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Alberto Recarte Conferencia pronunciada por su presidente en el ciclo que la Fundación Hispano Cubana dedicó al centenario de la constitución de la Isla.
Los datos
Resulta muy difícil hablar sobre la economía cubana porque los únicos datos fiables de que disponemos son los que suministran gobiernos y agencias extranjeros, en la medida en que registran transacciones entre sus respectivos países y Cuba. Hay datos sobre el endeudamiento exterior frente a Rusia y los antiguos regímenes del este de Europa y frente al resto de los países del mundo; sobre turismo, inversiones extranjeras y remesas de exiliados; sobre exportaciones e importaciones de Cuba y poco más. De estos escasos datos se deduce que Cuba sigue aumentando su deuda exterior, que no paga siquiera los intereses y que, si lo hiciera, aumentaría dramáticamente la pobreza del país. El régimen castrista sigue viviendo, por tanto, del ahorro del resto del mundo, que se transfiere a Cuba a través de múltiples canales.
En este momento, la principal ayuda y la más novedosa es la de Venezuela, -que suministra petróleo a precios por debajo del mercado- En segundo lugar, los exiliados cubanos, principalmente los residentes en Estados Unidos, siguen remitiendo dólares a sus familiares para que no pasen hambre. En tercero, hay un grupo de empresarios extranjeros que compran en Cuba activos capaces de generar exportaciones, como Tabacalera con el tabaco, los hoteleros mediante compra o gestión de hoteles, la telefónica mexicana y la canadiense Sherrit con la minería de níquel y cobalto. En cuarto lugar están los nuevos créditos concedidos por gobiernos occidentales, los cuales, por criterios puramente políticos, caen en la tentación de intentar comprar la voluntad del tirano o de vender a su electorado la solidaridad con un régimen que se autodeclara "bloqueado". A medida que se van agotando las posibilidades de obtener inversión exterior, aumenta la dependencia de las remesas de los exiliados. Finalmente, hay que señalar el estancamiento, o desplome, según los casos, de las exportaciones de mercancías por debajo, incluso de las cifras de 1959.
Las exportaciones
Si de las partidas de ingresos eliminamos las que no dependen del funcionamiento de la economía sino del favor político, la caridad y la venta de activos capaces de generar ingresos por una sola vez, nos encontramos con que sólo el turismo y las exportaciones de mercancías son recurrentes y reflejan la capacidad económica de la isla.
El turismo comenzó en 1990, tras haberse negado Castro a permitirlo durante treinta años por temor a perder el control total sobre la población. Continúa creciendo, pero opera como un sector desvinculado del resto de la economía cubana -gestionado, básicamente, por cadenas españolas-; su unidad de cuenta es el dólar, los turistas son extranjeros y un pequeño grupo de la nomenclatura cubana; y lo más significativo, se abastece básicamente desde el exterior.
Del resto de las exportaciones, hay que destacar el aumento de la producción de níquel y de cobalto, en las minas compradas por la canadiense Sherrit; el retroceso en cantidad y calidad de las ventas de tabaco, en rama y en forma de habanos, a pesar de que Tabacalera es ya propietaria del 50% de la empresa elaboradora y comercializadora estatal, y el desplome del azúcar, que con cifras de alrededor de 4 millones de toneladas anuales, está un 40% por debajo de las producciones medias de antes del castrismo y un 60% de las cifras máximas alcanzadas a finales de los años setenta. El café ha desaparecido. Finalmente, siguen estancadas a niveles de finales de los ochenta las capturas de pescados y mariscos, y las ventas de cítricos no han evolucionado como se creía. Quizá la única novedad es la producción y venta de algunos productos farmacéuticos, -hablamos de 25-30 millones de dólares anuales- y que el gobierno norteamericano relaciona con la intención de producir armas biológicas.
Otro renglón de ingresos del que desconocemos casi todo es el narcotráfico y el lavado de dinero. Castro mandó asesinar a sus compañeros traficantes cuando fue descubierto por la DEA. Es seguro que esta actividad, dadas las conexiones con la guerrilla terrorista de las FARC colombianas, no ha desaparecido y que, con los ingresos extraordinarios que consigue, se acumulan fondos para la financiación del terror o para nutrir las fortunas personales de los líderes.
Estos datos son los únicos fiables para saber qué ocurre en la economía cubana; el resto de los que se manejan son oficiales, de nula o escasísima fiabilidad, aunque, como siempre ocurre en estos casos, se puede, a pesar de todo, como veremos, sacar algunas conclusiones.
Los precios
Los dos informes oficiales más recientes que conozco, ambos publicados por el Banco Central de Cuba -La economía cubana en el periodo especial (1999-2000 y el Informe económico 2000"-, rebosan de datos inútiles sobre la economía cubana. No se diferencian en exceso de los que publican institutos similares en otros países del mundo, pero tenemos la certeza de que sus cifras, excepto parcialmente en sus relaciones con el exterior, son falsas. Para empezar, Cuba nunca liberalizó sus precios interiores, con lo que las estadísticas de base utilizan precios oficiales fijados en algún momento de los últimos cuarenta y dos años.
En 1976 se intentó poner al día los precios. En lugar de liberalizarlos, y permitir que se fijaran libremente en el mercado, se trató de modificarlos por criterios políticos. Para comenzar, se recopilaron los precios conocidos. Las autoridades se encontraron con 8 millones de precios de otras tantas mercancías y servicios, -aunque muchos de ellos correspondían a los mismos bienes descritos de forma diferente-. Ante el temor, manifestado públicamente, de que actividades básicas, como la producción de azúcar, dejaran de ser rentables si se aplicaban precios de mercado, se optó por modificar un puñado de precios no sustanciales; y por recopilarlos todos, para que los agentes económicos supieran lo que tenían que pagar, o cobrar, cada vez que intercambiaban algún bien. La recopilación ocupó 29 volúmenes de más de 300 páginas cada uno y dado que -según declaraciones oficiales- era muy caro hacer una edición para todos los agentes económicos, se optó por imprimir sólo 200 ediciones completas, que teóricamente tendrían que consultar los interesados en las correspondientes sedes del Poder Popular.
En ese momento comenzó la guerra de Angola, a la que siguieron la de Etiopía, Yemen, Nicaragua, Panamá, la caída del muro y la desaparición de la URSS. Pero el sistema de precios oficiales continuó. Al mismo tiempo, desde hace unos años, hay precios en dólares, pero no se utilizan en la elaboración estadística, y sólo se informa que el tipo de cambio interno es de 22 pesos por dólar. Por otra parte, durante los interminables años del castrismo, en repetidas ocasiones, coincidiendo con momentos de crisis y cambios de orientación económica y política, los máximos dirigentes cubanos -Raúl Castro en particular- han reconocido que los datos oficiales estaban falsificados, pero esta confesión no se tradujo en la modificación de las estadísticas históricas.
Para curarse en salud y lograr comparaciones más o menos favorables la referencia estadística más importante de ambos informes es la que corresponde al desplome de la economía en 1990, cuando se retira la ayuda soviética. Los más de treinta años anteriores del castrismo no existen ya estadísticamente. Finalmente, aunque, según las autoridades, a partir de 1992 ha tenido lugar un crecimiento continuado del PIB, nunca se llega a afirmar que se ha recuperado el nivel de producción y de renta de 1990. La realidad, a pesar de todo, se cuela en las estadísticas.
La Pobreza
PIB y renta per capita. Según datos oficiales, el PIB cubano alcanzó en 2000 un total de 27.000 millones de pesos corrientes (17.000 millones de pesos constantes de 1981). Esta cifra se puede comparar con la deuda exterior, que es la resultante de sumar 11.000 millones de dólares en moneda convertible reconocida por el gobierno castrista, más 25.000 millones de antiguos rublos convertibles con la desaparecida URSS; más 2.000 millones de rublos, también convertibles, con países del este de Europa; más 2.000 millones de dólares más con otros proveedores y suministradores. Convirtiendo los antiguos rublos al tipo de cuatro por un dólar, llegamos a una cifra total de endeudamiento exterior de más de 20.000 millones de dólares.
¿Es mucho o poco ese endeudamiento exterior? En relación con las exportaciones de mercancías y con los ingresos por turismo, que entre ambos alcanzan 3.600 millones de dólares, es una cifra abrumadora, pues con los ingresos netos de esos dos rubros sólo se podrían pagar los intereses de la deuda y amortizar anualmente el 10% del principal, pero sin importar absolutamente nada. Desde una perspectiva económica internacional, una relación de uno a cinco entre exportaciones y deuda se considera una catástrofe.
Por turismo se ingresan alrededor de 2.000 millones de dólares, pero no se sabe cuál es el resultado neto de la actividad, porque el aprovisionamiento de los hoteles es básicamente extranjero, y, además, hay que pagar a los operadores y permitirles un beneficio sobre su actividad. Los ingresos por exportaciones de bienes sólo alcanzan 1.600 millones de dólares. Hace 25 años, a precios subvencionados por la URSS, sumaban más de 5.000 millones de dólares. Y antes del castrismo, en 1959, alcanzaron los 700 millones de dólares, lo que equivaldía a unos 4.500 millones de dólares de hoy.
Los envíos de exiliados no aparecen en las cuentas del Banco Central de Cuba, aunque en la partida de transferencias corrientes netas del exterior, 850 millones de dólares, se podrían recoger parte de estas remesas. Según fuentes norteamericanas, estamos hablando de que las familias cubanas en la isla reciben entre 800 y 1.000 millones de dólares anuales. Las subvenciones venezolanas en forma de petróleo barato, se calcula que pueden suponer cerca de 1.000 millones de dólares. A esto hay que añadir un promedio de 500 millones de dólares anuales por inversiones extranjeras en bienes nacionales, (en total, en 10 años, según el Banco Central de Cuba, las inversiones extranjeras han alcanzado 5000 millones de dólares). Estos son los datos básicos que explican la miseria en que vive la población.
Para mantener el nivel de pobreza imperante en la Isla, con hambre pero sin desnutrición severa, con educación, pero sin medios pedagógicos, y teniendo que explotar el trabajo de los escolares y permitir la prostitución de la juventud, hacen falta, al menos unas importaciones anuales de cerca de 6.000 millones de dólares. Y, como vimos en el artículo precedente, Cuba ingresa 4.100 millones de dólares. Sin la ayuda de Chávez el país se endeudaría en 2.000 millones de dólares más anualmente. Con el petróleo barato venezolano el desbalance anual es de 1.000 millones de dólares, que es, más o menos, lo que recogen las estadísticas oficiales.
No cabe duda de la capacidad vendedora de Castro. A lo largo de los años ha engañado a los soviéticos, a los países socialistas extranjeros (excepto China, que no se dejó), a los banqueros occidentales, a las compañías estatales suministradoras de seguros de crédito a la exportación de los países occidentales, al gobierno de Franco, al de Suárez, Felipe González y José María Aznar, al resto de los gobernantes europeos, a los principales suministradores de Cuba, a la Argentina de Campora y a la de Videla, y, ahora a la Venezuela de Chávez, (aunque éste engaña, a su vez, a la población venezolana, porque dice que Cuba paga, a cambio del petróleo servicios médicos y educativos). Agotados los suministradores de créditos, ha convencido a hoteleros, tabaqueros, mineros y "telefónicos".
Pero lo que de verdad ha volcado la balanza, permitiendo que la población cubana se mantenga en un estado razonable de salud -ya que no de otras cosas- han sido las transferencias de los exiliados. Sin ellas estaríamos hablando ahora de una tragedia todavía mayor. Son los exiliados los que han roto el embargo norteamericano. Y la lluvia de dólares que recibe el régimen castrista por esta suma de millones de decisiones individuales no ha servido económicamente para nada. Ha permitido sostener el nivel de vida de los que lo reciben, pero no ha propiciado cambios en la política del castrismo. Igual que los eventuales beneficios de un levantamiento del embargo de los Estados Unidos se traduciría en un aumento de los dólares recibidos por el Gobierno, que permitiría vivir un poco mejor a la población y mucho mejor a la clase dirigente, pero no servirían para sanear la economía.
Las razones de la pobreza
Cuba es pobre porque a Castro le resulta más fácil controlar a la población cuando la preocupación general es cómo llegar al día siguiente. Cuba es pobre porque cada vez -y son bastantes- que se ha producido una mejora en las condiciones de vida, ya sea por un alza del precio del azúcar, o por una mayor ayuda internacional, o por el éxito de los pequeños negocios individuales, o por la mayor productividad de los campesinos cuando se les ha dado libre acceso a los mercados para parte de su producción, Castro ha intervenido para doblegar las iniciativas personales, para aplicarles impuestos (por cierto, el único legado de las ideas Solchaga) expropiatorios, para que fuera evidente, para todos, que la isla era suya, que sólo él tiene iniciativa y capacidad de decisión. Y hace mucho tiempo que decidió mantener un poder omnímodo y marginar -excepto para perseguir, encarcelar y expulsar del país-, a cualquier cubano que se atreviera a tener una postura ética que contradijera sus mandamientos, o demostrara tener alguna iniciativa económica que pudiera traducirse en ahorro y cierta sensación de independencia.
El futuro: lo negativo
Si difícil es analizar el presente, porque los datos fiables que tenemos son escasísimos, opinar sobre el futuro es tarea imposible. Sólo se puede aspirar a hacer un catálogo de los datos negativos y positivos que podrían producirse una vez que muera Castro o sea desalojado del poder. Entre los factores negativos quizá el más importante sea la desaparición del Estado de derecho, en toda su extensión, y de la economía de mercado. No hay justicia, el código penal es un catálogo de arbitrariedades y desafueros, han desaparecido los títulos de propiedad, los Registros mercantiles y los catastros. No hay jueces con una formación adecuada y, sobre todo, la sociedad cubana ha olvidado cómo dirimir sus diferencias de una forma legal; todo se reduce, desde hace mucho tiempo, a decisiones autoritarias.
La destrucción de las clases dirigentes
Generación tras generación de dirigentes cubanos ha sido perseguida por Castro. Se ha utilizado, y se sigue utilizando, el asesinato, la prisión y la expulsión del país. Más de cuarenta años de política sistemática de persecución de todo el que disiente en aspectos políticos, culturales, sociales o económicos, deja una huella terrible en el paisaje.
El empeoramiento del nivel educativo
Todos los países del entorno de Cuba tienen hoy niveles parecidos de alfabetización y educación general. Cuba ya no es una excepción por su nivel educativo en Latinoamérica, como lo era antes del desgraciado triunfo de la revolución castrista. Peores profesores, ausencia de disciplina, desprestigio del sistema, carencias de materiales educativos, escasísimas posibilidades de una mejor formación profesional, carencia de estímulos; todo ello contribuye al deterioro de la calidad de la educación y de la formación en general.
Una población estancada
Es difícil crecer cuando la población se estanca o retrocede. Históricamente, en los pocos casos en los que ha ocurrido, cuando deja de crecer la población, y no hay corrientes inmigratorias, el crecimiento se paraliza. La población envejece, las necesidades sanitarias son cada vez mayores y sólo con una economía cada vez más productiva, se puede mantener o mejorar el nivel de vida.
El renacimiento del populismo y la extensión de la corrupción y el narcotráfico en Latinoamérica
Aunque son fenómenos diferentes, si Cuba consiguiera una transición o un golpe de estado democrático, se encontraría con un entorno político mucho menos favorable que el de hace unos pocos años. El fracaso de los experimentos políticos teóricamente liberales en Argentina, en Perú y Ecuador, la concesión a la guerrilla terrorista colombiana de una parte del territorio del estado por el incalificable Pastrana, la llegada al poder de Chávez, la extensión del narcotráfico en México y las incompletas reformas en Brasil, dibujan un entorno dificilísimo para los próximos años en Iberoamérica. Desgraciadamente para los cubanos, su tirano es apoyado por Chávez y sus petrodólares, y ha sido una referencia constante para Pastrana en sus tratos con la guerrilla terrorista.
El reparto de la economía entre las mafias internas
Castro decidió repartir en vida el botín de las empresas públicas entre los posibles sucesores, empezando por el ejército, para evitar. Desconocemos hasta qué punto está avanzado el proceso, pero es evidente que la transición a un régimen democrático va a ser mucho más difícil, porque los interesados en mantener las actuales estructuras de poder, o similares, son mucho más numerosos que antes. Probablemente ya no se trata sólo de los allegados más íntimos, de la familia y un estrecho círculo pretoriano. Es posible que una parte sustancial del ejército y la policía esté disfrutando ya del manejo de grupos de empresas en beneficio propio.
La destrucción de la infraestructura y el deterioro del parque de viviendas
Por increíble que parezca, Cuba sigue viviendo, en parte, de las infraestructuras construidas antes de la revolución. Y lo que más llama la atención es como siguen prestando servicios instalaciones construidas antes de 1959. Durante el castrismo sólo se invirtió unos pocos años, entre 1972 y 1982. El resto del tiempo no se ha invertido; se ha reparado parte de lo heredado y se han construido algunas industrias con tecnología soviética, que después ha sido imposible reparar.
La privatización de empresas públicas
En las transiciones a la democracia, o a la economía de mercado, una tradicional fuente de recursos para el presupuesto ha sido la venta de empresas públicas. Además de ingresos, se lograba algo más importante todavía: la modernización de los sectores privatizados que, en la medida en que invertían según las leyes del mercado, conseguían una mayor eficacia y una mejoría general de la economía de todo el país.
También aquí se ha adelantado el genio malévolo de Castro a lo que pudiera ocurrir tras su desaparición. Se ha privatizado, en porcentajes variables, el tratamiento y comercialización del tabaco, la producción de níquel y cobalto, la escasa producción de petróleo y gas, la red de teléfonos, la producción de cemento, la red de hoteles, parte, incluso de los servicios bancarios -en la medida que existen-, y un grupo de pequeñas y medianas empresas con capacidad para generar divisas. Con ello, el régimen castrista ha logrado ingresos presupuestarios, (5.000 millones de dólares), pero ha perdido el beneficio más importante, el impulso modernizador. Por otra parte, -excepto en casos muy concretos, en los que la actividad desarrollada por empresas privatizadas tiene mucho más que ver con la economía exterior que con la nacional cubana, como la minería y el tabaco-, ha prostituido al capital foráneo, convirtiéndolo en explotador y acostumbrándolo a operar en condiciones no de mercado, sino de explotación de una población condenada a la sumisión.
El endeudamiento exterior
Su enorme volumen, alrededor de 20.000 millones de dólares, desproporcionado en relación al tamaño de su PIB y sus exportaciones, constituyen un obstáculo enorme al desarrollo económico. A esta cifra hay que sumar, además, las reclamaciones norteamericanas por las propiedades expropiadas a sus ciudadanos -incluidos los cubanos nacionalizados norteamericanos- sin ningún tipo de compensación. El tamaño de la deuda es tal que Cuba es el único país del mundo que no renegocia la deuda vencida, pues sabe que, por extensos que sean los plazos de carencia y bajos los intereses que se acuerden, no conseguiría liquidarlos nunca, ni por un mínimo espacio de tiempo.
No obstante, si cualquier gobierno democrático cubano planteara su condonación o aplazamiento, la respuesta de la inmensa mayoría de los países afectados sería positiva. Esa sería la aportación a la democracia de los acreedores; mucho más que la concesión de nuevos créditos, que serían escasos y que sólo se concederían tras un largo período en el que el gobierno cubano pudiera demostrar, en la práctica, que era merecedor de la confianza internacional.
Esta terrible acumulación de datos negativos, causados la mayor parte de las veces por la maldad del déspota, son un obstáculo enorme para que Cuba pueda volver a ser un país en el que vivir no sea una constante humillación y una angustia diaria
El futuro: lo positivo
Existen, afortunadamente, otras circunstancias positivas que mitigan y pueden incluso llegar a saldar el balance negativo de más de cuarenta años de castrismo.
La educación
Cuba tiene una tradición cultural que no se ha perdido definitivamente, como atestiguan las publicaciones, las creaciones empresariales, las obras de arte y las aportaciones intelectuales de los cubanos tan pronto se liberan de la opresión del castrismo. La experiencia de países del este de Europa, como la República Checa y Hungría, es que, donde hubo cultura y educación, es mucho más fácil construir un estado de derecho y una economía de mercado que en los países que nunca han disfrutado de estas tradiciones.
Los disidentes
Ellos son el mejor activo de la Cuba actual y de la Cuba post-castrista. Sin ellos no habría ninguna esperanza. Al margen de lo que representan para el resto de los cubanos, y de cualquier ser humano con un mínimo de dignidad, es de destacar la multiplicación de grupos disidentes de las más diversas ideologías.
Copyright. La Ilustración Liberal Madrid, 1999-2003.© lailustracion@... Fuente: NotiCuba Ed. Bs. As.
CIEN AÑOS DE ECONOMÍA CUBANA
Por JORGE SALAZAR-CARRILLO *
El 20 de mayo 1902 la economía de la Isla estaba depauperada y era esencialmente rural. La producción agrícola había bajado a una pequeña fracción de la existente en 1894, aunque la primera intervención de los Estados Unidos había iniciado una franca recuperación económica.
D. Tomás Estrada Palma decidió, como primer presidente, organizar la economía siguiendo un estilo conservador. Los códigos y métodos seguidos en la época colonial, que tendían a ser inflexibles, se continuaron utilizando. Por otro lado, las relaciones internacionales se inclinaron hacia Estados Unidos. En 1902 se firma el Tratado de Reciprocidad comercial con ese país. En adición, Estrada Palma obtiene un empréstito de los Estados Unidos por $35 millones, cifra relativamente grande, que expresa confianza en la nación.
La economía cubana prontamente se abocó a una intensa explotación azucarera para satisfacer un creciente mercado de exportación. La desolada economía rural continuaba reponiéndose a través de la construcción de caminos y carreteras, financiada principalmente por el alza del azúcar. La segunda intervención de Estados Unidos de 1906, elaboró varias leyes fundamentales como la del Servicio Civil, construyó 800 kilómetros de carreteras y 200 puentes, y amplió la sanidad. La principal fuente recaudatoria del gobierno continuó siendo los recaudos de aduana.
En 1909, toma posesión el segundo presidente, José Miguel Gómez.
Con la tesorería en quiebra, se concertó un préstamo para pagar un déficit de cerca de $9 millones. Durante este gobierno se realizaron innovaciones en los ingenios de azúcar, que apoyaron su continuada expansión. La economía tenía un claro weltanschauung neo-clásico, con firme creencia en la especialización internacional y la libre empresa.
Finalmente, las exportaciones de Cuba aumentaron de $64 millones en 1902, hasta $151 millones en 1910; la población de 1.6 millones de personas en 1900, a 2.2 millones en 1910; y la producción de azúcar de 300,000 toneladas largas españolas (t.l.e.) en 1900, hasta 1.843,000 en 1910. Cuba, con gran rapidez, se había mucho más que recuperado económicamente de la última guerra.
El general Mario García Menocal, nuestro tercer presidente, subió al poder en 1913. Mientras contrataba un empréstito internacional por $10 millones, se emitía moneda cubana por primera vez en 1914, rigiéndose por el patrón oro. Sin embargo no se dispuso la emisión de billetes. Menocal fue reelecto y realizó el censo de 1919 que arrojó 2,889,004 personas, un aumento de más del 80 por ciento en menos de 20 años. Este crecimiento fue uno de los más rápidos del mundo en esos años, equivalente al 3.2 por cierto anual acumulativo. Las exportaciones fueron de $575 millones, casi cuatro veces las de 1910. La producción de azúcar llega a los cuatro millones de toneladas, más que doblando la producción en menos de diez años.
La primera guerra mundial trajo aparejados, estratosféricos precios del azúcar durante la posguerra, y la Danza de los Millones en Cuba. Con el costo de producción promedio a tres centavos la libra, el azúcar llegó a venderse a más de 22 centavos, y las exportaciones del dulce casi llegaron a mil millones de dólares en 1920. A precios actuales estas cifras serían más de nueve veces las señaladas, haciendo de la Isla tal vez el país más rico del mundo per capita en ese año.
La burbuja explotó a finales de ese propio año cuando la superproducción de Cuba, entonces el mayor exportador y productor de azúcar del mundo, no encontraba compradores a alrededor de cuatro centavos la libra. Los colonos y hacendados cubanos perdieron sus propiedades al no poder pagar los préstamos concertados durante el boom. Igual tragedia ocurrió con la banca cubana, que carente de capital para enfrentar sus pérdidas por las múltiples quiebras de empresas nacionales, y sufriendo una grave crisis de liquidez, tuvo con pocas excepciones que terminar sus operaciones. Los beneficiarios de esta debacle fueron las empresas azucareras foráneas, especialmente las instituciones americanas, que terminaron controlando una buena parte de la industria y la agricultura del azúcar en la nación. Aún más extrema fue la desaparición de los bancos cubanos, que prácticamente quedaron reducidos a una minúscula expresión, mientras las instituciones estadounidenses pasaron a controlar el grueso de los depósitos y activos bancarios, que antes, en alrededor del 70 por ciento, estaban en manos cubanas.
En 1921, comenzó el período del presidente Alfredo Zayas, y el proceso de recuperación de la economía cubana, con la consolidación de la deuda del país. El gasto público disminuye y los ingresos fiscales aumentan a través de gravámenes a las clases adineradas. La diversificación agrícola se sustentó en la Ley de Refacción, que facilitó el financiamiento de la producción.
En 1925, inaugura el general Gerardo Machado su gobierno. La situación del mercado azucarero se caracterizaba por la sobreproducción. La zafra cubana, algo más del 20 por ciento del total mundial, se expandió hasta 5,189,347 t.l.e. en ese año (equivalentes a 5.345,028 a las medidas actuales). Después de 1927, no se construyen nuevos centrales azucareros en Cuba, y comienza a disminuir la producción. La crisis de la primera industria del país trae aparejada una contracción económica y un grave aumento del desempleo, en el que todavía era uno de los países más ricos del mundo.
Para compensar se llevaron a cabo una serie de construcciones públicas financiadas por préstamos internacionales, siendo la carretera central el eje de estos proyectos en cuanto a sus impactos económicos. También se establece el arancel del año 1927, dirigido a fomentar la industria nacional. El segundo período de Machado comienza en 1929. Se empiezan a sentir los vientos de fronda de la Gran Depresión con la caída de la bolsa de Nueva York en octubre de ese año. El desenlace de este proceso en la Isla fue el creciente debilitamiento del erario público en los años venideros, aunque la carretera central se logra terminar en 1931. La inversión extranjera se torna negativa en ese año, lo que no había sucedido desde 1919, y la inmigración prácticamente se detiene. La población censal de 3.962,344 en 1931 se reduce en los próximos dos años. El país cae en picada económica hasta tocar fondo en 1932-33.
Con el convenio comercial con Estados Unidos en 1934 comienza la recuperación económica. La etapa de ilegalidad política iniciada con el derrocamiento de Machado parece terminar en 1936, pero este afloramiento se frustra hasta 1940. Las exportaciones cubanas se recuperan en un 50 por ciento, junto con la producción de azúcar. El comercio mundial, que había caído al diez por ciento de sus valores antes de la mayor crisis económica del mundo contemporáneo, comenzó a recuperarse con los múltiples convenios bilaterales de comercio iniciados por los Estados Unidos. Estos estaban acicateados por la caída de su producto interno bruto al 50 por ciento de su potencial, y un desempleo del 25 por ciento de su fuerza laboral.
La Constitución cubana de 1940 reinstauró el orden político. También instituyó cambios económicos básicos en la sociedad. El entonces general Fulgencio Batista fue electo ese año como presidente. Con la segunda guerra mundial mejoraron los volúmenes exportados y el precio de las principales cosechas cubanas de entonces (azúcar, tabaco y café) mecanizándose los cultivos dentro de sus posibilidades. Cuba se convierte en el primer suministrador de azúcar de los Aliados, a través de los Estados Unidos, al que vende toda su cosecha a precios controlados.
Recibe en cambio un empréstito del gobierno estadounidense por $25 millones para llevar a cabo construcciones y absorber mano de obra desempleada, a la que siguieron otro por $11 millones para financiar las zafras azucareras durante la guerra, y varios Préstamos-Arriendo (Lend-Lease). Un político con reputación de hombre honesto, Carlos Hevia, dirige la Oficina de Regulación de Precios y Abastecimientos (ORPA), que estimula la creación de industrias de guerra en Cuba, aprovechando las escaseces creadas por el Conflicto.
El doctor Ramón Grau San Martín entra al poder en 1944. En la posguerra los precios del azúcar se disparan, representando grandes aumentos en los valores de exportación de Cuba. Esta bonanza hizo posible un amplio plan de construcciones públicas y de mejoras escolares. En 1948 las exportaciones son casi dos veces y media los niveles de 1927, con la producción azucarera superando la marca anterior de 1925.
En 1948 resulta electo Carlos Prío. Su período se caracteriza por las creaciones del Banco Nacional de Cuba, y del Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba (BANFAIC). Con ello se fortalece la banca nacional.
Por otro lado, las industrias nuevas en Cuba se expanden por las ventajas logradas para su protección en las negociaciones del GATT de Annecy y Torquay, lidereadas por la recién creada Dirección de Asuntos Económicos del Ministerio de Estado cubano.
El trienio 1951-1953 es testigo de la mayor zafra de azúcar en la historia (7.011,600 t.l.e. en 1951-52), las exportaciones más altas de la era republicana ($766 millones en 1951) salvo por el año 1958, y una población de 5.829,029 registrada por el censo de 1953, un aumento de casi un 50 por ciento en 20 años.
El 10 de marzo de 1952 Batista toma de nuevo el poder por la fuerza.
Este período tuvo logros económicos en términos de construcciones públicas. Pero se produce una explosión de instituciones financieras para financiarlas y conceder crédito adicional a la producción agrícola e industrial, que acaba por comprometer las reservas internacionales de la nación. La expansión fiscal y su acomodación monetaria consiguieron que en 1957 se pudieran superar los niveles de ingreso nacional de 1952 (estimados por el BNC) y las exportaciones totales. Pero su efecto multiplicador se fue deshaciendo contra el arrecife de las importaciones.
Al rayar 1959, Cuba había experimentado un singular proceso de desarrollo desde el abismo de la depresión en 1932-33. En 20 años su producto interno bruto había crecido a una tasa cercana al diez por ciento anual como promedio. Aunque parte de este aumento se tradujo en alzas de precios, si se descuenta por la pérdida del poder adquisitivo de la moneda, podemos concluir que el ingreso nacional cubano casi se cuadruplicó para 1958.
La plétora de indicadores socioeconómicos de aquella época sitúa a Cuba a la cabeza de América Latina. El profesor Oshima, de la Universidad de Stanford, realizó un estudio sobre la producción total de nuestro país en 1953, incluyendo los niveles de precios a los que se vendía, y llegó a la conclusión de que en términos de igual poder de compra equivalía al de los estados sureños más pobres de los Estados Unidos. Con ello comprobaba lo que muchos indicadores apuntaban, que la economía cubana mostraba niveles de consumo por habitante comparables con los de Europa Occidental y Japón.
¿Cómo se pudo destruir la economía de un país tan rico y productivo?
Comenzó con la emigración de aquellos que no querían vivir bajo una tiranía comunista. A principios de 1961 publiqué un artículo en el que estimaba que la pérdida de capital humano le había costado a la economía cubana algo más de 20,000 millones de dólares. Después vinieron los errores en los sistemas de producción. Al principio los técnicos de la CEPAL y el comandante Ernesto Guevara decidieron diversificar e industrializar al país en un primer salto hacia adelante. Pero como los empresarios se habían marchado, fracasaron rotundamente y sólo consiguieron que la producción azucarera disminuyera a nivel de tres o cuatro millones de toneladas. Aquí comienza la ayuda rusa masiva, que a precios actuales ascendería a 120,000 millones de dólares hasta el presente.
Para subir la parada, a Fidel Castro se le ocurre convertirse en la azucarera soviética. Los comunistas acceden, y piden producciones eventuales de 13 a 14 millones de toneladas. Se acepta el sistema de planificación social física (cantidades) del bloque comunista y se aprovecha para eliminar de paso la contabilidad y los presupuestos estatales. Para redondear el círculo se enfatizan los incentivos morales, y la ofensiva revolucionaria de 1968 colectiviza hasta los puestos de café. Este nuevo salto hacia adelante, matizado con revolución cultural (piensen en China) se produjo también desde otro precipicio. Los comunistas cubanos quisieron ser más modestos que sus amos, y le pidieron al pueblo sólo diez millones de toneladas en la zafra de 1969-70. A duras penas alcanzaron algo más de siete.
Los soviéticos, desilusionados, le piden a Cuba que entre en el Consejo de Ayuda Mutua Económica con sus socios de Europa del Este. El CAME les ayudaría a compartir el oxígeno que había que darle a la economía cubana.
Le exigen a Castro la adopción de planes quinquenales y un sistema de planificación más flexible y descentralizado (con incentivos materiales) que desembocaría en los mercados campesinos y paralelos de comienzo de los ochenta. Pero Castro no puede soportar el éxito económico de los pequeños empresarios cubanos; los llama "macetas" y comienza una rectificación. Las promesas de exportar a Europa Occidental, Japón y América Latina para pagar los préstamos de ellos recibidos, se quedan en eso. Cuba reniega su deuda externa. Este quinto cambio de política económica enfatiza la autosuficiencia alimenticia y es otro fracaso más.
Aun quedaban dos alteraciones adicionales: la liberalización au trance cuando el bloque soviético abandona el comunismo, y otra rectificación anunciada por Raúl Castro en 1996, que trae la limitación del cuenta propismo y la persecución de los que favorecen una economía de mercado. El último jalón de la jornada deja a Cuba con un ingreso per capita de menos del cinco por ciento del que gozaba en 1959.
* El autor es profesor y Director en el Departamento de Economía, Florida International University e Investigador Senior No-Residente de Brookings Institution, Washington D.C. Fuente: NotiCuba Ed. Bs. As.
COMPARACIÓN ESTADÍSTICA DEL PRODUCTO INTERNO BRUTO - (PIB) CUBANO DURANTE LA CUBA REPUBLICANA Y LA CUBA DE HOY
Por Humberto (Bert) Corzo* Columnista La Nueva Cuba / Julio 30 2002
Este análisis del PIB cubano tiene por objeto compararlo con otros países latinoamericanos y España con anterioridad a la toma del poder por la tiranía castrista y la Cuba de hoy, después de 43 años de estar en el poder esa tiranía.
Es de suma importancia echar por tierra el mito de la tiranía castrista de que la Cuba republicana era un país económicamente atrasado.
El PIB de Cuba será comparado al de otros países que tienen similares antecedentes históricos, económicos y sociales. De estos países la comparación con Chile es la máís cercana. Aunque Chile tiene un territorio mayor (pero con vastos desiertos poco poblados), ambos países en 1958 eran similares en cuanto a población, la composición racial de la misma, los factores económicos y la educación. Costa Rica, aunque menor que Cuba en tamaño y población, ha logrado altos niveles socioeconómicos. Al comienzo de la época de comparación el desarrollo socioeconómico de Costa Rica era inferior al de Cuba. México, aunque mayor en territorio y población, tenía un sistema económico con ciertas similitudes al sistema imperante en la Cuba actual, ya que por muchos años tuvo una economía orientada por el estado y un sistema político controlado por un solo partido.
Desde la apertura política y la implementación de NAFTA en 1995, la economía mexicana ha tenido un desarrollo acelerado. También hay similitudes entre la industria turística de ambos países, pues Cuba ocupaba el segundo lugar en número de turistaS en 1958 detrás de México.
España, también mayor en territorio y población, ha tenido una estrecha relación con Cuba en todos los órdenes: social, político, económico, cultural, etc. durante la época republicana. Alrededor del 70% de la población cubana en el 1958 era de ascendencia española. Al principio de los 50's el PIB español era el 40% de los países europeos. Desde la firma en 1953 del Pacto de Madrid entre España y Estados Unidos, debido a la asistencia económica de más de 1,000 millones entre 1953-58 a cambio del establecimiento de bases militares de Estados Unidos en España, el PIB creció un promedio de 5% anual. (ASCE Cuban Economic News Clippings Service - Release No. 60 - 08/09/02 - p. 29) La transición hacia la democracia después de la muerte de Franco y la admisión de España en 1986 en la Comunidad Europea aceleró el avance económico hasta nuestros días. (Fuentes: 1. U.N. 1964 estimates based on PPP exchanges rates. 2. CIA The World Factbook.)
Desde 1923 al 1958 Cuba tuvo un crecimiento positivo en el PIB, contando en 1958 con una reserva monetaria de $387 millones de dólares de acuerdo a las estadísticas del Inernational Monetary Fund (1). Esta cifra equivaldría, ajustada por el cambio en el índice de inflación, a $2,307 millones en dólares del 2000. En el periodo comprendido de 1960-1979, Cuba fue el único país de la América Latina con un crecimiento promedio negativo del PIB (2).
Durante la década del 1991-2000, el promedio anual del PIB fue de -1.9%, en penúltimo lugar entre los países de la América Latina, superando solamente a Haití (3). Sólamente del 1980- 1989 tuvo un crecimiento positivo, debido a que recibió unos cinco mil millones de dólares al año en subsidios de la Unión Soviética.
El Programa de desarrollo de las Naciones Unidas colocó a Cuba en 1999 en el penúltimo lugar de pobreza entre los países de América Latina, superando sólamente a Haití.
En 1958 el peso cubano y el dólar circulaban a la par en Cuba. El cambio en el índice de inflación (consumer price index, CPI), durante el periodo de los 60's a los 90's es de 5.96 (4).
Esto significa que lo que costaba $1.00 dólar en 1958, costaría $5.96 en el 2000. Por ejemplo, un galón de leche que costaba $0.47 en EU en 1958, cuesta $2.80 en el 2000. A fines de noviembre del 2001 la venta del peso cubano convertible (equivalente al dólar) en las casas de cambio oficiales se hacía a 27 unidades del peso cubano corriente. El salario promedio en Cuba en el 2001 era de 230 pesos per cápita mensuales, que al cambio monetario de ese año representan $8.52 dólares mensuales. En 1958 el ingreso per cápita en Cuba era de $110 dólares mensuales.
El efecto combinado de la devaluación del peso cubano con respecto al dólar y la inflación durante los últimos 40 años: 27 x 5.96 3D 161, ha sido devastador en el cambio neto del nivel de vida experimentado en Cuba de los años 60's a los 90's. El salario promedio tendría que ser: 161 x 110 3D 17710 pesos hoy en día nada más que para mantenerse a la par con el poder adquisitivo que tenía en el 1958.
El per cápita actual representa sólamente el 1.3% del per cápita de 1958.
El Ché Guevara, que sustituyó a Felipe Pazos como Presidente del Banco Nacional, en su viaje a Argelia en 1965 cuando le preguntaron por el fracaso económico dijo cínicamente: "Tenemos un país para experimentar; nos equivocamos pero seguiremos experimentando, hasta que aprendamos". Dicho aprendizaje ha ocasionado el fracaso económico más grande de toda la América Latina como se demuestra en este análisis.
Basándonos en el promedio de crecimiento anual del 1.41% del PIB de Chile, el per cápita de Cuba sería de $12,700 dólares. Si asumimos un crecimiento del 2.3% del PIB, como en los casos de Costa Rica y México, el per cápita sería de $20,725 dólares. Asumiendo un crecimiento del 3.13 % del PIB como en el caso de España, el per cápita sería de $28,204 dólares. El per capita promedio sería de $20,600 dólares.
Basado en el crecimiento económico de los países utilizados en la comparación, es razonable esperar un crecimiento similar de la economía cubana en el periodo de 1958-2000. Este crecimiento hubiese tenido lugar bajo cualquier tipo de gobierno, excepto bajo la tiranía actual. La diferencia entre los resultados aquí presentados y los de la tiranía, se pueden atribuir a los nefastos efectos de ésta sobre la economía cubana.
Referencias: 1. IMF statistics, 1960 2. World Bank statistics, 1980 3. ECLAC, Per Capita Gross Domestic Product, 2001 4. Bureau of Labor Statistics
*Humberto (Bert) Corzo nació en 1935 en Itabo, Matanzas, Cuba, y a los dos meses los padres se trasladaron a la ciudad de La Habana. Recibió su educación elemental y secundaria en el Colegio de Belén en Marianao, La Habana. Graduado de La Universidad de La Habana con el título de Ingeniero Civil en 1962.Desde su arribo a los Estados Unidos en 1969 como exiliado se estableció en Los Angeles, California, obteniendo la registración como Profesional Engineer en 1972. Cuenta con más de 40 años de experiencia en la rama de la Ingeniería Estructural involucrado en el desarrollo de proyectos, diseño, supervisión, especificaciones, estimado de costos e inspección de todo tipo de construcciones que incluyen desde puentes hasta edificios de múltiple pisos. Miembro de la American Society of Civil Engineers y de la Sociedad Cubana de Ingenieros Civiles en el Exilio.
Fuente: NotiCuba Ed. Bs. As.
REFLEXIONES SOBRE UN CENTENARIO.
Economía. Vitral No. 50. Julio-Agosto de 2002
POR OSCAR ESPINOSA CHEPE (Actualmente confinado en la Prisión de Guantánamo condenado a 20 años de prisión por ejercer el periodismo independiente victima de la Ola represiva de marzo de 2003)
El 20 de mayo del 2002 se conmemoró el centenario de la instauración de la República de Cuba. Nació luego de una intervención extranjera que coadyuvó al término más rápido de la guerra de independencia contra el colonialismo español, evitando mayores sufrimientos y derramamiento de sangre al pueblo cubano, pero fue un factor comprometedor para el futuro nacional. Como resultado, la Constitución se aprobó con el apéndice de la Enmienda Platt y, en lo económico, la dependencia a Estados Unidos quedó sellada con el Tratado de Reciprocidad Comercial. Este instrumento determinó las características monoexportadoras y plurimportadoras del país. Habría que preguntarse qué otra opción tenían los patriotas cubanos, que no fuera aceptar una situación deparada por las circunstancias históricas y geopolíticas. La sabiduría de la clase política cubana quedó demostrada en que a pesar de aceptar imposiciones lesivas a la soberanía, consiguió lo que no pudieron obtener ninguno de los otros territorios que se desprendieron del colonialismo español como consecuencia de la guerra hispano-norteamericana: un gobierno propio, que permitiera en un futuro enmendar los acuerdos alcanzados, como sucedió más tarde en 1934, debido a la perseverancia cubana. Las relaciones iniciadas con Estados Unidos también tuvieron aspectos positivos. Ese país se encontraba entre los más desarrollados del mundo a inicios del siglo XX, por lo cual los nexos establecidos permitieron el acceso a avanzadas técnicas en importantes actividades como las comunicaciones, administración, la banca, la construcción, la medicina, la enseñanza, etc. Por otra parte, el aseguramiento del mercado y la irrupción del capital norteamericano, fundamentalmente el de los refinadores que ya en tiempos de la colonia se abastecían de azúcar crudo cubano, trajeron consigo una impactante recuperación económica. Si en 1900 la producción azucarera fue de 300,0 miles de toneladas, en 1905 se alcanzaron 1,16 millones de toneladas, volumen superior a cualquier zafra bajo dominio español. En 1919 eran elaboradas más de 4,0 millones de toneladas, cuando se contaba con una población de 2,8 millones de habitantes; y en 1925 se llegó a los 5,2 millones de toneladas. La ganadería vacuna, casi desaparecida a causa de la guerra, alcanzó a principios de los años 30 más de 4,0 millones de cabezas. Debe resaltarse que ambos avances resultan portentosos, si se considera que en el 2001 la zafra sólo alcanzó 3,5 millones de toneladas de azúcar, contando con una población de más de 11 millones de habitantes; y las existencias de ganado reflejadas oficialmente no rebasan la cifra de entonces. En la esfera del transporte, las vías férreas aumentaron tan rápidamente que en los años 20, por su extensión, el sistema cubano sólo era superado en América Latina por contados países del Cono sur. Asimismo, mientras durante la colonia las carreras sólo sumaban varias decenas de kilómetros, y la parte occidental estaba obligada a comunicarse con las provincias orientales por mar, ya en los años 30 existían miles de kilómetros de vías y prácticamente todo el territorio nacional estaba enlazado por tierra. En la salud pública, se tuvieron logros importantes. Se efectuaron grandes campañas de higienización y vacunación. Se erradicó la fiebre amarilla, flagelo que por muchos años azotó a la población, lo cual benefició la inversión foránea por disminuir considerablemente los riesgos del establecimiento de los extranjeros. No menos positiva fue la formación masiva de personal especializado en el campo de la salud. En los años 50, Cuba disponía de un médico por cada 960 habitantes; un indicador muy superior al de cualquier otro país latinoamericano e incluso al de Francia, Holanda, Inglaterra, Suecia y otras naciones desarrolladas, según informaciones publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El número de camas en los hospitales era apreciable. De acuerdo con un censo realizado por el Colegio Médico Nacional, en los años 50 existía un total de 24 829 camas, lo que representaba 234 habitantes por cama. De estas plazas, 16 322, el 65,7%, correspondían a camas públicas. No obstante hay que reconocer que el nivel asistencial no era homogéneo en el país. Mientras que en la provincia de La Habana había 96 habitantes por cama, en Pinar del Río existían 662, en Camagüey 516 y en Oriente 514. Situación similar sucedía con los médicos, quienes en más de un 50,0% ejercían sus funciones en la ciudad de La Habana. Esto provocaba que en determinadas zonas del país, en especial rurales, la asistencia médica fuera deficiente. Sin embargo, al comparar los índices de Cuba con los del resto de los países latinoamericanos, el saldo era claramente favorable hacia nuestra isla. Por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil era de 32 por cada 1000 nacimientos en 1957, la más baja en el subcontinente e inferior incluso a Francia, Bélgica, Alemania Occidental, Japón, Austria, Italia, España y Portugal. Actualmente, el gobierno cubano habla de una tasa de mortalidad infantil del 6,2 por cada 1000 nacimientos en el año 2001, pero hay que tener en consideración los progresos de la ciencia y la técnica en materia de salud en todos estos años, así como las prácticas actuales de abortos con lo cual se da terminación selectiva a los embarazos de alto riesgo, lo que coadyuva a lograr menores cifras de mortalidad infantil. En cuanto a la esperanza de vida, el promedio entre 1955-1960 era de 62 años. Indudablemente alta para aquella época. Los avances en la educación también fueron notables. Según el censo, en 1899 sólo el 43,2% de la población de 10 años o más estaba alfabetizada. En 1931 alcanzó el 71, 7%, y en 1953 llegó al 76, 0%. Este indicador era únicamente superado por Argentina (87,0%), Chile(81,0%) y Costa Rica (79, 0%). Como se apuntó anteriormente, la economía cubana estuvo signada desde sus orígenes por una dependencia muy grande a un producto: el azúcar, y a un mercado: el norteamericano. A esto se sumó una gran concentración de tierra en pocas manos, fundamentalmente destinada al cultivo de la caña de azúcar. De esa forma se impuso el monocultivo azucarero y una economía de plantación, activa en los meses de zafra y deprimida el resto del año: el tiempo muerto. Con períodos de expansión, cuando los precios del azúcar alcanzaban altas cotas en el mercado internacional; y terribles depresiones, cuando estos caían. Hasta los años 20, monopolizado el mercado norteamericano por el crudo cubano, no hubo mayores dificultades. Pero en esa década surgieron problemas para vender la producción cubana, pues otros países comenzaron a desarrollar su industria, ya fuese a base del cultivo de la remolacha o de la caña de azúcar, incluidos los propios Estados Unidos y áreas bajo su dominio como Puerto Rico, Hawaii, Filipinas e Islas Vírgenes. Entonces se constataron los inconvenientes de la política de vincular el futuro del país a un solo producto. El gobierno del tristemente célebre Gerardo Machado adoptó mecanismos para restringir la zafra en función de los estimados de exportación. Al mismo tiempo, tomó ciertas medidas proteccionistas y en 1972 introdujo una reforma arancelaria que estimuló la producción de artículos, como huevos, carne de aves, calzado, mantequilla, queso, leche condensada y otros. Sin embargo, en el marco de la crisis mundial iniciada en 1929 y la inestabilidad política creada por la desmesurada ambición de poder del Presidente Machado, los progresos en la diversificación productiva fueron limitados. Con la constitución de 1940, posiblemente una de las más avanzadas de su época, también se crearon grandes expectativas de desarrollo. En particular, en cuanto a la propiedad de la tierra y la terminación del latifundio que quedó proscrito en el Artículo 90. Las leyes complementarias nunca se concretaron. Por ello, se mantuvo la dependencia de la economía a un solo producto y a las veleidades de su cotización. Esta negativa característica fue abordada por muchos insignes cubanos y misiones extranjeras, como la del Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento, presidida por Mr. Francis Adams Truslow, que a principios de los años 50 en un informe al Presidente Dr. Carlos Prío Socarrás, expresó lo siguiente: “La disyuntiva ante el pueblo cubano es clara. Puede aprovecharse de la presente oportunidad para comenzar la sustitución de su actual economía estática por otra dinámica, creciente y diversificada, evitando así su dependencia de un solo cultivo. Esa puede ser una larga y ardua tarea. Implicará grandes esfuerzos y algunos sacrificios de la tradición y de la comunidad. Pero podría disminuir los actuales riesgos e inestabilidades, y preparar la economía para el caso de que sobrevenga una reducción de la demanda y en el precio del azúcar a medida de que se intensifique la competencia debido al aumento de la producción. El camino es claro y la Misión cree que no escoger la alternativa dinámica puede traer para Cuba consecuencias de la mayor gravedad. La prosperidad bélica ha creado en Cuba nuevos niveles de vida para muchas gentes. Si su economía no puede sostener ese nivel en tiempos menos prósperos –al menos en grado razonable- sobrevendría una tirantez política. Si los líderes se han descuidado en prever esta posibilidad, la opinión pública los inculpará. Y si ello ocurriera, el control podría pasar a manos subversivas y engañosas como ha ocurrido en otros países, donde los líderes no se han dado cuenta de las corrientes de estos tiempos”. Como conclusión puede afirmarse que la historia de la República de 1902 a 1959 arroja muchos aspectos positivos que indican el carácter emprendedor y progresista de los cubanos. Pero al mismo tiempo demuestra que se fue incapaz de reaccionar a las nuevas circunstancias nacionales e internacionales. En la República que surja de las ruinas del totalitarismo, deberán ser consideradas estas experiencias para que sea construida una sociedad donde, además de florecer la libertad, predomine un clima de justicia social y la solidaridad entre los cubanos.
Fuente: NotiCuba Ed. Bs. As.
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