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Malasia: el peor alumno, la mejor economía   Lista de mensajes  
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De: JUAN GABRIEL LABAKÉ [mailto:jhlabake@...]

Labaké envía su mensaje semanal Nº  178

3-08-02

Malasia: el peor alumno, la mejor economía

Por Juan Gabriel Labaké

En 1992, los especuladores internacionales, llamados modosamente inversores de “dinero caliente” (hot money), con George Soros a la cabeza, atacaron la libra esterlina. Devaluó  abruptamente Gran Bretaña y el “efecto contagio” casi hace caer a toda Europa. La salvó Alemania.

 

En 1994, los mismos “inversores” fugaron su dinero de México. Cayó toda Latinoamérica. La Argentina fue la más perjudicada porque nuestro gobierno era “el mejor alumno” del FMI y había abierto las puertas ”generosamente” al dinero caliente (“incentivado” también “generosamente” con algunos millones en cuentas suizas a nombre propio o de familiares).

 

En 1997, George Soros y sus compinches internacionales (el FMI, el BM y buena parte del gobierno de EEUU), atacaron al Sudeste asiático. La crisis comenzó en Tailandia, y rápidamente se extendió a Malasia, Indonesia, Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Filipinas y, aún, Japón y China. Casi cae el mundo entero. Igual que en las oportunidades anteriores, el FMI, por cuenta y orden del gobierno “incorruptible” y “sabio” de EEUU, ordenó aplicar sus viejas recetas: más libertad de mercados comerciales y financieros, más privatizaciones, más ajuste fiscal, más “flexibilización” laboral, más recesión, arancelamiento de la educación y de la salud públicas... más neoliberalismo salvaje. Todos los países de la región obedecieron al FMI y a EEUU, menos Malasia. Todos sufrieron una larga y dura crisis... menos Malasia.

 

Desde aquella época, la Argentina viene en picada. Llevamos ya 50 meses de hiper-recesión, hiper-desocupación, hiper-pobreza y todas las hiper-desgracias que conocemos. A  principios de 2001, los “inversores” vieron que la situación no daba para más, porque el endeudamiento externo que inició fraudulentamente Martínez de Hoz, y llevó a límites de locura la dupla Menem-Cavallo, estaba a punto de estallar. En ese momento (febrero de 2001) los especuladores internacionales nos otorgaron la última “ayuda”: comenzaron a fugar su dinero caliente (y el frío también...) y nos condenaron al corralito de Cavallo.

 

Para salir de esta trampa, el FMI y el gobierno de EEUU nos exigen aplicar sus vetustas y conocidas recetas, las de siempre, las aplicadas en el Sudeste asiático, menos en la “rebelde” Malasia. Por claudicación, por cortedad de mente y/o por corrupción, los políticos argentinos “serios”, los banqueros “serios”, los empresarios “serios”, los medios de comunicación “serios” y los sindicalistas “serios” aceptan esas recetas mortales, con tal de “no caernos del mapa”. (¡Es mejor que medio país se muera de hambre, y no que el 10% de privilegiados deje de enviar a sus hijos a Disney World como regalo de cumpleaños!)

 

Nosotros, en cambio, hace años que venimos sosteniendo que la única solución comienza por desobedecer a esos centros de intereses espurios y contrapuestos a los nuestros.

 

Me pareció que, ante esa disyuntiva, valía la pena conocer al embajador de Malasia en la Argentina, y conversar un poco con él para saber qué hizo su país en 1997, y cómo le fue. Esta semana fui a verlo. Es el señor Santhananaban (la costumbre en su país es usar sólo el primer nombre, sin el apellido). Sus principales y aleccionadores conceptos fueron:

 

“En 1997, el presidente Mahatir decidió, en primer lugar, no escuchar más al FMI y al BM, porque comprendió que, por el camino que ellos nos indicaban, cada día estaríamos peor.  Malasia tendría en adelante su propia política económica.

“La causa principal de nuestra crisis eran las maniobras especulativas de los inversores internacionales de corto plazo. Por eso, se controló estrictamente la entrada y la salida de divisas (dólares y yenes, en nuestro caso), a pesar de la oposición del FMI y del BM.

“Ante las dificultades de las grandes empresas, especialmente de las de infraestructura y de servicios públicos (que son mixtas, con distintos grados de participación estatal), el FMI y el BM nos indicaron  dejarlas quebrar (para que luego las reemplazaran empresas privadas ‘serias’...) . El gobierno decidió, en cambio, comprar sus deudas y designarles un auditor contable del Estado que las ordenara y las reencauzara. Ahora que ya están recuperadas y dan utilidades, pueden recomprar la parte que puso el Estado en 1997/1998 y eliminar los auditores.

“Esa dos medidas fueron acompañadas por el estímulo a todos los sectores productivos del país.

“Lo más notable fue que, inmediatamente, el pueblo se unió alrededor del gobierno y se mostró dispuesto a ‘luchar contra el mundo’, si era necesario. Desapareció el espíritu especulativo que nos dominaba, y renació rápidamente la solidaridad  social. En ese clima nacional, todo fue posible y la economía se recuperó en forma integral. Hoy tenemos sólo el 2% de desempleo.

“Quisieron tomar represalias contra nosotros, pero les fue imposible. A un país que hace bien las cosas y progresa nadie puede sancionarlo, aislarlo o bloquearlo.

 

Al obsequiarme un libro hermosamente editado, que describe las medidas adoptadas, me dijo lo más sustancial de su charla:

 

“Acá están las medidas técnicas que adoptamos en 1997/1998 (algún día escribiré sobre ellas), pero lo más importante no fueron esas medidas, sino la decisión de luchar aunque fuere ‘contra el  mundo’. Ustedes los argentinos deberían recuperar la cultura y el pensamiento  ‘gauchescos’ (usó textualmente esa palabra) para acertar con las soluciones, porque todo comienza acá adentro (y se señaló el corazón).

 

¡Cuantos dirigentes “sabios” de nuestro país deberían aprender la lección de este malasio de habla suave y pensamiento profundo y claro! Me fui de la Embajada con la sensación de que Santha (como acepta que se le diga) sabía más de la Argentina, de sus problemas y, sobre todo, de sus soluciones, que esos dirigente “sabios” que nos gobiernan o pretenden gobernarnos.

 

Coincidimos, señor Santha, nuevo amigo nuestro: la liberación comienza en un corazón dispuesto a luchar por su Patria.

 

Buenos Aires, 3 de agosto de 2002.

 

Juan Gabriel Labaké

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Para mayor información, se puede consultar nuestras páginas web:

 www.juanlabake.com.ar       y     www.maxpa.com.ar        



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