LA CRUZ DE CARAVACA
Esta es la narración popular que encontraremos en Murcia a la referida aparición de la Santísima Cruz de Caravaca, acaecida allá por el año 1.230.
Se dice, se comenta, que el Rey Moro de Valencia llamado Zeyt Abuceyt, nieto de Almiramomoní, decidió con su corte trasladarse a Caravaca, ciudad que poseía un bello y amurallado castillo.
Por otro lado, desde Cuenca y para llevar consuelo a los cautivos cristianos que lamentablemente se apretujaban en las mazmorras de este castillo, se desplazó un clérigo llamado Ginés Pérez Chirinos, con la idea además al mismo tiempo de iniciar una labor de evangelización por toda la comarca, pero tristemente se le tornaron las cosas, pues nada más llegar fue hecho prisionero.
Un día pensando el Rey que aquellos prisioneros eran una carga inútil para su reino, tuvo la feliz idea de ponerlos a trabajar en el oficio que cada uno dominara.
Para ese menester los mando llamar y cada uno expuso sus conocimientos, cuando le toco el turno al padre Chirinos, este le reveló al Rey moro cual era su sagrado ministerio. El Rey moro, un poco picado en su curiosidad y al mismo tiempo molesto en sus creencias totalmente contrarias, le pidió que ejercitase en su presencia el Santo Oficio, El buen Chirimos explico al Rey que esto era totalmente imposible por carecer de los ornamentos necesarios y exigidos por la liturgia, no desistió de su empeño y curiosidad el Rey moro, despachando apresuradamente emisarios a Cuenca para que trajeran lo necesario.
La poesía popular nos dice así;
"Con la carta que enviaron
en breve fueron traídos
vestiduras y ornamentos
que con ella son pedidos".
Ocurrió que con las prisas, los emisarios olvidaron traer la cruz, una mañana que estaba Chirinos conversando con el Rey, éste le pidió que celebrase la misa:
"Aderezóse un altar
Con lo mejor del castillo
Delante del Rey y otros grandes
y alguno de los cautivos".
Ya vestido el sacerdote y todo preparado éste se dio cuenta que faltaba la cruz, advirtiendo al Rey que era del todo punto imposible celebrar la misa, el Rey montó en cólera y en ese mismo instante se oyó una música de trompetas y se vieron bajar del cielo dos ángeles portando la cruz patriarcal que habían tomado del cuello del patriarca de Jerusalén, San Roberto.
"El tamaño de esta cruz
no tiene un palmo cumplido
de cuatro brazos es hecha
dos grandes y dos mas chicos".
Abuzeyt, que siempre había puesto en duda el misterio de la consagración, al seguir la misa e impresionado dice la crónica: " Entendió que todo esto era un milagro, e cuando alzó la Hostia, el Rey paró mientes e vido en las manos del clérigo una criatura muy blanca y hermosa, y el clérigo acabó su misa, y en aquella hora el Rey Zeyt Abuzeyt vio que era santa cosa la ley de los Cristianos, e tornose Cristiano, el Rey y sus vasallos, aquellos que lo quisieron facer ".
El ya converso Rey, tomó el nombre de D. Vicente de Belvis, ordenando una fiesta para el día de su bautismo y para ello:
Lidió una vaca en memoria de este nuevo regocijo y a la reina Moratalla dio de todo nuevo aviso.
Para mí fuera cara vaca la reina le ha respondido "que ya sé que mudas hoy con las aguas del Baptismo".
Díjole el Rey: Moratalla (en otra carta que ha escrito)
"Pues no quieres venir, yo te dejo con mi cristo".
GRODA