Los peligros del "vértigo": la antropología filosófica y los Derechos Humanos.
Cuando se trata de generar un saber que se encuentra fuera o contra el "saber-poder" de las agencias conectadas a una red de poder planetario, se corre el riesgo cierto de caer en un "vértigo", que es producto de "pensar a la intemperie" (54), esto es, de generar un saber no consagrado, descalificado por el poder de las agencias, un "saber-contra-poder" rechazado y marginal, underground, jaqueado desde las grandes usinas reproductoras de las ideologías de los sistemas verticalizantes de la sociedad.
Al "pensar a la intemperie" se tiene la sensación de que faltan puntos de apoyo a los que asirse para mantener cierto equilibrio tranquilizante. El "pensar a la intemperie" es una actitud que sólo se admite si ese pensar tolera la transitoriedad y el permanente devenir de todo y desde ese devenir se lo acepta, en forma "holística", como pensamiento que permite acceder a un conocimiento siempre provisional.
De cualquier manera, esta actitud, que en nuestro margen implica asumir lo que se presenta como un saber desde lo "sucio y desordenado" de nuestras mayorías, que se opone a lo "limpio y ordenado" de las minorías de la cultura urbana (55), representativas del saber de las agencias del sistema, en que la verticalización se muestra como lo indicado para "ordenar y limpiar", en tanto que la horizontalización de las relaciones sociales "desordena y ensucia", resulta difícil mantenerse en equilibrio dentro de ella.
La civilización industrial -y más aún la actual tecnocivilización- se presentan con una estética de armonía cromática urbana, enfrentada a la desarmonía de sus marginados, que son más o menos feos y sucios, casi como el estereotipo del criminal atávico lombrosiano. Nuestro margen mismo es pintado como atávico -conforme a la tradición del paradigma lombrosiano o neo-colonialista racista- y de ese modo se estigmatiza cualquier "pensar a la intemperie" en el margen, siendo los mismos intelectuales del margen los primeros en denunciarlo, como modo de no contaminarse y seguir obteniendo la aprobación de los controles de calidad de las agencias centrales. Por ello que, la difícil situación que genera este "pensar a la intemperie" marginal, con frecuencuencia conduce un "vértigo" que puede llevar a los autores de esfuerzos de esta naturaleza a asirse a posiciones completamente antagónicas y negadoras de las propias bases de su pensamiento más productivo.
54 La expresión está tomada Oe Buber, op. cit.
55 Rodolfo Kusch, América prOfunda, Bs. A$., 1986.
En el mismo libro, encontré estos párrafos que me parecieron muy llamativos y los comparto:
" La visión newtoniana del mundo se ha revelado incapaz de explicar lo "muy pequeño" y lo "muy grande", en forma tal que la física moderna ha dado rienda suelta a su imaginación cosmológica (es casi alucinante el debate sobre las analogías de las cosmologías orientales y las de la física moderna, aunque se reclame por la falta de mayor profundidad en los trabajos, así por ejemplo Ursula King, Cosmología e hinduismo, en "Concilium", 186 , 1963, pág 421) los límites del saber en este ámbito parecen reabrir el camino de los mitos y la visión del mundo como un proceso cósmico, donde hay movimiento, pero en cierto momento parecen desaparecer los objetos que se mueven, donde hay actividad sin actores, donde no hay bailarines, sino sólo danza, resulta inevitablemente ligada a la necesidad de una gran prudencia en el entendimiento del hombre como protagonista y parte de este proceso que, en definitiva, nos lleva a una relativización y provisoriedad de nuestro saber, muy difícil de aceptar en la sociedad industrial o tecnocentífica, pero bastante común en todas las raíces cultuales que convergen en nuestro continente.
La "verdad", como coincidencia con la realidad, es algo que se nos plantea como seriamente problemático, desde que la cOntradicción resulta ser dato invariable de la realidad como constante devenir y a la que debe admitirse como tal, puesto que la verdad es la realidad misma y a ella sólo podemos acercarnos en forma más o menos elíptica , por la necesidad de admitir su contradicción, del mismo modo en que, desde el fondo de la tradición filosófica lo postularon Heráclito y Lao Zi , es decir, en el sentido originario de la Conservación de la contradicción y no en la versión compatibilizada con el modo del saber cartesiano-newtoniano que quiso darle Hegel al pretender convertir a Heráclito en inventor de su dialéctica . "