer nuestra
amistad y mostrarles nuestra intención pacífica.
4. Gratitud frente a las difamaciones
Si alguien lo insulta y difama, no se enoje con quien lo provocó, sino
acuérdese de los beneficios que esa persona le proporcionó en el pasado y
sea agradecido por eso. Principalmente, no se olvide de que en el fango más
inmundo crece la impecable flor de loto. Cuanto más oscuro es el lugar,
mayor es la necesidad de mantener encendida la luz del alma. Por lo tanto,
ante las difamaciones, aquellos que nos difaman deben ser influenciados con
ética, compasión y misericordia.
El verdadero vencedor tiene la fuerza de la tolerancia y el coraje de
asumirla frente a los insultos, opresiones.

Graciela E. Prepelitchi
La felicidad es un bien que se multiplica al ser dividido.
11 15 6674 8312

[Se han eliminado los trozos de este mensaje que no contenían texto]




Dom, 6 de Ene, 2008 9:25 pm

prepelitchi
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Graciela E. Prepelitchi
prepelitchi
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6 de Ene, 2008
8:32 pm
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