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EDITORIAL
- Tengo un sueño Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá!!... ya no tuviera necesidad de soñarlas.
Soñar a mis hijos, grandes, sanos, felices, volando con sus alas, sin olvidar nunca el nido.
Soñar con el amor con amar y ser amado dando todo sin medirlo recibiendo todo sin pedirlo.
Soñar con la paz en el mundo, en mi país... en mi mismo, y quién sabe cuál es más difícil de alcanzar.
Soñar que mis cabellos que ralean y se blanquean no impidan que mi mente y mi corazón sigan jóvenes, y se animen a la aventura, sigan niños y conserven la capacidad de jugar.
Soñar que tendré la fuerza, la voluntad y el coraje para ayudar a concretar mis sueños en lugar de pedir por milagros que no merecería.
Soñar que cuando llegue al final podré decir que viví soñando y que mi vida fue un sueño soñado en una larga y plácida noche de la eternidad.
Martin Luther King
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El tema (¿mito?) de los transgénicos, por Dr. Darío Gianfelici |
"El concepto de igualdad sustancial entre un producto natural y uno transgénico es sólo una costosa defensa de un interés económico en la producción y venta de venenos agroquímicos. El hecho que la cantidad por unidad de superficie a utilizar de estos venenos aumente campaña tras campaña lo pone en evidencia, además de destruir otro de los postulados de la Biblia transgénica que decía que, con estos productos, iba a disminuir la necesidad del uso de agrotóxicos"
Los seres que habitan este planeta han alcanzado, después de años de evolución, un equilibrio que admite la supervivencia de un sinnúmero de especies. Es lo que se denomina biodiversidad, un fenómeno producto de la paciencia inmensurable de la obra de Dios, el Ser Supremo, el Inmortal Arquitecto, o cualquiera de las denominaciones con que el pensamiento humano se protege de su ignorancia ante tamaño milagro evolutivo.
Pero desde hace una o dos décadas ha aparecido un peligro inminente a la salud de esa evolución: “La revolución genética”, cuya expresión más evidente son los cultivos transgénicos pero que, casi subrepticiamente, afecta también a la crianza de animales y la producción de medicamentos. Y, por lo tanto, al hombre que es el último consumidor de todos los productos que se originan en estas técnicas.
Entre 1950 y 1960, diversos motivos como el descubrimiento de los antibióticos y el gran avance en las técnicas médicas para la prevención de enfermedades epidémicas, disparan un inusitado crecimiento de la población mundial que se hizo mucho más notable en los países pobres.
La humanitaria necesidad de alimentar a una población famélica alumbró la “Revolución verde”, que estaba basada en el uso de plaguicidas para lograr mejores cosechas.
Está fuera de discusión que el objetivo final del proyecto se cumplió, la producción pecuaria se multiplicó por miles. Sin embargo, las hambrunas no terminaron, las poblaciones indigentes siguen siéndolo aún y tal vez ha aumentado su número y la profundidad de su pobreza.
Pero, a todo esto, los efectos colaterales de la contaminación producida por los venenos agroquímicos aún persisten. Los países tecnológicamente desarrollados no han podido limpiar sus tierras y cursos de agua de elementos como el DDT, al margen de que permanecen ocultas las enfermedades y muertes que estos venenos provocaron. Estos países suponen, en un exceso de optimismo, que algunas décadas bastaran para recuperar la salud de su medio ambiente y, con total falta de solidaridad intentan “exportar” las actividades “sucias” hacia los países emergentes.
Entonces, como ahora todavía, uno de los mecanismos de garantía de la inocuidad de los venenos agroquímicos es la Dosis Letal 50 (DL50).
Tratemos de profundizar las características de esta prueba.
Se toman distintas poblaciones de ratas a las que se administran dosis progresivamente altas del veneno en cuestión. La DL 50 será aquella que mate al 50% de la colonia que estuvo expuesta. Si la dosis del tóxico a usar en el sembrado no supera la DL50 será aprobada.
Primera objeción: el estudio se hace en ratas, lo que no garantiza la misma reacción en el resto de los animales.
Segunda objeción la DL50 es la dosis que mata la mitad de las ratas expuestas, cual es la dosis que mata el 25%? cual el 10%?, cual el 5%? Cualquiera de estas concentraciones pueden ser aprobadas. Quienes defienden la DL50 como garantía, admitirían una dosis que SOLO MATE 2 ó 3 seres humanos de cada cien?
Por otra parte las DL 50 se extrapolan para su efecto en seres humanos adultos sanos 70 kg. de peso. Que sucede con los niños? Y con los ancianos? Y, muy especialmente, cual es la dosis a aplicar para no afectar la población no nacida?
Las dos revoluciones, la “verde” y la “genética”, son, en realidad, complementarias.
La esencia de las modificaciones genéticas es producir cultivos resistentes a los venenos agroquímicos o a determinados insectos. No es el caso de la selección de mejores cepas que naturalmente producen mejores rendimientos.
De allí la incorporación a distintas semillas como soja o maíz, entre otros, de genes que los hacen resistentes a herbicidas como el glifosato o insectos que, a veces, ni siquiera existen en el lugar donde son implantados como el caso del maíz Bt en la República Oriental del Uruguay.
El ingeniero Adolfo Boy describe el proceso de incorporación de ADN heterólogo como la realización de una fotocopia en la que a un texto se incorpora otro para dar origen a una nueva composición literaria. El ejemplo es bastante simple y se aproxima bastante a la realidad, pero la genética es, por desgracia mucho mas compleja.
Desde Mendel hasta acá conocemos lo primordial de la recombinaciones genéticas y su efecto sobre el fenotipo, es decir, las características visibles del individuo.
También es conocido que el sexo se determina por un par de cromosomas, que tendrán una forma similar a letras XX en el individuo femenino y XY en el masculino.
Algunas características genotípicas no se hacen evidentes por ser recesivas, quiere decir, están reprimidas por otro gen que se llama dominante que impide su expresión en el fenotipo, lo visible.
Por ejemplo, la hemofilia, una enfermedad en que el individuo afectado nace con una incapacidad para de coagular la sangre que lo expone a morir desangrado ante heridas o traumatismos mínimos, es, típicamente, una enfermedad de transmisión recesiva ligada al sexo.
Esta patología, es transmitida por los individuos femeninos pero sufrida por los masculinos.
Cuando el gen recesivo aparece en una parte de esa “X” en la mujer, siempre encuentra un dominante en la otra “X”. Pero si aparece en la “X” del hombre puede estar en el sector no cubierto por la “Y” que lo acompaña y se manifiesta la enfermedad.
Según las leyes de Mendel, uno de cada cuatro hijos de una mujer portadora de este gen recesivo puede sufrir de hemofilia. Es bueno agregar, a fin de ser estrictamente didácticos, que en cada embarazo se juega esta funesta lotería genética. Por lo cual si una pareja ha tenido un hijo hemofílico no tiene garantizados tres hijos sanos a continuación sino, por el contrario, todos pueden sufrir la enfermedad.
Cuando se juega con los genomas como si fueran esos equipos de piezas para armar, que en mi infancia se llamaban “Mis Ladrillos”, no es tan fácil como sacar una pieza roja y poner una amarilla. Hay una ilimitada posibilidad de recombinaciones muy difíciles de detectar que se producen en el laboratorio y, lo que es mucho peor, se van a seguir produciendo en la naturaleza fuera del control de los científicos.
Ya han sucedido “accidentes” en los que por manipulación de una virus inocuo se produjo uno fatal que obligó a destruir la cepa antes que se disemine o, por lo menos, eso queremos pensar.
El justificado temor de quienes no vemos con agrado este juego parecido al del aprendiz de brujo es ¿cuántos genes recesivos se han producido ya en los cultivos transgénicos y están esperando la oportunidad de producir sobre los animales y el medio ambiente efectos catastróficos?
No hay, a pesar de las declaraciones de quienes solo buscan proteger sus intereses, ninguna seguridad de que esto no esté sucediendo ya.
El concepto de igualdad sustancial entre un producto natural y uno transgénico es sólo una costosa defensa de un interés económico en la producción y venta de venenos agroquímicos. El hecho que la cantidad por unidad de superficie a utilizar de estos venenos aumente campaña tras campaña lo pone en evidencia, además de destruir otro de los postulados de la Biblia transgénica que decía que, con estos productos, iba a disminuir la necesidad del uso de agrotóxicos.
El otro gran argumento que cautiva especialmente la imaginación de los ingenieros agrónomos, es la necesidad de alimentar al mundo.
Innumerables autores han dicho, con acierto, que el problema del hambre no es producción sino de distribución. La pobreza, la marginalidad y la desnutrición de la población carenciada, especialmente la infantil, no sufrieron desde la aparición de los productos transgénicos sino un aumento constante. La soja, en todo caso, contribuyó a este panorama desolador destruyendo fuentes de trabajo, eliminando tambos y fabricando una agricultura sin agricultores, al decir de Jorge Rulli, cuyos excluidos van a engrosar los cinturones de pobreza de las grandes ciudades donde son víctimas de la violencia marginal o pasan a formar parte de ella.
Sólo si los encargados de conducir los destinos de los pueblos advierten que lo urgente no debe impedir lo necesario e implementan políticas sustentables de economía y producción pero ademas en lo social, relacionado a la salud y al medio ambiente se podrá invertir este proceso de deterioro mundial del cual fenómenos como el agujero de ozono y el cambio climático son alertas que se pueden ignorar.
Cerrito, Entre Rios, 13 de mayo de 2004.
| Nos conviene un menú cada vez más vegetariano, por Jeremy Rifkin. |
Aunque hay creciente preocupación por los cientos de millones de automóviles, ómnibus, camiones, aviones y trenes que escupen dióxido de carbono a la atmósfera, calentando el planeta y amenazando con un cambio fundamental en el clima de la Tierra, se pasa por alto una fuente aún más solapada de gases que producen calentamiento global. Quizá el lector se sorprenda al enterarse de que la carne que ponemos sobre nuestra mesa es ahora la culpable número uno del cambio climático mundial.
Según un nuevo informe elaborado por la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), el ganado genera el 18 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Este porcentaje no sólo abarca el transporte. Aunque el ganado —sobre todo el vacuno— produce el 9 % del dióxido de carbono derivado de la actividad relacionada con el hombre, genera una proporción mucho mayor de nocivos gases de efecto invernadero. El ganado origina el 65 % de las emisiones de óxido nitroso relacionadas con el hombre.
El óxido nitroso tiene casi 300 veces el efecto de calentamiento global del dióxido de carbono. La mayoría de las emisiones de óxido nitroso provienen del estiércol. El ganado también emite el 37 % de todo el metano inducido por el hombre —gas que tiene 23 veces más impacto que el dióxido de carbono en el calentamiento terrestre.
Actualmente, el ganado ocupa el 26 % de la superficie terrestre libre de hielo. Más de un tercio de la tierra cultivable del mundo se utiliza para producir granos forrajeros para animales en lugar de granos alimentarios para los seres humanos.
Tradicionalmente, el ganado se alimentaba en las tierras de pastoreo. Fue recién en el siglo XX cuando empezamos a convertir vastas extensiones de tierra cultivable que producían granos alimentarios en tierras de producción de forraje para que los consumidores más acaudalados pudieran comer carne de animales alimentados con él. Al haber más tierras dedicadas al cultivo de forraje, millones de los seres humanos más pobres del mundo han sido relegados a tierras más marginales o desarraigados por completo, lo que les dificulta cada vez más mantener una ingesta calórica diaria siquiera modesta.
El ganado vacuno por sí solo literalmente está devorando ecosistemas enteros. Gran parte de las selvas tropicales que aún existen en lugares como el Amazonas está siendo talada para hacer lugar a las tierras de pastoreo. Al mismo tiempo, la tierra cultivable de todo el mundo se erosiona debido a la tala excesiva, y el agua dulce que queda en el mundo se contamina con los desechos animales y los pesticidas.
En el futuro, el problema se agravará. La FAO calcula que la producción mundial de carne se habrá duplicado en 2050, con consecuencias potencialmente catastróficas para la biosfera del planeta.
La FAO también enumera correctivos que incluyen métodos de conservación del suelo más eficaces, mejoramiento de la dieta animal para reducir las emisiones de metano y elevar la eficiencia de los sistemas de irrigación.
Las soluciones de la FAO parecen casi risibles porque no abordan la cuestión central. El problema es que hay más seres humanos que se alimentan en un punto más alto de la cadena alimenticia de la Tierra, con dietas muy centradas en la carne, a expensas del bienestar del planeta. ¿Por qué entonces en el estudio sólo se alude tangencialmente a una dieta más vegetariana y no se formulan recomendaciones para reducir el consumo de carne?
Quizá la razón sea que la industria mundial de la ganadería es el sector de más rápido crecimiento de la agricultura mundial. Da empleo a 1.300 millones de personas y representa el 40 por ciento de la producción agrícola mundial.
La industria ganadera emplea el equivalente a casi cuatro litros de nafta para producir medio kilo de carne vacuna engordada a corral en los Estados Unidos. Para satisfacer los requerimientos anuales de carne vacuna de una familia tipo —aproximadamente 120 kilos— se debe consumir unos mil litros de combustibles fósiles. Cuando ese combustible se quema, libera más de 2,5 toneladas de dióxido de carbono adicional hacia la atmósfera —tanto dióxido de carbono como el que emite un auto promedio en seis meses de uso normal—.
Naturalmente, la reacción inmediata al más mínimo reclamo de reducción del consumo de carne en la dieta es que los seres humanos son carnívoros y necesitan carne para mantenerse sanos. No es cierto. Los Homo sapiens somos omnívoros. Como nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, hemos evolucionado para basar nuestra alimentación en frutas frescas y verduras con un consumo de carne sólo ocasional. Aunque la carne es parte de la dieta, hasta el siglo XX era más un condimento que un plato principal.
¿Pero acaso no necesitamos la proteína adicional que contiene la carne para llevar una vida sana? En realidad, el estadounidense promedio ya consume mucha más proteína de la que puede absorber el cuerpo. Una dieta balanceada y basada en vegetales fácilmente puede proporcionar toda la proteína que necesita una persona para mantenerse sana.
* Jeremy Rifkin es licenciado en Economía y en Relaciones Internacionales. Es profesor de la Escuela Wharton de Finanzas y Comercio, y presidente de la Foundation on Economic Trends, con sede en Washington, una fundación que estudia las tendencias económicas.
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PERSONAJES: Jane Goodall: una vida entre chimpancés |
Hablar de Jane Goodall es hablar de pasión por los chimpancés. Su vida siempre ha estado unida a estos animales.
De pequeña, sus libros favoritos eran El Libro de la Selva y Tarzán. Con dos años, su padre le regaló un chimpancé de juguete. Con diez, ya soñaba con la idea de viajar a África y vivir entre ellos.
El paleontólogo y antropólogo Louis Leakey convirtió su sueño en realidad. Pensó en Jane para comenzar un estudio de chimpancés en el Parque Nacional de Gombe, en Tanzania.
Los comienzos no fueron fáciles. Los animales huían de ella, pero poco a poco se fueron acostumbrando a su presencia, y Jane fue descubriendo muchos aspectos de su conducta, entre otras cosas, que fabrican sus propias herramientas de caza.
Lo que muchas personas creían que sería una experiencia de sólo unos meses, se convirtió en el estudio de campo más importante sobre cualquier especie animal en su hábitat natural.
Jane Goodall tiene en la actualidad 66 años. Acaba de publicar su autobiografía, "Gracias a la vida", editada en España por Mondadori.
La Fundación Jane Goodall
La Fundación Jane Goodall nació en California en 1977 para ayudar a la investigación y conservación de los chimpancés y otros primates. Actualmente su sede se encuentra en Washington D.C.
En 1991, la Fundación puso en marcha un ambicioso proyecto: Roots & Shoots (Raíces y Retoños), a través del cual niños y jóvenes de más de cuarenta países realizan actividades constructivas para mejorar el medio ambiente.
Para Jane Goodall la mayor amenaza para los chimpancés es la caza y el comercio ilegal de especies. La Fundación se ocupa del cuidado de aquellos animales que han quedado huérfanos por los cazadores furtivos y del seguimiento de los que se encuentran en cautividad.
El dinero para llevar a cabo estas actividades se obtiene sobre todo a través de la venta de sus libros.
"Los chimpancés poseen sentimientos que consideramos humanos: felicidad, tristeza, miedo, desesperación, vergüenza...y, como los humanos, pueden llegar a morir de pena".
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PROYECTOS EN MARCHA Protección de la Vaca |
Asociación que se encarga de proteger a la vaca, luchando contra la explotación de este gran animal, la madre de las madres. Alvaro se encarga de cuidarlas en un ambiente hermoso de naturaleza, de paz y amor. Fabrica quesos, si deseas colaborar o conocerle llamar al Tel. 606 28 31 58. Está situado en Brihuega - Guadalajara
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PENSAMIENTOS -Victor Hugo |
"Primero fue necesario civilizar al hombre en relación con el hombre. Ahora es necesario civilizar al hombre en relación con la naturaleza y los animales.....en las relaciones entre el hombre y los animales, las flores, y todos los objetos de la creación, hay una gran ética. Una ética, apenas percibida como tal, que a la larga saldrá a la luz, y será el complemento de la ética humana".
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LUGARES PARA COMER -Abuela Pan |
Abuela Pan Bar y Restaurante Natural
Tel. 4361-4936
La soja que utiliza Abuela Pan es No Transgénica Certificados a Disposición
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Hasta el próximo boletín, Gabriel. |
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