Alicia Bahlila Petkievicz <
centroamor1@...> wrote:HOLA, amig@s del
alma, en mi Corazón!
¡Deseandoles un ¡¡¡excelente comienzo y desarrollo de la semana!!!
¡Realizando sus sueños, planes y proyectos!
¡"El éxito verdadero es, por lo tanto, la experiencia de lo milagroso.!
¡"Es el despliegue de lo divino que tenemos dentro."
¡AMANDONOS!
"La experiencia de amar es en buena parte una respuesta directa a la experiencia
de ser amado."
Y, Recordandonos!:
..en nuestra verdadera naturaleza esencial!
"El género humano es la miel de todos los seres,.."
........................
"En realidad, somos seres divinos disfrazados, y los dioses y diosas que están
dentro de nosotros en estado embrionario aspiran a materializarse plenamente."
*<>*
4. LA MISERICORDIA DIVINA
La misericordia es simplemente justicia atemperada por esa sabiduría que
proviene de la perfección del conocimiento y del pleno reconocimiento de la
debilidad natural y las limitaciones ambientales de las criaturas finitas.
«Nuestro Dios es en extremo compasivo, benigno, paciente y abundante en
misericordia». Por tanto «cualquiera que invocare el nombre del Señor será
salvado», «porque él perdona abundantemente».
«La misericordia del Señor es de eternidad a eternidad»; sí, «su misericordia
perdura por siempre». «Yo soy el Señor que imparte benevolencia, juicio y
rectitud en la tierra, porque en estas cosas me deleito».
«No aflijo voluntariamente ni apesadumbro a los hijos de los hombres», porque
yo soy «el Padre de las misericordias y el Dios de todo consuelo».
Dios es intrínsecamente generoso, naturalmente compasivo, y sempiternamente
misericordioso. Y no es necesario jamás que se ejerza ninguna influencia sobre
el Padre para suscitar su benevolencia. La necesidad de la criatura es en sí
suficiente para asegurar el pleno caudal de su tierna misericordia y de su
gracia salvadora. Puesto que Dios conoce todo acerca de sus hijos, es fácil para
él perdonar. Cuanto mejor comprenda el hombre a su semejante, tanto más fácil le
será perdonarlo, e incluso amarlo.
Sólo el discernimiento de la sabiduría infinita permite a un Dios recto
ministrar justicia y misericordia al mismo tiempo y en cualquier situación en el
universo. El Padre celestial nunca es perturbado por actitudes conflictivas
hacia sus hijos universales; Dios nunca es víctima de antagonismos de actitud.
La omnisciencia de Dios dirige infaliblemente su libre voluntad en la elección
de esa conducta universal que satisfaga perfecta, simultánea e igualmente las
demandas de todos sus atributos divinos y las cualidades infinitas de su
naturaleza eterna.
La misericordia es el vástago natural e inevitable de la bondad y el amor.
La naturaleza bondadosa de un Padre amante no podría de ningún modo rehusar el
prudente ministerio de la misericordia a cada miembro de cada grupo de sus hijos
universales. La justicia eterna y la divina misericordia juntas constituyen lo
que en la experiencia humana se llamaría equidad.
La misericordia divina representa una técnica equitativa de ajuste entre
los niveles universales de perfección e imperfección. La misericordia es la
justicia de la Supremacía adaptada a las situaciones de lo finito evolutivo, la
rectitud de la eternidad modificada para satisfacer a los más altos intereses y
al bienestar universal de los hijos del tiempo. La misericordia no es una
contravención de la justicia, sino más bien una interpretación comprensiva de
las exigencias de justicia suprema tal como se la aplica equitativamente a los
seres espirituales subordinados y a las criaturas materiales de los universos
evolutivos.
La misericordia es la justicia de la Trinidad del Paraíso sabia y amorosamente
enviada a las múltiples inteligencias de las creaciones del tiempo y el espacio
tal como son formuladas por la divina sabiduría y determinada por la mente
omnicognoscente y la voluntad libre y soberana del Padre Universal y de todos
sus Creadores asociados.
5. EL AMOR DE DIOS
«Dios es amor»; por lo tanto su actitud personal única hacia los asuntos
del universo es siempre una reacción de afecto divino. El Padre nos ama lo
suficiente
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para otorgarnos su vida. «Hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover
sobre justos e injustos».
Es erróneo pensar de Dios que sea engatusado a amar a sus hijos por los
sacrificios de sus Hijos o la intercesión de sus criaturas subordinadas, «porque
el Padre mismo os ama». En respuesta a este afecto paterno Dios envía a los
maravillosos Ajustadores para que habiten la mente de los hombres.
El amor de Dios es universal; «Todo el que quiera puede acercarse». Él querría
«que todos los hombres se salvaran al llegar a la posesión del conocimiento de
la verdad». «No desea que ninguno perezca».
Los Creadores son los primeros que intentan salvar al hombre de los
desastrosos resultados de su tonta transgresión de las leyes divinas. El amor de
Dios es por naturaleza un afecto paternal; por consiguiente a veces «nos
disciplina por nuestro propio bien, para que podamos ser partícipes de su
santidad». Incluso durante vuestras pruebas más duras, recordad que «en todas
nuestras aflicciones él se aflige con nosotros».
Dios es divinamente generoso con los pecadores. Cuando los rebeldes
retornan a la rectitud, se los recibe misericordiosamente, «porque nuestro Dios
perdonará abundantemente». «Yo soy aquél que borra vuestras transgresiones por
mi propio bien, y no recordaré vuestros pecados». «He aquí el gran amor que el
Padre nos dona para que se nos llame hijos de Dios».
Después de todo, la mayor prueba de la bondad de Dios y la razón suprema
para amarle es el don del Padre que mora en ti: el Ajustador que tan
pacientemente aguarda la hora en que ambos os volváis eternamente uno. Aunque no
puedes encontrar a Dios mediante la búsqueda, si te sometes a la dirección del
espíritu residente, serás guiado infaliblemente, paso a paso, vida tras vida,
universo tras universo, y edad tras edad, hasta encontrarte finalmente en la
presencia de la personalidad del Padre Universal del Paraíso
.
¡Cuán irrazonable es que no adoréis a Dios, porque las limitaciones de la
naturaleza humana y los impedimentos de vuestra creación material no os permiten
verle!
Entre vosotros y Dios hay una gran distancia (espacio físico) que debe ser
atravesada. También hay una enorme diferencia espiritual que salvar; pero a
pesar de todo lo que física y espiritualmente os separa de la presencia personal
y paradisiaca de Dios, deteneos y ponderad el hecho solemne de que Dios vive
dentro de vosotros; que él, a su manera ya ha salvado tal diferencia.
Ha enviado de sí mismo, su espíritu, para que viva en vosotros y bregue con
vosotros en pos de vuestra carrera universal eterna.
Me parece fácil y agradable adorar a quien es tan grande y al mismo tiempo
tan afectuosamente dedicado al ministerio de elevar a sus criaturas humildes.
Amo naturalmente a quien es tan poderoso en la creación y en su control, y sin
embargo tan perfecto en la bondad y tan fiel en la amante benevolencia que
constantemente nos envuelve. Pienso que amaría a Dios del mismo modo si no fuera
tan grande y poderoso, puesto que es tan bueno y misericordioso. Todos nosotros
amamos al Padre más por su naturaleza que en reconocimiento de sus asombrosos
atributos.
Cuando observo a los Hijos Creadores y sus administradores subordinados
luchando tan valientemente con las múltiples dificultades del tiempo inherentes
a la evolución de los universos del espacio, descubro que abrigo por esos
gobernantes menores de los universos un afecto grande y profundo. Después de
todo, pienso que todos nosotros, incluso los mortales de los dominios locales,
amamos al Padre Universal y a todos los demás seres, divinos o humanos, porque
discernimos que estas personalidades nos aman sinceramente.
La experiencia de amar es en buena parte una respuesta directa a la experiencia
de ser
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amado. Sabiendo que Dios me ama, debo seguir amándole por sobre todas las cosas,
aunque él se despojara de todos sus atributos de supremacía, ultimidad y
absolutez.
El amor del Padre está con nosotros ahora y a través del círculo sin fin de
las edades eternas. Al ponderar sobre la naturaleza amante de Dios, sólo hay una
reacción razonable y natural de la personalidad: amar cada vez más a vuestro
Hacedor; otorgar a Dios un afecto análogo al de un niño para con su padre
terrenal; porque como un padre, un verdadero padre, un padre sincero, ama a sus
hijos, así ama el Padre Universal y por siempre procura el bienestar de sus
hijos e hijas creados.
Pero el amor de Dios es un afecto paterno inteligente y previsor. El amor
divino funciona en asociación unificada con la divina sabiduría y con todas las
otras características infinitas de la naturaleza perfecta del Padre Universal.
Dios es amor, pero el amor no es Dios.
La mayor manifestación del amor divino para con los seres mortales es la dádiva
de los Ajustadores del Pensamiento, pero vuestra mayor revelación del amor del
Padre se ve en la vida de otorgamiento de su Hijo Micael que vivió en la tierra
el ideal de la vida espiritual. Es el Ajustador residente quien individualiza el
amor de Dios para cada alma humana.
A veces casi me angustia verme obligado a describir el afecto divino del
Padre celestial por sus hijos universales mediante el empleo del símbolo verbal
humano amor. Este término, si bien connota el concepto más elevado de las
relaciones mortales de respeto y devoción del hombre, ¡frecuentemente define
tantas relaciones humanas completamente innobles e inmerecedoras de ser
expresadas por una palabra que se usa también para indicar el afecto
incomparable del Dios viviente por sus criaturas universales! ¡Qué pena que yo
no pueda hacer uso de un término excelso y exclusivo que transmita a la mente
del hombre la verdadera naturaleza y el significado exquisitamente bello del
afecto divino del Padre del Paraíso!
Cuando el hombre pierde de vista el amor de un Dios personal, el reino de
Dios se convierte meramente en el reino del bien. Pese a la unidad infinita de
la naturaleza divina, el amor es la característica dominante de todas las
relaciones personales de Dios con sus criaturas.
.............................
Libro de URANTIA.
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Que la Luz Divina nos guie!
¡Infinitas Bendiciones!
Con A*mor!
Rev. Lic. Alicia Bahlila Petkiewicz Brooks.
Centro A*MOR
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