Las fotos de James Petras, antes y después del revelado:
Un comentario libertario a sus declaraciones sobre Cuba
* En referencia a lo que ahora expresa alguien que hasta hace poco se presentaba
como defensor incondicional del régimen cubano, el Movimiento Libertario Cubano
(MLC) manifiesta algunas consideraciones pertinentes.
Se sabe desde mucho tiempo antes que James Petras es uno de los más firmes e
incondicionales corifeos del gobierno cubano. Incluso, en aquel raro momento en
que para cierta izquierda acostumbrada a mirar para el costado se abrieron
enérgicamente las saludables compuertas de la reflexión crítica a fondo -en
marzo y abril de 2003; penas de muerte y encarcelamientos masivos mediante-,
Petras espetó a todos aquellos entusiastas de siempre que osaron mostrarse más
vacilantes y dubitativos que de costumbre un artículo que se transformó en voz
de mando: «La responsabilidad de los intelectuales: Cuba, los Estados Unidos y
los derechos humanos» (www.rebelion.org; 6 de mayo del año mencionado). Allí,
entre otras impresentables ocurrencias, calificaba a la moralidad como "falta de
honradez". Además, la emprendía sin tasa ni medida contra aquellos que, cuando
de Cuba se tratara, «se lanzan a una serie de acusaciones infundadas y de
falsificaciones desprovistas de cualquier contexto especial que
hubiera podido servir para clarificar las cuestiones y proporcionar una base
razonada a... "los imperativos morales"». Según Petras, los tenues críticos de
aquel entonces eran víctimas de un repentino ataque de irresponsabilidad: «La
total falta de seriedad de Chomsky, Zinn, Sontag y los dictados morales de
Wallerstein se deben a que no logran reconocer la amenaza inminente de una
guerra estadounidense con armas de destrucción masiva, anunciada por
adelantado». Y, habiendo ya perdido los estribos y todo sentido de la
ponderación, pronunciaba una sentencia poco menos que definitiva: «Lo que
resulta francamente vergonzoso es que hagan caso omiso de los enormes logros de
la revolución cubana en el empleo, la educación, la salud y la igualdad, de su
heroica oposición, basada en los principios, a las guerras imperiales -Cuba es
el único país que lo dice claramente- y de su capacidad de resistir casi
cincuenta años de invasiones» (sic). En aquel entonces, pese a las groseras
violaciones
de los "derechos humanos", las políticas del gobierno cubano gozaban de entera
inmunidad y todo aquel que se atreviera a transgredir mínimamente el inviolable
precepto vería recaer sobre sus inermes espaldas los implacables anatemas de
James Petras; el mismo insigne pensador que sistemáticamente adopta posiciones
radicales y socializantes en cualquier lugar del mundo menos en Cuba y rivaliza
así sin pudor alguno por erigirse en el mejor de los guardianes del templo.
Andando el tiempo, mientras las amenazas de los Estados Unidos continúan en
cataléptico estado de rutina y reiteración y las invasiones siguen sin
producirse, Petras parece haberse serenado, dejando momentáneamente a un lado su
espada justiciera y sus flamígeras condenas. Por lo pronto, el lunes 20 de
febrero del año en curso, en reportaje realizado por CX 36 Radio Centenario de
Montevideo (Uruguay) y reproducido un día después en La Haine
(http://www.lahaine.org/index.php?blog=3&p=12739&more=1&c=1), se permite él
mismo asomarse críticamente a la situación cubana; haciéndolo ¡vaya sorpresa! ya
no sobre las más evidentes exacciones del poder político centralizado y
excluyente sino incluso sobre las supuestamente inexpugnables realizaciones
sociales de la "revolución". Conviene tener presentes sus afirmaciones en tal
sentido y, para evitar cualquier equívoco, conviene también reproducirlas
textualmente:
«- Hay otras cosas que creo que son parte de un proceso de desarrollo, que son
las contradicciones que Cuba ha tenido frente a los desafíos, y el gobierno
empieza a tomar algunas medidas postergadas, que creo eran necesarias, como el
problema de vivienda, que tienen un déficit aproximado de un millón de casas. El
plan de gobierno es construir 100 mil casas por año, porque la situación
habitacional esta muy deteriorada y es una gran necesidad.
- La gente exige que este plan empiece a funcionar también, porque la política
internacionalista de Cuba en relación con la ayuda médica es muy positiva, pero
creo que las condiciones de los hospitales y clínicas en Cuba se han
deteriorado, en mi opinión personal. Creo que deben concentrar más en el
desarrollo y restauración, el mejoramiento de las condiciones y planta física de
medicina en Cuba que están -digo yo- bastante deterioradas, a pesar que algunos
esfuerzos de restauración están en proceso. Hay un contraste, incluso yo creo
que algunas clínicas en África y en Venezuela son mejores que lo que tiene el
pueblo cubano en Cuba. Este internacionalismo es muy positivo, pero creo que la
gente está exigiendo que se concentre más en el desarrollo interno, que es una
cosa a tratar de equilibrar.
- El gobierno ha empezado un programa de exploración en la salud y educación y
vamos a ver si tienen éxito en este proyecto de desarrollo interno, que es
necesario especialmente cuando ya tienen más recursos, y las decisiones
políticas sobre como van a utilizar este excedente es muy importante. El
excedente en parte viene de un plan de ahorro de electricidad que según dice
Castro podría llegar hasta mil millones de dólares.
- También tiene un gran problema de despilfarro, incluso robo de recursos
estatales, particularmente la gasolina; y eso lo han reconocido y lanzado a las
nuevas generaciones para rectificar el programa y reemplazar los gasolineros que
están cometiendo estos delitos. Pero te voy a decir (...) que a mí lo que me
preocupa, más que el robo de cada funcionario, empleado, es el problema de los
Ministros que toleraron el robo de cientos de millones. ¿Qué estaban haciendo?,
preguntaba yo, estaban durmiendo o estaban implicados en este robo y no
despidieron a nadie. Yo preguntaba por qué, si ocurría en cualquier empresa
privada o pública, si no asumen las responsabilidades. Es una cosa muy grave.
Tienen que darles una patada en el culo lo mínimo, si no llevarlos a juicio.
- Hay un lanzamiento de un proceso de rectificación, movilizando gente y
poniendo en orden algunas cosas urgentes. Creo que el equipo que está es
políticamente responsable, que empiezan a reconocer estos problemas, y también
el problema de equilibrar la participación negra en la sociedad. Uno nota en
muchos lugares que hay una desproporción de blancos y creo que hay cosas para
hacer.
- Creo que estos puntos que estoy anotando son existentes, lástima que la gente
tiene que esperar que Fidel lance eso para que empiece a tomar forma. Yo creo
que los intelectuales y los políticos deben tomar iniciativas y no siempre
esperar que Fidel pronuncie el discurso para que el problema de repente surja
como un problema.»
Así, Petras nos obsequia con una serie de 6 fotografías de la sociedad cubana
que, aunque no lo diga con el necesario dramatismo y la imprescindible
contundencia, rozan facetas esenciales de la construcción "socialista". Son
fotografías todavía en negativo, borrosas, de contornos indiscernibles, sin
articulaciones de inmediata visibilidad; pero, incluso en ese estado de difícil
distinción, alcanzan y sobran para emprender una lectura ejemplarizante. Y lo
más curioso de todo este asunto es que, si esas fotografías las hubiera tomado
un militante del Movimiento Libertario Cubano, nada habría que esperar para oír
la habitual retahíla de acusaciones: "cretinos útiles del imperialismo",
"gusanos al servicio de una potencia extranjera", "divisionistas incorregibles",
"liberales sin remedio", cuando no directamente "agentes de la CIA". Pero, guste
o no, las fotografías no nos pertenecen a nosotros sino a James Petras; quien,
como ya lo insinuamos, es un leal e insobornable "amigo del
proceso de construcción socialista"; es decir, en buen romance, del gobierno
cubano propiamente dicho; definitiva, irrevocable y "revolucionariamente"
constituido como tal.
º Revelando inconsistencias
Coloquemos, entonces, las primeras gotas de la emulsión fotográfica y empecemos
a descifrar con algo más de luz, una por una y en el orden correspondiente, las
despojadas constataciones de Petras. ¿Qué es lo que éstas nos dicen, pues?
1) El "socialismo" cubano padece una fenomenal crisis habitacional puesto que no
sólo nos encontramos frente a un déficit de grandes proporciones asumido como
tal sino que al mismo habría que sumarle la decrepitud de las viviendas
existentes y también ciertas situaciones de innegable hacinamiento. En el
horizonte inmediato ya se dibuja un espacio de luchas sociales por el acceso a
los espacios urbanos y hasta un incipiente movimiento de squatters al que buena
parte de la izquierda revolucionaria todavía no le ha concedido esa noble
condición;
2) La organización de la salud en Cuba, uno de los buques insignia del "proceso
de construcción socialista", no es ni siquiera parecida a lo que nos dice la
propaganda oficial. Es oportuno reconocerlo y ello no deja de ser un mérito de
Petras, pero bien podría haber reparado éste también en la muy poco socialista
distancia existente entre los tratamientos de Maradona o los "milagros"
oftalmológicos y la atención médica que recibe el pueblo llano; según él,
ubicada en algunos casos en niveles sub-africanos;
3) "El plan de ahorro de electricidad" más que una política proactiva del Estado
debe ser interpretado como una catástrofe energética -incluso en el contexto del
generoso subsidio petrolero venezolano- que el pueblo cubano padece
fundamentalmente bajo la forma de persistentes e insoportables apagones. Pero
también de las sombras emerge la luz y la gente ya ha comenzado a aprovechar las
oscuridades nocturnales para realizar pintadas y volanteadas contra el gobierno;
4) El "socialismo" cubano, en su actual estado de desarrollo, también le ha
hecho un lugar a la corrupción; y, según las muy fundadas y razonables sospechas
de Petras, ya no sería sólo la de anónimos funcionarios ubicados en la base de
la pirámide sino que la misma habría encontrado su morada en el propio Consejo
de Ministros; es decir, nada menos que en el Estado Mayor de la "revolución",
presidido pública y notoriamente por el "comandante en jefe" de cuerpo presente;
5) Luego de 47 años, 1 mes y 20 días transcurridos entre el 1º de enero de 1959
y la fecha en que Petras emitió sus opiniones, se acaba por reconocer que la
"revolución" no ha resuelto nada menos que el problema de la discriminación
racial, a modo de enésima confirmación de que los discursos estatales en la
materia no tienen la facultad de modificar la dinámica social real. Es evidente,
a todo esto, que la población negra cubana se percató mucho antes del asunto y
también allí comienza a dibujarse un soterrado estremecimiento opositor;
6) La pregonada cultura crítica existente en Cuba es un mito o bien un cuidadoso
ejercicio clandestino. Es francamente increíble que Petras se sorprenda y se
lamente de que los "luminosos" descubrimientos y las iniciativas partan siempre
y en todo lugar de Fidel Castro; máxime cuando él mismo debería tener plena
conciencia que la crítica en profundidad que históricamente se le ha anticipado
no tuvo muchas más opciones que pagar el peaje correspondiente en la
defenestración, en la cárcel o en el exilio.
Pero, en definitiva, estas observaciones no son más que un avance y ahora nos
queda encarar el revelado propiamente dicho, dejando asentado desde ya, tal como
lo hemos subrayado, ese croquis todavía impreciso pero bien real de una
movilización popular embrionaria de rechazo a la acción del gobierno. Ahora
bien; quiéralo o no James Petras, la conclusión que se impone a sus ingenuamente
sinceras pero módicas y parciales impresiones fotográficas es una sola: el
fracaso total y punto por punto de un modelo estatal, militar y caudillista de
construcción del socialismo. ¿Cómo no pensarlo, luego de comprobar problemas en
el área de la vivienda, de la salud, de la educación y del abastecimiento
eléctrico; sobre todo cuando los mismos sólo afectan a los sectores populares
pero jamás acarician siquiera a la élite dirigente? ¿Cómo no pensarlo cuando las
situaciones sociales de desigualdad van incluso más allá de las posiciones de
clase propiamente dichas y afectan a la vastísima población negra
del país? ¿Cómo no pensarlo toda vez que se comprueba que la corrupción ofrece
a los sectores dominantes un plus de ingresos a las cuotas institucionalmente
consagradas de privilegios? ¿Cómo no pensarlo cuando todas las tradiciones,
costumbres, hábitos, reflejos y usos estatales han dejado establecido per
saecula saeculorum que sólo Fidel Castro -único, inigualable e insustituíble
pastor del pueblo cubano- puede referirse a los temas más urticantes sin que
sobre su figura pesen las horcas caudinas de la represión o de una inapelable
condena "moral" y "revolucionaria"? ¿Cómo no pensarlo si en ello no parece que
tengan nada que ver ni el bloqueo ni las amenazas de invasión ni las insolencias
de Condoleeza Rice ni las 90 millas que separan a Cuba de la Florida? ¿Cómo no
pensarlo, James?
La limitación analítica de James Petras, entonces, consiste en que su cámara
fotográfica sólo es capaz de registrar las manifestaciones más evidentes de la
situación pero no el núcleo explicativo de la misma. En otras palabras: el
problema del que Petras padece consuetudinariamente es que él cree a pies
juntillas en los mal llamados "procesos de rectificación de errores", pero no
llega a visualizar que casi todo podría reducirse a un conjunto de
errores-horrores primigenios, básicos y fundamentales que muy pocos parecen
estar dispuestos a discutir con seriedad y hondura en las esferas del poder y en
su claque de amanuenses. Porque de lo que se trata no es de encarar una vez más
esa sucesión anodina de marchas y contramarchas ya conocidas y discutir si se
admitirá o no la tenencia de dólares en manos de la gente; si los campesinos
podrán ofrecer o no sus productos en la ciudad; si los "paladares" formarán o no
un estrato de "nuevos ricos"; si habrá que cambiar o no, en un nuevo giro
de austeridad, los bombillos de 60 watts por unos de 15; si habrá que sustituir
o no a los empleados de las gasolineras por trabajadores sociales o si la
construcción "socialista" depende de la fórmula de los helados Coppelia. No: el
tema es mucho más vasto, exige dejar a un lado las sempiternas y erráticas
"genialidades" de Fidel Castro y merece ser tratado de una vez por todas con la
debida profundidad.
º La imagen oculta
¿Y cuál sería, por tanto, la discusión de fondo que la élite dominante cubana no
está dispuesta a tolerar en modo alguno? En Cuba, hoy al igual que siempre, el
único dilema que vale la pena considerar es el que opone el protagonismo
autonómico de la gente a la tutela interminable e insoportable del Partido
"Comunista" y de su sumo pontífice; una tutela auto-conferida y con visos de
eternidad a la que ya no le queda más nada que rectificar que su propia
existencia. Si James Petras no es capaz de entender las razones por las cuales
"los intelectuales y los políticos" no toman iniciativas, ello se debe
precisamente a que su percepción superficial del asunto no le ha permitido
revelar las fotografías que él mismo y por su entera voluntad ha tomado de la
realidad cubana. Porque en esa realidad, los problemas adquieren legítima y
oficialmente esa condición sólo cuando el infalible timonel ha resuelto producir
algún giro más o menos "ingenioso" que "rectifique" sus propias decisiones
previas. ¿O acaso alguien puede pensar que nada menos que el "comandante en
jefe" es el factotum de todas las "maravillas" pero siempre consigue mantenerse
detrás de una impoluta tiniebla y completamente al margen de cuanto desaguisado
ha ocurrido, ocurre y ocurrirá en el "proceso de construcción socialista"? La
respuesta a esta pregunta cae por su propio peso y hace ya rato largo que es
hora de que James Petras y tantos otros como él se atrevan a dar el
imprescindible "mal paso". Sobre esto, corresponde ahora ofrecer algunos
detalles adicionales.
El fracaso del "socialismo" cubano es el fracaso de la planificación
centralizada de estirpe leninista en su versión impura y caribeña. Es el fracaso
de una estrategia de construcción "socialista" basada en la hegemonía
"científica" de una élite tecno-burocrática supuestamente "ilustrada" cuyas
opiniones y saberes de "vanguardia" se ubican permanentemente por encima de las
prácticas autogestionarias. Es el fracaso, por lo tanto, de una concepción que
jerarquiza las decisiones del Estado -no importa que se trate de una
planificación presupuestaria al estilo guevarista o de una que dé lugar a la ley
del valor según la vieja preceptiva soviética; tal como se han alternado en
Cuba- antes que las decisiones de la gente autónomamente articulada en
organizaciones populares de base. Pero, además, es el fracaso de un estilo al
que se le ha sobre-impreso una impronta militar y caudillista que desbarata
incluso los más mínimos atisbos de "racionalidad" que pudiera ostentar el
original
soviético; y no precisamente porque éste nos parezca digno de admiración sino
porque la copia cubana se ubica directamente en el terreno de los esperpentos.
¿De qué otro modo considerar, si no, la planificación centralizada de un país
pequeño y periférico que ofrece un lugar de tanto destaque a un aparato
militar-policial costosísimo y baladí cuyas únicas utilidades fehacientemente
demostrables radican en el control de la población propia y en su operativa
cotidiana ad majorem Castro gloriam; es decir, en su traducción no bíblica y
secular, para mayor gloria de Fidel? ¿De qué otro modo considerar la inscripción
en la planificación central de las ocurrencias, desplantes y caprichos del
"caudillo" que van -en tanto su expresión más sublime y tomando las
realizaciones productivas del "socialismo" como si se tratara de una competencia
olímpica- desde aquella fallida zafra de los diez millones de toneladas de
azúcar hasta la construcción de autopistas que no guardaban ninguna relación
con el parque automotor realmente existente; pasando, naturalmente, por ideas
tan "brillantes" como la cría de cocodrilos, la transformación de todo metro
cuadrado de tierra en un cafetal o la exportación de palillos de dientes? ¿No
será cierto, James, que esto puede tener algo que ver con la sistemática falta
de iniciativas por parte de "los intelectuales y los políticos"?
La clave de todos los problemas cubanos, entonces, hace mucho tiempo que ha
dejado de ser un enigma a descifrar y no radica en otra parte que en ubicar la
construcción del único socialismo realmente posible en la conciencia y en la
voluntad de la gente. Hoy, los ecos monocordes se atreven a reconocer que el
"socialismo" cubano puede ser reversible como consecuencia de los errores
propios y ya no de las agresiones ajenas: el propio Fidel Castro, en su discurso
del 17 de noviembre pasado, se encargó de extenderle a su grey los "permisos"
correspondientes para opinar de tal modo. Sin embargo, la constatación más
oportuna es bien distinta. El "socialismo" que supuestamente construyeron el
Partido "Comunista" y su caudillo no es reversible por la sencilla razón de que
nunca existió y la única oportunidad a la vista no consiste en otra cosa que en
el desarrollo de un vasto proyecto autogestionario que le restituya al pueblo
cubano todo aquello que el Estado y su "vanguardia" se encargaron
de arrebatarle perseverantemente. Y ello es largamente inseparable de un
amplio, perdurable e irrestricto régimen de libertades: libertad para pensar y
opinar, libertad para organizarse, libertad para movilizarse y libertad, en fin,
para que la gente se haga cargo de su propia vida sin ningún tipo de
mediatizaciones y curatelas. Porque, en definitiva, el socialismo será
libertario o no será: una confirmación histórica que el tímido, vacilante y
tardío paso al frente de James Petras no termina de reconocer.
Movimiento Libertario Cubano
movimientolibertariocubano@...
www.movimientolibertariocubano.org
"...la libertad sin el socialismo es el privilegio, la injusticia;
y que el socialismo sin la libertad es la esclavitud y la brutalidad."
M. Bakunin, 1867
Movimiento Libertario Cubano (MLC)
http://www.movimientolibertariocubano.org
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