Travesías biker’s 2006
Doble Cruce Andino en Bicicleta de Montaña
Textos, planos, redacción y correcciones: Diego Villafañe.
§ Fecha de la travesía: del 20 al 28 de enero de 2006.
§ Objetivos centrales: cruzar dos veces la Cordillera de los Andes por diferentes pasos, combinando caminos de ripio, huellas y senderos en la Patagonia de Argentina y Chile, transitando por el bosque andino patagónico y la selva valdiviana, diez lagos, pequeños pueblos, termas, en el marco natural del Parque Nacional Lanín. Explorar y conocer nuevos itinerarios de montaña, uniendo Argentina y Chile por pasos cordilleranos secundarios; disfrutando del espacio geográfico natural de los Andes Patagónicos, con bajo impacto humano, como sólo el ciclismo de montaña en su modalidad de Travesía o excursión, puede permitirnos experimentar.
§ Campamento base: San Martín de los Andes (SMA), camping Amigos de la Naturaleza.
§ Recorrido previsto:
o DIA 1: Partida con destino a SMA.
o DIA 2: Arribo a SMA, presentaciones y alojamiento en camping Amigos de la Naturaleza. Armado y control de bicis.
o DIA 3: 1º Etapa: SMA – Playa Yuco - Camping Nonthue. Atravesando el Parque Nacional Lanín y bordeando el Lago Lacar. Aproximadamente 45 km.
o DIA 4: 2º Etapa: Nonthue (Argentina) - Neltume (Chile). Primer cruce de la cordillera por el paso Hua-Hum. Navegación por Lago Pirihueico hasta Puerto Fuy. Aproximadamente 35 km.
o DIA 5: 3º Etapa: Neltume - Liquiñe. Vista del Volcán Choshuenco y Villarica. Caminata hasta el Salto Huilo-Huilo. Ascenso hasta Liquiñe. Baños termales. Aproximadamente 45 km.
o DIA 6: 4º Etapa: Liquiñe (Chile) - Termas Lahuen-co (Argentina). Paso Carririñe (1.123 m.s.n.m.). 2º cruce de los Andes. Reingreso al P.N. Lanín. Baño termal. Aproximadamente 35 km..
o DIA 7: 5º Etapa: Termas Lahuen-co - Laguna Verde. Mañana descanso y baños termales. Camino entre el bosque pasando por Cascada Carilafquen y El Escorial (río de lava solidificada). Laguna del Toro. Aproximadamente 20 km.
o DIA 8: 6º Etapa: Laguna Verde – San Martín de los Andes. Lago Curruhué Grande y Chico. Bosque de araucarias. Entramos en el ecotono con la estepa y alcanzamos el lago Lolog. Llegada a SMA. Aproximadamente 68 km.
o DIA 9: Tiempo libre para compras en SMA. Almuerzo: cordero patagónico al asador. Final de la travesía.
§ Distancia total aproximada a recorrer: 250 kilómetros.
§ Alojamiento: Campings organizados y agrestes (sin servicios). Dos noches en hostería, en Chile
§ Organización de la travesía: Bike & Trek - Operador Responsable: Agreste Evt 9671. Contactos e información: Gustavo M. Gonzalez gg@... / www.btt.com.ar/biketrek (se pueden ver fotos, comentarios de otros participantes y próximos eventos programados) / (02323) 42-4066 / (011)15 5003-6981.
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§ Móviles de apoyo: Ford F-100 V8 y Minibús Asiak.
§ Participantes y procedencia:
- Comodoro Rivadavia: Carlos Petroff (porteño radicado).
- Capital Federal y Gran Buenos Aires: Emiliano Martínez; Stella Maria Vuolo; María Fernanda Amor; José Manuel García; Víctor M. Sanchez; Verónica Lago; Daniel Petroff; Fernando Andrioli; Patricio Albornoz; Marcela Dematteis; Alejandra Moguilevsky; Sofía Soulas; Gabriel Aldazabal; Ariadna Selemar; Carlos Curi; Carlos Vidal; Adrian Piñeiro; Juan José; Juan Carlos Protto (Médico).
- Tres Arroyos: Susana Guembe.
- Córdoba: Ricardo Giese y Diego Villafañe.
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- Coordinadores: Gustavo González (titular - Coordinador General); Ariel Belmonte (ayudante coordinador); Sebastián Flores (Vehículo de apoyo y ayudante); Andrés Rey (transporte y contacto local en SMA).
§ Primera Etapa: San Martín de los Andes – Nonthue (Argentina).
Disfrutando de la larga y cálida tarde patagónica de la última quincena de enero, todo el grupo de participantes, más los coordinadores, nos presentamos en el apacible y algo desprolijo predio (pasto alto y malezas ganando espacio) del camping Amigos de la Naturaleza, mientras, se arman las bicicletas y se testean componentes, para la jornada de apertura al día siguiente, todo debe quedar perfecto para la partida. Con Ricardo, aportamos algunos conocimientos técnicos del mtb (siglas internacionales del ciclismo de montaña), les damos una mano a los flamantes compañeros de travesía (aplastante mayoría de “porteños”).
Luego de la reparadora ducha, ya en la sabrosa cena de bienvenida (pizza casera a discreción), uno a uno Gustavo González nos va presentado, enunciando brevemente procedencia e inquietudes personales para efectuar la travesía. A los postres (cerezas de la huerta), se dan los detalles sobre el recorrido de inicio, al mismo tiempo que se van configurando algunos perfiles personales y afinidades, en tanto se aproxima la hora del descanso, para comenzar mañana la ansiada primera etapa del Doble Cruce en su edición del año 2006.
Amanece, el día está espléndido, despejado con algún suave algodón blanco colgado del cielo que no tarda en esfumarse con la fuerza de la estrella de oro. Aproximadamente a las 09:30 horas, está todo listo, carpas desarmadas, móviles de apoyo cargados, indumentaria seleccionada, energéticos suministrados, teléfonos celulares bien guardados (por suerte no habrá señal en todo el recorrido)... listo, ¡se pone en marcha el Doble Cruce a Chile!
Salimos lentamente en ascenso, calentando nuestras fibras y tendones, hasta el cruce de ruta, efectuando los únicos 2 kilómetros de asfalto de todo el recorrido, de aquí tomamos una senda hasta el ripio que se dirige al paso Hua – Hum y Neltume (carteles) y al destino final del primer día: el camping organizado del lago Nonthue, sin cruzar aún la frontera con Chile.
En este tramo de ripio, que más adelante bordea el lago Lacar, el derrotero comienza en mediano ascenso, que metro a metro se hace más intenso. El coordinador principal nos indica que en una curva cerrada hay un excelente mirador del lago a la izquierda, ¡ojo con pasarse!, nos aclara, ya que está algo oculto.
Inmediatamente, en la parte fuerte de este primer ascenso, se va identificando la intención de cada ciclista en cuanto al ritmo personal que impondrá, así como la velocidad que tiene intenciones y que puede desarrollar.
En la cabeza del grupo nos despegamos un poco con Patricio y Sofía, que aportan la cuota de juventud y atrevimiento que contagia, un poco más atrás llegan Fernando y Emiliano. A poco de comenzar el descenso nos detenemos junto a uno de los móviles de apoyo, el minibús conducido por Sebastián, para reagruparnos. Este último nos comenta:
- ¿Pararon en el mirador?
Ciclistas a Coro: - ¿No nos digás que ya pasamos? ¡Pero, si desde el camino no se veía nada!
Bueno, parece que en la ansiedad de arrancar el pedaleo, nadie vio el mirador, ni se esperó al coordinador (no presenta una buena condición física) para que marcara la indicación. Esperemos no pasar otro de estos hitos de largo; seremos más observadores.
Desde este punto adelantamos en grupo hasta el ingreso a una reserva Mapuche, en la que lamentablemente no ingresamos, una pena, creo que debería haber estado dentro del recorrido. Nos dijeron que no es frecuente que reciban visitas. ¿Querrá decir que nos les gusta recibir “hombres blancos”, preguntones, curiosos, explotadores y usurpadores en nombre de cristo?
Luego de otro ascenso relativamente largo, entramos al bello y colorido bosque nativo de coihue, raulí, lenga y ñire. Espectacular entorno con vistas parciales del Lacar, una belleza. Lo malo son los irrespetuosos automovilistas, no hay cantidades pero pasan sin concesiones por el movido ripio, levantando mucha tierra y peligrosas piedras que nos pueden impactar, lamento mucho estas actitudes de gratuita hostilidad.
Desde uno de los miradores emprendemos el extenso descenso hasta la playa de Yuco, donde almorzaremos. Con Emiliano y Ricardo hacemos punta distanciándonos bastante de los demás, la bajada no termina más y tenemos miedo de habernos pasado de largo, pero no es así, al poco tiempo tomamos el desvío bien señalizado a Yuco, introduciéndonos en el corazón del cerrado bosque por unas sendas de película, hacemos algunas fotos aprovechando el pictográfico contraste entre el azul marino del lago y maravilloso follaje de siglos. Más tarde, ante la llegada del grueso del grupo, subimos hasta el lugar destinado para la formidable y completa picada que servirá de almuerzo.
Mientras nos relajamos y comemos las frutas de postre, visitamos una de las pequeñas playas de negra arena volcánica, en donde los más arriesgados, aprovechando los 30° de pasados el mediodía, se dan un fresco chapuzón, disfrutando de piletas naturales y aguas incoloras, a el paisaje lo completa el bosque, toda una postal.
Trascurridos algunos minutos, Gustavo nos informa que es hora de partir, nos quedan 15 kilómetros hasta el campamento, combinando ascensos y descensos de mediano desnivel. Este tramo lo hacemos en poco más de una hora. Ingresamos al amplio y arbolado camping a la vera del lago Nonthue, unido al Lacar por un torrentoso estrecho. Son las 18 horas y el sol está muy alto (aquí oscurece cerca de las 22 horas), por lo que aprovechamos para bañamos en las límpidas y gélidas aguas del lago, que nos quita la tierra acumulada y nos quita el aliento (está helada), pero vale la pena, el chapuzón nos reconforta el espíritu, al salir, es un placer.
Armamos campamento, cenamos fideos con salsa de roquefort, e intercambiamos comentarios sobre lo vivido y lo que se viene para mañana con el primer cruce al país trasandino y el ingreso a la renombrada selva valdiviana.
§ Segunda Etapa: Nonthue (Argentina) - Neltume (Chile).
Despertamos acompañados de otro día soñado, mucho sol y temperatura muy agradable (19°), será una jornada tórrida. Desayunamos, desarmamos campamento y nos ponemos en marcha hacia la frontera, distante unos 7 kilómetros. Intento salir pedaleando suave para calentar bien, pero no puedo evitar prenderme en la vorágine e intensidad que comienzan a darle algunos bikers al tramo hasta la aduana Argentina. Cada vez aceleramos más, hasta llegar con Ricardo en pleno descenso a la edificación del destacamento de Gendarmería. Inmediatamente efectuamos el rápido trámite, aprovechamos los impecables baños, mientras aguardamos a que todo el grupo termine la papelería. En ese lapso nos cruzamos con una pareja joven de ciclistas muy bien equipados, con alforjas prolijamente distribuidas y montadas. Nos cuentan que no cruzarán a Chile, de aquí regresan a Junín de los Andes; saludos y buen viaje.
Retomamos el andar y a los escasos 2 ó 3 kilómetros llegamos al puesto de la aduana Chilena (paso Hua-Hum), justo hay un contingente que nos demora en el trámite. Los chilenos nos revisan hasta lo que transportamos en las riñoneras; parece algo exagerado, pero según ellos no se pueden pasar alimentos crudos, que en teoría podrían ser portadores de virus que ellos no poseen, en fin... para que vamos a discutir... por suerte los energéticos, incluidas las pasa de uva pudieron pasar.
De aquí en más ingresamos en la selva valdiviana, impresionante por donde se lo mire, el angosto camino, sin tránsito motor, serpentea por el apretado follaje, una delicia para transitar con las mtb. Pero, de pronto al doblar una cerrada curva nos encontramos con el camino cortado por un par de máquinas topadoras que pretenden sacar varios árboles caídos que obstaculizan el paso; esperamos unos minutos y nos dejan avanzar, cruzamos con mucho cuidado un puente de madera sin barandas, como la mayoría de la región. El entorno es cada vez más colorido e interesante. La visible presencia de manifestaciones de la colorida selva valdiviana y el discurrir de sinuosos arroyos que bajan de los picos nevados nos acompañan hasta superar el largo puente sobre el caudaloso Hua-Hum; así llegamos hasta Puerto Pirihueico, el camino finaliza y hay que tomar un moderno ferry que nos cruzará hasta Puerto Fruy.
Mientras aguardamos la llegada del transporte, almorzamos y visitamos algunos lugares cercanos, intentamos intercambiar comentarios con los parcos nativos chilenos, pero el diálogo no pasa de un monólogo y respuesta monosilábica de los pobladores trasandinos. Circunstancia que nos permite aventurar un análisis no sólo psicológico, intuyendo tensión u hostilidad hacia los argentinos, se nota en el metamensaje que se evidencia en gestos, miradas, movimientos corporales, etc., definitivamente no les caemos simpáticos, y eso que en la delegación no todos son porteños.
A hora prevista llega el moderno ferry Panguipulli con mensaje ecológico. Nos cuentan que reemplazó hace un par de temporadas a la antigua barcaza cuyos restos se acomodan en una olvidada caleta. Se baja la compuerta, estilo lancha de desembarco de tropas de la segunda guerra mundial, embarcan primeros los móviles motorizados, luego ingresamos cuidadosamente con las bicicletas, las que llevamos caminando al lado para no provocar a un par de carabineros con su fama de irascibles, de la que no podemos dar fe ya que con la delegación su comportamiento fue muy correcto. Hace calor y el sol pega con fuerza, buscamos el reparo de algún alero con sombra. No viaja mucha gente, tampoco hay otros argentinos en la nave más que nosotros (somos mayoría), el resto es todo pasaje chileno. Evidentemente se aprecia que pocos compatriotas cruzan la frontera, en primer lugar porque este no es un paso muy conocido y con caminos en buen estado para fomentar el turismo convencional; segundo, porque el cambio monetario no nos favorece, por aquí todo nos parece carísimo, desde el alojamiento hasta los comestibles.
Poco a poco los poderosos motores de la nave la impulsan a lo profundo del lago Pirihueico rodeado de espigados picos tapizados de selva, en la que se destacan el Cerro Acol de 1844 m.s.n.m y el nevado volcán Mocho de 2250 m.s.n.m.
Así, con cumbres nevadas de fondo y cascadas que se agitan contra la roca, estrechas playas inaccesibles desde tierra, se suceden en las márgenes del espejo de agua, ahora cada vez más estrecho, lo que permite gozar del majestuoso paraje andino. El cielo, ahora parcialmente cubierto y la suave brisa del oeste nos mantiene en un clima perfecto para la contemplación.
Finalmente, luego de aproximadamente de una hora y media de marcha nos acercamos a puerto Fuy, descendemos, nos organizamos y partimos en descenso hasta el Salto de la Leona, a medio camino del destino final del día, la aldea de Neltume.
El veloz descenso por el angosto ripio se torna algo peligro por la presencia de camiones de montaña que cargan árboles talados, van muy fuerte y no aflojan en lo más mínimo su velocidad al advertir la presencia de los ciclistas, lamentable. Pero, ¡alto¡ hay que frenar rabiosamente para no pasar el cruce al complejo y la cascada. Nos reagrupamos y descendemos por un espectacular sendero en medio de la selva hasta un par de saltos de agua que no se pueden creer por su calidad y caudal, no son muy altos, unos 7 ó 8 metros cada uno, pero el estruendo y el alucinante volumen del río que corre nervioso en medio de la selva, nos deja sin palabras, ¡impresionante¡
Luego de algunos minutos de contemplación, con Ricardo nos adelantamos sacándonos las ganas de correr algunos senderos técnicos que exigen gestos de conducción fina entre el húmedo bosque, un verdadero placer. Nos preguntamos si ¿conoceremos algún lugar más lindo que este?, será difícil.
De regreso al cruce hacemos el último tramo de bajada hasta el poblado, ya tenemos ganas de llegar, hemos tenido una jornada fantástica, vivida con gran intensidad hasta el último minuto, además esta noche nos bañaremos, dormiremos y comeremos en una hostería, ideal para variar con la relativa escasez del camping. Pero, antes de instalarnos, tenemos tiempo, nos vamos a visitar otra de las cascadas más espectaculares de la región, el salto Huilo-Huilo. Nuevamente nos quedamos mudos, ¡qué maravilla!, el río de aguas extremadamente transparentes se encajona en un ancho no mayor de 6 metros y cae más de treinta metros hasta una olla coronada de spray y espuma... el lugar es tan atractivo que nos “pegamos”, el tiempo parece detenerse...
Revitalizados con tanta espectacularidad y belleza, retomamos camino y llegamos a la aldea, el móvil de apoyo está aguardando nuestro ingreso, descargamos rápido, elongamos un poco, nos duchamos velozmente, porque el agua caliente no alcanza para todos, parte del grupo, especialmente las chicas debe esperar a que se caliente nuevamente el termotanque... un poco de relax y ya estamos listos para bajar a cenar. Mientras, algunos intentan hablar por los espartanos fonos del poblado que se degluten desaforados los contados pulsos de las tarjetas. En Neltume no hay Internet ni señal para los inoportunos celulares con sus metálicos tonos de colección, ni grandes avances tecnológicos de comunicación, las modernas TICs aún no han arribado a estos confines, produciendo la invasión incontrolable de su impronta.
Por los ventanales del primer piso se observa la calle de tierra (no existe el asfalto), en las esquinas permanecen curtidos personajes nativos, durante centenas de minutos cruzados de brazos, mapuches del nuevo milenio, que se muestran curiosos ante la presencia de tantos ciclistas en masa. ¿No tendrán algo mejor que hacer?
La larga tarde cae y nos sentamos a degustar la cena, con los muy buenos platos de carnes y mejores postres helados caseros de frambuesa, nos damos por satisfechos, charlamos un poco en sobremesa y nos retiramos disfrutar del esperado descanso. Mañana será una jornada muy dinámica, con descenso kamikaze desde el volcán, largo ascenso y final con termas incluidas.
§ Tercera Etapa: Neltume (Chile) – Liquiñe (Chile).
Ocho treinta y unos pocos estamos arriba contemplando el excelente día, otro más para la colección, el pronóstico cibernético extendido (consultado en SMA) no se ha equivocado, los días se suceden sin nubarrones, sin una mínima señal de lluvia, la temperatura además es perfecta para desarrollar la actividad.
Hoy por la mañana está previsto el ascenso con las mtb, en camiones especiales tracción 4x4, hasta el volcán Choshuenco (2415 m.s.n.m), dentro de la extensa reserva Huilo-Huilo, para realizar el descenso por la selva. Mientras esperamos turno para subir a los 4x4, charlamos con algunos aficionados al snowboard (chilenos) que aprovechan los más de 600 metros de nieve de una de las laderas para disfrutar de este deporte de deslizamiento, aún en pleno verano; nos comentan que hace escasos 10 días nevó en la cima del Choshueco y la nieve está en óptimas condiciones. Mientras, a pesar de algunos comentarios desalentadores de los hermanos Petroff anticipando que la nuestra se trata de una bajada técnicamente complicada, casi todo el grupo toma el desafío de hacer el descenso de casi 10 kilómetros desde uno de los puntos más altos del volcán. Los poderosos camiones ascienden por la sinuosa senda que penetra en las entrañas de la selva valdiviana que alcanza su máximo desarrollo, un espectáculo maravilloso; nosotros vamos en la cajuela trasera y debemos estar atentos a las ramas que pasan muy cerca de nuestras humanidades, el contexto aventurero no podría ser mejor, estamos fascinados con el paraje.
Ya en una suave meseta cerca de los 1860 m.s.n.m., antes de llegar a las primeras nieves bajamos las bicicletas y nos concentramos para comenzar el descenso, bajamos un poco el asiento para mejorar la ubicación del centro de gravedad, uno a uno vamos arrancando. La primera parte se presenta muy veloz, pero el piso está en un buen estado, hay pocas ondulaciones, sin embargo a medida que “comemos” kilómetros la senda se vuelve más complicada y técnica, curvas muy cerradas, mucha piedra suelta, árboles bajos, ¡hay que ir con la máxima concentración!
Rebosantes luego de toda la adrenalina puesta en juego, en total se reportaron un par de caídas y un peligroso encontronazo de Emiliano con una 4x4 particular que no respetó las indicaciones de los guardaparques. En cuanto al resto, no hubo que lamentar mayores consecuencias físicas, sólo unos leves raspones en la rodilla de Sofía, que con su tremendo entusiasmo se banca el traspié sin dramas.
Aquí abajo el calor apremia, nos ponemos nuevamente de verano, recogemos energéticos para el camino y continuamos el recorrido pautado, la próxima etapa es de unos 15 kilómetros; los primeros 5 kilómetros son en descenso por ripio muy suelto (mucha precaución), está en reparación y la gran cantidad de piedras mueven la mtb para todos lados, consecuencia: aparatosa caída de Carlos Petroff, parece que no se hizo nada. Llegamos a un cruce, nos reagrupamos frente al llamativo plano de la zona, tallado y pintado en la madera; tomaremos hacia la derecha, bordeando el precioso lago Neltume y luego encarar con ganas el primer ascenso importante del recorrido, unos 6 kilómetros para descargar sudor y fuerzas contenidas, el almuerzo será en el punto más alto, junto al puente, el primero de cemento.
El angosto camino en su primera parte nos ofrece muy lindas postales del Neltume, con Sofía, Patricio, Emiliano y Ricardo hacemos la punta tratando de llegar lo mejor posible a la trepada, recogemos agua fresca en uno de los tantos arroyos que caen del monte y ¡a la carga!.
Fantástico ascenso, dificultoso pero excelente para transitar con las mtb, entre bosques, precipicios y las populares lagartijas de color verde que se muestran curiosas ante los bikers. Con la compañía de Patricio comenzamos a alejarnos del resto, a pesar que el calor exige un poco más, voy con intensidad pero cómodo, el entrenamiento previo efectuado en Córdoba muestra sus beneficios, me recupero muy rápido en los cortos repechos. Luego de algo más de media hora a pura relación 1-1, 1-2, 1-3, llegamos al puente en donde nos espera uno de los móviles de apoyo, ¡qué gratificante¡ hemos llegado agitados pero enteros, excelente performance, y más en el caso de Sofía que llega a escaso minuto y medio, ¡impresionante!
Bajamos un poco los pulsos cardíacos y nos zambullimos en la gélida pero reparadora olla con cascada incluida del arroyo. Mientras el resto del grupo va haciendo su arribada, nos llaman para el almuerzo, estamos hambrientos, nos hemos devorado casi todos los energéticos.
Luego del postre frutal y un poco de charla distendida, continuamos viaje en marcado descenso, la huella está bastante rota, es necesario conducir con precaución, varios derrapan sin control pero hay pocas compras de terreno, las chicas especialmente María Fernanda se defienden de maravillas en la técnica huella.
Disfrutando de imponentes panorámicas aéreas de la comarca, el vigilante volcán Villarica y el colorido valle, llegamos hasta el río Reyehueico, para “variar” se presenta caudaloso y transparente, desde lo alto se observan truchas o salmónidos de importante porte, Fernando no lo duda y saca de su alforja una caña telescópica e intenta engañar con un señuelo artificial a los peces, lo alentamos en cada lanzamiento, la cuchara pasa cerca, pero no hay caso, no se dejan engañar.
Ya todos juntos emprendemos los últimos 7 kilómetros casi planos por ripio hasta la siguiente aldea de Liquiñe, ¡a las termas!
El ripio esta algo cortado, se vuelven muy molestos los interminables y torturadores serruchos, con Emiliano y Ricardo avanzamos rápido, dentro de la franja aeróbica, para terminar el traqueteo, cruzamos algunos puestos de artesanías (no me detengo) y seguimos hasta la hostería La Casona, junto a nosotros llega el vehículo de apoyo, bajamos los elementos personales, en tanto reparo una avería en la bicicleta (rayo cortado), entre otras asistencias a los compañeros con problemas mecánicos: desperfectos en los cambios, descarrilador y cadenas, entre otros. Por suerte las chicas ya se han instalado en sus respectivas habitaciones, luego de un diferendo de espacios a compartir; la hostería es lo mejor que hay en el poblado, pero no es ni media estrella, las habitaciones son compartidas de 2, 3, 4 y 7, con baños ídem.
Gustavo nos dice que dejemos esto para después, los litigios y las reparaciones, son las 18:30 horas, ahora vamos a relajarnos a las aguas termales, le gritamos que vamos urgente, ya estamos listos, sólo hay que llevar una toalla. También va Carlos Petroff, muy dolorido de un tobillo después de caer espectacularmente (catapulta hacia delante) en el ripio antes del almuerzo, Juan Carlos el médico del grupo le da un antinflamatorio, esperamos que se mejore, por ahora tendrá el tobillo en agua fría, nada de termas.
Cruzamos la calle, hacemos 50 metros e ingresamos en un modesto complejo privado contratado previamente por la organización; lentamente nos introducimos en una inmensa pileta de cemento, el agua de suave color verde, está a casi 38 grados, uno no se puede acercar a los caños de entrada porque el torrente llega a quemar, esto es lo máximo para relajarnos después de la intensa jornada y además pensando en el tremendo ascenso de mañana hasta el paso Carirriñe. Bueno, pero eso será mañana, ahora es el relax a tope. Nos dicen que lo ideal es quedarse unos 15 ó 20 minutos, pero... permanecimos más de dos horas, esta terma es alucinante... nos tuvieron que echar.
Regresamos a la hostería justo para la copiosa cena, dos platos, pollo, verduras y luego otro helado casero de frambuesa, para repetir, una exquisitez. De sobremesa nos divertimos con el video casero realizado por Víctor y sus locuras. Más tarde Fernando mostró las excelentes imágenes digitales registradas. Hasta mañana Chile y chilenas.
CONTINUARA....