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Boletín Electrónico de Suscripción Gratuita El Vegetariano Solidario ® Año 1 - Número 4 - Abril 2003 |
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Editorial Podríamos decir que la dieta vegetariana es buena para la salud de nuestro organismo. Sí, es así, pero estaríamos minimizando su importancia, es algo más que lo meramente material que llevamos a nuestra boca para alimentar nuestro cuerpo. El cocinar sin carne es una elección de vida, una apertura de conciencia hacia la no violencia, es el respeto hacia toda entidad viviente, es poner en práctica el mandamiento común a todas las religiones "No Matarás". El creador puso a nuestro alcance todas sus maravillas para que preparemos nuestro alimento sin derramar sangre de seres indefensos. El observar este mandamiento es el comienzo del camino a una apertura de conciencia, es revalorizar ancentrales tradiciones donde se priorizan la ética y el amor por todo lo creado.
La dieta vegetariana y la salud La salud ha sido un motivo tradicional para adoptar una dieta exenta de carnes, y cobra mayor peso a medida que se descubre la importancia del vegetarianismo para prevenir ciertas enfermedades. Muchos lo adoptan, efectivamente, por razones de salud, bien porque la enfermedad los ha impulsado a buscar una curación fuera de los procedimientos clásicos, bien porque, como consecuencia de lecturas o conversaciones, hayan decidido experimentar una nueva forma de vida, para obtener un aumento de fuerza y vitalidad. En las sociedades occidentales, las enfermedades relacionadas con el consumo de carne son la principal causa de muerte, un hecho que, según las asociaciones médicas, podría prevenirse con una dieta baja en grasas animales y rica en fibras vegetales. La dieta vegetariana, muy rica en fibra y pobre en colesterol y grasas saturadas, inhibe la formación de ciertos tipos de cánceres al conseguir un paso más rápido de las heces a través del tubo digestivo. También provoca una menor formación de ácidos biliares (que se convierten en cancerígenos) y una menor actividad de las bacterias intestinales (que transforman estos ácidos en productos cancerígenos). Es difícil pues que los vegetarianos ingieran en exceso grasas saturadas. Los adultos necesitan tan sólo medio litro de leche y cien gramos de queso para alcanzar los requerimientos de calcio recomendables y la mayor parte de las necesidades proteicas. Modernas investigaciones -como las realizadas en 1991 por el Centro del Cáncer de Heldelberg y en 1995 por la Universidad de Harvard o las publicadas en 1994 por la British Medical Journal- indican que estas personas se encuentran más protegidas contra el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, viven más años, gozan de mejor salud en general, gastan menos en seguridad social y sus bajas laborales son inferiores. Todo parece indicar, pues, que la dieta vegetariana es más que recomendable.
Por Gabriel.E.Quijano
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¿Cómo es ser vegetariano-frutariano en un país culturalmente carnívoro? Como es natural en un país de cultura carnívora, Argentina, mi acercamiento a las ideas vegetarianas tuvo que esperar unos cuantos años, pues nada en el medio circundante excitó nunca en mí una preferencia de ese tipo. Para gente de estas latitudes la ingesta diaria de carne es un hecho tan natural como la visión de la nieve para un habitante nórdico. ¿Por qué comía carne? Porque lo hacían mis mayores, quienes, a su vez, habían recibido idéntica transmisión cultural de sus propios mayores. Cuando en una cultura determinado sesgo goza de completa aprobación, eso significa que sus practicantes no tienen necesidad siquiera de aceptarlo, del mismo modo en que no es un tema controversial la lengua que uno va a hablar. Por lo tanto, ser carnívoro en mi país no es una idea ni una convicción, sino simplemente un modo nutricio igual a como el español es su modo idiomático. Se trata de algo que excede largamente la frontera del Bien o del Mal: pues para hablar en términos de bien o mal debe existir previamente la posibilidad de obtar. Y, como es de ver, nadie puede optar por aquello que no conoce. De hecho, jamás olvidaré la impresión de extrañeza que me produjeron mis primeras lecturas sobre el tema: ¿Que la carne no es necesaria para sobrevivir, cuando la prédica "científica" al uso me había taladrado desde niño loando las ventajas de la proteína animal sobre la vegetal? ¿Que puede evitarse la masacre de animales sin que ello conspire contra nuestra salud, cuando desde el colegio primario la única enseñanza oficial aceptada me había persuadido de que dentro de la cadena alimenticia cada eslabón estaba donde le correspondía? ¿Qué los animales no están en el mundo para satisfacer la veleidad de nuestro estómago ni para ataviar la desnudez de nuestros cuerpos, cuando la enseñanza judeo-cristiana imperante no ceja, desde la cuna hasta la tumba, de proclamar que todo lo habido en la tierra es para que la mano del hombre se sirva de ello y que "nuestro" paternal Dios así lo permite y así lo ha querido desde siempre y por siempre? Pues Si Dios hizo a los animales no fue para torturarlos y alimentarnos de su sangre, cualquier persona que lleve a Jesús en su corazón terminará por reconocer que él fue vegetariano y amaba a los animales y quien ama a los animales no se los come. Con semejante clima adverso, ¿alguien cree posible que un niño, por reflexivo que sea, pueda siquiera sospechar la posibilidad de una modalidad nutricia diversa a la descripta? El problema estriba en que, algún día, la niñez termina. Conforme uno va madurando en tanto adulto, ha de vérselas casi siempre con un lacerante proceso de individualización interior que consiste, a grandes trazos en confirmar la validez de algunos de los postulados aprendidos, y suprimir (¡cuán dolorosamente!) muchos otros. No hay paradoja mayor en el comportamiento humano que la de querer y tener que ser al mismo tiempo uno mismo y la tribu de uno. En lo que a mí concierne, este proceso de desgarro espiritual dió comienzo, en buena medida, con la sospecha de que no había pretexto válido para inferir sufrimiento a un ser vivo, el cual, por lo demás, veía yo capaz de cariño, de coraje, de lealtad, y en ocasiones, de regalarme una hermosura tan radiante y acabada que hechizaba mi mente. Despues de todo, ¿no era yo también un animal, esto es, un ser animado, vivo, y que sufriría, como sufren ellos, si alguien me lastima, me tortura, me aleja de mi hábitat y de mis seres queridos, y finalmente me mata, me descuartiza, y me vende para que otros me hiervan, me asen, y me sazonen? Todas estas irritantes tomas de conciencia, que en un principio no pasaban de meras perplejidades, fue tranmutando hasta convertirse en una convicción y en una completa empatía que me forzó, llegado el momento, a hacer algo más que meditar perplejo y quejarme para mis adentros. Había llegado el momento de actuar, de poner en práctica mis nuevas ideas y de forjar argumentos capaces de incitar a otros a transitar el mismo camino. Ello significó para mí la necesidad de estudiar los temas aledaños al vegetarianismo (nutrición, leyes apañadoras de la industria cárnica y otras, opiniones de expertos, medicinas alternativas, y, sobre todo, la evidencia plena y rampante de la salud y longevidad obstentadas por muchos/as vegetarianos/as ilustres, por ejemplo mi admirado comediógrafo irlandés George Bernard Shaw. Por no hablar del esfuerzo que me demandó instruirme respecto de la posibilidad de que los cosméticos y artículos de higiene personal no costasen la vida ni el padecimiento de un animal cuyo cuerpo haya terminado como objeto de experimentación en una fría y oscura celda de laboratorio viviseccionista). Si ellos, los explotadores y especistas, decidieron sacar a los animales de su hábitat natural para exhibirlos como si fueran cosas en los zoológicos, para torturarlos en los laboratorios de vivisección, para arrancarles la piel en las granjas peleteras, para mantenerlos hacinados en las granjas factoría, para divertir a personas en los circos, para dispararles en la caza como deporte. Si ellos pudieron hacer todo eso, nosotros ahora también podemos organizarnos, luchar y liberarlos para luego devolverlos al hábitat natural de donde nunca debieron haber sido arrancados, para que vivan en libertad, en paz y en armonia con la naturaleza, ¿no les parece?.
Por Luciano Bonfico
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Cómo sustituir el huevo y la gelatina de cartilago animal Para sustituir el huevo: - Si utilizas huevo para “ligar” albóndigas o hamburguesas, puedes utilizar en su lugar copos de avena remojados en agua. Para este mismo fín puedes sustituir 1 huevo por la mezcla resultante de diluir 1 cucharada de harina de soja en 3 de agua. Una tercera alternativa sería miga de pan ligeramente humedecida, puré de patatas o pan rallado integral. - Si quieres hacer salsas, como la mayonesa, puedes emplear leche de soja en lugar de huevo. Para el mismo fin puedes utilizar un poco de tofu. - Si quieres hacer una tortilla, puedes emplear una mezcla hecha con harina de garbanzo y agua, con la ayuda de la batidora, en una proporción de 60% de harina y 40% de agua. - Si quieres hacer un rebozado, pasa el alimento a rebozar por harina, después por una masa hecha con agua y harina al 50%, con ayuda de la batidora eléctrica, y después por pan rallado.
Y para sustituir la gelatina de cartilago animal: - Se emplea el alga agar-agar en polvo disuelta en agua. Su sabor es muy suave y se usa como espesante, en lugar de la gelatina, que proviene del cocimiento de los huesos de los animales, siendo por tanto desaconsejable. Para preparar esta gelatina, sólo requiere una corta cocción más una hora de reposo para que se solidifique. Tiene propiedades laxantes.
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La solidaridad a un paso Quería contarles de una nueva página en la que podés donar un plato de comida a un chico pobre de la Argentina con sólo hacer un click y en forma totalmente gratuita. La página es: http://www.porloschicos.com y en ella los auspiciantes cambian unos pocos segundos de tu atención por un plato de comida para un chico que realmente lo necesita. Además, si la ponés como tu página de inicio, podés darle de comer a un chico cada vez que entras a internet evitando tener que escribir la dirección y asegurandote de no olvidarte. Acordate que cuando se trata de un plato de comida para un chico hambriento cada click cuenta y realmente hace la diferencia. Visitá la página y si te gusta la ídea contale también a tus contactos.
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 La Asociación Gaia es una organización ecologista, con la forma legal de una asociación civil sin fines de lucro, creada en 1992.
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Menú Vegetariano para un Día Completo - Desayuno Licuado de bananas con copos de maíz y una rebanada de pan integral con queso blanco o miel.
- Almuerzo Tortilla de patatas sin huevos Ingredientes:
•Patatas •Cebolla •Calabacín •Harina de garbanzos •Aceite •Sal •Pimienta
Preparación:
Cortar las patatas en rodajas y freirlas con la cebolla y el calabacín, agregar sal al gusto. En un recipiento a parte mezclar la harina con agua (60 y 40%), más o menos un vaso para la tortilla, añadir sal y un poco de pimienta, al gusto, a la mezcla y batirla para evitar que queden grumos. También puedes echar un tomate pelado y batirlo con la mezcla para que quede más jugoso. Cuando estén fritas las patatas echarlas en un recipiente y añadirles la mezcla, remover y volver a echar a la sartén. Mover ésta para que no se pegue, dejar que se dore por ambos lados y listo. Antes de comerla es conveniente dejarla reposar un poco para que adquiera una mayor consistencia.
- Merienda Flan de ciruela: Preparación:
Hervir 1/4 k de ciruelas secas y sin carozo. Licuar, volver al fuego, agregar jugo y ralladura de 1 limón, 2 cdas. de miel y 1 cda. de agar-agar ( gelatina de algas en polvo, que se consigue en casas naturistas) disuelta previamente en un poquito de agua. Cocer 3 minutos más. Colocar en compoteras de vidrio y enfriar.
- Cena Tagliolini con salsa blanca: Ingredientes para 4 personas
•500 g. de tagliolini integrales •1 taza de champigñoles cocidos •1 taza de leche •1 cda. de queso rallado •1 cda. de perejil picado •Harina común o integral extra fino a gusto •Manteca o ghee a gusto •Sal marina, pimienta y nuez moscada a gusto
Salsa blanca liviana:
Calentar 1 cda. de manteca o ghee, mézclele 1 cda. de harina común o integral extra fino hasta formar una pastita. Echele de golpe 1 taza de leche fría y revuelva con batidor de alambre para dispersar bien la harina. Siga revolviendo con cuchara de madera hasta que la salsa hierva, espese y no se le sienta "gusto a harina". Retirar del fuego y agregar el queso rallado y el perejil picado. Sazónelo a gusto con sal marina, pimienta y nuez moscada.
Mediana: Use 2 cda. de manteca o ghee, 2 de harina común o integral extra fino y una taza de leche.
Pesada: Use 3 cda. de manteca o ghee, 3 de harina común o integral extra fino y una taza de leche.
Simultáneamente hervir los tagliolini integrales al dente en abundante agua con sal marina durante 15 minutos o más, colarlos y ponerlos en una fuente, regar con la salsa blanca y una taza de champigñoles cocidos, revolver y comer con poco queso parmesano.
Por Gabriel.E.Quijano
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 El MAPO, Movimiento Argentino para la Producción Orgánica, es la Organización No Gubernamental orgánica más importante de la República Argentina.
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 Alimentos para la Vida es una Asociación Civil Sin Fines de Lucro que se dedica a la distribución de comidas para la gente necesitada y a la mejora de la alimentación de la población en general.
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 Asóciese a Greenpeace una organización internacional independiente que utiliza la no-violencia y la confrontación creativa para exponer y encontrar solución a los problemas ambientales globales.
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