Antimperialismo y dictadura (o café y anarquía)
Respuesta a Pablo Moras:
x Canek Sánchez Guevara
El imperialismo es una práctica de la cual nuestra historia está llena, tú
bien lo sabes; en consecuencia, luchas antimperialistas ha habido siempre. Pero
antimperialistas han sido también, a lo largo y ancho del mundo, las burguesías
nacionales, que prefieren explotar por sí mismas a sus clases trabajadoras y no
que las explote una “potencia extranjera”. El antimperialismo ha servido también
para justificar actitudes nuevamente imperialistas (el ejemplo más claro es el
de Hitler, si no simplificamos la historia); y el antimperialismo de Fidel
Castro, por ejemplo, no le impidió mandar tropas cubanas (es decir, al ejército
oficial) a Angola y Etiopía. Tienes razón también cuando afirmas que los
anarquistas debemos involucrarnos en toda lucha que valga la pena, conduzca o no
de manera directa a la tan ansiada transformación radical del estado de las
cosas y los individuos; en eso estamos de acuerdo. También estamos de acuerdo en
que la de clases no es la única lucha que se sostiene
(de hecho actualmente se sostienen más ese otro tipo de luchas que la de clases
misma), pero también estamos de acuerdo en que el antimperialismo no es un fin
en sí mismo (tú lo has dicho: “el antimperialismo... por sí sólo no amenaza la
perpetuación del capitalismo”). Puesto que el antimperialismo no es el eje
central de nuestra lucha sino una de sus tantas partes, no podemos utilizar el
antimperialismo como rasero para medir la justeza de un régimen (¡mucho menos de
un régimen!). Podemos y debemos simpatizar y colaborar con organizaciones que lo
sean, pero no podemos justificar una dictadura por el simple hecho de que ésta
se nombre antimperialista. No sólo no es ético, además es mezquino. Sí, hay algo
muy mezquino en esa justificación de los ideales “revolucionarios” por encima de
la realidad del pueblo. Realidad en la que la explotación no se ejerce en nombre
del Capital, sino del “socialismo” —el ideal de libertad vuelto justificante de
la opresión... cosas de la dialéctica.
Como cubano me halaga mucho esa imagen que tienes de nosotros en
tanto pueblo culto, educado y saludable; desgraciadamente los servicios de
salud, educación y cultura resienten también los efectos de la crisis del
régimen cubano. Porque en la actualidad es eso: un régimen de crisis, en el que
se agotaron hace mucho ideales y proyectos y ahora vive al día remendando con
esparadrapo las grietas de su propia ineficacia. Cuba es una crisis en sí misma.
De aquellos grandes servicios de salud, educación, cultura y deporte que algún
día fueron su orgullo hoy sólo queda una ruina más o menos disfuncional. Repito,
desgraciadamente. Por lo demás me parece de lo más falaz la comparación que
haces entre la dictadura cubana y la chilena y la argentina. Desde sus mismos
ideales son diferentes, así como diferentes fueron sus métodos de represión y
control (como son diferentes también en las democracias burguesas o en las
dictaduras islámicas). En Cuba lo que predominó fue el control
absoluto sobre los individuos. Un control total puesto que el Estado controlaba
todas y cada una de las actividades de la vida colectiva e individual. Además
del control total de la educación y la cultura, y de los medios de comunicación
impresos y electrónicos, además de los aparatos profesionales de represión (las
diversas policías, el ejército, las milicias y demás)estaban las organizaciones
“ciudadanas” de vigilancia y control. Tal estructura dota a estos individuos
carentes de escrúpulos (una persona escrupulosa no se presta voluntariamente a
ser policía) de un cierto podercito minúsculo en lo más bajo de esa verticalidad
absoluta y que a la vez, puede ejercer con total arbitrariedad: sí, los peores
chivatos siempre fueron los del vecindario. Todo esto fue tan efectivo que
durante años resultó muy difícil para los cubanos entablar una conversación
política ya no digamos crítica, sino poco complaciente con respecto al régimen.
A eso se le llama miedo. El régimen de Fidel Castro
instaló el miedo a la palabra en todos los cubanos —nos contagió su propio
miedo. No es una herramienta de control desconocida para nadie. Todo gobierno la
utiliza con mayor o menor eficacia; la diferencia, insisto, es que en Cuba Fidel
(el Estado) lo controlaba todo. Por supuesto que allá todo el mundo habla mierda
de Fidel, pero eso es una cosa, conspirar es otra. Sí, porque cualquier intento
de asociación se juzga inmediatamente como conspiración y esto, comprenderás, ya
es un asunto mayor. El miedo ha sido efectivo en Cuba, no podemos negarlo, pues
aunque el fusilamiento y la prisión eran los métodos extremos contra el
disidente había también otro no menos cruel: el ostracismo. Cuando se quería
eliminar a alguien sin eliminarlo se recurría a eso. Se le “separaba” del
trabajo o de la escuela, se le tachaba de enfermo social causando el
distanciamiento de todo ser vivo, se le condenaba a no-ser en medio de esa
sociedad comunal del nosotros totalizador. Morían de aislamiento.
Ahora, si todo esto lo he escrito en pasado no es porque tales cosas ya no
ocurran, sino porque el desmoronamiento general del Estado cubano lo
imposibilita para ejercer la represión en su totalidad. En efecto, muchas cosas
han cambiado en Cuba en lo últimos años pero no porque el socialismo haya
avanzado, sino porque el capitalismo se ha hecho más fuerte en Cuba. Hoy en día
hay más organizaciones opositoras dentro de Cuba de las que ha habido en los
cuarenta años anteriores (de todo tipo, menos anarquistas, ciertamente). Y esto
me lleva al siguiente punto:
Acusas al MLC (a nosotros, hablando en plata) de ser una patética
minoría en Cuba, cuando unos párrafos antes citas a Malatesta afirmando que “los
anarquistas no son más que una pequeñísima minoría de la sociedad”. En efecto,
en Cuba hay anarquistas, lo que no hay es anarquismo. No es cierto eso que
afirmas de en Cuba sólo se persigue a la gusanada imperialista, es una mentira,
en Cuba se ha perseguido hasta a los marxistas, a los comunistas y a los
socialistas. En Cuba se persigue a todo aquel que cuestiona abiertamente la
verticalidad del Estado, con Fidel en lo más alto del tinglado. Y ese no es un
reclamo exclusivo de la derecha, tengámoslo claro. Por otra parte, toda esa
tontería que citas de los compas mexicanos es pura basura: ¿de qué autogestión
del pueblo trabajador cubano hablan, si en Cuba, lo hemos dicho hasta el
hartazgo, el control total de la producción, del mercado y de las fuerzas
laborales está en manos del Estado? Si nosotros no estamos en Cuba es
precisamente porque (en aquellos momentos al menos) no encontramos espacios
para desarrollar iniciativas autogestivas, para difundir nuestras ideas, para
organizarnos y manifestarnos. El hecho concreto es que ahora estamos fuera de
Cuba y desde aquí tenemos que hacer llegar nuestras ideas a la Isla, establecer
contactos y fortalecer un verdadero movimiento con una base social sólida
(tienes razón, nuestro nombre es pretencioso y hasta arcaico, pero recuerda que
el nombre tiene cuarenta años ya y que en aquellos tiempos ninguna organización
utilizaba unas siglas que sonaban AKK, literalmente). Por lo pronto tenemos que
enfrentarnos a una de las consecuencias primarias del “socialismo” cubano: que
los cubanos de a pie ya no quieren saber nada que suene a “ismo” de izquierda.
Términos como “socialismo”, “comunismo”, “revolución”, “poder popular”, “reforma
agraria”, “sindicalismo” y tantas otras han perdido su valor semántico y hoy
sólo significan “dictadura” para una buena porción de
cubanos. En la escuela a todos se nos enseñó que los anarquistas eran más o
menos como los comunistas pero en iluso, caótico, ineficaz y egoísta... Con
tales antecedentes, nos preguntamos nosotros, cómo hacemos para difundir
nuestras ideas sin sonar a “más de lo mismo”. Porque estamos concientes que
somos una patética minoría (entre nosotros, de broma y con orgullo, nos llamamos
“los cuatro gatos”); estamos concientes que un movimiento no se construye de la
nada, y estamos concientes que la propaganda por sí sola no forja un movimiento,
pero sabemos también que por ahora es lo que podemos hacer. Y que no coman
mierda esos compas mexicanos de AKK, que en México hasta los perros hacen
manifestaciones todos los días —no es sólo una metáfora, los policías se
declaran en huelga y salen a manifestarse a la calle—: lo más normal en México
es toparte con una manifestación o dos cada día. Bien, eso en Cuba es imposible.
Sin embargo, y quiero dejar esto bien claro, no porque en México las
libertades de expresión, asociación y manifestación hayan alcanzado los niveles
que hoy tienen, no por eso, repito, me voy a poner yo a defender o a avalar al
régimen mexicano.
Y aquí viene lo más patético de todo: ¿Qué hace un anarquista
defendiendo una dictadura?, ¿qué hace un anarquista defendiendo a gobierno
alguno, a cualquier verticalidad que se atraviesa en su camino? La obligación de
todo anarquista es cuestionar el absoluto ahí donde se encuentre (y en este
sentido valga una aclaración, nosotros no somos anarquistas cubanos
exclusivamente, somos cubanos y somos anarquistas también, pero lo anarquista no
queda nunca supeditado a nuestra especifidad nacional: nosotros somos anarcos en
todos lados, y donde estamos nos involucramos en aquellos proyectos u
organizaciones que nos parecen afines, que nos parecen justos): nosotros no
limitamos nuestra anarquía a la cubanía. Sin embargo, a ustedes parece que lo
anarquistas se les quita en cuanto se topan con Fidel o Chávez, y no entiendo
por qué. Parece que se hicieran chiquitos ante tamañas figuras históricas y de
pronto, lo subversivo se les evapora y lo ácrata pasa a segundo plano. Se les
olvida lo que son, parece. No sólo se hacen de la vista gorda ante los excesos
de la dictadura, además, se ponen de su lado y se comportan como sus policías,
aquí entre nosotros, juzgándonos por delitos de lesa anarquía. Pero otra vez te
doy la razón: sostenemos pequeñas luchas en diversos frentes, y la más
importante de todas debe ser al interior mismo del anarquismo, para despojarlo
de una vez de esos tintes autoritarios que aún se reproducen entre tantos
ácratas (autoritarios porque se autoerigen como autoridades del anarquismo, y
eso es caer muy bajo ya).
Volviendo al MLC: nosotros miramos al frente. Sabemos que la parte
verdaderamente dura de nuestra lucha en Cuba no es ahora en pos de la caída de
Fidel, será mañana en la reconstrucción de Cuba. Sabemos que cuando el Viejo
muera no vamos a ser libres; nos habremos librado al fin de él (más bien, él nos
habrá librado de su tediosa presencia) pero no entraremos de pronto en ningún
sitio sagrado llamado Libertad. No, la reconstrucción de Cuba va a ser ardua;
reconstrucción que deberá comenzar desde lo ideológico mismo. Por eso trabajamos
desde ahora difundiendo nuestras ideas pero no con la idea de que éstas acabarán
con el tirano, sino de que podrían servir de base para un futuro movimiento
ácrata. Necesitamos establecer contacto con cuantos individuos en Cuba
simpaticen con nuestras ideas y por eso, en lugar de atacarnos, sería
conveniente más bien que nos presentaras a los anarquistas cubanos con los que
has hablado para ver si juntos podemos comenzar a ser un poco
menos minoría.
Por otra parte, aún si es cierto que Fidel Castro es
antimperialista, también es cierto entonces que en Cuba, Fidel se comporta como
un emperador. Nosotros no decimos que en Cuba (o en Venezuela) hay dictadura
simple y llanamente porque el Estado no ha desaparecido —o porque se se nos
hincharon las bases teóricas, como sugieres—; por el contrario, lo que ocurre en
estos países es que el Estado se ha fortalecido desmedidamente, metiéndose en
cosas que no son de su incumbencia —los asuntos privados de los individuos, por
ejemplo, las ideas. No las llamamos dictaduras porque el proceso revolucionario
sea lento, las llamamos así porque tal proceso más que revolucionario es
involucionario. Si consideramos que la evolución política de las sociedades se
mide por el grado de participación que los ciudadanos adquieren en éstas (la
capacidad de decidir sobre los asuntos comunes), entonces sólo podemos hablar,
en los casos cubano y venezolano, de involución pura y dura. Sin
espacios de participación ciudadana no hay proceso democratizante posible, no
hay horizontalidad, no hay espacios para la autogestión, no hay una posible
crítica al poder porque el poder acapara para sí el derecho a la crítica. Esa
“izquierda” en el poder está ya reproduciendo fielmente el papel de la derecha,
que es preservar el status quo, el orden social, la verticalidad del sistema.
Son unos conservadores. ¿Te parece que esas son actitudes muy antimperialistas?
Estados Unidos estableció, en otro de tantos arrebatos
policiaco-mundialistas, un embargo económico contra Cuba que en la práctica lo
que prohíbe es que las empresas norteamericanas hagan negocios con el gobierno
de Fidel Castro. Fidel Castro, el antimperialista, por su parte ha insistido
siempre en el fin del embargo para poder hacer negocios con las empresas del
imperio que dice combatir (y, en las tesis antimperialistas que sostienes, ¿no
son las empresas la punta de lanza del imperio?). No es el imperio quien quiere
negociar con el régimen cubano, es Fidel quien quiere negociar con el imperio.
Es el gobierno “antimperialista” cubano quien exige que se le permita negociar
libremente con empresas imperialistas. El fin del embargo va a significar, por
paradójico que te parezca, el fin de la autonomía económica cubana. El embargo
es la puerta cerrada que aún mantiene al capitalismo salvaje fuera de Cuba, y es
Fidel quien exige que acabe. Que el embargo es una medida
típicamente imperialista nadie lo niega. En efecto, hay algo de antimperialista
en exigirle a una nación que se meta en sus propios asuntos y que deje a las
demás en paz; pero insisto, el fin del embargo significará el inicio (el
reinicio en verdad) del poderío económico norteamericano en Cuba. Ahora, si me
lo preguntas, yo soy partidario del fin del embargo, aún con las consecuencias
que sé esto traerá. Pero no porque prefiera el capitalismo al socialismo, sino
porque en Cuba lo que no hay, es precisamente socialismo. No hay libertad
individual ni colectiva, los trabajadores no deciden un carajo en torno a su
producción, no hay libertad de expresión, asociación o manifestación, no hay
federalismo ni horizontalidad de tipo alguno, no hay elecciones directas, los
sindicatos son mecanismos de control del Estado sobre los trabajadores, y toda
forma de disidencia organizada es inmediatamente reprimida con fiereza;
entonces, ¿qué socialismo?, eso es sólo barbarie. Y eso es lo que estás
defendiendo. Los cubanos no son “socialistas” porque así lo quieran, sino
porque así se les impone. La única verdadera lucha que sostienen los cubanos hoy
día es la de la supervivencia cotidiana en una jungla capitalista bajo control
absoluto del Estado. Que la salud y la educación gratuita, sí, es cierto, pero
tampoco son exclusividades de los Estados socialistas, sino que existen en
cualquier Estado moderno más o menos desarrollado.
En cuanto al anarquismo, lo repito, no hay razón alguna para que
los anarquistas repartamos avales entre dictadores afines: no hay dictadura que
sea afín a los ideales ácratas. No existe, ni existirá jamás. Tampoco existe
entre nosotros un método único de lucha, una sola vía. La multiplicidad es parte
fundamental del anarquismo, y sin tales diferencias el anarquismo sólo sería una
parodia de sí mismo (como parodia del gran movimiento comunista decimonónico
acabaron siendo los PCs del siglo XX). Así el anarquismo crece, y donde algunos
ven división sólo hay en verdad diversidad. Y no veo por qué se le teme a eso.
Desde mis viejos amigos anarcopunks de La Habana hasta un gerente de empresa con
la biblioteca ácrata más impresionante que he visto, a lo largo del camino me he
topado con la gente más bizarra que se reivindica anarquista. He conocido
anarquistas involucrados en luchas ecologistas, feministas, obreras, agrarias,
estudiantiles. He conocido ácratas trabajando en
la academia, en el sindicato, en la oenegé e incluso, sí, en instituciones de
éste o aquel gobierno, así como he conocido también a anarcos radicales de armas
tomar sumamente desencantados con el pacifismo actual de todos los demás; y
aunque los métodos y los medios de lucha eran tan distintos el uno del otro,
todos estaban seguros de estar en lo correcto, de hacer lo que consideraban
conveniente de acuerdo a sus circunstancias particulares y al momento
“histórico” en cuestión; y pretender limitar eso decretando una suerte de formas
de conducta es lo más fanático que se le pueda ocurrir a alguien. Aceptemos de
una vez que todos los medios son buenos para diseminar los ideales ácratas (y
ejercerlos, ahí donde estemos) y que además estamos en la obligación de hacerlo
en la medida de nuestras posibilidades y en el terreno de nuestra competencia
—porque supongo que no me vendrás tú con todo ese culto al sacrificio, tan
“comunista” en verdad. Nosotros no queremos mártires ni los
necesitamos, allá los cristianos con eso y con sus santos, y con su paraíso y
con su infierno. Los anarquistas no necesitamos esas simplificaciones baratas de
la realidad. Pero los anarquistas tampoco necesitamos un escalafón para que
todos sepan qué tan anarquistas somos porque el anarquismo, se supone, es una
entidad horizontal, por lo que no hay posibilidad alguna aquí de decidir quién
es más que quién, como los compañeros de AKK proponen. Ni es el caso, me parece.
Caer en la tontería de juzgar el “anarquismo” de un compañero me parece
francamente leninista. Me parece lo más ajeno a nuestros ideales de libertad e
igualdad que se pueda concebir. Me parece estúpido, además.
Por lo demás, si el compañero Frank Fernández es o no es un
anarquista de café, francamente es algo que a mí no me incumbe —mucho menos
siendo yo un simple anarco de bar.
A tu salud.
"...la libertad sin el socialismo es el privilegio, la injusticia;
y que el socialismo sin la libertad es la esclavitud y la brutalidad."
M. Bakunin, 1867
Movimiento Libertario Cubano (MLC)
http://www.movimientolibertariocubano.org
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