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¿Quiénes Somos?
El Movimiento Libertario Cubano, intenta articular e incrementar el activismo
revolucionario antiautoritario en Cuba, de manera particular y en el continente
americano en general, con el objetivo de construir un movimiento anarquista más
efectivo que participe activamente en las luchas del movimiento real de l@s
oprimid@s por el control de sus vidas y en la resistencia contracultural
internacional.
No somos una organización anarquista más, mucho menos, un círculo cerrado de
"elegidos" que pretenda acaparar o adjudicarse la representación del anarquismo
cubano. Por el contrario, somos una red de colectivos e individu@s con secciones
en diferentes ciudades del mundo, que intenta una coordinación más efectiva
entre las distintas corrientes que hoy conforman el anarquismo cubano desde el
anarco-sindicalismo, el anarquismo revolucionario, el anarco-comunismo, el
cooperativismo, el comunalismo, el primitivismo, el eco-anarquismo hasta el
insurreccionalismo libertario.
Si eres anarquista, antiautoritari@, antipatriarcal, anticlerical, rebelde,
soñad@r e idealista, tú también puedes ser parte de esta red y participar
activamente, de manera individual o colectiva, para el desarrollo de un
movimiento anarquista real.

Un poco de historia...
Los anarquistas cubanos han participado activamente en la lucha contra las
dictaduras de Machado y de Batista. Contra este último, los anarquistas cubanos
lucharon desde todos los frentes. Unos desde las guerrillas orientales o las del
Escambray, en el centro de la Isla; otros se unieron a la conspiración y la
lucha urbana. También se establecieron puentes entre los sectores organizados
revolucionariamente de la lucha contra Batista y la militancia antifranquista
anarquista a través de los compañeros Antonio Degas (miembro de la CNT,
establecido en Cuba) y, Luis M. Linsuain, hijo de otro destacado revolucionario
anarquista muerto en Alicante al final de la revolución española. Los propósitos
de los anarquistas eran los deseos mayoritarios del pueblo: liquidar la
dictadura militar y la corrupción política, así como crear un campo más abierto
en el disfrute de las libertades, que hiciera posible la continuidad ideológica.
En el folleto Proyecciones libertarias de 1956, donde se atacaba al dictador
Batista, también se mencionaba a Castro, el cual no merecía "confianza alguna",
[que] "no respetaba compromisos y sólo luchaba por el poder". Fue ésta la razón
por la que se establecieron contactos clandestinos más frecuentes con otros
grupos revolucionarios. Al triunfo de la insurrección, Castro se había
convertido en el líder de todo el proceso, por una evaluación incorrecta de la
oposición, que lo consideraba como un mal "controlable", necesario y temporal,
con su modesto programa socialdemócrata.
En los primeros días del año 1959, las publicaciones libertarias de esos días,
Solidaridad Gastronómica y El Libertario (publicación periódica cubana),
reflejan en sus primeras ediciones una actitud favorable, al mismo tiempo que
cautelosa y esperanzadora con relación al gobierno revolucionario. Sin embargo,
el Consejo Nacional de la Asociación Libertaria Cubana, lanza un manifiesto
donde "Expone, informa y hace juicios a la revolución cubana triunfante", y por
el cual, después de explicar la posición de los libertarios contra la pasada
dictadura, pasa a analizar el presente y futuro cercano, declarando que "los
cambios institucionales", al abrirse una nueva etapa para Cuba, "no entusiasman
ni ilusionan", aunque no se niega con cierta ironía la "seguridad de que por
algún tiempo al menos, gozaremos de las libertades públicas, bastante a
garantizarnos posibilidades de propaganda" (sic). Sigue un ataque certero y
cerrado contra el "centralismo estatal" camino, dicen, de llegar a un
"ordenamiento autoritario". Se hacen eco de la penetración de la iglesia
Católica y del Partido Comunista. Finaliza el documento con una referencia al
movimiento obrero, donde de nuevo hace énfasis en la labor del Partido Comunista
de Cuba (PCC) "para recabar la hegemonía que [...] durante la otra era de
dominación batistiana [...] gozaron" aunque terminan por opinar que esto no
ocurrirá y finaliza con optimismo: "El panorama, pese a todo, alienta [...]".
Por otra parte y siguiendo la misma línea, Solidaridad Gastronómica publica el
15 de febrero del 59, otro Manifiesto a los trabajadores y al pueblo en general,
donde explica y advierte que aunque al gobierno revolucionario no le fuese
posible "[...] poner en tan poco tiempo, en función normal [...] a los
organismos obreros [...] es un deber nuestro [...] el que se respete y se
ejerciten las normas de libertad y derecho [...]. Es necesario que se convoquen
elecciones en los sindicatos [...] que comiencen a funcionar las asambleas
[...]". Finalmente deja en manos de los obreros de cualquier sindicato el
problema de la "cesación obligada en sus cargos" en relación a sus "[...]
diferentes orientadores. Es imprescindible que sean los propios trabajadores
quienes decidan la inhabilitación sindical de sus pasados dirigentes, pues de
hacerlo de otra forma, sería caer en los mismos procedimientos que ayer [...]
combatiéramos".
La misma publicación, en su editorial del 15 de marzo, condena amargamente "los
procedimientos dictatoriales (de la CTCR) [...] acuerdos y mandatos de arriba
que imponen medidas, quitan y ponen dirigentes". También acusa a los "elementos
incondicionales [...] en las asambleas, que sin ser miembros del organismo
sindical, levantan el brazo a favor de una orden de los dirigentes". Entre otras
anormalidades y "procedimientos" se cita lo siguiente: "[...] en ocasiones se
llenan las salas asamblearias de milicianos armados que constituyen una
flagrante coacción, no se respetan los preceptos reglamentarios [...] que se
llega a cualquier tipo de procedimiento para mantener el control de los
sindicatos". Como se puede apreciar, la batalla por liberalizar al movimiento
obrero se estaba perdiendo lamentablemente a pesar de las denuncias de los
anarcosindicalistas en ese campo tan importante
La oposición al anarcosindicalismo emanaba directamente de sectores del M26J,
instigado por los elementos del PCC infiltrados dentro de esa organización que
en un principio tomó casi militarmente la dirección de todos los sindicatos de
la Isla. Se decía que la medida era temporal, con el objeto de purgar a los
elementos más corruptos de la pasada dictadura, hasta celebrar nuevas y libres
elecciones sindicales. Como se ha podido comprobar, y como era costumbre en
Cuba, lo temporal se convirtió en permanente. Pero ¿de dónde procedían estos
elementos sindicales, si era público y notorio que el M26J nunca tuvo en verdad
una base sindical, o mejor aun, una simpatía generalizada entre los
trabajadores, o siquiera una activa dirección proletaria?
Los dirigentes sindicales procedían en su mayoría de dos campos antagónicos: el
sindicalismo de las Comisiones Obreras, que respondían a la política electoral y
habían sido enemigos del gobierno anterior y los del PCC. Los primeros
respondían a un oportunismo cínico y se prestaban a cualquier manipulación
estatal. Los segundos eran en extremo peligrosos, y a pesar de lo borrascoso de
su pasado, se notaba ya un apoyo oficial que provenía de lo más alto del
gobierno. Ambos sectores se odiaban mutuamente y se prepararon para una lucha
abierta por la hegemonía del sector proletario, pero como se verá más adelante,
terminaron en una amalgama desastrosa para el movimiento obrero cubano.
En el mes de julio, el Estado cubano estaba ya en sus totalidad en las manos de
Castro, así como de sus más cercanos colaboradores. La presencia de elementos
del PCC era ya notable en altas figuras del gobierno. Los anarquistas que habían
notado la contingencia, se alarmaron en grado sumo; entendían correctamente que
la influencia del PCC dentro de las esferas gubernamentales y sindicales
significaba un golpe mortal a corto o largo plazo. Sus pesadillas más siniestras
pronto se harían realidad. Por su parte, Castro declaró públicamente no tener
ninguna relación con el PCC, pero reconoció la existencia de comunistas dentro
de su gobierno, lo mismo que otros personajes de filiación anticomunista.
Para finales de año se convoca el X Congreso Nacional de la Confederación de
Trabajadores de Cuba Revolucionaria (CTCR) donde una mayoría acepta la tesis de
"Humanismo", una especie de filosofía que se había creado a principios de año,
que decía alejarse de los campos tradicionales del comunismo-capitalismo
establecidos por la Guerra Fría y que predicaba las consignas de "Pan con
libertad" y "Libertad sin terror". Los cubanos, siempre creativos, habían
inventado un nuevo sistema sociopolítico para darle algún tipo de explicación
ideológica al nuevo régimen. David Salvador, el máximo dirigente de la facción
del M26J, ejercía y fingía como su más denodado adalid. A su vez el PCC, bien
representado en dicho Congreso, aunque en evidente minoría, planteaba la añeja
consigna de "Unidad".
El 23 de noviembre el Congreso se halla totalmente dividido para tomar acuerdos
o elegir una representación. Los anarquistas del ALC ya habían publicado en
Solidaridad, el 15 de ese mes, un "llamado al X Congreso", donde insistía en que
"Los congresos que veníamos padeciendo desde mucho, tenían como única cuestión
de importancia, la distribución de los cargos del aparato". Y finalizaba con una
nota de esperanza: "[...] pero sí quisiéramos que [...] marcara un paso de
avance en el sindicalismo revolucionario". Y añadía esperanzado: "Que se
adentrara profundamente, en las grandes cuestiones del proletariado [...] por
encima de personalismos y sectarismos de grupo o partidos [...]". Nada de esto
aconteció.
Ante la realidad visible de una parálisis proletaria creada por la evidente
división camino del poder, Castro en persona se dirige al Congreso, donde
explica la necesidad de "defender la revolución", para lo cual se necesitan
"dirigentes verdaderamente revolucionarios" con un liderazgo que sea apoyado por
todos los delegados del Congreso y propone a David Salvador para el cargo. La
única facción que debe prevalecer es "el partido de la patria", según declara
Castro. Y efectivamente, como en los buenos tiempos de la República, que tanto
se quiere desechar y olvidar, el gobernante de turno propone al Secretario
General de la CTCR como un apéndice o un simple Ministerio del gobierno. El
Comité Ejecutivo está compuesto de delegados del M26J y del PCC. El día 25 se da
por terminado el Congreso y el líder comunista Lázaro Peña asume el control de
la dirección del organismo obrero, aunque la representación nominal la ostente
David Salvador.
Era lógico pensar que los representantes sindicales del M26J, que se habían
opuesto al control del Congreso y de la CTCR por el PCC, después de escuchar las
orientaciones de su "máximo líder", Fidel Castro, con respecto a la dirección
obrera, aceptaran sin replicar la imposición del gobierno por la sencilla razón
de que las órdenes que emanaban de arriba indicaban que o se cumplían o se iba a
parar a la cárcel. "¡Patria o muerte, venceremos!" Terminaba en este Congreso,
denominado "el de los melones (verde olivo por fuera -el color del M26J- y rojo
por dentro -el del PCC), cerrando casi un siglo de luchas sindicales y por las
cuales los obreros habían obtenido algunas ventajas sobre el abuso patronal.
Ahora todo esto cambiaba. El Estado se convertiría en pocos meses en el
verdadero y único patrón.
Poco conocida fue la visita que realizó el libertario alemán Agustín Souchy a La
Habana en el verano de 1960, y menos aún la publicación de un folleto titulado
Testimonios sobre la Revolución Cubana que narraba sus opiniones sobre el
campesinado y la nueva ley de Reforma Agraria con la que el gobierno castrista
pretendía asombrar a medio mundo, empezando por los cubanos. La figura de Souchy
era de sobra conocida en los medios libertarios cubanos, desde el año anterior,
y conociendo que dicho compañero pensaba viajar a Cuba, Solidaridad había
publicado un largo ensayo en varias de sus ediciones, titulado El socialismo
libertario, como una forma de aclarar conceptos sociales y como una oculta
esperanza de que esas ideas tomaran forma en una nueva sociedad que ya se
perfilaba.
Eran momentos difíciles, al igual que todo proceso revolucionario (como en una
guerra) en el que el pueblo se debatía entre el miedo, la incertidumbre y la
esperanza. Ya al comenzar el año se notaba la provocación de los medios
oficiales a través del órgano oficial del castrismo, Revolución, sobre los
anarquistas, con acusaciones tan veladas como falsas. Sin embargo, la visita de
Souchy, invitado por el gobierno para estudiar y dar a conocer su opinión sobre
el agro cubano, llenó de entusiasmo a muchos compañeros, y el escritor alemán
fue saludado con júbilo genuino por sus compañeros, en diferentes actos en su
honor y una cordial bienvenida por parte de los medios ácratas, el 15 de agosto
de 1960.
Como estudioso de los problemas del agro, Souchy había escrito un folleto muy
comentado en Europa titulado Las cooperativas de Israel, sobre la organización
en dicho país del Kibbutz, motivo por el cual el gobierno cubano esperaba algo
similar de Souchy para que avalara su gigantesco programa agrario y como
propaganda en los medios anarquistas internacionales. Este no fue el caso.
Souchy viajó por toda Cuba con los ojos y el corazón abiertos a todo lo que se
le mostraba y a lo que pudo por su cuenta observar. El resultado de su análisis
no pudo ser más pesimista. Cuba se acercaba demasiado al modelo soviético; la
falta de libertad y de iniciativa propia no podían conducir a otro lugar que al
centralismo en el sector agrario. Otro tanto se notaba ya en lo económico.
Souchy fue honesto en su inventario total y su folleto titulado Testimonios
sobre la Revolución Cubana fue publicado sin pasar por la censura oficial. Tres
días después de marcharse de Cuba, la edición total de dicho trabajo fue
intervenida por el gobierno castrista por sugerencias de la Dirección del PCC y
destruida en su totalidad. Por suerte para la Historia, la editorial Reconstruir
en Buenos Aires reprodujo completa la versión original de Souchy en diciembre de
ese mismo año, con un excelente prólogo de Jacobo Prince.
En el verano de 1960, convencidos de que Castro se inclinaba cada día más hacia
un gobierno totalitario de corte marxista- leninista, camino del cual se
asfixiaba poco a poco la libertad de expresión, comunicación, asociación y hasta
de movilización, la mayoría de los componentes de la ALC acordaron, con el
eufemismo de otras siglas, lanzar la Declaración de Principios, avalada como la
Agrupación Sindicalista Libertaria en junio de ese año y firmada por el Grupo de
Sindicalistas Libertarios. La idea de usar este otro nombre se debió a la
necesidad de "evitar represalias sobre los miembros de la ALC". El documento,
que es vital para entender la situación de los anarquistas cubanos en esa época,
tenía como objetivo, además de orientar al pueblo cubano, acusar al gobierno del
desastre que se avecinaba y establecer una polémica con los integrantes del PCC,
los cuales ya se encontraban en posiciones importantes dentro del gobierno.
La Declaración constaba de 8 puntos en los que atacaba al "Estado en todas sus
formas": definía, de acuerdo con las ideas, la función de sindicatos y
federaciones en su verdadera actividad económica; declaraba que "la tierra"
debía pertenecer "al que la trabaja", respaldando "el trabajo colectivo y
cooperativo" en contraste con el centralismo agrario propuesto en la Reforma
Agraria gubernamental; hacía énfasis en la educación colectiva y libre de la
niñez, lo mismo que la cultura; luchaba contra el nacionalismo, el militarismo y
el imperialismo, a los que consideraba nocivos, oponiéndose de plano a
militarizar al pueblo; atacaba sin temores el "centralismo burocrático" y rompía
lanzas en pro del "federalismo"; proponía como recurso inmediato la libertad
individual "en vías de lograr una libertad colectiva"; y finalmente declaraba
que la revolución cubana era como el mar, "de todos", y condenaba enérgicamente
"las tendencias autoritarias que bullen en el seno mismo de la revolución".
No cabía duda de que era uno de los primeros ataques directos que desde el punto
de vista ideológico se le hacían al régimen. La respuesta, sin embargo, no tardó
en llegar. En agosto, el órgano del PCC Hoy, con la firma del Secretario General
Blas Roca, el dirigente de más categoría dentro de los cuadros comunistas,
respondió a la declaración de los libertarios de forma violenta usando las
mismas falacias que en 1934, y agregando la peligrosa acusación de que sus
autores eran "agentes del Departamento de Estado Yanki". Según uno de los
autores de la Declaración, Abelardo Iglesias "[...] por fin el ex amigo de
Batista [...] Blas Roca, nos contestó en el suplemento dominical [...]
colmándonos en su respuesta de insultos e injurias". Era más interesante y
significativo que en un ataque al gobierno de Castro, fuera el dirigente de más
alto nivel del PCC el que saliera a responder por el régimen. En aquel verano de
1960 pronto se empezaron a aclarar las dudas.
Desde ese mismo instante, los anarquistas que eran enemigos del régimen tuvieron
que sumergirse en la clandestinidad. Se hace un intento por establecer una
polémica en relación a la respuesta de Roca, "pero" según Iglesias "no logramos
que nuestros impresores, ya aterrorizados por la dictadura, accediesen a
imprimirla. Tampoco nos fue posible la edición clandestina". Se trataba de un
folleto de 50 páginas donde se le daba la debida réplica al PCC y a Roca. Un mes
antes El Libertario dedicaba su número del 19 de julio, a celebrar "La heroica
actitud de los anarquistas en julio de 1936". Los componentes de la delegación
de la CNT en La Habana, entusiasmados por el triunfo revolucionario, se habían
propuesto derrocar a Franco de forma violenta. En ese mismo número, dedicado
enteramente a defender la actitud libertaria antes, durante y después de la
Guerra Civil española, en su última página y casi de forma patética, se hace un
recuento de las actividades de la ALC y "la lucha contra la dictadura de
Batista". El inventario es largo y le recuerda al gobierno el aporte de los
anarquistas cubanos a favor de la revolución y la libertad. Se recurría ya a los
últimos cartuchos ideológicos. El Libertario desaparecía en ese mismo verano.
Los elementos más aguerridos dentro del anarquismo cubano tienen pocas opciones
a su favor. Después de la Declaración ya saben que van a ser acosados por los
ciegos servidores del régimen, que convertidos en verdaderos sicofantes, se dan
a la tarea de delatar a cualquier cubano que no esté de acuerdo con el proceso.
Una acusación de "contrarrevolucionario" es un pasaje a la cárcel o un viaje al
paredón de fusilamiento. Las razones que adujeron los libertarios entonces para
oponerse al terrorismo de Estado de forma violenta, son tan válidas hoy como
ayer. El anarcosindicalismo dentro de los sindicatos y federaciones, como ya se
ha visto, pasó a mejor vida. No había espacio para ejercer la libertad de prensa
ni hacer propaganda a favor de las ideas. Atacar al régimen era un crimen de
lesa patria. La política económica del régimen conducía a la sovietización de
Cuba con todas sus consecuencias negativas. Se perseguía con un rigor no
conocido a todo aquél que propusiera otras ideas que no fueran las que emanaban
del Estado, domicilio y residencia, a donde habían ido a parar todas las grandes
propiedades, comercios, fincas, centrales azucareras, vegas de tabaco, en fin,
toda la riqueza del país, en manos hasta esos momentos de la alta burguesía, el
capitalismo nacional y la banca cubano-norteamericana.
Estas medidas de "nacionalización" o expropiación no fueron criticadas por los
libertarios. A lo que se oponían, según la mencionada Declaración, era a la
estatalización de todas las riquezas de Cuba en manos de Castro y el PCC. Había
entonces que tomar el duro camino de la clandestinidad o el exilio para empezar
a luchar de nuevo contra una nueva y poderosa dictadura, que como explicara
Casto Moscú "[...] nos convencimos de que todos los esfuerzos de nuestro pueblo
y los nuestros se habían perdido y que nos llegaba un proceso muy difícil y peor
que todos los males que habíamos combatido". Ante una situación de corte
totalitario, la gran mayoría de los anarquistas cubanos acordaron rebelarse e
iniciar una lucha que estaba condenada desde el primer día a ser un fracaso
rotundo.
Muchos de los anarquistas que habían luchado contra la dictadura de Batista,
desde las diferentes guerrillas en el Occidente, Centro y Oriente, del páis, no
vieron otro camino , ante la represión castrista, que regresar a las armas. .
Según relata Moscú, "se editaron infinidad de manifiestos denunciando la
falsedad de los postulados de la revolución castrista y convocando al pueblo a
la oposición. Se celebraban reuniones para debatir temas y hacer conciencia de
la desgraciada realidad que se confrontaba", y se "llevaron a efecto planes de
sabotaje sobre objetivos básicos de sostenimiento del Estado [...]"
Metidos ya de lleno en la lucha armada, según Moscú, "se participó en la
cooperación para sostener algunos focos guerrilleros existentes en diferentes
partes del territorio [...]". En particular, en dos guerrillas importantes en la
misma zona, donde se operaba con gran dificultad debido a que la Sierra
Occidental no era muy alta, la provincia estrecha y estaba muy cerca de La
Habana. "Existió un contacto más directo con la guerrilla del Capitán Pedro
Sánchez en San Cristóbal, pues compañeros nuestros participaron activamente en
esta guerrilla [...] se les suministró algunas armas. [...] Con la guerrilla que
comandaba Francisco Robaina (Machete) que operaba en la misma Cordillera, les
fuimos solidarios en todo lo que nos fue posible [...]". El compañero Augusto
Sánchez, combatiente en estas guerrillas, fue asesinado después de haber sido
hecho prisionero. Considerados como bandidos por el gobierno, en muy pocos casos
se les respetaba la vida a cualquiera que se rindiera.
Además de ser ultimado Augusto Sánchez, fueron asesinados los siguientes
"compañeros combatientes: Rolando Tamargo y Ventura Suárez, fusilados; Sebastián
Aguilar hijo, asesinado a balazos; Eusebio Otero apareció muerto en su
habitación; Raúl Negrín, acosado por la persecución, se suicidó dándose fuego".
Por otra parte, además de Moscú, fueron detenidos y condenados a penas de
prisión los siguientes compañeros: Modesto Piñeiro, Floreal Barrera, Suria
Linsuaín, Manuel González, José Aceña, Isidro Moscú, Norberto Torres, Sicinio
Torres, José Mandado Marcos, Plácido Méndez y Luis Linsuaín, oficiales estos dos
últimos del Ejército Rebelde. Francisco Aguirre murió en prisión; Victoriano
Hernández, enfermo y ciego por las torturas carcelarias, se suicidó; y José
Alvarez Micheltorena murió a las pocas semanas de salir de prisión.
. El Primero de Mayo de 1961 Castro declaró a su gobierno, socialista, en
realidad de corte estalinista, planteándoles a los libertarios, fuera y dentro
de Cuba un dilema de corte ético. El régimen exigía la adhesión más decidida de
sus simpatizantes y militantes. No existía el derecho a la abstención o a
cualquier posición neutral. Se dormía con los criminales o te mataba el
insomnio. La Tercera República presidida por un dictador en ciernes no ofrecía
otras alternativas que agruparse bajo su control o escoger entre tres opciones:
la cárcel, el paredón o el exilio. Pasados los primeros encuentros y
confrontaciones con los sectores más estalinistas del PCC, se entendía entre los
componentes de la ALC que el régimen, camino hacia el totalitarismo, no iba a
permitir la existencia de una organización anarquista o siquiera la prédica de
las ideas.
El movimiento anarquista cubano perseguido por las nuevas corporaciones
represivas de la dictadura de Castro se ve obligado a exilarse. No era la
primera vez que los anarquistas cubanos se refugiaban en este país. Ya desde el
siglo XIX, Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, habían sido los lugares escogidos por
estos perseguidos, donde tenían oportunidad de ganarse el sustento, además de la
cercanía necesaria para continuar la lucha. Durante las dictaduras de Machado y
Batista, el exilio había marchado a los mismos lugares; existían además
contactos históricos con otros grupos de anarquistas residentes en los EE.UU.
En el verano de 1961, en la ciudad de Nueva York, quedó constituido el
Movimiento Libertario Cubano en el exilio (MLC), por un grupo de anarquistas
cubanos exilados en esa ciudad. Por esas mismas fechas y con el mismo propósito,
se organizó en Florida otro grupo de anarquistas cubanos que fue conocido como
la Delegación General. La llamada Sección de Nueva York, casi todos
anarcosindicalistas procedentes del Sindicato Gastronómico, estableció los
primeros contactos con los anarquistas españoles radicados en Boston a través
del compañero Gómez, agrupados en el Club Aurora. También por aquellos años se
hizo contacto con otro grupo de compañeros españoles en Nueva York orientados
por J. González Malo, alrededor de un antiguo vocero ácrata, Cultura Proletaria,
con los cuales se inició una relación solidaria.
Pero, sin lugar a dudas, la cooperación y la solidaridad que principalmente
recibió el Movimiento Libertario Cubano procedía del grupo anarquista llamado
Libertarian League (Liga Libertaria), orientados por Sam Dolgoff y Russell
Blackweil. Este último combatiente en la Guerra Civil española y con un notable
reconocimiento dentro del anarquismo norteamericano, a pesar, o quizás por eso
mismo, de su procedencia trotskista. Sam Dolgoff, era en esos momentos una de
las figuras más respetadas en los medios ácratas de Norteamérica y poseía una
larga trayectoria revolucionaria, además de ejercer gran influencia dentro de la
llamada izquierda norteamericana. Siempre a su lado y a veces al frente, no
podemos olvidar a su compañera Esther Dolgoff, mujer dedicada desde su juventud
a la lucha social y a la libertad del proletariado en los EE.UU. En este grupo,
además colaboraba Abe Bluestein, otra figura que también se identificó con los
cubanos. Este sector anarquista había fundado en 1954 la citada Liga Libertaria,
y tenía como vocero un boletín llamado Views and Comments. Sin la colaboración
de todos los componentes de esta asociación anarquista, la labor de los
anarquistas cubanos hubiera sido mucho más difícil.
En agosto de 1960 se había publicado en Santiago de Chile un panfleto de 16
páginas firmado por la Federación Anarquista Internacional titulado Manifiesto
de los anarquistas de Chile sobre la Revolución Cubana ante los imperialismos
yanqui y ruso, donde denunciaba el castrismo por primera vez a nivel hemisférico
y que coincidía plenamente con el documento que se había originado en La Habana
publicado por los libertarios. Este trabajo, que es poco conocido debido a la
pobre distribución que tuvo y al sabotaje de que fue víctima por parte de los
marxistas chilenos, ya dejaba aclarada la posición de los anarquistas con
respecto al castrismo. El Manifiesto quedó enterrado en las sombras del
misterio.
Condenados a penas de 20 años se encontraban presos en las cárceles cubanas
Isidro Moscú y Plácido Méndez. Suria Linsuaín cumplía una condena menor, pero su
hermano Luis estaba condenado a muerte por tratar de ejecutar a Raúl Castro.
Mientras se ayuda a los primeros, el MLCE acordó movilizar la opinión anarquista
internacional para salvarle la vida a Luis, por todo lo cual se activó la
solidaridad internacional.
Por su parte, los miembros del MLCE en 1962, iniciaron su campaña
propagandística con la publicación de un Boletín de Información Libertaria
(BIL), recibiendo la solidaridad más desinteresada y espontánea a su causa por
parte de Views and Comments, en Nueva York, y el apoyo de la Federación
Libertaria Argentina por un acuerdo de su V Congreso celebrado en Buenos Aires,
con su órgano de información Acción Libertaria. Tanto los compañeros argentinos
como los norteamericanos respondieron desde el primer momento al reclamo de los
anarquistas cubanos exiliados y nunca les faltó a éstos durante todos los años
difíciles por venir ese apoyo solidario. Poco después mostrarían su solidaridad
l@s compañer@s de la CNT-FAI y un sin fin de federaciones, agrupaciones y
colectivos anarquistas alrededor del mundo.
Actualidad
Hoy, al igual que hace 40 años, el pueblo de Cuba, vive en carne propia la
amenaza intervensionista yanqui y, sufre el terror y el despotismo del
castro-fascismo, con la única diferencia que el sistema represor castrista ahora
es más sofisticado y es aún más opresivo. Las cárceles continúan llenas de
opositores pacífic@s y de jóvenes contestari@s que se rebelan contra la
imposición constante del totalitarismo y la falta de libertad. El paredón de
fusilamiento vuelve a ser la alternativa de los luchadores sociales o de l@s
desesperad@s que intentan huir del absolutismo.
Y todavía, de forma inexplicable, la "Revolución Cubana", que es como gustan
llamar a la dictadura castrista las "izquierdas", sigue teniendo ese hipócrita
"apoyo crítico". Vemos como amplios sectores de la "izquierda" se oponen a la
pena de muerte, al servicio militar, a la censura en los medios de comunicación,
a la fabricación de casos judiciales contra luchadores sociales bajo el
eufemismo de "terrorismo", como se oponen a las leyes mordazas que prohíben los
radios libres, como se oponen a la energía nuclear, como se enfrentan al
espionaje de los aparatos represivos de sus Estados y, sin embargo, todos esos
atropellos e infamias, las justifican y, hasta las apoyan y aplauden, en nombre
de un anti-imperialismo primario. El "apoyo crítico" ha sido y es una consigna
para el consumo exterior y nunca interior, y se basa principalmente en una forma
de pensar estrictamente totalitaria o maniqueísta: "con la revolución y contra
el imperialismo", aquell@s que no nos apoyen están a favor del imperialismo
yanqui y, por lo tanto, son considerados como reaccionarios. Este tipo de
pensamiento es el mismo, pero al revés, del que planteaban Hitler, Mussolini y
Franco.
Por supuesto, la propaganda castrista a nivel mundial ha repetido esta consigna
con todo el vigor de sus dólares y sus invitaciones gratis a vacacionar en Cuba,
y nunca han faltado amanuenses y escribas capaces de oscurecer la realidad
cubana con sermones y parábolas. Todo lo cual nos conduce por el camino de una
visión objetiva de la Cuba de hoy. Una isla arruinada moral, física y
económicamente donde sus habitantes desafían cualquier peligro para poder
escapar y donde irónicamente los funerales son gratis. Una larga satrapía oprime
a nuestro pueblo y cuando alguien denuncia el crimen, lo acusan de estar pagado
o al servicio del imperialismo. sin embargo, la realidad es evidente y la puede
comprobar cualquier viajer@ curios@ que no vaya a corear los cantos de sirena.
En el seno del "movimiento anarquista internacional", las posturas frente al
régimen de Castro, ya no son (al menos mayoritariamente) las mismas con que en
el pasado algunos sectores ácratas, silenciaron los crímenes de Castro contra
nuestr@s compañer@s por el contrario, hoy se escucha a viva voz la repulsa de
nuestr@s compañer@s anarquistas, en cualquier confín del mundo, contra la
dictadura castrista. Y vemos como los defensores a ultranza de la dictadura
castrista, cada vez son menos en el movimiento real de l@s explotad@s, menos en
los núcleos de resistencia al Capital, menos en las barricadas de la
confrontación directa, menos entre l@s hombres y mujeres que luchan de manera
horizontal y autónoma por la autogestión de las fábricas, de las comunidades
originarias, de las universidades, de los barrios, de nuestras vidas. Por el
contrario, los defensores del régimen de Castro, l@s encontramos en las filas
del reformismo, en las filas de la socialdemocracia, entre los partidari@s del
voto de "izquierda", en la militancia del PT de Lula, entre l@s simpatizantes
de Krishner, en la burocracia bolivariana de Hugo Chavez, entre los ideólogos de
la democracia-cristiana, entre un sin fin de organizaciones burocráticas de
izquierda que van desde sindicatos parásitos y organizaciones clientelares,
hasta federaciones de estudiantes fósiles y frentes populares de siglas. Además,
de encontrarse en los grupos capitalistas europeos y latinoaméricanos que hoy
invierten en la Isla y nos preparan un capitalismo con rostro "humano", mientras
frenan las luchas autogestionarias a lo largo y ancho del continente y del
planeta. Hoy el régimen de Cuba, con todo y sus cacareados avances, no es el
ejemplo ni el camino a seguir ni para sus propios defensores.
.
La Cuba de hoy es una finca inmensa en manos de un mayoral cruel y sanguinario
que no vacila en escalar la represión con tal de poder seguir mandando. Cuba
carece de cualquier tipo de libertad ya individual ya colectiva. Después del
desplome del "ancien regime" soviético, la crisis económica es de proporciones
catastróficas y de la frugalidad alimenticia se pasa diariamente a la necesidad
mas paupérrima. La clase obrera ha perdido todos sus derechos y todos los
sindicatos son organismos estatales, la protesta es un delito y la huelga es un
crimen. Todo esto podrá parecer exagerado y en realidad lo es pero es la
realidad que se vive en la Isla. Invitamos a cualquier compañer@ que quiera
comprobar estos hechos a que visite Cuba, alejado de los tours "revolucionarios"
y los cantos de sirenas.

El ultimo reducto del castrismo es una maquinaria propagandística eficiente e
imaginativa. En 1992, la vimos funcionando a raíz del viaje de Castro a la
península ibérica, para celebrar con el resto de los corruptos gobernantes el V
Centenario del genocidio, justificando con su presencia 500 años de ignominias
en este continente por parte de la "madre patria" y otras no menos crueles
madrastras. En esa oportunidad pudimos comprobar hasta que punto funciona la
hipocresía de las "izquierdas" cuando al tener que repudiar a todos los
gobiernos que se prestaron a esa "celebración", pasaron por alto o silenciaron
la aportación castrista al evento. Recientemente, se volvió a hacer presente
esta usual hipocresía de las izquierdas, con la visita de Castro a la Argentina,
para la toma de posesión de Nestor Kirchner, en abierta promoción del MERCOSUR,
como el rostro humano del capitalismo de mercado.

En los últimos años, el desempleo aumenta de forma geométrica, el sistema
gratuito de salud pública carece de tecnología moderna y la escasez de medicina
es alarmante, y en cuanto a la educación, que va acompañada de una complicidad
con el sistema y un trabajo agrícola "voluntario", carece de cualquier tipo de
crítica y humanismo. Los estudiantes no pueden pensar en libertad ni discutir,
escoger o criticar el sistema educativo.


(Fragmentos extraídos de El Anarquismo en Cuba del compañero Frank Fernádez.)




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Jue, 9 de Oct, 2003 9:45 pm

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¿Quiénes Somos? El Movimiento Libertario Cubano, intenta articular e incrementar el activismo revolucionario antiautoritario en Cuba, de manera particular y...
Omar Comas
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9 de Oct, 2003
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