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¿Por qué tengo que estudiar?-Diálogo entre un joven y el educado   Lista de mensajes  
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¿Por qué tengo que estudiar?-Diálogo entre un joven y el educador
Jiddu Krishnamurti
El último diario, Jiddu Krishnamurti, Edhasa, Barcelona, 1989.

BROCKWOOD PARK , HAMPSHIRE

Lunes, 30 de mayo, 1983

Ha estado lloviendo aquí todos los días por más de un mes. Cuando uno
viene de un clima como el de California, donde las lluvias cesaron
hace más de un mes, donde los campos verdes están secándose y
volviéndose pardos bajo un sol muy ardiente hacía más de 90 °F y el
calor sería aun mayor, aunque dicen que éste va a ser un verano
benigno-, cuando uno viene de ese clima, se sorprende y asombra de ver
la hierba verde, los maravillosos árboles verdes y las hayas cobrizas,
que de un color castaño difuso y claro, se vuelven gradualmente más y
más oscuras. Es un deleite verlas en medio de los árboles verdes. A
medida que avance el verano, van a oscurecerse mucho más. Y esta
tierra es muy bella. La tierra es siempre bella, ya sea un desierto o
esté llena de huertos y praderas verdes, resplandecientes.
Salir a dar un paseo por los campos con el ganado y los jóvenes
corderos, y pasear por los bosques con el canto de los pájaros, sin un
solo pensamiento en la mente... Sólo observar la tierra, los árboles,
las ovejas, y escuchar el llamado del cuclillo y el canto de las
palomas torcazas; pasear sin emoción alguna, sin ningún sentimiento,
observar los árboles y toda la tierra... Cuando uno observa así,
aprende acerca del propio pensar, está atento a las propias reacciones
y no permite que escape un solo pensamiento sin haber comprendido cómo
surgió, cuál fue su causa. Si uno está alerta, sin dejar pasar jamás
un pensamiento, entonces el cerebro se queda muy quieto. Entonces uno
observa en gran silencio, y ese silencio tiene una profundidad
inmensa, una perdurable e incorruptible belleza.

El muchacho era diestro en los juegos, realmente muy bueno. También
era bueno en sus estudios; era serio. Vino, pues, a ver a su maestro y
le dijo: «Señor, ¿podría conversar con usted?» El educador contestó:
«Sí, podemos conversar; salgamos a dar un paseo». De modo que
sostuvieron un diálogo. Fue una conversación entre el educador y el
educando, una conversación en la que había cierto respeto por ambas
partes, y como el educador también era serio, la conversación fue
agradable, amistosa, ya que ambos habían olvidado que eran un maestro
con un estudiante; olvidaron el rango, la importancia de uno que sabe,
la autoridad, frente al otro que tiene curiosidad por saber.

«Señor, me pregunto si usted sabe acerca de todo esto, por qué estoy
adquiriendo una educación, qué parte jugará ella cuando yo crezca,
cuál es mi papel en este mundo, por qué tengo que estudiar, por qué
debo casarme y cuál será mi futuro. Desde luego, me doy cuenta de que
tengo que estudiar y aprobar alguna clase de exámenes, y espero ser
capaz de aprobarlos. Viviré probablemente una cantidad de años, tal
vez cincuenta, sesenta o más, y en todos esos años futuros, ¿cuál será
mi vida y la vida de quienes me rodean? ¿Qué voy a ser, y cuál es el
sentido de estas largas horas que paso sobre los libros y escuchando a
los maestros? Podría haber una guerra devastadora en la que todos
podríamos morir. Si la muerte es todo lo que hay por delante, ¿cuál
es, entonces, el sentido de toda esta educación? Por favor, formulo
estas preguntas muy seriamente, porque he escuchado a los otros
maestros y también a usted señalar muchas de estas cosas».

«Me gustaría tomar una pregunta a la vez. Usted ha formulado muchas
preguntas, me ha planteado diversos problemas, de modo que primero
consideremos la pregunta más importante: ¿Cuál es el futuro de la
humanidad y de usted mismo? Como sabe, sus padres están muy bien
acomodados y quieren ayudarle de todas las maneras posibles. Si usted
se casara, ellos tal vez podrían regalarle una casa, comprarle una
casa con todas las cosas que se necesitan en ella, y usted podría
tener una esposa atractiva podría. ¿Qué es, entonces, lo que usted va
a ser? ¿La habitual persona mediocre? ¿Conseguirá un empleo, echará
raíces con todos los problemas que hay alrededor y dentro de usted es
ése su futuro? Por supuesto que puede venir una guerra, pero podría no
ocurrir esperemos que no ocurra. Esperemos que el hombre pueda llegar
a comprender que las guerras, de cualquier clase que sean, jamás
resolverán ningún problema humano. Los hombres podrán progresar,
podrán inventar aviones mejores, etcétera, pero las guerras jamás han
resuelto los problemas humanos ni los resolverán jamás. Olvidemos,
pues, por el momento, que todos nosotros podríamos ser destruidos a
causa de la locura de los superpoderes, de la locura de los
terroristas, o la de algún demagogo de algún país que desea destruir a
sus enemigos inventados. Olvidemos todo eso por el momento.
Consideremos cuál es su futuro, sabiendo que forma usted parte del
mundo. ¿Cuál es su futuro? Como se lo pregunté: ¿consiste su futuro en
ser una persona mediocre? La mediocridad implica escalar a medio
camino la colina, a medio camino cualquier cosa, sin alcanzar jamás la
cima misma de la montaña, sin exigirse jamás la totalidad de la
energía, de la capacidad, de la excelencia.
»Desde luego, debe usted comprender también que existirán todas las
presiones externas presiones para que haga esto o aquello, todas las
diversas presiones y la propaganda de las estrechas y sectarias
religiones. La propaganda jamás puede revelar la verdad; la verdad
jamás puede ser propagada. Espero, pues, que advierta la presión que
se ejerce sobre usted la presión de sus padres, de su sociedad, de la
tradición de ser un científico, un filósofo, un físico, un hombre que
emprende la investigación en cualquier campo; o de ser un hombre de
negocios. Comprendiendo todo esto, cosa que usted debe hacer a su
edad, ¿qué camino va a seguir? Hemos estado hablando, desde muchos
puntos de vista, de todas estas cosas, y probablemente si puede uno
señalarlo- usted ha prestado atención a todo esto. De modo que, como
por algún tiempo hemos de recorrer juntos la colina y regresar, le
pregunto, no como maestro sino con afecto, como un amigo que se
interesa genuinamente en usted: ¿Cuál es su futuro? Aun si ha decidido
ya aprobar algunos exámenes y tener una carrera, una buena profesión,
igualmente tiene que preguntarse: ¿Es eso todo? Aun cuando tenga
realmente una buena profesión, y quizás una vida bastante placentera,
tendrá muchísimos contratiempos y problemas. Si forma una familia,
¿cuál será el futuro de sus hijos? Ésta es una pregunta que usted
mismo tiene que contestarse, y tal vez podamos conversar al respecto.
Tiene usted que considerar el futuro de sus hijos, no sólo su propio
futuro, y tiene que considerar el futuro de la humanidad, olvidando
que es usted alemán, francés, inglés o indio. Discutámoslo, pero, por
favor, dése cuenta de que yo no le estoy diciendo lo que debe hacer.
Solamente los tontos aconsejan, de modo que no entro en esa categoría;
sólo estoy formulándole preguntas de manera amistosa, lo cual espero
que comprenda; no estoy presionándolo, dirigiéndolo o persuadiéndolo.
¿Cuál es su futuro? ¿Madurará usted rápidamente o lentamente, lo hará
con gracia, con sensibilidad? ¿Será usted un mediocre, aun cuando
pueda ser de primera clase en su profesión? Podrá sobresalir, podrá
ser muy, muy bueno en cualquier cosa que haga, pero yo estoy hablando
de la mediocridad de mente y corazón, mediocridad de todo el ser».

«Señor, realmente no sé cómo responder a estas preguntas. No he
reflexionado lo suficiente al respecto, pero cuando usted formula esta
pregunta si he de volverme igual al resto del mundo, mediocre-
ciertamente no quiero ser así. También me doy cuenta de la atracción
que ejerce el mundo. Y veo la parte que en mí desea todo eso. Quiero
tener alguna diversión, pasar algunos ratos agradables, pero la otra
parte de mí ve también el peligro de todo eso, las dificultades, los
impulsos, las tentaciones. Por lo tanto, no sé dónde voy a terminar. Y
también, tal como usted lo ha señalado en diversas oportunidades, no
conozco por mí mismo lo que soy. Una cosa está clara: realmente no
quiero ser una persona mediocre con una mente y un corazón pequeños,
aunque pueda tener un cerebro extraordinariamente ingenioso. Puedo
estudiar en libros y adquirir una gran cantidad de conocimientos, pero
puedo seguir siendo una persona muy limitada y estrecha. Señor,
`mediocridad' es una palabra muy buena que usted ha usado, y cuando la
considero siento que me asusto no de la palabra, sino de todas las
implicaciones que tiene lo que usted ha expuesto. Yo realmente no sé
qué responder, y tal vez discutiéndolo con usted las cosas puedan
aclararse. No puedo hablar tan fácilmente con mis padres. Ellos
probablemente han tenido los mismos problemas que yo tengo; pueden ser
más maduros físicamente, pero tal vez estén en la misma situación que
yo. ¿Puedo, pues, preguntarle, señor, si está dispuesto a que venga a
verle en otra ocasión para conversar con usted? Realmente, me siento
bastante asustado, nervioso y aprensivo con respecto a mi capacidad de
afrontar todo esto, de pasar por ello sin volverme una persona mediocre».

Era una de esas mañanas que nunca ha sido antes; el prado cercano, la
hayas inmóviles y el sendero que penetra en lo más profundo del
bosque, todo era silencio. No se escuchaba un solo gorjeo de pájaros,
y las casas próximas permanecían inactivas. Una mañana como ésta,
fresca, suave, es una cosa rara. Hay paz en esta parte de la tierra, y
todo estaba muy tranquilo. Existía ese sentimiento, esa sensación de
absoluto silencio. No era sentimentalismo romántico ni imaginación
poética. Era sencillamente así. Las hayas cobrizas lucían esta mañana
plenas de esplendor contra los campos verdes que se extendían en la
distancia, y una nube saturada de esa luz matinal flotaba
perezosamente en el cielo. El sol estaba asomando, había una gran paz
y un sentido de adoración. No la adoración de algún dios o de alguna
deidad imaginaria, sino ese sentido de reverencia que nace de la
inmensa belleza. Esta mañana uno podía desprenderse de todas las cosas
que ha reunido, y estar en silencio con los bosques y los árboles y el
prado. El cielo era de un azul pálido y suave, y muy lejos, al otro
lado de los campos, se escuchaba el llamado de un cuclillo las palomas
el bosque se arrullaban y los mirlos iniciaban su canto matinal. En la
distancia podía oírse el paso de un automóvil. Cuando los cielos están
tan quietos y hay tanta belleza, es probable que más tarde llueva.
Siempre sucede así cuando la mañana amanece muy clara. Pero en esta
mañana todo era muy especial, algo que nunca ha sido antes y nunca
podrá volver a ser.

«Me alegra que haya usted venido espontáneamente, sin ser invitado, y
si está dispuesto tal vez podamos continuar con nuestra conversación
acerca de la mediocridad y de su vida futura. Podemos ser excelentes
en nuestra profesión; no estamos afirmando que hay mediocridad en
todas las profesiones; un buen carpintero puede no ser mediocre en su
trabajo, pero en su cotidiana vida interna, en la vida con su familia,
puede serlo. Ambos entendemos ahora el significado de esa palabra y
debemos investigar juntos su profundidad. Hablamos de la mediocridad
interna, de los conflictos, problemas y afanes psicológicos. Puede
haber grandes científicos que, no obstante, viven internamente una
vida mediocre. ¿Qué va a ser, pues, de su vida? En ciertos aspectos es
usted un estudiante capaz, pero, ¿para qué usará su cerebro? No
hablamos de su profesión, eso vendrá más tarde; lo que debe
interesarnos es el modo en que va usted a vivir. Desde luego que no va
a ser un criminal en el sentido corriente de esa palabra. Si es
sensato, no será un pendenciero, son demasiado agresivos.
Probablemente obtendrá un buen empleo y hará un trabajo excelente en
cualquier cosa que decida hacer. Dejemos, pues, de lado todo eso por
el momento; pero internamente, ¿cuál es su vida? ¿Cuál es,
internamente, su futuro? ¿Va a ser como el resto del mundo, siempre a
la caza del placer, siempre perturbado por docenas de problemas
psicológicos?»

«Actualmente, señor, no tengo problemas, excepto los problemas de
aprobar los exámenes y la fatiga que implica todo eso. En otro
respecto, no parece que tenga problemas. Hay cierta libertad. Me
siento joven, dichoso. Cuando veo todas esas personas de edad, me
pregunto si es que voy a terminar así. Parecen haber tenido buenas
profesiones o haber hecho algo que deseaban hacer, pero a pesar de eso
se vuelven tristes, apagadas, y no parecen haber sobresalido jamás en
las profundas cualidades del cerebro. Ciertamente, no quiero ser como
ellas. No es vanidad, pero deseo tener algo diferente. No se trata de
una ambición. Quiero tener una buena profesión y toda esas cosas, pero
es indudable que no deseo ser como esas personas mayores que parecen
haber perdido todo lo que les gustaba».

«Usted puede no querer ser como ellas, pero la vida es una cosa muy
exigente y cruel. No lo dejará en paz. Usted soportará una gran
presión de la sociedad, ya sea que viva aquí o en América o en
cualquier otra parte del mundo. Se le incitará constantemente a
volverse igual que los demás, a volverse medio hipócrita, a decir
cosas que no tiene realmente la intención de decir, y si llegara a
casarse, eso también puede suscitar problemas. Usted tiene que
comprender que la vida es un asunto muy complejo no consiste en
perseguir aquello que desea hacer y obstinarse en eso. Estos jóvenes
desean llegar a ser algo en la vida abogados, ingenieros, políticos,
etcétera; está el instinto, el impulso de la ambición de poder, de
dinero. Esas personas viejas de las que usted habla han pasado por
todo eso. Están desgastadas por el constante conflicto, por sus
deseos. Mírelas, observe la gente que le rodea. Están todos en la
misma barca. Algunos abandonan la barca y vagan incesantemente hasta
morir. Algunos buscan un rincón apacible de la tierra y se retiran;
otros se unen a un monasterio, se convierten en alguno de los
distintos tipos de monjes y toman votos extremos. La inmensa mayoría,
millones y millones, llevan una vida muy trivial, su horizonte es muy
limitado. Tienen sus sufrimientos, sus alegrías, y jamás parecen
salirse de eso o comprenderlo e ir más allá. De modo que nuevamente
nos preguntamos el uno al otro: ¿Cuál es nuestro futuro? Y
específicamente: ¿Cuál es su futuro? Desde luego que es usted
demasiado joven para investigar esta cuestión muy profundamente porque
la juventud no tiene nada que ver con la total comprensión de este
problema. Puede que sea usted un agnóstico; los jóvenes no creen en
nada, pero a medida que van envejeciendo se vuelven hacia alguna forma
de superstición religiosa, convicción religiosa o dogma religioso. La
religión no es un narcótico, pero el hombre ha hecho la religión a su
propia imagen, obcecado por la búsqueda de consuelo y, por tanto, de
seguridad. Ha convertido la religión en algo totalmente falto de
inteligencia e irrealizable, no en algo con lo que uno pueda vivir.
¿Qué edad tiene usted?»

«Voy a cumplir diecinueve años, señor. Mi abuela me ha dejado algo
para cuando cumpla los veintiuno, y tal vez antes ingrese en la
universidad y pueda viajar y ver algunas cosas. Pero dondequiera que
esté y cualquiera que sea mi futuro, siempre llevaré conmigo este
interrogante. Tal vez me case, probablemente lo haga, y tenga hijos, y
entonces surgirá la gran pregunta: ¿Cuál es el futuro de ellos? De
algún modo me doy cuenta de lo que los políticos están haciendo en
todo el mundo. Por lo que a mí me toca, es un feo asunto; en
consecuencia, creo que no seré un político. De eso estoy muy seguro,
pero deseo tener una buena situación. Me gustaría trabajar con mis
manos y mi cerebro, pero el problema será cómo no convertirme en una
persona mediocre como lo son el noventa por ciento en el mundo. Por lo
tanto, señor, ¿qué he de hacer? Oh, sí, sé de las iglesias, de los
templos y todo eso; no me atraen. Más bien me rebelo contra todo eso
los sacerdotes y la jerarquía de la autoridad, pero, ¿cómo voy a
evitar convertirme yo mismo en una persona común, ordinaria y mediocre?»

«Si es que puedo sugerirlo, jamás, bajo ninguna circunstancia pregunte
`cómo'. Cuando usa la palabra `cómo', lo que desea realmente es que
alguien le diga qué debe hacer, quiere alguna guía, algún sistema,
alguien que lo lleve de la mano; y así pierde usted su libertad, su
capacidad de observar sus propias actividades, sus propios
pensamientos, su propio estilo de vida. Cuando pregunta `cómo', se
convierte de hecho en un ser de segunda mano; pierde su integridad y
también la innata honestidad para observarse a sí mismo, para ser lo
que es e ir más allá de lo que es. Nunca, nunca pregunte `cómo'.
Estamos hablando psicológicamente, desde luego. Uno tiene que
preguntar `cómo' cuando quiere armar un motor o construir una
computadora; tiene que aprender algo de otra persona. Pero uno sólo
puede ser psicológicamente libre y original si está atento a sus
propias actividades internas, si vigila lo que está pensando y no
permite jamás que un solo pensamiento se escape sin haber observado la
naturaleza, el origen de ese pensamiento. Observar, vigilar. Uno
aprende mucho más de sí mismo mediante la atenta observación que a
través de los libros, o de algún psicólogo, o de algún hombre de
letras o profesor erudito, ingenioso y complicado.
»Su vida va a ser muy difícil, mi amigo, y podrá desgarrarlo en
numerosas direcciones. Hay una gran cantidad de lo que llaman
tentaciones biológicas, sociales y usted puede ser destrozado por
esta cruel sociedad. Por supuesto, tendrá que permanecer solo, pero
eso puede ocurrir únicamente sin esfuerzo, sin determinación ni deseo,
sino cuando comience a ver las cosas falsas que hay alrededor y dentro
de usted: las emociones, las esperanzas. Cuando uno empieza a
reconocer lo que es falso, entonces ése es el comienzo de la
percepción alerta, de la inteligencia. Tiene usted que ser una luz
para sí mismo, y ésta es una de las cosas más difíciles que hay en la
vida».

«Señor, ha hecho usted que todo esto parezca muy difícil, muy
complejo, muy pavoroso, alarmante».

«Sólo estoy señalándole todo esto. Eso no quiere decir que los hechos
tengan necesariamente que atemorizarlo. Los hechos están ahí para ser
observados. Si usted los observa, ellos jamás lo asustarán. Los hechos
no son alarmantes. Pero si uno quiere eludirlos, volverles la espalda
y correr, entonces eso sí es alarmante. Permanecer ahí, ver que lo que
uno ha hecho puede no haber sido totalmente correcto, vivir con el
hecho sin interpretarlo conforme al propio placer o a la propia forma
de reaccionar, eso no es alarmante. La vida no es muy simple. Uno
puede vivir sencillamente, pero la vida misma es vasta, compleja. Se
extiende de horizonte a horizonte. Usted podrá vivir con pocas ropas o
con una comida al día, pero eso no es sencillez. Sea, pues, sencillo,
no viva de un modo complicado, contradictorio, etcétera, sólo sea
sencillo internamente... Usted jugó al tenis esta mañana. Estuve
observándolo y parecía ser muy bueno en eso. Tal vez volvamos a
encontrarnos. De usted depende».

«Gracias, señor».












Mié, 6 de Sep, 2006 7:36 pm

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