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El ahimsa o el camino de la no-violencia Por Mahatma Gandhi |
Una serie de experiencias a lo largo de los treinta últimos años (de ellos, los ocho primeros en África del Sur) me ha confirmado que el porvenir de la India y del mundo depende de la adopción de la no-violencia. Es el medio más inofensivo y el más eficaz para hacer valer los derechos políticos y económicos de todas la gente que se encuentra oprimida y explotada.
La no-violencia no es una virtud monacal destinada a procurar la paz interior, sino una regla de conducta necesaria para vivir en sociedad, que asegura el respeto a la dignidad humana y permite que progrese la causa de la paz, según los anhelos más fervientes de la humanidad. La primera exigencia de no-violencia consiste en respetar la justicia alrededor de nosotros y en todos los terrenos...
No se puede ser no-violento de verdad y permanecer pasivo ante las injusticias sociales. La no-violencia no consiste en "abstenerse de todo combate real contra la maldad", por el contrario, veo en la no-violencia una forma de lucha más enérgica y más auténtica que la simple ley del talión, que acaba multiplicando por dos la maldad. Contra todo lo que es inmoral, pienso recurrir a armas morales y espirituales. No deseo embotar el filo del arma que me presenta el tirano, utilizando un tajo más cortante todavía que el suyo; procuraré apagar la mecha del conflicto sin ofrecer ninguna resistencia de orden físico. Mi adversario tiene que quedar sujeto por la fuerza del alma. Al principio quedará desconcertado; luego tendrá que admitir que estar resistencia espiritual es invencible. Si se pone de acuerdo, en vez de sentirse humillada, saldrá de ese combate más noble que antes. Podría objetarse que es una solución ideal. Estoy totalmente de acuerdo.
La no-violencia es la fuerza más grande que la humanidad tiene a su disposición. Es más poderosa que el arma más destructiva inventada por el ser humano. La destrucción no corresponde ni mucho menos a la ley de los Hombres. Vivir libre es estar dispuesto a morir, es preciso a manos del prójimo, pero nunca a darle la muerte. Sea cual fuere el motivo, todo homicidio y todo atentado contra la persona es un crimen contra la humanidad.
Ninguna institución puede hacer obligatoria la no-violencia, como tampoco es posible consignar los principios de la verdad en una constitución escrita. Nos toca a cada una de nosotras adoptarlas con toda libertad. Lo mismo que los vestidos, tienen que venirnos a medida, si no queremos caer en contradicciones sin fin.
La humanidad no puede librarse de la violencia más que por medio de la no-violencia
La resistencia pasiva es un método que permite defender todo derecho que se encuentre amenazado, haciendo caer sobre sí mismo los sufrimientos que se pueden derivar. Pasa lo contrario con la resistencia armada. Cuando me niego a hacer una cosa que me repugna a mi conciencia apelo a las fuerzas del alma. Supongamos que el gobierno implanta una ley que me toca en algunos de mis intereses. Si recurro a la violencia para hacer abrogar la ley, empleo lo que puede llamarse la fuerza del cuerpo. Por el contrario, si no obedezco la ley a costa de incurrir en las sanciones previstas, utilizo la fuerza del alma; y esto supone un sacrificio para mi mismo. La desobediencia, para que sea civil, tiene que ser sincera, respetuosa, mesurada y exenta de todo recelo. Tiene que apoyarse en principios muy sólidos, no verse nunca sometida a caprichos y sobre todo, no dejar que la dicte nunca el odio o el rencor.
Todo el mundo admite que sacrificarse a sí mismo es infinitamente más noble que sacrificar a los demás. Cuando se utiliza esta fuerza para luchar contra la injusticia tiene la ventaja de no hacer sufrir más que a aquel que la emplea. Si entretanto se comete algún error, los otros no tienen porque padecerlo. Desde siempre las personas han emprendido cosas que luego se han visto que eran errores. Nadie puede asegurar con certeza que está en su derecho y que todo los demás es falso por ir en contra de su opinión. Por el contrario, es indispensable que uno se abstenga de hacer lo que considera injusto, sea cuales fueren las consecuencias; este primer paso es la llave que permite utilizar la fuerza del alma.
El adepto de la ahimsa no puede hacer suya la fórmula utilitaria según la cual el mayor bien es lo que más conviene a la mayoría. Dispuesto a sacrificar la vida por su ideal, luchara para que todos y todas sin excepción, puedan conocer el bien más elevado. En caso necesario, deberá aceptar el sacrificio de su vida por salvar las de los demás. Si todas las personas pueden gozar de los derechos más importantes, se sigue que allí está también incluida la mayoría y, es este sentido, hasta cierto punto, los defensores de esta forma utilitaria están junto a los no-violentos; pero pronto se separarán los caminos y se dirigirán en sentidos opuestos. En efecto, sólo el no-violento estará dispuesto a sacrificarse; los seguidores de la moral utilitaria no tienen ninguna razón para hacerlo.
La resistencia pasiva es una espada de múltiples virtudes. Se la puede utilizar de diferentes maneras. Atrae las bendiciones sobre aquel que las usa y sobre aquel contra quien se emplea. Sin derramar una sola gota de sangre, obtiene resultados extraordinarios. Es una arma que nunca se oxida y que no se puede robar. En este mundo no se ha hecho nada que no se deba a la acción. Rechazo la expresión "resistencia pasiva", porque, no traduce por completo la realidad y podría verse en ella el arma de los débiles. A mi juicio la no-violencia no tiene nada de pasivo. Por el contrario, es la fuerza más activa de mundo... Es la ley suprema. No he encontrado ninguna situación que me haya desconcertado por completo en términos de no-violencia. Siempre he llegado a tiempo algún remedio.
El fin y los medios son términos convertibles entre sí
Se oye decir: "Los medios, después de todo, no son más que medios". Yo diría más bien: "En definitiva, todo reside en los medios". El fin vale lo que valen los medios. No hay tabique alguno entre esas dos categorías. De hecho, el Creador no nos permite intervenir más que en la elección de los medios. Sólo él decide del fin. Y solamente el análisis de los medios es lo que permite decir si se ha alcanzado el éxito en la consecución del fin.
Vuestra mayor equivocación es la de creer que no hay ninguna relación entre el fin y los medios. Esa equivocación ha hecho cometer crímenes innumerables a personas que eran consideradas como religiosas. Es como si pretendieseis que de una mala hierba puede brotar una rosa. Según una máxima digna de consideración "el discípulo toma como modelo al Dios que adora". Se ha trastocado el sentido de estas palabras y se ha caído en el error. Los medios son como la semilla y el fin como el árbol. Entre el fin y los medios hay una relación tan ineludible como entre el árbol y la semilla. Se recoge exactamente lo que se siembra.
No admito el má###ínimo recurso a la violencia para alcanzar el éxito... A pesar de toda mi simpatía y de toda mi admiración por la nobleza de ciertas causas, estoy completamente en contra de que se las defienda por métodos violentos. Por consiguiente no puede haber ningún acuerdo posible entre la escuela de la violencia y mis concepciones. Sin embargo, mi fe en la no-violencia no solo no me prohibe, sino que incluso puede imponerme que me asocie con los anarquistas y con todos los que son partidarios de la violencia. Pero cuando camino a su lado, es sólo para hacerles reflexionar a lo que me parece que es su error. Pues la experiencia me ha demostrado que un bien duradero no puede venir jamás de la mentira o de la violencia. Si, al fomentar estas ideas corro el peligro de caer en un ingenua ilusión, es preciso reconocer de que se trata de una ilusión fascinante.
Sólo el amor es capaz de vencer al odio
La no-violencia no consiste en amar a los que nos aman. La no-violencia comienza a partir del instante en que amamos a los que nos odian. Conozco perfectamente las dificultades de ese gran mandamiento del amor.
¿Pero no pasa lo mismo con todas las cosas grandes y buenas? Lo más difícil de todo es amar a los enemigos. Pero, si queremos realmente llegar a ello, la gracia de Dios vendrá a ayudarnos a superar los obstáculos más temibles. Nuestro mundo no reposa en una estructura social noviolenta. Por doquier se ve a hombres defender sus posesiones empleando medios de naturaleza coercitiva; pero sin ellos, solamente hubieran podido vivir los individuos más feroces Afortunadamente, también existen vínculos de amor, como puede comprobarse en las familias e incluso en las comunidades que se llaman naciones. Lo que pasa es que no se reconoce la supremacía de la no-violencia.
He procurado que tenga nuevamente en mi país la antigua ley del sacrificio en sí mismo, pues el Satyagräha y sus dos prolongaciones, la no-colaboración y la resistencia civil, no son más que palabras nuevas para traducir las ideas de sufrimiento y de renuncia: los rishis, que descubrieron la no-violencia en medio de la violencia, fueron genios superiores a Newton. Eran incluso mayores guerreros que Wellington. Tras aprender a servirse de las armas, comprendieron que era inútil recurrir a ellas y supieron enseñar a unos hombres ahítos de violencia que la salvación del mundo sólo podía venir de la no-violencia. Jesucristo, Daniel, Sócrates, están entre los representantes más auténticos de esta resistencia pasiva que procede de la fuerza del alma. Todos estos maestros consideran el cuerpo como algo despreciable en comparación con el alma. Entre los modernos, Tolstoi es el teórico mejor y más brillante de esta doctrina; pero no se contentó con exponer sus principios, sino que acomodó a ellos su vida de cada día. En la India, la doctrina ha sido elaborada y practicada mucho tiempo antes de que tuviera éxito en Europa. Es fácil ver como la fuerza espiritual es infinitamente superior a la fuerza física. Si se recurre a la fuerza del alma para reparar las injusticias, se evitarán muchos males actuales.
Sin ningún temor, Buda, emprendió la lucha contra sus enemigos y logró que capitulara un clero arrogante. Cristo echó del templo a los mercaderes y maldijo a los hipócritas y fariseos. Aquellos dos grandes maestros eran partidarios de una acción directa y enérgica. Pero, al mismo tiempo, mostraron una bondad y amor indiscutibles en cada uno de sus actos. No habrían levantado un solo dedo contra sus enemigos, prefiriendo mil veces morir antes que traicionar la verdad que vinieron a transmitir. Buda habría muerto luchando contra los sacerdotes si la grandeza de su amor no se hubiera revelado igual a sus esfuerzos por reformar al clero. Cristo murió en la cruz, coronado de espinas, desafiando el poder de todo un imperio. Si yo, a mi vez, opongo una resistencia de naturaleza no-violenta, no hago más que seguir las huellas de esos grandes maestros.
En la persona de Thoreau los americanos me dieron un maestro. Su ensayo sobre El deber de la desobediencia civil me proporcionó una confirmación científica de las razones de mi acción en África del Sur. La Gran Bretaña me dio a Ruskin. En un solo día su libro Unto this last hizo del abogado y ciudadano que era yo un campesino, cuya finca se encontraba a cinco kilómetros de la estación más cercana. Con Tolstoi, Rusia me dio un maestro capaz de fundamentar racionalmente mi no-violencia empírica; Tolstoi dio su bendición al movimiento que yo había creado en África del Sur, cuando el intento todavía estaba en pañales y apenas hacía adivinar sus admirables posibilidades; fue él el que profetizó en una carta que me dirigió por entonces que mi acción llevaría un mensaje de esperanza a los pueblos oprimidos. De este modo, se puede comprobar que mi misión no se nutre de ninguna hostilidad hacia la Gran Bretaña o contra Occidente. Después de haber impregnado del mensaje de Unto this last, no se me podía acusar de aprobar unas doctrinas que, como el fascismo o el nazismo intentan suprimir la libertad individual.
En la vida es imposible evitar toda violencia
Estoy en contra de la violencia porque sus aparentes ventajas, a veces impresionantes, no son más que temporales, mientras el mal que ocasiona deja sus huellas para siempre. Aunque se matase a todos los ingleses sin excepción, la India no sacaría de ello el menor provecho. No será la matanza de todos los ingleses lo que librará de la miseria a millones de personas. La responsabilidad de nuestra situación actual nos incumbe mucho más que a los propios ingleses. Ellos no podrían hacernos el menor mal si en nosotras fuera todo lo bueno. De ahí mi insistencia en que nos reformemos interiormente a nosotras mismas.
Puede ser que en algunas circunstancias, sea un deber suprimir una vida. Por ejemplo, hemos de aceptar esta necesidad si queremos alimentarnos; aunque sólo nos alimentemos de legumbres; hay que destruir al menos cierta forma de vida. Por razones sanitarias se matan los mosquitos con los insecticidas etc. Al obrar así, no se nos ocurre sentirnos culpables ante la religión... Se mata también a las fieras carnívoras que quieren atacar al hombre... A veces uno puede verse obligado a matar a un hombre: pensad en el caso de un loco furioso que, armado con una espada, matase a todos los que encuentra en su camino; tendríamos que capturarlo vivo o muerto. Y el que acabase con ese energúmeno sería un benemérito de la comunidad, que tendría que agradecerle aquel servicio.
Por otro lado he advertido que, en más de una circunstancia, se siente repugnancia instintiva a matar un ser vivo. Por ejemplo se ha propuesto encerrar a los perros rabiosos y hacerles morir lentamente. Pero esa sugerencia es incompatible con mi manera de pensar. Nunca podré soportar un sólo instante ver un animal padecer martirio y sufrir a fuego lento, sin proporcionarle ninguna ayuda. Si en un caso análogo no mato a un ser humano, es porque pongo todas mis esperanzas en algún remedio. Pero sino tengo el remedio adecuado para cuidar de un animal creo que tengo la obligación de matarlo. Si mi hijo se pusiera rabioso y no tuviera ningún medio para aliviar sus sufrimientos, juzgaría que tengo la obligación de poner fin a su vida. El fatalismo tiene sus límites. Sólo podemos ponernos a en manos del destino después de habernos ayudado a nosotros mismos del mejor modo posible. Para ayudar a un niño que agoniza en medio de sufrimientos, puede ser que el único remedio que quede sea el de acabar con su vida.
La tolerancia es inherente a la ahimsä. No somos más que unas pobres personas mortales, expuestas las contradicciones de la violencia. El dicho de que la vida alimenta a la vida, posee un profundo significado. El ser humano no puede vivir un sólo instante sin cometer, consciente o inconscientemente, violencia física. El hecho de comer, de vivir, de caminar, lleva consigo necesariamente la destrucción de ciertas formas de vida, por muy pequeñas que sean. Pero de esto no se sigue que el no-violento deje de ser fiel a sus principios, si todos sus actos están dictados por la compasión, si protege en cuanto puede a todo lo que vive, si respeta incluso a las criaturas más insignificantes y si, de esta manera, se libra del engranaje fatal de la violencia. Su abnegación y su compasión no cesarán de crecer, pero nunca podrá ser puro de toda violencia exterior. Pero entonces se plantea una cuestión: ¿Cual es el límite que no se puede franquear?. La respuesta no puede ser la misma para todas las personas, pues si el principio sigue siendo el mismo, cada uno lo aplica de diferente manera. Lo que para unos es alimentos para otros es veneno. Para mí es un pecado comer carne. Pero otros, habituados a comerla, no ven en ello nada malo; sería más bien una falta renunciar a ella por imitarme. El bien y el mal son términos relativos. Lo que es bueno en ciertas condiciones puede convertirse en malo en otras circunstancias.
Como la ahimsa descansa en la unidad de todo lo que vive, es lógico que el error de uno solo tienen que afectar a todo lo demás, por lo que nadie puede ufanarse de estar libre de toda violencia. Mientras el ser humano viva en sociedad, necesariamente tiene que ser cómplice de ciertas formas de violencia. Cuando dos naciones se entregan a la guerra, el deber del no-violento es hacer lo posible para que el conflicto acabe. El que no se sienta dispuesto a asumir esta tarea, el que nada pueda hacer contra la guerra, puede verse arrastrado a tomar parte en ella, y sin embargo, desear con todo su corazón verse libre, lo mismo que su país y el mundo entero, de esa lucha.
No hago ninguna distinción entre combatientes y no combatientes. El que se pone al servicio de una banda de criminales es tan culpable como ellos, aunque se contente con servirles de recadero, de espía o de enfermero. Del mismo modo, aunque un se limitarse a curar a los heridos durante la batalla, no estaría absuelto de toda falta. Hay que odiar el pecado, no al pecador.
Prefiero un violento a un cobarde
Preferiría mil veces correr el peligro de recurrir a la violencia antes de ver cómo castran a una raza. Mi no-violencia no admite que se huya ante el peligro, dejando los bienes sin ninguna protección. No tengo más remedio que preferir la violencia a la actitud de los que huyen por cobardía. Aunque no tenga fuerza física, es vergonzoso huir; el deber exige que se resista y se muera cada uno en su puesto. Esto sería una actitud noviolenta y animosa. Por el contrario habría coraje, pero faltaría la no-violencia si uno emplease la poca fuerza que tiene en combatir y aniquilar al adversario, con riesgo de su vida. La cobardía está en huir ante el peligro. En el primer caso es menester que uno tenga amor o caridad; en los demás casos, sólo tiene uno odio, miedo o recelo.
Lo mismo que hay que aprender a matar para practicar el arte de la violencia, también hay que aprender a morir para entrenarse en la no-violencia. La violencia no nos libra del miedo, sino que procura combatir las causas del miedo. Por el contrario la no-violencia está libre de todo miedo. El no-violento tiene que prepararse a los sacrificios más exigentes para superar el miedo. No se pregunta si va a perder su casa, su fortuna o su vida. Hasta que no supere toda aprensión, no podrá practicar el ahimsâ en toda su perfección. Por consiguiente según se entrene uno en la violencia o en la no-violencia, tendrá que apelar a técnicas diametralmente opuestas.
La no-violencia y cobardía se excluyen entre sí. Me imagino fácilmente a una persona armada hasta los dientes, pero sin nada de valentía. El hecho de poseer un arma supone cierto miedo., por no decir cierta cobardía. Si no hay auténtica intrepidez, tampoco hay verdadera no-violencia. Hay que rechazar por completo toda cobardía y hasta la más pequeña debilidad. No es posible esperar que un cobarde se convierta en no-violento; pero si cabe de esperar esto de un violento. Por eso, nunca lo repetiré bastante, sin no sabemos defender nosotras mismas nuestras esposas y nuestros templos recurriendo a la fuerza que brota de la renuncia, esto es, si no somos capaces de la no-violencia, debemos por lo menos, si somos personas, atrevernos a emprender la lucha para defendernos.
Dado que la doctrina de la violencia ejerce un atractivo sobre la mayor parte de las personas y que el éxito de la no-colaboración depende en gran parte de la ausencia de toda violencia, le doy mucha importancia a dar a conocer mis ideas con toda la claridad posible, tanto más cuanto que afectan a la conducta de un gran número de personas. No tengo ningún reparo en decir que, cuando sólo es posible la cobardía y la violencia, hay que decidirse por la solución violenta. Por esa razón les recomiendo el entrenamiento militar a lo que no creen más que en la violencia. Preferiría ver como la India defendiese su honor por la fuerza de las armas antes que ver cómo contempla cobardemente, sin defenderse, su propia derrota. Pero creo sobre todo que la no-violencia es infinitamente superior a la violencia y que la clemencia es mucho más noble que el castigo. Pero la ausencia de violencia no significa clemencia, más que cuando existe la posibilidad de castigar. Por el contrario se encuentra despojada de todo significado cuando no hay medio de replicar. A nadie se le ocurriría replicar que el ratón es clemente cuando se deja comer por el gato.
En este siglo lleno de sorprendentes inventos, nadie puede decir ya que una cosa o una idea carezca de valor por el hecho de ser nueva. Afirmar de una empresa que se trata de algo imposible, por el hecho de ser difícil, sería obrar contra el espíritu de nuestra época. Todos los días vemos realizarse cosas que no podían imaginarse el día anterior. Lo imposible no deja de ceder terreno a lo posible. En el terreno de la violencia, los más recientes descubrimientos son especialmente asombrosos. Pero estoy seguro que todavía se realizarán descubrimientos más maravillosos en el campo de la no-violencia.
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Paraguay: La guerra de la soja Por Raúl Zibechi* |
El pequeño país sudamericano se ha convertido, en pocos años, en el tercer exportador y el cuarto productor mundial de soja, desplazando a cientos de miles de campesinos de sus tierras, y acorralando a los que resisten entre la represión y la intoxicación por fumigaciones masivas.
El napalm de Monsanto
El cuerpito del pequeño Antonio, de 11 años, sentado casi desnudo en su cama del Hospital Regional de Encarnación, es la imagen viva de la desolación. Presenta lesiones cutáneas en todo el cuerpo como consecuencia de uno de los tantos casos de contaminación que afecta a miles de campesinos paraguayos que viven en zonas “sojeras”. En diciembre de 2003, unas 300 familias del departamento de Itapúa, a 270 kilómetros de Asunción, fueron contaminadas por dos grandes productores de soja de la zona, uno de origen japonés y el otro alemán, que fumigaron sus cultivos con glifosato y paraquat, producidos por Monsanto (1).
Según relata Ramona, la mamá de Antonio Ocampos, el niño comenzó a presentar llagas en la piel unos dos meses antes de que las familias lo llevaran al hospital. Antonio y otros amigos, también contaminados, se bañaban a diario en un arroyo cercano a sus casas, donde un colono alemán limpia su pulverizadora de herbicidas. Pero los agrotóxicos no sólo llagan la piel de los niños sino que destruyen los cultivos de subsistencia: las aves de corral y el ganado de los campesinos, forzándolos a menudo a emigrar a las ciudades y dejar sus tierras en manos de los negociantes de la soja.
Enero de 2003
El 7 de enero de 2003 fue un parteaguas en la historia reciente del movimiento campesino paraguayo. Ese día, Petrona Talavera enterraba a su pequeño Silvino, también de 11 años, contaminado con herbicidas en el mismo departamento. Cinco días atrás, Silvino regresaba en bicicleta a su casa luego de comprar carne y fideos para el almuerzo familiar. El camino está rodeado de sojales, que llegan casi hasta la puerta de su humilde vivienda. Tuvo la mala suerte de que Herman Schelender se encontrara en el camino, fumigando sus plantaciones. Justo cuando Silvino pasaba frente a la máquina fumigadora, Schelender activó el dispositivo empapando al niño. Una vez en la casa, Petrona sin saber lo sucedido preparó la comida con los comestibles mojados por herbicidas mortales. Al cabo de unas horas, toda la familia sufría nauseas, vómitos y cefaleas, pero Silvino llevó la peor parte, ya que había inhalado el líquido involuntariamente.
El 6 de enero le dieron el alta y volvió a su casa. Pero ese mismo día, otro plantador de soja, Alfredo Laustenlager, fumigó sus cultivos a apenas 15 metros de la casa de Silvino. Esta vez el niño no se repuso y murió al día siguiente. Una parte de su familia (Silvino tenía once hermanos) y otras 20 personas fueron trasladadas a Asunción para recibir tratamiento.
Petrona comenzó un largo periplo que la llevó a los tribunales de justicia, apoyada por la Conamuri (Coordinadora Nacional de Organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas), en la que participa hace años. Contumaz, consiguió algo casi imposible para una mujer pobre del campo: poco más de un año después de la muerte de Silvino, el 12 de abril de 2004, un tribunal de Encarnación condenó a Laustenlager y Schelender por homicidio culposo a dos años de cárcel y a una indemnización de 25 millones de guaraníes cada uno. Pero poco después, los dos empresarios brasileños apelaron y la condena quedó sin efecto.
Pese a la impunidad, la denuncia de las fumigaciones y el debate sobre el modelo agrícola quedaron inscriptas como dos de las demandas centrales del activo movimiento campesino paraguayo.
República sojera
En Paraguay la soja transgénica comenzó a cultivarse en el ciclo agrícola 1999-2000. Se trata de la segunda oleada de agricultura intensiva; la primera se había registrado en los 70, con el ingreso de agricultores brasileños que expandieron la frontera de la soja tradicional desde los estados del sur de Brasil. El sociólogo paraguayo Tomás Palau, experto en cuestiones agrarias, asegura que en esta ocasión, “sin disponibilidad de tierras fiscales, la frontera de la soja se expande sobre tierras campesinas, sobre campos ganaderos reconvertidos y sobre lo que resta de monte” (2).
La progresión de cultivos es asombrosa. En 1995 se cultivaban 800 mil hectáreas de soja; en 2003 se llegó a casi 2 millones. En el mismo período la producción pasó de 2,3 millones de toneladas a 4,5 millones. Pero en la misma década la extensión de los cultivos de algodón -de los que viven los pequeños y medianos campesinos- cayó un 20%, mientras el volumen de producción se redujo a la mitad.
Palau considera que la explosión sojera tuvo dos efectos: los ambientales, que se agravaron por la desaparición de los últimos bolsones de bosques en la región Oriental y por el uso indiscriminado de herbicidas y pesticidas; y los sociales, que “resultan dramáticos en un país que venía sufriendo un acelerado proceso de empobrecimiento y que ahora debe asistir a una expulsión masiva de familias campesinas de sus tierras”. El 25% de los campesinos paraguayos vive en la indigencia.
El país sufrió así, según Palau, una triple pérdida de soberanía: “depende de las exportaciones de un solo producto (soja) cuyas semillas serán proveídas por una sola empresa (Monsanto)”; pierde soberanía territorial, ya que grandes extensiones son adquiridas por extranjeros, en particular brasileños, los llamados “brasiguayos”; y también una pérdida de soberanía alimentaria, porque el monocultivo sustituye la diversidad de cultivos de subsistencia de las familias campesinas.
Acción directa
La superficie cultivada con soja representa el 5% de la superficie total del país, pero una porción significativa de su área agrícola. A partir de la muerte de Silvino, en enero de 2003, la conflictividad en el campo se agravó a raíz de la expansión de la soja. El punto culminante se dio un año después, en febrero de 2004, en la comunidad de Ypekua en el departamento de Caaguazú. El 20 de enero, campesinos armados se internaron en el bosque y dispararon armas de fuego contra miembros de la Agrupación de Policías Ecológica y Rural (APER), para impedir la fumigación con agrotóxicos de 70 hectáreas de soja. Al día siguiente, un camión que trasladaba 50 campesinos que se desplazaban para apoyar la lucha contra las fumigaciones, fue acribillado con fusiles M-16 por miembros de la APER, resultando dos muertos y diez heridos. En febrero, cientos de campesinos retienen tractores para evitar fumigaciones y se producen incendios de terrenos destinados a cultivos de soja.
El 16 de marzo, la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC), una de las organizaciones más importantes del país, y la Plenaria Popular Permanente, espacio de unidad de organizaciones populares y partidos de izquierda, convocan movilizaciones bajo el lema “Por la Vida y la Soberanía Nacional”. La jornada, en la que se cerraron rutas en cinco departamentos, expresó el repudio a la utilización de agrotóxicos pero también al modelo agro-exportador. El gobierno de Nicanor Duarte Frutos respondió criminalizando la protesta, llegando a calificar como “guerrilleras” a las organizaciones campesinas.
Según Palau, la respuesta campesina ante el desalojo por la expansión de la soja tiene tres características. La primera, y la más frecuente, es la “aceptación pasiva del desalojo”. Sólo en el ciclo agrícola 2002-2003 los campesinos perdieron unas 150 hectáreas de cultivos familiares de subsistencia que fueron a parar a manos de los grandes productores de soja. Se trata de 14 mil familias, unas 100 mil personas, que ya no viven en el campo y engrosan los cordones de miseria de las ciudades.
Un segundo grupo reaccionó de forma “institucional”, a través de las organizaciones de campesinos (además de la MCNOC está la Federación Nacional Campesina, FNC), con el apoyo de municipios y sectores de la iglesia, formando coordinadoras nacionales y departamentales en Defensa de la Vida. Este es el sector que ha realizado las movilizaciones más importantes, entre ellas la Marcha por la Vida y la Soberanía que recorrió 80 kilómetros en mayo de 2004, decenas de cortes de rutas y grandes concentraciones campesinas como las realizadas en setiembre pasado.
Finalmente, muchos campesinos optaron por la acción directa, que va “desde la disuasión directa a los propietarios de no cultivar determinadas parcelas, a bloquear el paso al personal o vehículos que van a fumigar, hasta la quema de cultivos terminados y listos para la cosecha” (3). Nadie reivindica estas acciones, pero recientemente surgieron voces que se pronuncian por “expulsar a los extranjeros”.
Una delgada capa separa las acciones del movimiento campesino de la acción directa espontánea. Las organizaciones del campo suelen realizar acciones ilegales pero legítimas para los campesinos, como los cortes de rutas y las invasiones de tierras. La respuesta del Estado ha sido, mayoritariamente, la represión: desde 1989 hasta hoy murieron 90 campesinos que reivindicaban su derecho a la tierra y otros 1.500 están imputados por delitos vinculados con la lucha social. Pero los hacendados suelen contar también con personal armado que ha provocado muertes que no recoge ninguna estadística.
Guerra social
En ocasiones, la impotencia lleva a las bases campesinas a desbordar a sus propias organizaciones. El 28 de noviembre de 2004, unos 200 campesinos nucleados en la FNC atacaron con bombas molotov, petardos y palos la sede la Comisaría 13a. de San Juan Nepomuceno, y consiguieron liberar a un dirigente detenido el día anterior. Al día siguiente la policía ocupó el asentamiento del que provenían los campesinos. Dos días después, en otro asentamiento un grupo de campesinos atacó a una comitiva policial que iba a desalojarlos, matando a un oficial e hiriendo a dos. Las organizaciones campesinas, MCNOC y FNC, negaron estar relacionadas con esos hechos.
Petrona Talavera y la Conamuri consiguieron que el 7 de junio se reabra el juicio por la muerte de Silvino. Piden justicia, luchan contra la impunidad. Enfrente tienen poderosos enemigos. El 85% de las semillas plantadas en Paraguay pertenecen a Monsanto. “Sus representantes se reunieron con los sojeros, a quienes les obligaron a pagar 20 dólares por cada tonelada exportada por concepto de derechos intelectuales, un monto que sobrepasa en gran medida el 4 por ciento de impuestos que los sojeros ahora se niegan a pagar al Estado paraguayo” (4).
Sin embargo, ese Estado despreciado por los grandes hacendados, sigue siendo su fiel aliado. El 30 de septiembre, pasado el presidente Duarte Frutos recorrió siete asentamientos de campesinos sin tierra en el departamento de San Pedro, una de las zonas más conflictivas del país. Les dijo que debían dejar de invadir tierras porque de lo contrario sufrirían las consecuencias: “Va a venir alguien a violar a sus mujeres e hijas y tendrán que callarse. Les darán de beber de su mismo remedio, la violencia” (5).
Petrona, como tantas otras mujeres campesinas, conoce la realidad de su país, inscrita con dolor en su cuerpo, en las lágrimas que siguen llorando a Silvino. La gran mancha de aceite que arrasa todo a su paso, como algunos paraguayos definen la soja, puede estar perdiendo su impunidad.
*Periodista uruguayo, analista internacional
1) Rosalía Ciciolli, "El arsenal agrícola bombardea otra vez", en Rel Uita, 22 de diciembre de 2003.
2) Tomás Palau, "Capitalismo agrario y expulsión campesina”, Ceidra, Asunción, 2004, p. 25.
3) Idem, p. 56.
4) Rosalía Ciciolli, "Impuesto a la exportación de soja. La resistencia de los privilegiados”, Rel Uita, 18 de noviembre de 2004.
5) Revista OSAL No. 15, diciembre de 2004, p. 145.
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Un sistema magnetico para generar energia con costo cero |
Agencia Telam
07/03/2006
Un científico de Mar del Plata inventó un sistema magnético que produce energía sin costo, ya que no utiliza combustible alguno, una tecnología que tendría un costo de 150 dólares y "permitiría que una vivienda sea abastecida de electricidad indefinidamente".
El invento de Walter Darío Torbay, de 29 años y director Investigaciones Científicas y Tecnológicas Independientes (ICYTI), de Mar del Plata, tiene la ventaja además de que como "no utiliza ningún combustible, prácticamente no tiene mantenimiento y casi no contamina", contó a Télam el científico. Este científico, que estudió en el Colegio Industrial de Mar del Plata y se perfeccionó en Química Industrial en La Plata, trabaja con cuatro colaboradores en un humilde taller de la periferia marplatense.
El sistema utiliza un tipo de imán artificial denominado "Neodimio", cuyo magnetismo es de 24.000 gauss (Unidad de inducción magnética), que podría generar una fuerza eléctrica de 2.500 watts.
El generador utiliza un principio similar al de los trenes magnéticos, aunque en éstos el magnetismo es generado en forma eléctrica, mientras que el de Torbay usa la fuerza de atracción del imán en reposo, por lo que el costo de generación de energía es nulo.
El invento, que patentó en el país en agosto de 2004 y con patente internacional "en trámite", se llama "transgenerador magnético" y funciona "aprovechando la propiedad magnética de rechazo de polos iguales y la desviación de líneas de fuerza magnética", dijo el investigador.
"Un complejo sistema mecánico transforma esa energía magnética encerrada en los imanes permanentes en fuerza motriz, eléctrica o calórica, estable y 100 por ciento ecológica", aseguró.
Torbay explicó que el generador "duraría 5.000 años, que es el lapso estimado durante el cual un imán en reposo conserva su magnetismo".
En la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) del gobierno bonaerense, Conrado González, integrante del directorio, dijo a Télam que el invento está consideración de este organismo.
Un primer prototipo construido en aluminio, que es uno de los metales que menos se magnetiza, fue llevado en 2004 a la CIC, donde comenzaron los estudios sobre el invento.
Un nuevo prototipo, realizado con materiales rudimentarios pero que sirve para mostrar el principio de funcionamiento, fue construido hace tres meses por Torbay y permanece en su taller-laboratorio de Mar del Plata.
El inventor dijo que recibe mucho apoyo de la CIC, "pero no es suficiente, por eso quisiera que me reciba el gobernador (Felipe Solá), para pedirle su respaldo económico y político"
Torbay aseguró que "el futuro económico y comercial del generador es muy promisorio, debido a que luego de su patentamiento y publicación no tardaron en llegar las ofertas económicas millonarias de empresas multinacionales interesadas en este dispositivo"
"Sin embargo, nuestra intención es sólo tener en cuenta las ofertas que nos permitan ayudar a nuestro país, que permitan crear nuevas fuentes de trabajo e impulsar el crecimiento económico y científico de nuestra región, transformando a la Argentina en el proveedor mundial de energía ecológica", dijo.
"De concretarse un apoyo económico y científico, en muy poco tiempo esta tecnología y sus beneficios estarán al alcance de cualquier argentino", aseguró Torbay.
El invento es analizado en un organismo oficial bonaerense.
El generador de energía con costo cero inventado por Walter Darío Torbay está en estudio en la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) del gobierno bonaerense, dijo el científico Conrado González, miembro de su directorio.
Este licenciado en física precisó a Télam que "el invento es novedoso y funciona, pero estamos chequeando una serie de cosas, como costos o cuánto tiempo dura el aparato".
"El propio gobernador (Felipe Solá), nos pidió que viéramos si esto funciona, y hasta donde hemos avanzado, funciona", añadió González.
En el ámbito de la CIC, "si bien hay reservas, se está mirando con mucho interés este proyecto y se ha decidido enviarlo a un comité científico para certificar o analizar el porqué del funcionamiento".
González, parafraseando a Albert Einstein, dijo respecto de su trabajo: "Mi única virtud es la curiosidad. Veo las cosas que pasan y trato de explicarlas".
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A ponerse las pilas Para los que piden donde llevar las pilas usadas.. |
Les mando este mail para informarles (a los que no saben) y recordales (a los que saben y no lo recuerdan) que las pilas usadas no deben ser
descartadas con los residuos habituales porque son altamente contaminantes para el medio ambiente; es por ese motivo que muchos de nosotros debemos
tener algún recipiente en casa lleno de pilas usadas y no sabemos qué hacer con él...
Exíste una una ONG ambientalista y educativa llamada Ecovolta que se encarga del reciclado de las pilas mediante un proceso llamado Dobleblok. Mediante este proceso las pilas se impermeabilizan con plástico, este material tiene una duración de 100 a 500 años enterrado, le sigue un termosellado, luego una termocompresión y finalmente se recubre
con una especie de concreto y lo deja listo para la construcción. Estos elementos serán luego usados para la fabricación de bancos para patios de escuela.
Por lo tanto pueden deshacerse de las pilas llevándolas los jueves 12 y 19 de abril a Pte. J. D. Perón 1140, los viernes de 17 a 18 hs; o en Uruguay
740, de 10 a 12 hs.
La organización recibe hasta dos botellitas de medio litro (llena de pilas usadas) por persona y piden a cambio una pequeña donación de cemento, arena,
dinero, el asiento de madera o baldes domésticos de 10 litros.
CONSEJOS para disminuir la contaminación
Se recomienda el uso de pilas recargables y un cargador eléctrico. Dos pilas recargables pueden reemplazar hasta 350 pilas comunes en 2 0 3 años.
Precio indicativo: 2 pilas y un cargador: $ 19.-
Se pueden adquir en casa Santos - Paraná 131 - Capital.
Las pilas recargables reciben hasta mil cargas y tienen una duración de 2 a 3 años aproximadamente.
Cualquier información adicional en: http://www.ecovolta.blogspot.com
Sería muy útil para todos que difundan la información.
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Azucar Integral Natural 100% EcoSucre - Coop. Agropecuaria La Union de San Juan, Misiones. |
Se elabora según el método antiguo y tradicional de extracción del jugo, a través de presas (trapiches de madera), luego se cocina a fuego lento, hasta lograr el punto "caramelo", y se enfría en bateas de madera, conservando intactas los nutrientes.
Cada 1000 gr. contiene:
1,5gr. Hierro
1 gr. Potasio
0,06gr. Calcio
Donde adquirirla: Bulnes 14. Capital Federal.