Alegato de inocencia.
Vengo a reclamar mi derecho a la justicia.
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Jaime Yovanovic Prieto (Profesor J)
A los juristas, autoridades y los que no son ni
juristas ni autoridades:
Desde hace ya casi 20 años que los medios de comunicación en Chile en
mi caso violan los más elementales principios jurídicos, en especial
la presunsión de inocencia de cualquier acusado.
He sido tratado por los medios de prensa como participante en la
acción que culminó con la muerte del general Urzúa en 1983, cuestión
que niego categóricamente.
Creía y creo legítimo, como lo establece la carta de principios de
las Naciones Unidas, el levantamiento en armas contra los que
acabaron con el gobierno legalmente instituido de Salvador Allende.
Creo haber cumplido mis funciones como parte del pueblo en esistencia
con honestidad y dignidad. Jamás se me habría pasado por la mente al
tomar un soldado prisionero, desaparecerlo, torturarlo y arrojarlo al
mar desde un helicóptero. Los compañeros que conocí en esa época
también eran seres humanos dignos y altruistas, dispuestos a los
mayores sacrificios por poner fin a la noche negra de Chile y
coadyuvar a que la verdadera democracia pudiese volver.
Por eso tengo mi frente alta y clara y miro de cara a las actuales
instituciones chilenas con la certeza de que hoy es posible dilucidar
este caso de una vez.
Es de conocimiento público que después de la muerte del general
Urzúa, los grupos resistentes que caían en manos de la DINA-CNI eran
asesinados, sus casas atacadas con lanzacohetes, en fin, una
furiosa razzia se dejó caer sobre los que luchaban por la democracia
con las armas en la mano. En ese contexto, la única solución era
salir del país y por eso buscamos refugio en la Nunciatura Apostólica
donde hicimos entrega de las armas que portábamos, con lo que de
hecho estábamos cumpliendo con los principios de la Convención de
Ginebra con relación a los conflictos armados.
Mi aparición en los diarios por ese motivo llevó a los que torturaban
a Jorge Palma Donoso a mostrarle mi foto preguntando si acaso era yo
el otro participante de la operación Urzúa realizada por el comando
Miguel Enríquez del MIR, y a ello Palma respondió afirmativamente, lo
que permitió a la DINA-CNI practicamente cerrar el caso con la
incorporación de mi nombre. Sólo que Jorge Palma, cuando pudo hablar,
declaró publicamente que dicha afirmación había sido arrancada por
torturas e inducida por los que le apremiaban físicamente. Jorge
Palma declaró, y así apareció en los diarios, que no me conocía, que
yo no había estado en esa acción armada y que desmentía la afirmación
extraida de forma ilegítima.
No es posible, señores juristas, señores autoridades y señores que no
son ni juristas ni autoridades, que frente a estas dos declaraciones,
una extraida bajo las peores torturas y la otra cuando la palabra
puede emitirse libremente, los medios de prensa se hagan eco de
la primera versión, la de mi culpabilidad, y descarguen una campaña
mediática en mi contra. No les fue difícil en esa época involucrar mi
nombre y enlodar mi limpia trayectoria como luchador por los más
elevados valores sociales.
Para más ‘convicción’, los servicios secretos de la época hicieron
circular la noticia de que entre las armas entregadas a la
Nunciatura habían algunas que fueron utilizadas en la operación
Urzúa, por lo que denotan que su carácter ‘secreto’ era estrictamente
funcional. La idea de la DINA-CNI era juzgarme publicamente y atraer
a la opinión pública hacia la versión extraida bajo tortura,
escondiendo y enterrando para siempre la última declaración de Jorge
Palma justamente porque obraba en mi favor. Los medios reproducían
una y otra vez las ‘pruebas’ fabricadas que se esgrimían en mi ontra,
pero nunca tuvieron la honradez de repetir una sola vez el desmentido
de Jorge Palma.
La propia DINA-CNI, que dice saber tanto sobre el caso, sabía
perfectamente que esas armas eran utilizadas en acciones diversas y
luego devueltas a un depósito central. Un periodista dijo que era
extraño que se llegara con las mismas armas, que había algo no
explicado allí, pero nuevamente el silencio se impuso y continuó la
parafernalia acusatoria que buscaba hacer de una mentira una verdad a
fuerza de repetirla.
De modo que he sido juzgado y condenado, he sido declarado culpable
por la DINA-CNI y por la prensa. La propaganda ha instalado esa idea
en un sector de la opinión pública, por lo que hice la opción
de no entregarme ni dejarme detener, pues caería de lleno en un juego
de cartas marcadas.
20 años han transcurrido, señores juristas, autoridades y los que no
son ni juristas ni autoridades. Hoy ya es posible diferenciar los
tribunales civiles de los tribunales militares. Hoy ya es posible
reivindicar el debido proceso. No sé si será posible exigirle a la
prensa que en vez de levantar otra campaña mediática, respete los
principios esenciales de todo acusado, de que es inocente en tanto no
se pruebe lo contrario, que divulguen la idea de mi inocencia y que
sean los propios servicios secretos de la época los que aporten, si
pueden, la carga de la prueba acusatoria, que mis descargos ya los
haré en su momento y en su lugar con mi abogado.
Pero esos 20 años no los he pasado encerrado en mí mismo, pues si
algo ha motivado mi comportamiento durante la dictadura y durante el
exilio, ha sido el hambre y sed de justicia y la realización
efectiva de los derechos humanos. 20 años he pasado luchando por ello
en los más diversos países, de donde debía salir por la injusta
persecusión a que se me sometía. Mi primer destino fue Cuba, a donde
llegué como refugiado de ACNUR y me gradué en la carrera de Derecho,
me asocié a la Unión Nacional de Juristas de Cuba y trabajé en
asuntos de vivienda y población en el Municipio de Centro Habana.
Luego en 1990 fui invitado a Brasil por la actual Universidad
Metodista de Sao Paulo y ministré clases en varias universidades,
entre otras, las disciplinas de Filosofía del Derecho, Derechos
Humanos, Derecho Penal, Historia del Derecho y me desempeñé como
profesor de pos-graduación en la Universidad Sao Francisco a cargo de
la disciplina de Derecho Penal Comparado.
Asimismo fui miembro de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden
de Abogados de Brasil OAB-Sao Paulo y asesor de la Asociación de
Consejos Tutelares de Defensa de los Derechos del Niño y del
Adolescente. Me desempeñé como asesor de la Asociación de
Oficiales de Justicia del Estado de Sao Paulo y asesor de la
Secretaría General de la Federación Nacional de Trabajadores del
Poder Judicial de Brasil. Fundé, junto al Sindicato de Psicólogos de
Sao Paulo, la Comisión Permanente por los Derechos de los
Marginados, así como fundé y fui coordinador de la red de Escritorios
Jurídicos Populares de Brasil, junto a grupos de estudiantes,
abogados y otros profesores de Derecho. Hasta el día de hoy diversos
juristas brasileños reconocen mi papel en la promoción de los
derechos humanos y la formación de juristas con sensibilidad social
hacia las capas más necesitadas de la población. Publiqué también en
Brasil el libro ‘Introducción a la Ciencia del Derecho y Derecho
Alternativo’ que se encuentra, entre otras, en la biblioteca de la
Facultad de Derecho de la Universidad de Sao Paulo y es utilizado por
profesores en varias universidades brasileñas.
En Mozambique me desempeñé como asesor del director de la Facultad de
Derecho de la Universidad Eduardo Mondlane y consultor del Ministerio
de Agricultura para asuntos de comunicación e investigaciones junto
al campesinado. En Sudáfrica trabajé con Planact, entidad que realiza
investigaciones y formación comunitaria.
Al mismo tiempo, diversos barrios periféricos de ciudades de Brasil,
Bolivia, Sudáfrica. Mozambique y otros, fueron escenario de mis
actividades con niños y jóvenes en investigaciones de campo, cantos,
bailes y juegos, en la búsqueda de nuevas modalidades de entender los
comportamientos y anhelos de un grupo que se une para la
reconstrucción del ser social comunitario, autónomo, libre y creador,
el sujeto de la democracia, la base motriz de todo proyecto social,
el hombre común y la mujer común, el sujeto de la pobreza, el sujeto
social que en medio de la marginalidad y la miseria es capaz de soñar
y hacer de sueños realidades, la emancipación, que debe comenzar en
los corazones de cada uno, ya no más desde las teorías, las
ideologías, tácticas y estrategias, sino en la práctica de la vida en
común y la alegría de ser, en el abrazo cotidiano con los otros y la
mirada cara a cara, la solidaridad, el respeto y el afecto, las
manos tomadas y el recomenzar a ver el mundo desde los sentimientos
más profundos compartidos.
He cambiado, claro que he cambiado, he crecido como un árbol con las
raíces firmemente en la tierra, en nuestra Pachamama, desplegando mis
ramas hacia el infinito, y ahora vengo a acariciarme con las
otras raíces, a transformarme en bosque, donde muchos árboles y
sueños puedan entretejer caminos hacia el horizonte.
Por eso reivindico mi derecho a la justicia, que se ponga fin a la
campaña infame que se ha realizado en mi contra, que se me permita
caminar libremente y sentir el viento de la cordillera y la brisa del
mar en mi cara, que se me permita continuar mi camino de docencia
para enseñar a aprender, pues no tengo nada nuevo a transmitir a
no ser mis viejas ganas de vivir y ser libre, de reir, cantar,
saltar, bailar, darme vueltas de carnero y subir montañas, como la
canción en francés que enseño siempre en los grupos con que he
convivido:
Enfant de la mountagne
Je retourne, je retourne
Enfant de la mountagne
Je retourne en chantant
La fatigue me gagne
Mais mon coeur, mais mon coeur
La fatigue me gagne
Mais mon coeur est content.
Y que se puede traducir en algo así como:
Niño de la montaña
Yo regreso, yo regreso
Niño de la montaña
Yo regreso cantando.
El cansancio me gana
Pero mi corazón, pero mi corazón
El cansancio me gana
Pero mi corazón está feliz.
Agradezco de antemano a todos, juristas, autoridades y a los que no
son ni juristas ni autoridades, las medidas y acciones que se tomen
para hacer realidad este grito de justicia y libertad.
Jaime Yovanovic Prieto (Profesor J)
Clajadep
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