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MASONERIA Y OPUS DEI ,LA REACCIONARIA SECTA CATOLICA   Lista de mensajes  
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MASONERÍA Y OPUS DEI
Charla leída por el Ven:. H:: Jorge Eliécer Salazar Avenia en la Ten:. Ord:.
y de calendario de la Resp:: Log:: Unión No. 9, Jurisdiccionada a la
Serenísima Gran Logia Nacional de Colombia con Sede en Cartagena el día 1 de
agosto de 1999 ).
REFERENCIA HISTÓRICA




El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer en Madrid el 2 de
octubre de 1928, aunque en ese momento solo se llamó la "Obra". Su pretensión de
denominarla "La Obra de Dios " - Opus Dei - sólo se concretó el 14 de febrero de
1930, cuando dijo que recibió directamente el mensaje desde la divinidad.
En sus inicios el Opus Dei dirigió sus trabajos a los enfermos de los hospitales
y los pobres, y fue rápidamente extendiéndose a distintas actividades sociales y
económicas. Igualmente en 1930, Escrivá acepta que el Opus Dei está dirigido
también a la mujer y dentro de su membrecía se abre una categoría especial para
las mujeres aunque básicamente está conformada, por varones, en la medida en que
su cúpula de poder y mando está formada por religiosos y clérigos.
Desde 1933 incursionó en la educación y a través de la Academia DYA comenzó su
trabajo en este campo en Madrid. Como lo dicen sus propios reglamentos, la
misión de la Academia, es la de dar formación religiosa y enseñar el mensaje del
Opus Dei entre la juventud. Este fin esencial en la educación que se imparte
bajo los dictados de la Obra se ha mantenido y reafirmado desde entonces.
Durante la guerra civil española el Opus Dei fue una avanzada y activísimo grupo
combatiente contra la República Española y a favor del generalísimo Francisco
Franco. Esta colaboración prestada por el Opus Dei al dictador Español fue
tenida en cuenta y compensada posteriormente durante el largo período de
gobierno de la dictadura.
A comienzos de 1940 oficialmente la iglesia católica concedió aprobación al Opus
Dei, a través del Obispado de Madrid. Y en el 1943 a través de la Sociedad
Sacerdotal de la Santa Cruz, se le autorizó para ordenar sus propios sacerdotes,
convirtiéndose así en un tiempo relativamente corto en una poderosa congregación
con capacidad para darse sus propios dirigentes. Los años finales del decenio de
1940 encuentran radicado en Roma a Escrivá de Balaguer, en donde mediante una
intensa actividad de lo que hoy llamamos lobby, consiguió que el Vaticano diera
la primera aprobación pontificia del Opus Dei y lo constituyera en Instituto
Secular.
En 1950 Pio XII promulgó la aprobación definitiva de la Obra. El Decreto
aprobatorio permitió la aceptación en el Opus Dei de personas casadas y la
asimilación de sacerdotes de otras congregaciones católicas.
En tan sólo 20 años el Opus Dei recorrió un camino que costó años y en
ocasiones siglos a otras congregaciones católicas.
A Finales de los años 50 se inicia la expansión continental a la América hispana
del Opus Dei. Perú, México, Venezuela, Guatemala, Chile, Argentina, Colombia,
Ecuador, Uruguay, Brasil, Paraguay, Bolivia, Puerto Rico, Honduras, Trinidad
Tobago, República Dominicana y Nicaragua, así como también Canadá y Estados
Unidos, y en fin, todos los países centro y sur americanos entrar a formar parte
de los objetivos de la obra de Escrivá de Balaguer. El mismo, o las más altas
autoridades de la congregación visitan los países, promueven la fundación de
colegios y la instalación de capítulos, no sólo en España y Portugal, sino
también en América Latina. Cuando Escrivá de Balaguer fallece, el 26 de junio de
1.975, el Opus Dei es ya un poderoso brazo de la Iglesia instalada en el poder o
muy cerca de él en los países Hispano Americanos.
Toda la influencia y el poder de la Iglesia Católica se ha puesto a las órdenes
y al servicio del Opus Dei desde su fundación. ¿Qué razones ha habido para ello
?. Para contestar este interrogante debemos analizar las condiciones y el
momento histórico en que es fundado y mirar, así sea a vuelo de pájaro, las
relaciones entre la Iglesia Católica y la Masonería antes de la creación del
Opus Dei y después de ella.


MASONERÍA E IGLESIA CATÓLICA


A pesar de que las relaciones entre la Orden Masónica y la Iglesia Católica han
sido siempre difíciles y cargadas de problemas, no obstante, podemos establecer
tres momentos en ellas: dos períodos puntuales de tensión y enfrentamiento, el
primero, se dio en el siglo XVIII y el segundo, en el siglo XIX, y un tercer
período de serenidad y acercamiento, especialmente de la Masonería a la Iglesia
Católica, que ha sido perpetuado por algunos sectores fundamentalistas en
materia religiosa y de derecha en orientación política.
Rápidamente miremos cada uno de ellos. El Siglo XVIII, ve nacer formalmente la
Masonería con las constituciones de 1722 de los pastores Anderson y Desaguliers
y es una centuria llena de zozobra y persecuciones contra la Orden Masónica.
Realmente, fueron escasos los Gobiernos y los Estados que no prohibieran la
Masonería y las reuniones de Masones. En realidad la Corte de Roma o la Santa
Sede no fueron los primeros ni los únicos en condenar y prohibir la Masonería.
En 1735 lo hicieron los Estados Generales de Holanda; en 1736, el Consejo de la
República y Cantón de Ginebra; en 1737 son la Francia de Luis XV y el Príncipe
Elector de Manheim en el Palatinado, Hamburgo y Federico I de Suecia en 1738;
María Teresa de Austria lo hará en 1743; en Aviñon. París y Ginebra en 1744; en
1745 el Cantón de Berna, el Consistorio de Hannover y de Nuevo París, incluso el
Gran Sultán de Constantinopla lo hará en 1748; Carlos VII de Nápoles (futuro
Carlos II de España), y su hermano Fernando VI de
España en 1741; en 1763 los Magistrados de Danzintg; en 1770 el Gobernador de
la Isla de Madeira y los gobiernos de Berna y Ginebra; en 1784 el Príncipe de
Mónaco y el Elector de Baviera Carlos Teodoro; en 1785 , el Duque de Baden y el
Emperador de Austria José II; en 1794 el Emperador de Alemania Francisco II, el
Rey de Cerdeña Víctor Amadeo, y el Emperador Ruso Pablo I; en 1798 se suma a los
perseguidores Guillermo II de Prusia, éstos solo, para citar los más conocidos.
No hubo entonces suelo europeo, donde no se persiguiera a la Masonería.
Sin embargo, no pueden considerarse todas estas persecuciones como hechos
aislados atribuibles exclusivamente a cada Estado, gobernante o autoridad. Ellas
tienen un hilo conductor que habrá de mostrarse con las prohibiciones y condenas
de los Papas Clemente XII en 1738 y Benedicto XIV en 1751, así como en el
Decreto del Cardenal Firrao para los Estados Pontificios en 1739.
En ese momento los cargos que se le hacen a la Orden Masónica se refieren al
Secreto riguroso con que los Masones se protegían y al juramento que ellos
hacían. Cargos que permitieron aplicarles el derecho, heredado del Imperio
Romano, que consideraba como ilícita, subversiva y un peligro para la
tranquilidad de la religión oficial, el buen orden y la tranquilidad de los
Estados, a toda asociación o grupo autorizado por el Gobierno.
A estos motivos que podrían llamarse de Estado, que tuvo la Roma Antigua para
perseguir a los primeros cristianos, los Papas Clemente XII y Benedicto XIV
agregaron el considerar a los Masones y a sus reuniones como sospechosos de
"herejía", y argumentaron a favor de este criterio el hecho de que los Masones
admitían en sus reuniones a todo tipo de individuos, fueran católicos o no
católicos, y sancionaron con pena de excomunión a los Masones.
Esta drástica medida para combatir la Masonería está claramente establecida en
el Edicto del Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Firrao, promulgado
el 14 de enero de 1739, en el que se dice " que las reuniones Masónicas eran no
sólo sospechosas de herejía, sino, sobre todo, peligrosas a la pública
tranquilidad y a la seguridad del Estado Eclesiástico, ya que de no tener
materias contrarias a la fe ortodoxa y al Estado y tranquilidad de la República,
no usarían tantos vínculos secretos ". Una consecuencia inmediata y directa de
esta edicto fue la pena de muerte, confiscación de bienes y demolición de las
viviendas de los Masones.
Además, se dio también como resultado del mencionado edicto, la creación del
llamado delito de Masonería, pues en las naciones con gobiernos confesionales,
los Masones fueron perseguidos no por serlo, sino por ofensa a la religión
católica, puesto que estaban excomulgados, fundamentándose el delito de
Masonería en la lesión del Orden religioso católico, y desde el momento que éste
se tenía como base de la Constitución de los Estados católicos, el delito
eclesiástico automáticamente pasaba a concebirse y castigarse como delito
político.
Lo anterior explica por qué en ningún documento del Siglo XVII, incluidas las
bulas de Clemente XII y Benedicto XIV, se prohibe la Masonería en cuanto a
Institución, sino " las reuniones de Masones ", las cuales se señalan con
nombres disímiles en la bula In Eminenti del Papa Clemente XII, como son
Asambleas, Conventículos, Juntas, Agregaciones, Círculos, Reuniones, Sociedades,
etc.
El segundo momento de las relaciones entre la Masonería y la Iglesia Católica se
va a dar en el siglo XIX. Viene marcado este período por la aparición de las
sociedades Americana, primero, y luego de la Revolución Francesa en los
soberanos absolutistas de la Europa del congreso de Viena que no se resignaban a
perder su poder. Situación ésta que va a merecer especial preocupación por parte
de Roma.
Sabido es, que ambas revoluciones van a contar entre sus líderes y víctimas a
muchos Masones e incluso sacerdotes católicos, que se supo, en ese momento,
pertenecían a la Masonería, como es el caso del cura católico Gallot, que fue
más tarde elevado a la condición de beato por la Iglesia Católica . Este papel
preponderante de la Masonería en ese momento histórico creó dos situaciones
diferentes. Por un lado, en los países anglosajones, como Estados Unidos, Gran
Bretaña y países Nórdicos, la Masonería adquirió prestigio social y tuvo
presencia política, inclusive con figuras del clero no católico. Es así como los
Reyes de Inglaterra y Suecia pertenecían a la Masonería en sus respectivos
países y gran parte de los presidentes de Estados Unidos militaban en sus filas.
En cambio, en los países católicos los ideales de la Masonería, confundidos e
identificados en gran medida con los del liberalismo, suscitaron por parte de la
Iglesia católica y de los gobiernos absolutistas de la época, una dura reacción
contra la Masonería, originada en la conocida unión del Trono y el altar en
defensa de sus respectivos poderes. Esta imagen de la Masonería Latina Europea
fue la que atrajo a los líderes de la revolución Hispanoamericana, Bolívar,
Miranda, San Martín, Santander, etc.
De manera que en los primeros años del siglo XIX el enfrentamiento Masonería -
Iglesia católica va a darse dentro de los marcos de interpretación de las
revoluciones americana y francesa y de las consecuencias surgidas alrededor del
denominado mito del complot Masónico - revolucionario, difundido por el abate
Barruel. Este famoso mito atribuyó a la Masonería, la creación de grupos de
subversión, levantados en armas contra los gobiernos de los Estados, y que
hostilizaban en la lucha armada a la Iglesia Católica, como la renombrada
Carbonería Italiana. La profusión de estas sociedades secretas las atribuyó la
Iglesia a los Masones, evitando así que la Masonería Latina Europea pudiera, al
igual que la anglosajona, evolucionar rápidamente en su crecimiento y
desarrollo.
El Vaticano no desaprovechó la oportunidad para mantener la prohibición y la
condena contra los Masones y sus reuniones, llegándose inclusive a considerar a
la Masonería como una "Sociedad clandestina cuyo fin era conspirar en detrimento
de la iglesia y de los poderes del Estado". En este sentido, se pronuncian la
constitución Ecclesian Christi de 1821, promulgada por el Papa Pío VII y la
Humanum Genus de 1884, dada por León XIII. Pío IX y León XIII en el ánimo de
mantener la confrontación con la Masonería, se refirieron a ella en sus
documentos y alocuciones, en más de 2000 ocasiones.
En este período crítico de las relaciones entre ambas Instituciones, la Iglesia
llegó inclusive a afirmar que la Masonería atacaba "los derechos del poder
sagrado y de la autoridad civil", que "conspiraba contra la Iglesia y el poder
civil", que "atacaba a la iglesia y los poderes legítimos".
En Humanum Genus, León XIII afirma que el último y principal de los intentos de
la Masonería "era el destruir hasta sus fundamentos todo el orden religioso y
civil establecido por el cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con
fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo". Afirma también que
"la secta Masónica tiene empeño en llevar a cabo las teorías de los naturistas"
y que "mucho tiempo ha, que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda
injerencia del magisterio y autoridad de la Iglesia y a este fin pregona y
contiende deberse separar la Iglesia y el Estado, excluyendo así de las leyes y
la administración de la cosa pública el muy saludable influjo de la religión
católica".
Este enfrentamiento originó que en el Congreso Internacional de Trento , se le
diera a la Masonería un trato que llevó a la Orden Masónica de los países
latinos a pregonar y practicar un exacerbado anticlericalismo y laicismo.
El resultado final, ya en los albores el siglo XX, es que el Código de Derecho
Canónico promulgado el 27 de mayo de 1917, después de la muerte de León XIII,
recogió la doctrina jurídica de la iglesia sobre la Masonería, especialmente las
de Pío IX y León XIII. Es así como en el canon 2335 se confirman las
disposiciones pontificias del siglo XIX, precisando la sanción al establecer que
"los que dan su nombre a la secta Masónica o a otras asociaciones del mismo
género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potencias civiles legítimas,
incurren ipso facto en excomunión simplemente reservaba a la Sede Apostólica".
Es precisamente en este período lleno de agrios y duros enfrentamientos entre la
Masonería y la Iglesia Católica,cuando en 1928, Josemaría Escrivá de Balaguer
funda el Opus Dei. Desde su creación la nueva congregación aglutinó a los
miembros más ortodoxos y fundamentalistas del clero católico, quienes comenzaron
su trabajo misional con esos sectores de la feligresía.
En realidad de verdad, La Obra debió ser un propósito que tal vez se anidó en el
ánimo de Escrivá desde mucho antes de 1909 y cuyos orígenes pueden rastrearse en
el primer decenio del siglo, alrededor del periódico El Debate perteneciente a
la escuela del Real Patronato de Santa Isabel, en donde él ejercía como profesor
de Filosofía y de Deontología; o en sus relaciones estrechas con la Asociación
Católica Nacional de Propagandistas, la cual desde El Debate impulsaba de manera
dogmática su creencia religiosa. Esta Asociación de propagandistas fundada en
1909 por el sacerdote jesuita Ayala, tenía como fin "formar unas minorías
escogidas, compuestas de hombres ' apostólicos ' pertenecientes a las más
variadas profesiones sin que tuviesen necesidad de hacer un voto especial de
carácter religioso"; o en sus cercanas relaciones con Gil Robles fundador de la
"Confederación Española de los Derechos Autónomos" partido político de carácter
religioso.
Todas estas relaciones y amistades con el más crudo sectarismo religioso español
y la violenta derecha hispana, fueron caldo de cultivo del Opus Dei. Si a esto
agregamos el momento histórico en que se da - al que nos hemos referido antes,
es posible entender que el Opus Dei fuera desde sus inicios un ariete que golpeó
de manera sistemática a la Masonería y a los Masones. Situación que habrá de
verse de manera muy especial y concreta en España, en donde la Masonería fue
soporte activo y combatiente a favor de la República, mientras que la gran
mayoría de la Iglesia Católica, especialmente sus más altas jerarquías, lucharon
a favor de las fuerzas de Franco.
Este carácter antimasónico del Opus Dei, enraizado en su mismo nacimiento, va a
generar otra de las características, ésta coincidente con la Masonería, y fue la
de utilizar algunos de los principios filosóficos esenciales de nuestra Augusta
Institución en su ideario religioso, además de que sus miembros se someten a un
rito de iniciación secreto, pero marcando su trabajo social, en salud y
educación, con postulados muy diferentes a los de la Masonería. Es decir, de
alguna manera Josemaría Escrivá, buscó formar una Masonería para los sectores
más recalcitrantes y dogmáticos de la Iglesia Católica.
Esta actitud del fundador del Opus Dei, pretendió atraer también hacia La Obra y
alejar de la Masonería a los sectores más tolerantes del clero católico y de su
feligresía creyente. Este aspecto del Opus Dei, necesariamente tenía que
producir, recrudecer y mantener las diferencias con la Orden, especialmente en
España, México y Brasil.
Creado ya el Opus Dei, se va a presentar el tercer período, cuyo punto de
referencia más importante es la creación del Concilio Vaticano II (1961 - 1965),
en cuyas conferencias habrá de darse una tendencia mayoritaria de aproximación
entre la Masonería y la Iglesia Católica. En este sentido, los Obispos de
México, monseñor Sergio Méndez Arceo y de Brasil, el sacerdote jesuita Riquet,
junto con la mayor parte de la Iglesia francesa, holandesa y escandinava,
lideraron este acercamiento.
Uno de los más interesados en que este acercamiento cristalizara, fue el buen
Papa Juan XXIII, quien en 1963 hizo pública la siguiente Oración :
"Señor y Gran Arquitecto :
"Nosotros nos humillamos a tus pies e invocamos tu perdón, por la herejía en el
curso de desconocer en nuestros hermanos Masones, como tus seguidores
predilectos.
"Luchamos siempre contra el libre pensamiento, porque no habíamos comprendido
que el primer deber de una religión, como afirmó El Concilio, consiste en
reconocer hasta el derecho de no creer en Dios.
"Habíamos perseguido a aquéllos que dentro de la propia iglesia habíanse
distanciado inscribiéndose en las Logias, despreciando todas las injurias y
amenazas.
"Habíamos irreflexivamente acreditado que una señal de la Cruz pudiese ser
superior a tres puntos formando una Pirámide.
"Por todos esto nos arrepentimos Señor y con tu perdón, te rogamos, nos hagas
sentir que un Compás sobre un nuevo altar, puede significar tanto como nuestros
viejos Crucifijos. Amén".
En el año de 1974 el Cardenal Seper, prefecto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe, admitió públicamente la existencia de Masonerías sin ánimo de
enfrentamiento religioso con la Iglesia Católica y reconocía por primera vez
desde 1738 que la excomunión lanzada hacía dos siglos, era entendible en medio
de los problemas políticos y de luchas religiosas ya superados. Producto de esta
nueva situación, la Iglesia Católica promulgó el 8 de enero de 1983 un nuevo
Código de Derecho Canónico, en el cual el antiguo y drástico canon 2335, al que
ya hice referencia antes, fue sustituido por el canon 1374, en el cual ya no hay
una referencia concreta a la Masonería ni a la excomunión y cuyo tenor literal
es el siguiente: "aquellos que dan sus nombres a asociaciones que maquinan
contra la Iglesia, serán castigados con un pena justa; aquéllos que las
promuevan o dirijan serán castigados con la pena de entredicho".
Este canon resistió todas las presiones de los sectores más ortodoxos de la
Iglesia, entre los cuales destacó por su activísima participación para evitar
que se promulgara, el Opus Dei. No obstante, el Cardenal Ratzinger, actual
prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cercano al Opus Dei y su
gran defensor en las antesalas del Vaticano, expidió un Declaración sobre las
Asociaciones Masónicas el 27 de noviembre de 1983, en la cual insiste en la
condena y el rechazo a la Masonería y prohibe a las autoridades eclesiásticas
locales, pronunciarse sobre esta Asociación ya que se le considera inconciliable
con la doctrina de la Iglesia. Posteriormente el 23 de febrero de 1985, ante el
poco acatamiento que había tenido dicha Declaración, el Obsservatore Romano,
órgano oficial del Vaticano, publicó un artículo sin firma denominado
"Reflexiones a un Año de la Declaración de la Congregación para la Doctrina de
la Fe. Inconciabilidad entre la Fe Cristiana y la Masonería". Esta
nota es la vuelta a los tiempos inquisitoriales de la Iglesia, respecto de la
Orden Masónica.


MASONERÍA, OPUS DEI Y PODER


A pesar de ser la Masonería organización apolítica, uno de los cargos que le
hicieron los gobiernos absolutistas y el Vaticano fue el de ser una asociación
que perseguía el poder para derrocar los gobiernos imperantes, con el fin de
instaurar sus propios postulados y doctrinas, extraídos del más furioso
anticlericalismo y laicismo y de las enseñanzas del naturalismo, en el decir de
ellos.
La caída del absolutismo no quiso ser comprendida como una reacción de la
sociedad en general, como en efecto lo fue, sino que en sectores interesados, la
participación de los Masones en los hechos revolucionarios de 1779 y 1781 en
América y Francia, fue una confirmación de las actitudes subversivas de la
Masonería.
En los siglos XIX y XX se da el apogeo de los gobiernos laicos como consecuencia
de la separación de la Iglesia y el Estado. Este hecho significó la pérdida de
una gran parte del poder terrenal que la Iglesia Católica ejercía en Europa y
América Latina.
Retomar ese poder perdido ha sido uno de los fines del Opus Dei. Para
conseguirlo, ha trabajado durante más de setenta años, tanto dentro de la
organización de la propia Iglesia como de los gobiernos de España, Portugal e
Hispanoamérica. En este tiempo, brevísimo en comparación con los tres milenios
que ajusta la Iglesia de Roma, su diplomacia se ha adjudicado destacadísimos
logros en uno y otro campo. Se ha convertido en la más importante fuerza
dominante dentro de la curia Romana, contando inclusive con el decidido apoyo de
Juan Pablo II, aunque ello le ha granjeado no pocas resistencias y oposiciones
de otros sectores de la Iglesia igualmente poderosos, que se han visto
desplazados por la Obra. Según el Annuario Pontificio cuenta con 80000 miembros
en 80 países de todo el mundo, de los cuales 2000 son sacerdotes. Es la única
diócesis flotante, como prefectura personal, que existe y por lo tanto no está
sometida a ninguna autoridad eclesiástica local y está gobernada por un prelado
general que solo rinde informes al Papa cada cinco años. Esta situación ha
llevado a que grupos de la Curia Romana digan que el Opus Dei pretende ser una
Iglesia dentro de la Iglesia.
De otro lado, el hecho de trabajar en todo el mundo con los jóvenes, le permite
estar en contacto con lo más granado de la inteligencia y del poder económico de
los países. De esta manera, ha conseguido en las naciones hispanoamericanas,
colocarse muy cerca del poder político, cuando no dentro de él. Así ha orientado
muchas de las políticas de gobierno en España, Colombia, Perú y otros países
centro y sur americanos.
Superado el problema eminentemente religioso, que para la Masonería no existe,
se quiere presentar la lucha por el poder como otro factor que no permite la
conciliación de las dos Instituciones. Debido a que el Opus Dei busca ser pilar
ideológico y doctrinario, desde una visión teocrática de los gobiernos, rechaza
por peligrosa la apoliticidad propia de la Masonería.


CONCLUSIONES
Podemos concluir esta breve charla afirmando que :
El Opus Dei es una congregación de carácter religioso, con características de
secta, y, por ende, dogmática, al servicio del fundamentalismo y la ortodoxia de
la Iglesia Católica. La Masonería, por el contrario, es una filosofía, carente
de etiquetas religiosas, filantrópica, ética y apolítica.
El Opus Dei es una Institución Religiosa Católica, con la cual tal vez la Curia
romana está experimentando la posibilidad de recuperar para la religión el poder
político en los Estados.
Aunque el Opus Dei sea una organización que tiene iniciados y ritos iniciáticos
para sus miembros, que comparte con la religión católica los llamados misterios
de la Iglesia, no es en realidad una Masonería, pues se aparta de muchos de los
principios fundamentales de esta Institución.
El Opus Dei busca a través de la práctica religiosa, el poder terrenal para la
Iglesia Católica. Lo cual significaría un retroceso histórico al volver a
confundir el Trono y el Altar bajo una misma fe o credo. La Masonería respeta
toda creencia o práctica política que funcione lícitamente dentro de los
Estados, si bien procura que los afiliados suyos que ejerzan poder político, lo
hagan con observancia de su enseñanza ética, moral y filosófica.
Si bien el acercamiento entre Masonería y Opus Dei es posible, dentro de los
postulados de tolerancia y respeto, esa sola circunstancia no borrará las
discrepancias y diferencias entre las dos Instituciones.

BIBLIOGRAFÍA
BUNSON, Matthew E: "La Sabiduría del Papa" - palabras de esperanza e inspiración
de Juan Pablo II - Editorial EDAF. Madrid, 1996.
DE KEMPIS, Tomas: "Imitación de Cristo". Editorial Tor, buenos Aires.
Enciclopedia Británica Online: "Opus Dei". En :
http:/ / members.eb.com/bol/topic?eu=58673&sctn=1.
FERRER BENIMELI, José Antonio: "Cursos de Verano en el Escorial" - Masonería y
Religión: convergencias, oposición, ¿incompatibilidad?, Primera Edición.
Editorial Complutense. España, 1996.
GUERRY, Emile, Monseñor: "La Doctrina social de la Iglesia", Segunda Edición.
Ediciones Rialp S.A. Madrid, 1961.
Historia del Opus Dei. Publicada pro la Oficina de Información del Opus Dei en
España, 1998.
LE VAILLANT, Yvon: "La Santa Mafia". Editores asociados, S. De R. L. México,
1971.
MONCADA, Alberto: "Historia Oral del Opus Dei". Editorial Plaza & Janés, 1987.
VACA DE OSMA, José Antonio: "La Masonería y el Poder". Editorial Planeta.
Barcelona España, 1992



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