Me dicen que Pablo Picasso se negó durante muchisimo tiempo a aceptar la encomienda de un retratopara un magnate que estoicamente insistía.Finalmente cierto día el maestro aceptó con tres condiciones: el comitente pagaría una alta suma dedinero, posaría para él y no vería la obra hasta estar terminada.
Así convenido, Picasso emprendió la tarea. Cualestuvo terminada, invitó al hombre a mirar el cuadroEste, azorado, observó su retrato y se volvió haciael maestro quien, palmeándome la espalda, le dijo:«Ahora, a parecerse, hombre. ¡Aparecerse!".
La sarcástica ternura de este cuento del Maestro tiene, a mi modo de ver, un vínculo estrechocon la historia del diseño o, por lo menos, con cienos diseñadores que entendieron su oficio como una forma de autoexpresión y no como un servicio público. •Hay una sola cosa importante en el diseño de la comunicación / ésta es su capacidad de incidir sobre los comportamientos del público.» ]orge Frascara