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TITULARES: 040803: Paraguay: "Me estaba muriendo, pero fue mas grande el amor por mi hijo"
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TITULARES: 040803: Paraguay: "Me estaba muriendo, pero fue mas grande el amor por mi hijo"
Tragedia
“Me estaba muriendo, pero fue más grande el amor por mi hijo”
Por Néstor Raúl Bautista. Editor de Mundo
El presidente de Paraguay, Nicanor Duarte, declaró estado de luto por tres días. Los bomberos seguían ayer sacando cadáveres del supermercado Ycuá Bolaños, mientras aumentaba la polémica porque los testigos dijeron que los guardias del establecimiento cerraron las puertas del lugar.
En medio de desgarradoras escenas de dolor, los bomberos continuaron ayer con la recuperación de cadáveres en los restos del hipermercado de Asunción incendiado el domingo, mientras seguía la angustiosa identificación de los muertos y el asombro con las historias de los sobrevivientes.
El número de víctimas mortales en el supermercado Ycuá Bolaños se elevó a 365 después de la retirada del edificio de una treintena de cuerpos totalmente calcinados y de despojos humanos, según informaron los Bomberos Voluntarios de Paraguay.
Mientras tanto, el presidente paraguayo Nicanor Duarte, quien recibió llamadas telefónicas de sus colegas de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia y Colombia, declaró estado de luto por tres días.
Pero lo que más aumentaba era la polémica porque varios testigos y algunos de los supervivientes aseguraron que los guardias del establecimiento bloquearon las salidas ante el temor de posibles actos de pillaje, en medio de la confusión y el estado de pánico de la gente.
Una de las personas que quedó atrapada y por poco muere es Víctor Galeano, un joven de 25 años que ese domingo llegó al supermercado con su esposa María Marín, de 26 años, y Santiago, su pequeño hijito de 3 años. María nunca regresó.
Víctor accedió a hablar telefónicamente con El Pais, aunque en repetidas ocasiones su voz se interrumpía por el llanto. Este es su relato:
“Nosotros fuimos a hacer las compras mensuales y vimos que había una gran cantidad de compradores... era impresionante.
Eran como las diez o diez y media de la mañana y se escuchó un crujido extraño en la cocina, como si algo fuera a estallar, y cuando levanté la mirada vi la cocina y eso empezó a vibrar, a hacer un ruido extraño.
Después la gente empezó a moverse y a desesperarse. Yo agarré a mi hijo y le dije a mi señora: ‘Vámonos, que va a pasar algo acá’.
Me di la vuelta y en ese momento me di cuenta de que la puerta se cerraba y la gente decía que el gerente administrativo pensaba que iban a solucionar el inconveniente en la cocina, pero seguía el crujido. Todavía estaban las luces encendidas.
Entonces todos los tubos que había en la cocina, la panadería y la zona de alimentos comenzaron a estallar, hasta llegar al estacionamiento.
Se fueron todas las luces y la humareda empezaba a subir. En ese momento me perdí con mi señora. La gente estaba en el piso y encima uno del otro. No se veía nada y todos se atropellaban y se caían... se tropezaban y se caían. Ahí perdí a mi señora.
También me caí y quedé atrapado con mi pierna debajo de otras personas que me caían encima. La gente no se podía levantar porque inhalaban los gases tóxicos y quedaban inconscientes. Yo también estaba casi inconsciente, a punto de desmayarme.
Sentía el polvo y me estaba debilitando, me tapé la boca y la nariz y empecé a respirar y a mi hijo lo tuve fuerte, como apretándolo hacia mí para que no inhalara ese humo.
Nadie me rescató. Logré levantarme. Pasaron como dos o tres minutos y aguanté todas esas llamas de fuego que me caían sobre la espalda. Era un fuego como del icopor o del plástico, quemándose en mi espalda. Quedé todo quemado porque tenía abrazado a mi hijo debajo de mí.
Me estaba rindiendo. No me quedaba aliento y no podía respirar. Él estaba debajo de mí y estaba agitado... lo sentí respirar. Entonces me dije que no me podía rendir, porque él estaba luchando.
Lo coloqué a un lado y le dije: ‘Vamos a salir mijito’, y comencé a empujar a la gente que había y pude levantarme, aunque yo sentía que iba a desmayarme.
Estaba casi muriendo, pero fue más grande la fortaleza que me dio el amor por mi hijo. Mi hijo fue el héroe, porque me dio la fuerza para continuar y levantarme.
La gente que estaba afuera rompió unos vidrios con botellas y sillas y abrieron un boquete por donde mi hijo y yo fuimos los primeros en salir.
Una patrulla que estaba recogiendo heridos nos llevó, pero no me recuperé del todo porque empecé a buscar a mi esposa. Yo no sabía nada de ella hasta ese momento.
Fue sólo hasta las once de la noche (del domingo), cuando ya estaba resignado, que la encontré en el último lugar a donde habían llevado los cadáveres.
Mi hijo quedó con una quemadura pequeña en la frente y otra en una mano, pero está bien.
Ahora él me tiene que dar fuerza porque a mi señora la quiero con todo mi corazón, a ella no la pude sacar... no pude hacer nada por ella y lo que queda es seguir batallando por mi hijo, porque gracias a él me salvé y él se salvó”.
“Lo importante es que está vivo”
Agencia Afp. Asunción. El uniformado ingresó intempestivamente al lugar del siniestro por un boquete abierto en la pared de vidrio y en medio de una alfombra de cadáveres vio que un bebé daba signos de vida.
“Me abalancé sin pensar dos veces, le rescaté y lo primero que hice fue hacerle respiración boca a boca”, dijo el oficial segundo Juan Duarte, autor de una escena dramática de salvamento, retratado por la prensa.
Duarte había ido al supermercado Ycuá Bolaños, localizado en la salida norte de la capital paraguaya.
El bebé, de 4 meses, fue identificado como Héctor Bobadilla, cuyo padre murió entre los centenares de víctimas atrapadas por la clausura hermética del establecimiento.
“El bebé está vivo. Eso es lo que importa”, dijo el oficial Duarte, muy congratulado ayer por sus camaradas, cuando las imágenes de su hazaña se propagaron por los medios de prensa.
“Fue como si hubiera visto a mi propio hijo. Estaba encima de varios cadáveres”, detalló el joven policía, de 26 años.
“Todo fue muy rápido. No había tiempo de elegir”, continuó diciendo. “Lo dejé y volví a entrar”, precisó.
Desconsolado, dijo que no pudo contabilizar cuánta gente sacó. “Eran incontables. Algunos estaban muertos y otros vivos”, terminó.
“No me considero culpable”
Agencia Afp. Asunción. Juan Pío Paiva, dueño del supermercado de Asunción en donde el domingo se registró un incendio que dejó al menos 365 muertos, dijo que no se consideraba culpable del siniestro registrado en su local.
Paiva negó haber ordenado el cierre de las puertas del supermercado, como indicaron varios testigos, según dijo desde el Departamento de Investigaciones de la Policía. “En absoluto yo me considero culpable de esto”.
Tanto Juan Pío Paiva como su hijo Daniel, gerente del local siniestrado, fueron detenidos por orden de la fiscal Teresa Sosa y fueron interrogados por la representante del Ministerio Público.
Paiva afirmó que sus empleados le comentaron que el incendio comenzó en la cocina del local y, con respecto a la causa del incendio, señaló “no descartar nada”.
“Lamento muchísimo lo sucedido”, dijo Paiva quien aseguró “compartir” el dolor de las víctimas y lamentó el hecho de que escape a sus posibilidades “solucionar este problema”.
Juan Pío Paiva es el dueño del supermercado Ycua Bolaños (Pozo Bolaños, en lengua guaraní) de la capital paraguaya.
Sin víctimas colombianas
La Embajada de Colombia en Paraguay informó que, hasta ayer, no había colombianos muertos o heridos en el incendio de Asunción.
El embajador de Colombia en Paraguay, Carlos Alberto Bernal Rincón, dijo que hasta ayer en la tarde no se tenía conocimiento de un colombiano herido o muerto en el incendio de un supermercado el pasado domingo en Asunción.
“Una vez se conoció de los hechos, el cónsul Ramón Carmona inició una jornada de solidaridad entre los colombianos y se confrontó la lista de nuestros connacionales con la de heridos o muertos y hasta ahora no hay registrado un colombiano muerto”, dijo Bernal a El Pais, ayer al mediodía.
De todas maneras, Bernal indicó que “la Embajada sigue pendiente de la investigación porque hay muchos cadáveres que no han sido reconocidos”.
El Embajador de Colombia en Asunción afirmó también que esperan la aprobación del Gobierno paraguayo para el envío de un equipo de investigadores especializado en desastres, para ayudar en la búsqueda de las causas del hecho.
Por otra parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores indicó en su página de internet (minrelext.gov.co) una lista de medicamentos e implementos médicos que se necesitan en Paraguay.
Ente ellos están dormicun, fentaril, dopamina, ranitidina en ampollas y gasas.
“Me estaba muriendo, pero fue más grande el amor por mi hijo”
Por Néstor Raúl Bautista. Editor de Mundo
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En medio de desgarradoras escenas de dolor, los bomberos continuaron ayer con la recuperación de cadáveres en los restos del hipermercado de Asunción incendiado el domingo, mientras seguía la angustiosa identificación de los muertos y el asombro con las historias de los sobrevivientes.
El número de víctimas mortales en el supermercado Ycuá Bolaños se elevó a 365 después de la retirada del edificio de una treintena de cuerpos totalmente calcinados y de despojos humanos, según informaron los Bomberos Voluntarios de Paraguay.
Mientras tanto, el presidente paraguayo Nicanor Duarte, quien recibió llamadas telefónicas de sus colegas de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia y Colombia, declaró estado de luto por tres días.
Pero lo que más aumentaba era la polémica porque varios testigos y algunos de los supervivientes aseguraron que los guardias del establecimiento bloquearon las salidas ante el temor de posibles actos de pillaje, en medio de la confusión y el estado de pánico de la gente.
Una de las personas que quedó atrapada y por poco muere es Víctor Galeano, un joven de 25 años que ese domingo llegó al supermercado con su esposa María Marín, de 26 años, y Santiago, su pequeño hijito de 3 años. María nunca regresó.
| Otras Notas |
“Nosotros fuimos a hacer las compras mensuales y vimos que había una gran cantidad de compradores... era impresionante.
Eran como las diez o diez y media de la mañana y se escuchó un crujido extraño en la cocina, como si algo fuera a estallar, y cuando levanté la mirada vi la cocina y eso empezó a vibrar, a hacer un ruido extraño.
Después la gente empezó a moverse y a desesperarse. Yo agarré a mi hijo y le dije a mi señora: ‘Vámonos, que va a pasar algo acá’.
Me di la vuelta y en ese momento me di cuenta de que la puerta se cerraba y la gente decía que el gerente administrativo pensaba que iban a solucionar el inconveniente en la cocina, pero seguía el crujido. Todavía estaban las luces encendidas.
Entonces todos los tubos que había en la cocina, la panadería y la zona de alimentos comenzaron a estallar, hasta llegar al estacionamiento.
Se fueron todas las luces y la humareda empezaba a subir. En ese momento me perdí con mi señora. La gente estaba en el piso y encima uno del otro. No se veía nada y todos se atropellaban y se caían... se tropezaban y se caían. Ahí perdí a mi señora.
También me caí y quedé atrapado con mi pierna debajo de otras personas que me caían encima. La gente no se podía levantar porque inhalaban los gases tóxicos y quedaban inconscientes. Yo también estaba casi inconsciente, a punto de desmayarme.
Sentía el polvo y me estaba debilitando, me tapé la boca y la nariz y empecé a respirar y a mi hijo lo tuve fuerte, como apretándolo hacia mí para que no inhalara ese humo.
Nadie me rescató. Logré levantarme. Pasaron como dos o tres minutos y aguanté todas esas llamas de fuego que me caían sobre la espalda. Era un fuego como del icopor o del plástico, quemándose en mi espalda. Quedé todo quemado porque tenía abrazado a mi hijo debajo de mí.
Me estaba rindiendo. No me quedaba aliento y no podía respirar. Él estaba debajo de mí y estaba agitado... lo sentí respirar. Entonces me dije que no me podía rendir, porque él estaba luchando.
Lo coloqué a un lado y le dije: ‘Vamos a salir mijito’, y comencé a empujar a la gente que había y pude levantarme, aunque yo sentía que iba a desmayarme.
Estaba casi muriendo, pero fue más grande la fortaleza que me dio el amor por mi hijo. Mi hijo fue el héroe, porque me dio la fuerza para continuar y levantarme.
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Una patrulla que estaba recogiendo heridos nos llevó, pero no me recuperé del todo porque empecé a buscar a mi esposa. Yo no sabía nada de ella hasta ese momento.
Fue sólo hasta las once de la noche (del domingo), cuando ya estaba resignado, que la encontré en el último lugar a donde habían llevado los cadáveres.
Mi hijo quedó con una quemadura pequeña en la frente y otra en una mano, pero está bien.
Ahora él me tiene que dar fuerza porque a mi señora la quiero con todo mi corazón, a ella no la pude sacar... no pude hacer nada por ella y lo que queda es seguir batallando por mi hijo, porque gracias a él me salvé y él se salvó”.
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Agencia Afp. Asunción. El uniformado ingresó intempestivamente al lugar del siniestro por un boquete abierto en la pared de vidrio y en medio de una alfombra de cadáveres vio que un bebé daba signos de vida.
“Me abalancé sin pensar dos veces, le rescaté y lo primero que hice fue hacerle respiración boca a boca”, dijo el oficial segundo Juan Duarte, autor de una escena dramática de salvamento, retratado por la prensa.
Duarte había ido al supermercado Ycuá Bolaños, localizado en la salida norte de la capital paraguaya.
El bebé, de 4 meses, fue identificado como Héctor Bobadilla, cuyo padre murió entre los centenares de víctimas atrapadas por la clausura hermética del establecimiento.
“El bebé está vivo. Eso es lo que importa”, dijo el oficial Duarte, muy congratulado ayer por sus camaradas, cuando las imágenes de su hazaña se propagaron por los medios de prensa.
“Fue como si hubiera visto a mi propio hijo. Estaba encima de varios cadáveres”, detalló el joven policía, de 26 años.
“Todo fue muy rápido. No había tiempo de elegir”, continuó diciendo. “Lo dejé y volví a entrar”, precisó.
Desconsolado, dijo que no pudo contabilizar cuánta gente sacó. “Eran incontables. Algunos estaban muertos y otros vivos”, terminó.
“No me considero culpable”
Agencia Afp. Asunción. Juan Pío Paiva, dueño del supermercado de Asunción en donde el domingo se registró un incendio que dejó al menos 365 muertos, dijo que no se consideraba culpable del siniestro registrado en su local.
Paiva negó haber ordenado el cierre de las puertas del supermercado, como indicaron varios testigos, según dijo desde el Departamento de Investigaciones de la Policía. “En absoluto yo me considero culpable de esto”.
Tanto Juan Pío Paiva como su hijo Daniel, gerente del local siniestrado, fueron detenidos por orden de la fiscal Teresa Sosa y fueron interrogados por la representante del Ministerio Público.
Paiva afirmó que sus empleados le comentaron que el incendio comenzó en la cocina del local y, con respecto a la causa del incendio, señaló “no descartar nada”.
“Lamento muchísimo lo sucedido”, dijo Paiva quien aseguró “compartir” el dolor de las víctimas y lamentó el hecho de que escape a sus posibilidades “solucionar este problema”.
Juan Pío Paiva es el dueño del supermercado Ycua Bolaños (Pozo Bolaños, en lengua guaraní) de la capital paraguaya.
Sin víctimas colombianas
La Embajada de Colombia en Paraguay informó que, hasta ayer, no había colombianos muertos o heridos en el incendio de Asunción.
El embajador de Colombia en Paraguay, Carlos Alberto Bernal Rincón, dijo que hasta ayer en la tarde no se tenía conocimiento de un colombiano herido o muerto en el incendio de un supermercado el pasado domingo en Asunción.
“Una vez se conoció de los hechos, el cónsul Ramón Carmona inició una jornada de solidaridad entre los colombianos y se confrontó la lista de nuestros connacionales con la de heridos o muertos y hasta ahora no hay registrado un colombiano muerto”, dijo Bernal a El Pais, ayer al mediodía.
De todas maneras, Bernal indicó que “la Embajada sigue pendiente de la investigación porque hay muchos cadáveres que no han sido reconocidos”.
El Embajador de Colombia en Asunción afirmó también que esperan la aprobación del Gobierno paraguayo para el envío de un equipo de investigadores especializado en desastres, para ayudar en la búsqueda de las causas del hecho.
Por otra parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores indicó en su página de internet (minrelext.gov.co) una lista de medicamentos e implementos médicos que se necesitan en Paraguay.
Ente ellos están dormicun, fentaril, dopamina, ranitidina en ampollas y gasas.
Paraguay se despierta de la pesadilla