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Rosario del Tala, Entre Ríos, Argentina: OVNIs, fenómenos parapsicológicos, seres sobrenaturales y hasta un telúrico y abandonado centro secreto de experimentos innominados.

 

 

UN PASO AL MÁS ALLÁ

 

 

escribe: Gustavo Fernández


 

    Antes de comenzar, el autor de este trabajo necesita hacer una aclaración que cree importante. Existe una innegable tendencia en el mundo de lo fenoménicamente extraño a creer que el lugar donde cada uno reside es algo así como el ombligo del Universo. Que, para el caso de eventos presuntamente extraterrestres o parapsicológicos, para qué viajar a la India, el monte Shasta, Tiahuanaco o un prosaico Uritorco si para episodios insólitos tenemos el fondo de nuestra casa. Vayan a discutirle a un mexicano de Cholula la preeminencia energética de su lar, a un habitante de Rennes Le Chateau que la Magdalena caminó por sus viñedos, a un paisano de la “piel de toro” las radiaciones del macizo de Montserrat o los efluvios mortalmente mágicos del pueblo embrujado de Ochate y no digamos, a un carioca que las “Sete Cidades” no serían, por supuesto, el enclave esotérico “mais grande do mundo”, y prepárense en el mejor de los casos para un glacial silencio indiferente y, en el peor, para una avalancha de apasionadas descripciones que dan fe de que sí, que la Excalibur debió ser enterrada en roca de por ahí y si no lo fue, grueso error el de Merlín.

 

    Así que uno, habitante de esta paisajística y frívola ciudad que es Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos, Argentina, sospecha que el hecho de estar dedicando tanto espacio en los últimos números a casuística local puede ser interpretado por los lectores del resto del mundo como una patriótica manifestación de apoteosis del terruño. Así que me curo en salud y digo: ¿Qué culpa tiene un servidor de que todo esto ocurra a kilómetros de donde “casualmente” uno (yo) viva? Pero si me detengo a meditar en profundidad, comienzo a sospechar de que yo, porteño contumaz, no llegué “accidentalmente” a radicarme en esta localidad dieciocho años atrás. Más allá de los motivos aparentes que uno crea haber aducido al paso del tiempo, se siente la presencia como de una gigantesca mano invisible que mueve nuestros destinos como peones de un ajedrez pancósmico. Si así fuere, aquél saber popular de “pinta tu aldea, y pintarás el Universo” adquiere entonces radical significado. En honor y cumplimiento del cual, presentamos esta investigación.

 

 

    “Los fenómenos específicos nunca son eventos aislados, sino que forman parte de una secuencia más amplia de causa y efecto. Y los que parecen casos especiales y únicos, son también el resultado del mecanismo coordinado de las leyes universales. Si consideramos a un suceso separado de sus interconexiones causales, lo encumbraremos a la categoría mítica de enigma de la naturaleza. Para eliminar los misterios del horizonte de la ciencia y reemplazarlos por la comprensión inteligente, nada mejor que rastrear el más vasto panorama causal de los acontecimientos a primera vista emancipados.”

Ignacio Darnaude Rojas-Marcos

“Dios y el Universo según los Extraterrestres”

(publicado en "Al Filo de la Realidad Nº 162)

[Solicitar por email o Ver en la web]

 

 

    ¿Recuerdan ustedes estas fotos? Es posible que en medio del fárrago informativo donde no dejamos de contribuir con lo nuestro para ocupar intelectual y visualmente al lector hayan pasado inadvertidas o momentáneamente olvidadas. Pero no se alcanzará la comprensión holística de los fenómenos que pasaremos a describir en una pequeña ciudad del centro de la provincia argentina de Entre Ríos, si no volvemos a enfocarnos momentáneamente en ellas. Formaron parte de un principio de hipótesis explicativa paranormal que comenzamos a dibujar en el N° 160 de nuestra revista [Solicitar por email o Ver en la web] y a ella remitimos si se desea refrescar oportunidades y circunstancias en que las mismas fueron obtenidas.

 

 

    

 

 

    Recordemos, sólo a efectos ilustrativos, que la primera muestra un rostro claramente humanoide (estuve tentado de acotar, un “gris”) sobre la pared tiznada de una humilde vivienda que se incendiara accidentalmente en esa población. Por si se lo preguntan, a la solitaria propietaria de la misma y algún que otro ocasional huésped (pues eventualmente suele rentar alguna habitación a pensionados) no les ocurrieron, ni en esas fechas ni en otras que conozcamos, eventos paranormales de naturaleza alguna. Pero la presunción de una mancha errática producida por el fuego debe dejar paso a la inexplicable certeza, si se quiere intuitiva, de que allí se presenta un rostro y no otra cosa, algo así como nuestra “cara de Bélmez” provinciana y poco mediática.

 

 

    La fotografía que se exhibe fue tomada por personal policial como parte de la investigación de oficio que se hiciera sobre ese episodio. Y el fotógrafo en cuestión fue nuestro colaborador, Omar Izaguirre, miembro de la Policía de la Provincia de Entre Ríos. Hasta aquí, nada particular; apenas una “fotografía paranormal” más. Pero se suman un par de facetas más que interesantes. Por un lado, poco tiempo después de obtenida esta placa y en la propia vivienda de Omar —que comparte con su esposa y dos hijos— comenzó a materializarse, en la puerta de madera de acceso a uno de los dormitorios, la figura que aparece en la fotografía Nº 2. Lavada y vuelta a barnizar dicha abertura, la imagen surge espontánea y rápidamente una y otra vez. Y que otra “fotografía paranormal” aparezca en el domicilio de un funcionario policial a pocos días de obtener el otro registro (y, debemos precisar, a no más de doscientos metros en línea recta desde una casa a la otra) quizás no sería asaz extraño si no se sumara un tercer factor apasionante: Omar, junto a otros policías, protagonizó un período de “tiempo perdido” hace unos años persiguiendo, en misión oficial, a un OVNI en las afueras de Rosario del Tala.

             

    Esto, que quizás en otras latitudes habría merecido espacios preponderantes en la prensa y disparado todo un movimiento de interés mediático, pasó en nuestro país poco menos que inadvertido, en una geografía donde, debemos puntualizar, no son extrañas las abducciones y desapariciones, a veces permanentes, a veces masivas (ver, por ejemplo, el artículo sobre la desaparición de toda una familia en “Al Filo de la Realidad” Nº 137 [Solicitar por email]). Por otro lado y ya en esta provincia se habían producido, antes y después, casos muy similares (tanto por involucrar personal policial como por ocurrir en caminos aledaños y rutas provinciales durante la persecución de OVNIs). Pero no nos detendremos en exceso en este episodio en particular, en parte por pesar sobre Izaguirre y sus compañeros expresas directivas de la superioridad de no dar detalles sobre el particular, en parte porque nuestro propio colaborador siente un inexplicable temor cuando revive esas circunstancias, al punto de temer lo que una eventual sesión hipnótica podría revelarle sobre el particular. Pero recordemos que ya en nuestra serie “Mutilaciones de Ganado: El Informa Total”, y describiendo la casuística de julio de 2002,  publicábamos lo siguiente:

    “Pero el caso más extraordinario se produjo con los policías de dos patrulleros en el puesto caminero del cruce de las rutas 39 y 6. Los policías, según una descripción del Diario Uno de Paraná, vieron cómo una luz potente estaba evolucionando en el cielo nocturno el lunes 1º de julio pasado. Se acercaba a los patrulleros, y en un momento comenzó a producir "chispas como la de un flash de fotógrafo", espectáculo colorido y de destellos "admirables".

 

    “En un momento dado, la luz empezó a retirarse y los vehículos dejaron de funcionar, los motores no respondían, las luces estaban apagadas. Luego de media hora, cuando la extraña luminosidad había desaparecido, la sirena se encendió "intempestivamente" y luego los motores volvieron a responder a la llave de encendido. Los cinco ocupantes de ambos automóviles Renault 19, uno de la localidad de Rosario del Tala y otro de la comisaría de Gobernador Solá no hallaron explicaciones posibles a lo que vieron. En algún momento, la luz se había acercado mucho a los vehículos y los uniformados atinaron a llevarse la mano a las armas reglamentarias, pero parece que la luz extraña no se inmutó porque siguió volando junto a los patrulleros que la seguían y se retiró cuando quiso, después de los flashes fotográficos.”

 

             

    Lo que no supimos en ese momento, lo que no se publicó en ningún medio, es que de la dotación policial de Tala (como, abreviadamente, llamaremos al lugar de ahora en más) no se había comisionado un automóvil, sino dos. Dos horas más tarde, de este segundo no se tenían noticias, mientras los móviles desperdigados por la región tratando infructuosa y desesperadamente de contactarlos. En uno de esos móviles de apoyo estaba Omar Izaguirre, quien de pronto escucha junto a su compañero cómo por el radio se notificaba la aparición de los “momentáneamente desaparecidos” a unas decenas de kilómetros de distancia. Hacia allí convergen entonces numerosos efectivos, nuestro corresponsal entre ellos, para encontrar dos policías sorprendidos por semejante despliegue ya que, luego de observar al OVNI que por un momento parecía dirigirse en su dirección, habían sido encandilados por un “flash” y perdido la conciencia por lo que estimaban “unos segundos”... pero que en la realidad resultaron algo más de dos horas.

 

    Todos estos hechos quizás bastarían para dotar a ese lugar geográfico de un alto índice de extrañeza, pero las cosas no terminan allí. Ya en 1955 las apariciones eran bastante comunes, tal como lo informa la página web “Gaceta Ovni” ( www.gacetaovni.com ) en esta crónica:

    “Hacia 1955, el pueblo de Rosario del Tala, ubicado en la región central de la Provincia de Entre Ríos (Argentina) no ocupaba más que unas cinco cuadras de extensión. "Era un pueblo muy chico —recuerda uno de sus pobladores— y muy tranquilo. No teníamos comodidades de ninguna clase y llevábamos una vida muy humilde".

 

    Tranquilino López, contaba con unos 40 años por aquel entonces, y vivía algo apartado del pequeño poblado, en el ángulo de una estancia donde habitaba de "prestado", en un ranchito muy precario construido de adobe, con apenas dos habitaciones y un cuarto contiguo que utilizaban de cocina.

 

    En ese cuartucho había un pequeño círculo de ladrillos para poner leña y apoyar la olla donde preparaban sus alimentos, y la mujer de Tranquilino pasaba horas allí, cocinando para sus cinco hijos.

 

    La vivienda no tenía ni luz ni agua potable; dedicados a cuidar del ganado del dueño del campo practicaban el trueque con sus vecinos para intercambiarse trabajos por mercaderías, o por techo, como en este caso.

 

    Alrededor de la zona abundaban los pantanos, y cerca de la casa había un lago y un riacho que desaguaba en el río Gualeguay, curso trazado naturalmente entre escabrosas playas de barrancos, a veces tan altos como 7 metros respecto del agua.

 

    Como es de esperarse llevaban una vida muy tranquila, salvo por algunas noches en que algo, para muchos increíble, se presentaba a menudo.

 

 

LA LUZ MALA

 

    La gente suele hacer referencias como esta, periódicas apariciones de fenómenos luminosos que se pasean por los campos sin solución de continuidad. Pero para 1955, en Rosario del Tala, y en especial cerca de la casa de Tranquilino López, solía presentarse muy frecuentemente una y varias luces rondando las inmediaciones cuyos colores variaban del verde al azul, regularmente y con más asiduidad en el primer tono "casi como un verde fosforescente".

 

    Estas masas globulares muy luminosas, corrientemente tenían un tamaño aproximado de entre 40 a 50 centímetros de diámetro, con una luminescencia semejante a un cuerpo gaseoso, ligeramente envuelto por un aro nebular muy difuminado, en cuyo borde exterior se percibía una suerte de vapor "como el que larga el asfalto cuando lo calienta el sol del verano".

 

    Su manera de moverse era también peculiar. Casi siempre andaba a no más de un metro del suelo, pero con una característica invariable: daba saltos, "como si anduviera sobre un resorte que no tocaba el piso".

 

    Era la creencia popular que a esas luces había que dejarlas tranquilas. Se insistía en que en varias oportunidades unos arriesgados campesinos las habían molestado y que ellas, como respuesta se acercaron tanto a los hombres que hasta los arrojó de sus caballos.

 

    Como sea, los pobladores guardaban un gran respeto por la luz y cada vez que aparecía, sólo se limitaban a contemplarla, con una creciente inquietud, hasta que finalmente se retiraba.

 

 

EN LA CASA DE TRAQUILINO

 

    Según se comentaba, las luces aparecían en cantidades cuando se avecinaba una tormenta, aunque podían ser vistas en cualquier clima y época del año. Y es bueno anotar que algunos analistas relacionan la aparición de luces justamente por actividad electromagnética en la atmósfera o por la existencia de pantanos, ambas cosas coincidentes en Rosario del Tala.

 

    Pero en abril de 1955, durante un clima aun caluroso con noches benignas, algo extraño comenzó a ocurrir.

 

    Cierta noche una nueva luz verdosa apareció muy cerca de la casa de la familia López, inquietando a sus integrantes que se refugiaron dentro. Fueron varias, una tras otra que la luz verdosa rodeaba la vivienda de Tranquilino, saltando de aquí para allá y sembrando temor en los más pequeños.

 

    Como la aparición de la luz se había hecho insistente, Tranquilino, también asustado se cansó de esconderse y decidió enfrentarla.

 

    Era una noche de luna muy clara, la mujer estaba terminando la cena en la olla de hierro, y sus hijos aguardaban reunirse en la mesa, esperando afuera y tomando el fresco cuando la luz apareció, puntualmente a las 22, como lo venía haciendo noches anteriores, pero esta vez aún más cerca, tanto que pasó a menos de un metro de las paredes de la casa obligando a una nueva huida.

 

    Las puertas se cerraron tras la familia, ahora entregada a la espera de que la luz se retirara, como cada noche de la última semana. Pero Tranquilino, sintiéndose invadido, resuelto y con coraje, blandió su facón y pretendió perseguirla, y "como si se diera cuenta" entró la luz rápidamente a la cocina y literalmente arrojó al suelo de tierra la olla con toda la comida.

 

    Con su facón en alto, el hombre rodeó la casa corriendo a la evasiva luz, notando claramente que ésta se burlaba de su amenaza, saltando, esquivándolo, mostrando una agilidad y dominio de la situación que desbordaba a Tranquilino.

 

    El hombre pretendió acercarse una vez más, pero la luz se corrió, manteniendo cierta distancia entre ambos, y lentamente, con dirección norte, el fenómeno se fue alejando. Tranquilino fue detrás.

 

    Sus hijos vieron cómo el padre seguía los pasos de la esfera luminosa, gritándole insultos y amenazándola envalentonado. Y se perdió de vista.

 

 

CAMINO IMPOSIBLE

 

    Intentando sin éxito darle alcance, el hombre se dio cuenta de que algo no andaba bien. Adentrándose en la oscuridad quiso detener su loca carrera pero no pudo, como si una extraña fuerza le impidiera hacerlo.

 

    No sobreviven con claridad los hechos de la persecución pero Tranquilino relató insistentemente aquella inusitada experiencia.

 

    Sin saber cómo, marchaba por los campos, sorteando obstáculos imposibles, convencido de que un influjo maléfico le conducía tras la luz que a su paso marchaba por delante, saltando, pegando brincos sobre una base invisible.

 

    Repentinamente se detuvo, y con ello la luz desapareció.

 

    Al paso de las horas, en la casa la intranquilidad fue creciendo hasta que los hijos mayores, a eso de las cinco de la mañana cuando alboreaba el nuevo día, decidieron salir en su búsqueda, a caballo.

 

    Marcharon hacia el norte, y mientras el sol despuntaba en el cielo peinaron una amplia zona, saltando arroyos, el río y bordeando algunos pantanos hasta que muy entrada la mañana lo encontraron, sentado sobre el pasto, a más de cinco leguas de su casa.

 

    Sólo un par de días después los integrantes de la familia López cayeron en cuentas del insólito suceso.

 

    El hombre, en medio de la noche, y recorriendo una larguísima distancia, había sorteado alambrados, arroyos, un río de casi 40 metros de ancho bordeado por barrancos insalvables, sin ninguna explicación de cómo lo había logrado.

 

    En sus largas sobremesas, durante los años que siguieron, el Sr. López adjudicó el hecho a que una fuerza invisible lo había llevado, tal y como uno lleva caminando cualquier cosa entre las manos.

 

    Desde aquella noche la luz no volvió al hogar de Tranquilino aunque siguieron apareciendo frecuentemente por la zona, siendo motoras de otras experiencias alucinantes que iremos tratando más adelante.

 

    Lo que nos interesa particularmente de este caso es la relación existente entre el exiguo tamaño de la esfera luminosa y su comportamiento inteligente. Fuera del hecho de que la misma esfera, a relativa distancia sería interpretada como “un OVNI más”, y dejando de lado la teoría explicativa de las “caneplas”, esas hipotéticas sondas vigilantes extraterrestres cuya naturaleza y función nos es “conocida” más por declaraciones de contactados que como resultado de conclusiones investigativas, es imposible no pensar más bien en seres inteligentes que son las propias masas lumínicas. Hasta su propio comportamiento, un poco infantil, chusco, burlón, travieso y poco funcional a una hipotética prospección científica extraterrestre, las hermana aún más con la literatura élfica de todas las épocas y continentes. La “teleportación” de Tranquilino no es ajena quizás al “viaje al país de las hadas” de tanto folklore y, otra vez, es necesario mudar nuestro paradigma dominante. Alguna vez lo expusimos claramente así: si una “luz” tiene comportamiento inteligente y como telón de fondo el cielo, y no es lógicamente asimilable a ninguna explicación humana, resulta ser, para la mayoría de los ovnílogos, un OVNI (que resuena, en la mentalidad de muchos, como sinónimo de “nave extraterrestre”). Pero trasladen la misma luz a los alrededores de la actividad humana, sigan constatando su comportamiento quizás inteligente y su naturaleza no “natural” y como entonces tendremos que sospechar duendes y elementales, el academicismo instituido de la Ovnilogía “seria” frunce el ceño y desecha el caso. Por ejemplo, eliminen las personas de fondo y ubiquen esta imagen sobre el cielo de una ciudad, y tendrán un OVNI:

 

 

    O tomen el objeto que a plena luz del día aparece en esta placa:

 

 

... Si se quiere, un típico “platillo”... sólo que no tiene más de treinta centímetros de diámetro. Aclaración necesaria para tontos: si publicamos esta fotografía —tomada en Ecuador, en julio de 2003, por un colaborador de esta revista— en concurso con la exposición de estos hechos es porque estamos convencidos, luego de los análisis pertinentes, de su autenticidad. A nuestro parecer no es un fraude, ni pasó un insecto, un pajarito frente a la cámara o alguien arrojó un papel estrujado. Dicho esto, continuemos.

 

 

    De forma tal que en la casuística ovnilógica en general y la de Tala en particular, no debemos pensar tanto en “naves extraterrestres” como quizás en “entidades no físicas”. Pero que, como iremos viendo, se multiplican en sus manifestaciones en este lugar, en consonancia con otras características particularmente significativas de la zona que iremos develando y que sustentan nuestra convicción de que Tala es “zona de ventana” o, para decirlo más de acuerdo al lenguaje dominante, un portal dimensional. No lejano, por otra parte, de uno ya investigado en esta revista: Pronunciamiento (ver el episodio de la vaca mutilada que sobrevivió a la agresión [video: ver online en YouTube y también disponible para descargar en distinta calidad]) y en plena coincidencia con el caso Colonia Elía estudiado por este mismo equipo (donde, recordarán ustedes se tomó, sin saberlo, la imagen de un ser reptiloide).

 

Otros episodios

 

             

    El 24 de enero de 2005, a las 23 horas, un sargento y tres policías que estaban destacados en el Puesto Caminero 639 (sobre la Ruta Provincial 39) observaron una luz “como una nube blanca brillante”, a la que describieron como un círculo con un orificio oscuro en el centro, de tamaño similar a la Luna Llena. En silencio pasó sobre sus cabezas, disminuyendo de tamaño. Es interesante señalar que uno de los uniformados implicados, entrevistado por nuestro equipo, comentó que las apariciones de OVNIs sobre ese puesto eran “muy comunes”, recordando ésa en particular, y que en todos los casos las mismas son precedidas por “un estruendo” donde luego “la luz aparece de golpe”. Imposible no pensar en que el “estruendo” es consecuencia tal vez de la apertura de algo así como un “portal”, concomitante con la característica visual de una “luz” (ovni) surgiendo repentinamente de la nada.

 

  

 

 

 

El cruce de apariciones OVNIs reiteradas

 

 

 

Puesto Caminero 639

 

 

La ruta vista desde el puesto, hacia donde se alejaban los objetos que allí aparecían

 

 

    Observen ustedes la siguiente ilustración. Coincide en un todo con lo manifestado por los policías a nuestros investigadores. Empero, este dibujo no fue hecho por ninguno de ellos, sino por el señor Daniel Medina también en la provincia de Entre Ríos, cuyas observaciones de objetos no identificados —y, en uno de los casos, sus tripulantes— describiéramos en AFR Nº 129 [Solicitar por email].

 

 

   

Dibujos hechos por los propios policías de "la luz con el agujero en el centro".

Compárese con la descripción de Daniel Medina.

 

 

 

    En fecha imprecisa del año 1997, cierto día alrededor de las 20 ó 21 horas, desde ese mismo puesto policial se escuchó una explosión, observándose en la penumbra del cielo una estela “como la que deja un avión a chorro”. La misma adoptó la forma de una media luna y se dirigió al poblado de Maciá, para detenerse luego e invertir su marcha esta vez hacia la vertical de una próxima estación de servicio. Desde la localidad de Sauce Norte, otros efectivos policiales lo seguían con prismáticos, y los mismos manifestaron que “presentaba luces”. Finalmente se perdió hacia, precisamente, Rosario del Tala.

 

    Empero, su seguimiento no terminó allí. Otros testigos vieron cómo “dos luces chicas amarillas entraban en la media luna” y testificaron su recorrido sobre los pueblos de Basavilbaso, Concepción del Uruguay e, incluso, en la vecina República Oriental del Uruguay. Es de destacar que cuando pasó por la vertical del Puesto Caminero de referencia, se encendieron espontáneamente las luces del móvil, antes que el objeto desapareciera.

 

 

OVNIs sobre el cuartel

 

            En las afueras de Tala tiene su asiento una agrupación importante del Ejército Argentino: el Grupo de Artillería de la Brigada II. Cuenta con amplias instalaciones que cubren centenares de hectáreas, campo de polo para oficiales y otras lindezas. Pues bien, durante julio y agosto de 2005, objetos no identificados, a partir de las 21 horas de cada día (tal como informa este escueto artículo, aparecido en el diario local y única referencia periodística aceptada) evolucionaban sobre el lugar asentándose en sus suelos con frecuencia.

 

 

 

    Por descontado: las autoridades se niegan a facilitar toda información sobre este suceso. Es interesante señalar, especialmente para los investigadores de otros países,  que salvo órdenes expresas del Estado Mayor, el responsable de cada unidad militar suele discernir a su arbitrio si se comenta el hipotético episodio ocurrido en su jurisdicción así como si se permite el ingreso de analistas civiles. Contamos con casos donde no solamente no ha habido obstrucción de los responsables militares sino, incluso, abierto apoyo en vías de saber más sobre la naturaleza de lo ocurrido. Asimismo y como en este caso, el silencio es la única respuesta oficial, quizás por lo embarazoso de tener que aceptar que la seguridad propia es tan reiteradamente (y fácilmente) vulnerada por ingenios de procedencia desconocida.

 

    Fue subrepticiamente, entonces, como se pudieron recorrer algunas instalaciones, con expresa prohibición de tomar fotografías. Fue desde el vehículo de Omar que, clandestinamente, pudimos recabar las imágenes de los lugares de los sucesos, si bien nos fue imposible en consecuencia recabar más información que esa escuetamente resumida en el periódico.

 

 

 

 

¿Un “Área 51” centenaria?

 

    En mi investigación sobre los eventos de la ciudad santafecina de Carcarañá (publicada en AFR Nº 5 y 7 bajo el título “El mundo subterráneo y el visitante de Marte” [Solicitar AFR Nº 5 por email, Solicitar AFR Nº 7 por email]) dije que tenía entonces la sospecha de que cuando enigmas de distinto cuño, terrestre o no, se reúnen en un mismo lugar, algo pasa. Y cito: “...Los hechos están allí. Es posible que el “meteorito” no haya existido (ya hablaré de eso). Los túneles respiran un aire sospechosamente delictivo. Los OVNIs andan por los cielos y seguramente les importará un bledo las puntas de flechas o las osamentas antediluvianas sepultadas en los campos sobre los que se pasean... pero todo está, precisamente, ahí. A lo largo de un siglo, todos estos misterios tienen un foco existencial de pocos kilómetros cuadrados...”. A esta altura de los hechos ya no existe la sospecha. Fue reemplazada por la certeza.

 

    Es como si la energía de ciertos lugares atrajera a humanos y no humanos por igual, concitara similares intereses o vibraciones, o unos fueran consecuencia de otros. Pero daré un paso quizás hacia el vacío. Consecuente con la larga investigación con que desde hace años les vengo aburriendo sobre los Illuminati y sus vinculaciones, ora con lo esotérico, ora con lo no humano (o meramente extraterrestre) sospecho que ciertos grupos de poder de orden mundial vienen aprovechando desde la noche de los tiempos (y de manera evidente en la historia de estos últimos siglos) el conocimiento de que ciertos lugares son “puertas idóneas” para el contacto con algún “Más Allá” que entreveo, quizás como parte de su simbiótico acuerdo. Vamos a hablar del que puede ser uno de esos lugares. 

    Y sería sencillo suponer, como quizás harán algunos ahora, que este centro secreto —pero no clandestino— de experimentación genética puede tener explicaciones sencillas. En épocas en que Argentina era como una finca más del Imperio Británico, nuestro país podía ser el lugar ideal para realizar experimentos agrícolas en suelos fértiles al extremo, casi a costos cero. O experimentos de otra índole, con una autoridad siempre corrupta y proclive a la genuflexión con los europeos primero y los yankees después. Pero no.

 

    Propongo esto: que una sociedad secreta y omnipresente en el gobierno mundial, los Illuminati, sabe de la existencia de esos “portales” y de alguna forma los emplea o ha empleado conforme a sus fines. Que no es ajeno a ello que en los mismos se centren, como en este caso, áreas de extraños experimentos que parecen no haber existido nunca... pero allí están. Ya conocen lo que vengo hilando en mi serial “Guardianes de la Luz, Barones de las Tinieblas” (N. del E.: para solicitar la serie completa por email, ver enlaces al final). Una especie no humana, superior intelectualmente, proveniente de un universo paralelo, inmaterial, energética, necesita, como toda vida, alimentarse para sobrevivir. Y una especie así no degustaría hamburguesas, sino energía. Emociones. Sentimientos. Dolor. Físico y psíquico. Las “exploraciones médicas” de los “alienígenas” no parecen tener fines científicos, ni siquiera útiles. Sus instrumentos son arcaicos. Sus técnicas de intrusión, dolorosas, atemorizantes. Nos preguntamos cuál es el fin de tanto sufrimiento, sin sospechar que, tal vez, el sufrimiento es el fin.  En esos planos, afortunadamente para nosotros, también están los otros, porque toda sombra ocurre pues en algún lugar donde hay una luz que la produce. Los Guardianes. Pero no es éste el lugar de extendernos sobre ellos.

 

    Lo acepto: esto parece una locura. Pero cuando se viene construyendo pacientemente un muro, año tras año, con miles de pequeños e inadvertidos ladrillos que uno va recogiendo por el camino, se observan espacios donde ya se calcula el tamaño y forma del ladrillo que allí ha de caber. Si ustedes están alguna vez de pie en la inmensidad del campo, en el medio de la nada, entre los restos de laboratorios que no deben existir, donde aterrizan OVNIs con cierta frecuencia, entre edificaciones de unos cien años aptas para maquinarias desconocidas y gigantescas que nadie sabe cuáles fueron ni dónde están, y a la vista de unos ominosos grilletes usados para sabe Dios qué fines, no lejos de donde aparecen seres sobrenaturales, la gente padece de formas obsesivas y cotidianas de paranormalidad, los vacunos son sistemáticamente descuartizados por agentes desconocidos, se encuentran esqueletos de animales imposibles... ¿qué pensarían?

 

    Esta es la granja “La Experimental”. Hagámosla breve: pese a lo que indica el cartel de la entrada, allí no se realizan emprendimientos vinculados a la agricultura, ganadería ni nada que se le parezca. Hay “potreros” (terrenos) trabajados, pero parece más en función del sustento de unos pocos que de una explotación comercial. Salvo la vivienda que ocupa un cuidador y su familia, el resto de las edificaciones —que sólo pudieron observarse y fotografiarse desde cierta distancia, a excepción de un “baño” al que ya nos referiremos— están conservados vacíos pero en aceptable buen estado. Ocupa quizás unas mil hectáreas y si bien hoy en día está desmalezada, supo ser monte cerrado en el pasado, un pasado de no más de cien años, donde  los “doctores” (así denominaba la gente del lugar a los extranjeros dueños del establecimiento) llegaban por avión (estamos hablando de aviones, pistas de aterrizaje y hangares circa 1920, lo que era toda una avanzada tecnológica). Puntualicemos: nadie sabe quiénes eran: se dice “ingleses” como se dice “alemanes”. Tanto pudieron ser norteamericanos o polacos o habitantes del planeta Ummo.

 

 

 

    Puntualicemos más aún: el cuidador —parco como el que más, con un exagerado machete en su diestra que no soltó en ningún momento de la visita— dijo que su propietaria es una dama de la ciudad de Santa Fe que la tenía “para descansar los fines de semana”. A mi modo de ver, poco creíble: enorme, desprovista de todo atractivo, sin siquiera piscina, seguramente onerosa impositivamente, un “elefante blanco” del cual cualquier pudiente trataría de desprenderse a cambio de un lugar de solaz más “chic”. Claro, dirán ustedes, será buena idea contactar a la dueña y hacerle algunas preguntas. Imposible: en Catastro, en Rentas de la provincia, “La Experimental” no existe, no existió nunca.

             

    En el mundo civilizado, esto desataría un escándalo y una investigación oficial. Descuiden: esto es Argentina.

 

    Lo que aquí cuenta es lo que hay. Construcciones y más construcciones con fines imprecisos. Se dice que en el pasado se hacían “experimentos secretos con semillas”; esto era lo que los “doctores” decían a la peonada. Prácticamente no había caminos, de modo que el personal vivía en ciertas barracas y tenía prohibido bajo penas gravísimas acceder a determinadas instalaciones.

 

            En lo que se llama el “hangar”, demasiado enorme para las aeronaves de la época, debe haber estado (y en esto son concordantes los recuerdos del vulgo) instalada gigantesca maquinaria. Pero las maquinarias, sobre todo si son “gigantescas”, se emplean para producir determinados artículos, o para generar energía —electricidad, o lo que fuere— pero, ¿para experimentos con semillas?. Laboratorios, parcelas, sí, pero, ¿grandes maquinarias?

 

    Grandes maquinarias que, según relatara la esposa del cuidador, “está enterrada en algún lugar del campo, por ahí atrás”. Sí, por ese “ahí atrás” donde el anterior cuidador (hoy desaparecido) dijo haber visto una noche aterrizar un OVNI y otras, ser sobrevolado por extrañas luces silenciosas que iluminaban “a giorno” todo el lugar. ¿Qué es atraído por qué?. ¿Experimentos con semillas?

 

 

 

 

    Apenas se pudo curiosear en lo que los cuidadores llaman un “baño”. Aquí lo mostramos. Extrañamente, el suelo del mismo está como levantado y se ha cubierto de una carpeta de cemento armado. En la misma, de manera torpe, quizás con un palillo o un dedo, alguien escribió una fecha: 1929. No termino de comprender por qué para algún albañil habría sido de algún interés dejar constancia de cuándo se realizó algo tan anodino como el contrapiso nuevo de un baño. Por lo menos, presta alguna utilidad: como ya no quedan contemporáneos a los primeros tiempos de “La Experimental” y dado que, paradójicamente, nadie, ni historiadores locales, han realizado crónica alguna sobre la misma, esa fecha permite confirmar en principio que, cuando menos para entonces, el lugar existía y si se hicieron refacciones (como esa carpeta de material) sería sin duda algo anterior. Quizás podamos remontarla hasta principios de siglo XX.

 

    Y los grilletes. Están ahí, casi a las puertas de una de las edificaciones “prohibidas”, tan antiguos como ésta misma. Quizás las víctimas no eran humanas, sólo vacunos. Pero engrillados, allí, cerca de los laboratorios, engrillados en serie, uno al lado del otro... ¿Experimentos con semillas?

 

 

 

 

 

 

 

 

A la sombra de nuevos enigmas

 

    A algunos kilómetros, sobre la ruta 39, existe un restaurante (“comedor”, se les acostumbra llamar en el interior de nuestro país) a cuyo propietario entrevistamos. Debemos, por expreso pedido, reservar su nombre y ubicación exacta, cuando menos por ahora. Digamos que pocos días después de los sucesos del cuartel militar, una noche entre las 21 y las 23 horas, una “luz” proveniente del horizonte vino a detenerse sobre los árboles de la fotografía, en el campo propiedad del titular del citado comedor, quien no se encontraba a la sazón, estando a cargo un peón de campo. Éste observó cómo la “luz”, luego de detenerse, comenzó a elevarse, reduciendo su tamaño hasta desaparecer, no pudiéndose mirar directamente por la intensidad lumínica. Pero antes de desvanecerse, ocurrieron unos hechos apasionantes. La “luz” despedía “como papelitos encendidos” que, pese a haber mucho viento, literalmente llovieron sobre dos de los árboles que comenzaron a “humear de adentro hacia fuera”, hasta carbonizarse completamente. El peón quiso aproximarse pero los cuatro perros del lugar, habitualmente obedientes, se alteraron en su desesperación de impedírselo, cruzándose una y otra vez en su canino para obstaculizar su avance, en su afán de que el testigo no se acercara. Desistió de hacerlo, y sin duda fue por su bien: al otro día al pie de esos árboles aparecieron muertos dos gatos con extrañas quemaduras y abundantes hemorragias espontáneas por sus orificios naturales, así como una oveja que abortara espontáneamente su cría. El proceso de “quemarse de adentro hacia fuera” no puede menos que hacernos pensar en radiación de microondas; lo que no sería ajeno a una larga casuística bien documentada. Paralelamente, el aborto de la oveja y las hemorragias de los felinos remite a las desagradables consecuencias de una exposición radiactiva.

 

    Incidentalmente, cabe relatar que en el desvío que las líneas de tensión eléctrica presentan en la entrada de la finca (la derivación que transporta a la misma la electricidad distribuida por la línea general) se encontró, al otro día, que la línea de electricidad se encontraba “pelada” en tres sectores (de unos treinta centímetros cada uno, distantes entre sí un espacio similar) siendo la opinión del dueño del lugar que “los ovnis se prenden de allí para tomar energía”.

 

 

Fantasmogénesis y poltergeists

 

    Bien. Si la totalida



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Lun, 10 de Mar, 2008 4:30 pm

gusfernandez21
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Rosario del Tala, Entre Ríos, Argentina: OVNIs, fenómenos parapsicológicos, seres sobrenaturales y hasta un telúrico y abandonado centro secreto de...
Gustavo Fernandez
gusfernandez21
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