Para frenar la inmigración Verdadera cacería de africanos a las
puertas de Europa
Por Silvia Pisani
Enviada especial
ROSTROGORDO, Marruecos.– El silencio es sobrecogedor. Acaba de
terminar la primera persecución de negros del milenio, después de la
cacería humana lanzada contra cientos de emigrantes africanos que,
días atrás, intentaron huir del hambre saltando sobre la valla de
alambre tejido que sirve de frontera con Europa. No queda nada de lo
que eran sus asentamientos.
Su primera derrota fue no alcanzar la reja fronteriza y tocar la
tierra española de Melilla, una de las dos puertas de Europa en
tierra africana. La segunda, la destrucción a patadas de sus
precarios campamentos en los bosques de esta zona para evitar así que
se reagruparan y volvieran a intentarlo.
Este es el panorama después de las mayores avalanchas de emigrantes
del sur del Sahara, que hasta hace 48 horas intentaban forzar los
perímetros fronterizos de Melilla y Ceuta, las ciudades españolas en
pleno Marruecos. Desde entonces, fuerzas de ambos países -Marruecos y
España- fortificaron la zona para desalentar nuevos intentos. Hasta
ahora, las noticias dicen que van ganando en su puja contra los
hambrientos.
Con perros y helicópteros, las fuerzas especiales marroquíes
(mehanis) corrieron tras ellos y detuvieron a cientos de personas.
Poco después, los agentes rompieron las precarias escaleras de ramas
con que los africanos pensaban trepar.
Otros, hundidos y desesperados, huyeron para esconderse, esperar a
que la situación se calmara y, en una de ésas, volver a lanzarse. No
se los ve, pero se los intuye. Dispersos, hambrientos, sedientos,
asustados.
El drama humano en las puertas de Europa no está a la vista. Lo que
antes era un precario hogar de negros con los pies rotos tras haber
caminado desde Congo, Mali, Gambia o Camerún es ahora "zona militar".
La prensa no es bienvenida. Pero eso no frena el testimonio de
marroquíes y melillenses que, desde hace años, viven de comerciar
tras la frontera. Muchos, gracias al contrabando. Ellos son los que
en estas horas de confusión reconstruyen lo sucedido con sus relatos.
"No creo que veamos nuevos asaltos en estos días. ¡Qué va! Los
mehanis de este lado y las tropas españolas, del otro. Es más
suficiente para amedrentar a cualquiera", dice a LA NACION un
transportista del comercio fronterizo. Lleva años trabajando en la
región y no recuerda haber visto un despliegue militar como éste. "Ni
que estuviéramos en guerra", dice.
En tal caso, no es guerra contra el hambre, sino contra los
hambrientos. Porque ahora, dispersos y escondidos, los africanos de
la larga espera han perdido toda posibilidad de recibir la ayuda
solidaria de los lugareños que les acercaban comida y ropa.
El transportista habla de lo que todos hablan por aquí: de lo que
encontraron las tropas marroquíes en los asentamientos ahora
destruidos. Menciona cuencos percudidos por el calor de los fogones,
ropa, pilas para la imprescindible radio con que escuchar las
noticias. Algún diccionario manoseado del francés al español. La otra
parte de la historia se reconstruye del otro lado de la frontera, en
Melilla, con el testimonio que dan los "afortunados". Los inmigrantes
que sí pudieron saltar la "reja de impermeabilización fronteriza" -
como se llama aquí al perímetro de alambre tejido- y permanecen
alojados en el Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI).
Se habla del otro lado de la frontera, pero son metros, cuadras,
minutos de viaje, nada más, y, en realidad, un abismo.
Precario hogar
En el centro, muchos africanos exhiben el costo de su asalto: brazos
y piernas vendados tras haberse cortado con los alambres. Entre ellos
está Bernard, un camerunés de 23 años que cuenta a un grupo de
periodistas sus últimos días en lo que fue el campamento de
Rostrogordo. Dice que vivió allí durante meses; que la gendarmería
marroquí aparecía cada tanto. "Nos molestaban un poco -dice-, pero no
nos echaban." Cuenta que algunos de sus compañeros hablaban de ellos
como "los Alí" (por "Alí Babá y los 40 ladrones").
Las noticias vuelan. Igual que los otros 200 inmigrantes que pudieron
cruzar a la tierra española de Melilla, Bernard está al tanto de la
destrucción de lo que fue su precario hogar en el bosque. Y ya no
espera nada. No cree que los que no consiguieron llegar se lancen de
nuevo. "Antes los gendarmes nos dejaban estar. Pero eso ahora ha
cambiado", dice apenado por los que quedaron atrás. "Tanto
esfuerzo?", suspira.
El súbito cambio de actitud en la milicia marroquí -de la pasividad a
la cacería- es cuestión que despierta sospechas en
Melilla. "Marruecos puso medios y, de pronto, las avalanchas se
detuvieron. Esa es la colaboración leal y sincera que hace falta",
dijo al diario español ABC el presidente de la ciudad autónoma, Juan
José Imbroda.
El gobernante no lo dice. Pero lo que la ciudad española barrunta es
que hay algo de pantomima en semejante giro de los vecinos
musulmanes. Y hay hasta quienes afirman que fueron los propios
marroquíes los que alentaron a los africanos a lanzarse contra la
reja española. "Los usaron como carnada humana para que el gobierno
[socialista de José Luis Rodríguez Zapatero] muerda el anzuelo y
prometa más fondos de ayuda a Marruecos", dicen los más veteranos.
Marruecos se indigna.
Mientras de todo esto se habla, lo que la autoridad melillense deja
en claro en esta cuestión es que -por las razones que sean- no quiere
que los africanos lleguen a su puerta y que las fuerzas españolas
tengan que intervenir contra ellos. Desde los sucesos en la valla,
los marroquíes vienen haciendo el trabajo. Quedan en el misterio las
razones de su súbito y llamativo giro de 180 grados.
Y mientras tanto, ¿qué pasó con los cientos de africanos detenidos
por las fuerzas marroquíes? La única información es que fueron
deportados a la vecina Argelia. Pero hay quienes afirman que volverán
a intentarlo.
"Tal vez tarden, pero algún día llegarán al pie del monte Gurugú",
dicen en el centro de refugiados. Hablan así del cerro que custodia
Melilla, la tierra con la que soñaban cientos de africanos
desterrados por dejar atrás la miseria.
-La Nacion de hoy-------------