Malos Aires en Buenos Aires
Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
Alfredo Le Pera
por Hugo Alberto de Pedro
Elecciones
Hoy los ciudadanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires deberán elegir a sus nuevos jefe y vicejefe de Gobierno, junto con la totalidad de los 60 legisladores porteños y 12 diputados nacionales por ese distrito que asumirán hacia finales de año.
De confirmarse la tendencia brindada por la múltiples encuestas podríamos partir al 90% del electorado en dos. Por una lado el actual gobierno capitalino y los partidos representantes de la izquierda y su centro, y por el otro la derecha histórica nutrida de los rezagos del menemismo, justicialismo y defensores a rajatabla del modelo impuesto desde hace décadas.
Los niveles de participación popular parecen estar muy lejos de aquella del 14 de octubre del 2001 que llegó al 28% de votos en blanco y anulados en la ciudad para la elección de legisladores y que sumados al 32% de abstención demostró que el 60% no confiaba en nadie, como lejos han quedado los niveles de movilizaciones populares que comenzaron en contra de las medidas económicas propuestas por Ricardo López Murphy y Domingo Felipe Cavallo en el gobierno de la Alianza presidido por Fernando de la Rúa y que culminaron en la manifestación de repudio y de rebeldías espontáneas más grande de nuestra historia del 19 y 20 de diciembre de ese mismo año.
Corresponde entonces preguntarnos: ¿Han cambiado las razones objetivas del repudio a las clases dirigentes?. ¿Se han modificado sustancialmente las políticas económicas y sociales?. ¿La clase política ha dado muestras de haber entendido o por lo menos escuchado los reclamos?. ¿Se presentan propuestas renovadoras, transformadoras o revolucionaras que pretendan terminar con el actual estado de situación?.
La respuesta es negativa en todas ellas y en consecuencia deberíamos pensar que ahora, los mismos de ayer, han replanteado sus principios políticos y maneras de juntarse y pretenden “prometernos” situaciones originales para hacer frente a un nuevo período institucional. Eso tampoco es así.
El Oficialismo
Aníbal Ibarra lo único que propone es subirse a la primavera política inaugurada el 25 de mayo con la llegada de Néstor Carlos Kirchner a la presidencia, luego de navegar sin brújula los destinos de la ciudad por tres años, y así la ha entendido el Gobierno Nacional que no escatimó en ofrecer ninguna de las formas de apoyo posible. Es un florecimiento del peronismo no comprometido con Carlos Saúl Menem y Eduardo Alberto Duhalde con el agregado del ARI de Elisa Carrió, sectores del socialismo orgánico y el agregado de Jorge Telerman quien supo ser embajador menemista.
La CTA (Central de Trabajadores Argentinos) que tuvo su máxima expresión política con el FRENAPO (Frente Nacional contra la Pobreza) y su consulta popular por el Seguro de Empleo y Formación que llegó a conseguir 3 millones de adhesiones ahora misteriosamente olvida el reclamo de un monto de 380 pesos mensuales y 60 pesos por hijo y se sienta a negociar unos miserables 150 pesos para algunas jefas y jefes de hogares desocupados y apoya mayoritariamente a Ibarra en su oficialista “Fuerza Porteña”, como también desde otro ángulo, el “Partido de la Revolución Democrática” lo hace el periodista y escritor Miguel Bonasso quien tenía asistencia perfecta en todas las movilizaciones sociales y populares que repudiaban a la forma actual de hacer de la política el negocio de unos pocos, aunque en esos tiempos le dio vuelta la cara a los asambleístas apaleados por funcionarios y empleados estatales en Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz.
Muy poco serios, sin duda, estos apoyos recibidos que ni por casualidad permitirán llegar al 50% de los votos logrados en el año 2000 por el mismísimo Ibarra frente a Cavallo.
La Derecha
Por el lado del empresariado corrupto y contratista, privatizador y concesionario del Estado, Mauricio Macri, solo podemos esperar un volver a vivir al estilo de Carlos Grosso, o sea del menemismo, con la seguridad que las prácticas y deformaciones políticas se volverán a instaurar. Con solamente observar los nombres que acompañan a Macri podemos asegurar que es el pasado el que pretende retornar y con él los contubernios cívico-empresariales que la historia demuestra que su “pasión por hacer” negocios seguros con el Estado es ha sido la forma de conseguir una de las fortunas más grandes del país con un holding esparcido por doquier y prebendario como pocos.
Éste nuevo espacio no es tal por más que se vengan con la denominación de “Frente Compromiso para el Cambio” porque en ella están Horacio Rodríguez Larreta, Santiago de Estrada, Jorge Vanossi, Jorge Argüello, etc. son la perfecta mezcla de personajes de la dictadura, el radicalismo de derecha y el peronismo retrógrado.
Patricia Bullrich en plena alianza con López Murphy nos puede mostrar en su haber una peregrinación política como pocos pueden ofrecer desde sus comienzos en el peronismo participando de Montoneros hasta el antagonismo con Antonio Cafiero, aliándose con Cavallo y Gustavo Béliz; y como corresponde su pertenencia también a la Alianza (UCR-FREPASO) como ministra de Trabajo. De esas experiencias puede ser el nombre que lleva en sus boletas “Unión para Recrear Buenos Aires”.
La Izquierda
Las mezquindades de la izquierda ya no crean sorpresa alguna. Autodeterminación y Libertad, liderada por Luís Zamora y con su esposa Noemí Oliveto como candidata a primera legisladora porteña, hizo lo posible para no fortalecer un frente opositor de izquierda fagocitándose una vez más con los desencuentros incomprensibles de siempre que olvidaron que los partidos de izquierda llegaron a conseguir, sumados claro está, un 30% de los votos en aquel octubre. Izquierda Unida tampoco demuestra un real interés en una posición frentista que sumada a las mismas posiciones del Movimiento al Socialismo y los Partidos: Obrero, Humanista, de los Trabajadores Socialistas, Socialista Auténtico y Liga Socialista Revolucionaria hacen, por ahora, imposible pensar que se constituyan en una verdadera alternativa de poder y menos aún que faciliten la renovación de los mismos candidatos de siempre, ya casi históricos.
La falta de vocación de los diferentes espacios de la izquierda por conseguir acuerdos y simpatías que seguramente sus militantes apoyarían los sigue condenando a la atomización de los resultados electorales. Ahí están entonces: Patricio Echegaray, Vilma Ripol, Jorge Altamira, Lía Méndez, Zamora, etc. deseando sólo mantenerse en la división y conformando un núcleo de hierro impenetrable a otros nuevos dirigentes. Esto ha provocado, como siempre sucedió, que sean un puñado de dirigentes que convertidos en única vanguardia no permiten ampliar ese espacio político y siguen permitiendo que las fuerzas políticas mayoritarias, o seudo mayoritarias actualmente, se apoderen del centro de la escena política y con cualquier candidato cosechen la mayoría de los votos.
Los Otros
Desde la casi inexistente “Unión Cívica Radical”, Cristian Caram, llevaba en sus valijas la vergüenza de la administración del huidizo de la justicia De la Rúa y un partido que a pesar de haber administrado la ciudad anteriormente solamente puede mostrar a un cómico como Nito Artaza cuyo único mérito en su vida política fue realizar reclamos en su nombre y el de muchos ahorristas que su mismo partido se había encargado de acorralar.
También los peronistas que buscan rellenar las mesas con sus boletas en el cuarto oscuro están representados por Mariano Mera Figueroa y Juan Ricardo Mussa en sus expresiones del “Movimiento por la Dignidad y la Independencia” y el “Partido de los Trabajadores Desocupados y Jubilados” respectivamente. Lo mismo hace el Movimiento de Integración y Desarrollo que aunque pocos lo crean aún existe.
El resto se completa por los representantes de los militares, que por razones obvias e históricas que merecen hacer honor a nuestra memoria no podemos ni mencionar.
Experiencias fallidas
Las experiencias de las Asambleas Populares y Barriales nacidas a fines del año 2001 no les permitieron aumentar su campo de acción y actuación. Muchas fueron verdaderamente asaltadas por los partidos políticos, los de izquierda fundamentalmente que ahogaron la frescura de sus cuantiosos miembros que vieron como copaban el centro de la discusión, y no merecieron otra respuesta que no fuera la de salir espantados ante la imposibilidad de poder dar formas a sus expresiones y deseos de un verdadero cambio en la forma de llevar adelante la acción ciudadana y política.
Muy pocas se mantienen en pie y con mucha menor fuerza lo que produjo que el generalizado reclamo por “que se vayan todos” fuera cayendo y permitiendo que los mismos de ayer ocupen los espacios de hoy.
Los procesos llevados a cabo por los trabajadores para recuperar las empresas quebradas y abandonadas no tuvieron el apoyo de los políticos más allá de las declamaciones y las promesas, lo cual ha generado que ésta verdadera opción por continuar con las actividades empresarias no interesa al poder de turno en lo más mínimo, y con el agravante que aquellos que vieron perder sus fuentes de trabajo han sabido estar a la altura de las necesidades demostrando que es posible producir y dar trabajo mediante la gestión obrera.
Futuro conocido
En consecuencia, éste domingo, los porteños son presa nuevamente del pasado, el de Ibarra y el de Macri que son los que tienen más posibilidades de llegar a la segunda vuelta. Los proyectos de una maliciosamente llamada centro izquierda progresista, más bien socialdemocracia, y de los neoliberales son idénticos en sus fines y solo maquillados en sus formas. Ambos son los responsables del actual estado de situación del país.
La inexistente oferta de propuestas de cambio está a claras luces demasiado patente y queda demostrado en la apatía del electorado que solamente tuvo que soportar agresiones de todo tipo y para todos los gustos de parte de los candidatos junto a un millonario gasto en campañas publicitarias vacías de contenido como sucede habitualmente.
Esperar cambios futuros es por lo menos una cuestión de casualidades, verificar comportamientos viciados de la politiquería responsable de las terribles vicisitudes de los ciudadanos y el total desprecio hacia ellos será la nueva vieja noticia de siempre.
Son los viejos Malos Aires de Buenos Aires.
24 de agosto del 2003
Otra Latinoamérica es posible
Podrán caer muchas estatuas, pero si la decisión de generaciones se mantiene y alimenta, el triunfo de la resistencia es posible. No tendrá fecha precisa ni habrá desfiles fastuosos, pero el desgaste previsible de un aparato que convierte su propia maquinaria en su proyecto de nuevo orden, terminará por ser total.
Subcomandante Insurgente Marcos
por Hugo Alberto de Pedro
Al observar la situación política y social de Latinoamérica de éstos tiempos es imposible dejar de traslucir una sonrisa cómplice con los vientos que corren a ambos lados de la cordillera y que son atravesados por los provenientes de ambos océanos motorizados por la actitud movilizadora de sus pueblos.
Si hubo tierras donde se fueron poniendo y disponiendo en práctica las diferentes corrientes colonialistas económicas, políticas y culturales han sido los extensos territorios ubicados al sur del río Bravo, sobre los cuales nunca se escatimó en aplicar las más duras inventivas del poder hegemónico desde hace más de 500 años en cada uno de los diferentes períodos históricos y aplicados en la casi totalidad de los países al mismo tiempo.
Las luchas por la independencia del continente fueron cayendo en un vacío que imposibilitó el sostenimiento de los caminos hacia una verdadera liberación a través de los diferentes procesos reivindicativos, nacionales y revolucionarios iniciados.
Los diferentes conflictos entre las naciones latinoamericanas, que en muchas oportunidades terminaron dirimiéndose por las armas, en guerras entre hermanos, dejaron inconclusa la unión de sus pueblos y permitieron que esas brechas fueran utilizadas y ensanchadas por los países y organismos internacionales, de crédito y de los otros, que respondían a los intereses del mismísimo capitalismo por ellos inventado y aplicado sin ningún tipo de miramiento hacia los nativos de ésta parte del sur mundial, ese que lo podemos reconocer como “los de abajo”.
Los variados gobiernos democráticos de los países de la América India fueron cediendo a las presiones y pretensiones del norte anglosajón e ibérico, hasta terminar asfixiando toda posibilidad de lograr el desarrollo, crecimiento y bienestar de sus habitantes. La falta de una cohesión social y popular permitieron el establecimiento de todas las temerarias y demenciales dictaduras, siempre genocidas, que contaron con el apoyo irrestricto e indispensable de las oligarquías nacionales agropecuarias, industriales y financieras. Éstas se fueron enriqueciendo con idéntica intensidad que lo hacía la marginación social.
Con el agotamiento de la imposición de sus socios militares los grupos de poder económico y financiero, asistidos siempre desde el norte, fueron esparciendo el liberalismo, neoliberalismo y globalización por el continente. Para ello fueron contando en cada oportunidad con las fuerzas políticas que se iban apoderando de los diferentes gobiernos denominados democráticos y populares. Siendo ellos los únicos culpables del endeudamiento externo insoportable, ilegal, odioso e impagable.
Con un centro y sur continental destruido y expoliado llegamos al siglo 21 con una población que llega a unos 530 millones de seres que en su mayoría se encuentran postrados en la pobreza y la marginación, con niveles de analfabetismo y desempleo alarmantes.
La desigualdad entre los que más tienen y los que se debaten entre las más mínimas necesidades sin satisfacer es un grotesco de éstos momentos, que llevan a la muerte a millones por el hambre y la falta de atención sanitaria, como asimismo el analfabetismo condena a tantos otros y en dónde la distribución inequitativa del ingreso sigue siendo una de las inmoralidades más grandes existentes.
Mientras el continente sigue siendo proveedor mundial de alimentos, minerales y energía en sus diversas formas de los países centrales que en las últimas décadas han mejorado las condiciones de vida a pasos agigantados. Por estos lares se van verificando cada día las injusticias que agravan el pesar de cientos de millones.
Sin embargo, y quizás sin haber hecho los esfuerzos necesarios, algunos países están encontrando rumbos auguriosos en el sentido de ir reclamando un cambio en la cultura política. Esta buena noticia se va entrelazando a través de las fronteras -que algún día deberán desaparecer- para ver realizadas las coincidencias entre los pueblos que van corrigiendo mediante las diferentes elecciones de representantes muchos errores del pasado.
La situación internacional se presenta como la más propicia si consideramos el astillamiento de la economía mundial, que se va quedando sin respuestas aún dentro de los países ricos, y con el agregado del repudio generalizado hacia el imperialismo invasor, convertido en terrorista, que se confirma en todo el planeta.
Los latinoamericanos tenemos, ahora más que nunca, la iniciativa de la unión continental en nuestras manos. Ese pensamiento de unidad legado de nuestros patriotas independentistas, libertarios y revolucionarios en muchos pasajes de nuestra historia.
Los pueblos se van manifestando de diferentes maneras pero con el mismo objetivo de transformar a las sociedades, ya están cansados de seguir tolerando que cada nueva generación se encuentre más postergada que la anterior y por lo tanto con menores posibilidades de un futuro mejor. La rebeldía y la constante movilización trasciende las estructuras de los viejos y agotados partidos políticos que se encuentran vacíos de principios, doctrinas, dogmas y ejemplos de haber realizado un, por lo menos, aceptable gobierno.
Se van armonizando y renovando las anteriores y nuevas pertenencias de clase y pertenencias: indígenas, trabajadores, desocupados, humillados, estudiantes, sin tierras y demás sectores que el modelo intentó dejar marginados hasta el límite de pretender su desaparición.
No debemos dudar en estos tiempos porque el futuro depende de todos nosotros, de los pueblos y todas sus generaciones. Tenemos que exigirle a nuestros gobiernos que se encolumnen y se comprometan en la liberación, la independencia y la autodeterminación de cada una de la Naciones y de la región en su conjunto.
Son tiempos de hacer la revolución latinoamericana hasta ahora postergada desde el convencimiento que “Otra Latinoamérica es posible”.
21 de agosto del 2003
Si usted no desea recibir más información, responda a este correo colocando 'Remover' en el 'Asunto' y disculpe las molestias ocasionadas.