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Al abordaje, muchachas!   Lista de mensajes  
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Al abordaje, muchachas!
Mujeres que abandonaron el fogón y el salón fueron tan temidas como
Barba Negra o Drake. Las piratas Mary Read y Anne Bonny, condenadas a
muerte en 1720, inspiran obras feministas y son símbolos sexuales de
algunos cómics. Ambas se salvaron de la horca y una se sumergió en el
misterio.
i la alcoba nupcial ni el convento; nada de tejidos o largas esperas
a orillas del mar. Para estas dos jóvenes muchachas europeas, no
había otro horizonte que la libertad y la aventura. Convertidas en
piratas y amigas inseparables, Mary Read y Anne Bonny habrían de
luchar, ser mujeres amadas y armadas, vistas como bestias del mar.
Juntas enfrentaron, además, la persecución y la sentencia a la horca,
no sólo por sus violentos saqueos, sino, además, porque siendo
mujeres se atrevieron a burlar los contratos maritales y la norma
social.
Tenían poco más de 20 años cuando fueron capturadas. Según cuenta la
historia, fueron las únicas que enfrentaron a los captores de su nave
peleando en cubierta.
Ambas estaban embarazadas...
Mary Read, vestida para matar
La inglesa Mary Read fue la hija natural de una mujer viuda, que ya
tenía un hijo de su matrimonio. Al morir el niño, la señora vistió a
su hija de varoncito para engañar a los familiares de su difunto
marido y recibir de ellos alguna pensión para subsistir. Como hacía
tiempo que no veían a la criatura, la operación fue todo un éxito: la
parentela quedó absolutamente convencida y accedió a ayudar. Desde
entonces, Mary ya nunca podría desprenderse de sus pantalones.
La viuda puso a su hija al servicio de una rica francesa, en Londres,
en calidad de criado. Pero a sus 13 años, este oficio no le acomodaba
mucho: su sed de aventuras era inagotable. Huyó para alistarse en un
navío de guerra, ocultando -naturalmente- su condición femenina y sus
inclinaciones por el sexo opuesto, que ya comenzaban a expresarse. No
contenta con el cambio, decidió luego continuar su carrera militar en
Flandes, esta vez como infante de guerra. Sin embargo, aunque actuó
con valentía, no logró un ascenso y, hastiada, optó por servir en la
caballería, donde sí obtuvo el reconocimiento esperado, además de
tener una sorpresa...
Rodeada de hombres, no tardó en conocer al que despertó sus fantasías
románticas... Supo entonces que no se puede servir a Marte y Venus al
mismo tiempo: el amor que sentía por el guapo flamenco era tal que ya
no lograba cumplir con sus deberes. Descuidando otras exigencias de
la vida militar, Mary mostraba interés sólo por las empresas que
tenían relación con el hombre de sus sueños, llegando incluso a
exponer su vida por la de él.
Resultaba difícil sostener esta situación por mucho tiempo, pues su
conducta no había pasado inadvertida para los otros soldados y para
el propio blanco de sus suspiros. Aprovechando que dormían juntos en
la misma tienda de campaña, Mary encontró la forma de revelar su sexo
sin que se notara que lo hacía deliberadamente. El resultado no fue
el que anhelaba. Con gran decepción, vio que su amigo de antaño no
estaba por asumir compromiso alguno: sólo deseaba hacer de ella su
amante. Profundamente enamorada, la muchacha rechazó heroicamente
todos los embates, hasta que el galán terminara ofreciéndole
matrimonio.
El casamiento de los dos oficiales se celebró ruidosamente: rodeados
de los amigos de ambos, los jóvenes se prometieron amor eterno y
anunciaron su decisión de dejar las armas para dedicarse a otros
negocios. Al poco tiempo abrían una hostería, donde la mayor parte de
sus clientes eran antiguos compañeros de batalla. Mary atendía
vestida de mujer.
Fue éste sólo un breve episodio en su accidentada existencia. Al poco
tiempo quedó viuda; la situación política alejó además a las tropas
de su negocio y una vez más tuvo que salir a buscar fortuna...
vestida de hombre.
Se alistó en un regimiento de infantería holandés, sin mucha suerte,
para ser destinada a las Indias Occidentales, donde su barco fue
apresado en las Antillas por piratas ingleses. Como ella era el único
cautivo inglés, los piratas -ignorando su sexo- decidieron
incorporarla a la tripulación.
Poco después se publicaba en todas las plazas de las Indias
Occidentales que el rey perdonaría a todos aquellos piratas que se
entregaran de acuerdo a las instrucciones señaladas en su proclama.
La mayor parte de los compañeros de Mary se acogieron al beneficio y
se retiraron de ese peligroso oficio. Ella, en cambio, se alistó para
ir de corso contra los españoles, contratada por el gobierno inglés.
Como otros aventureros, muy luego decidió violar su contrato y
sublevarse contra el capitán, para volver a la piratería.
Fue durante este período cuando su embarcación se topó con el Revenge
("Venganza"), capitaneado por el pirata Calico Jack Racham. A bordo
viajaba la legendaria y no menos temible Anne Bonny...
Fue el encuentro de dos mujeres excepcionales.

Anne Bonny, reina de corazones

Anne Bonny, hija de un Cormac, era una pisciana irlandesa -como sus
contemporáneos O`Higgins y Mackenna- nacida el 8 de marzo de 1700 en
Cork. Su padre era un prominente abogado y su madre, la empleada de
la casa. Descubiertos y asediados por la esposa, decidieron huir del
escándalo. Se instalaron en Carolina, Estados Unidos. Cormac se hizo
dueño de una plantación.
Muerta su madre, la joven Anne debió hacerse cargo de la casa, papel
que cumplió con particular ferocidad.
Años más tarde, durante el juicio al cual fue sometida por sus actos
de piratería, habría de escuchar muchas historias sobre su vida en la
plantación. Verdaderos cuentos en que ella aparecía acuchillando a
una sirvienta inglesa por una simple discusión doméstica, o casi
matando a mordiscos a un pretendiente poco afortunado. Si fueron
hechos reales o sólo existieron en la imaginación exaltada de sus
verdugos, poco se sabe; lo cierto es que, pese a su mal carácter, fue
considerada en su momento un muy buen partido.
Las expectativas de su padre, no obstante, se vieron frustradas por
la joven, quien a los 16 años decidió casarse con un vago, un pirata
de poca monta llamado James Bonny, del cual tomaría su apellido. Este
quería apoderarse de la propiedad de los Cormac, pero el viejo, que
algo olfateó, terminaría dándole la espalda a su hija. La pareja
partió entonces a New Providence, Bahamas, donde James Bonny se hizo
soplón del gobernador Rogers, y era capaz de convertir a cualquier
marino que le parecía antipático en un pirata desalmado...
Su mujer empezó a despreciarlo y a llevar una vida más o menos
independiente. Frecuentaba a los piratas importantes de su época y a
Pierre, el más celebrado homosexual de la isla, quien le disputaba
las miradas y caricias de la población masculina. Eso es lo que
cuenta John Carlova en su biografía Mistress of the Sea (Señora del
Mar),
Poco tardó en reclutar a un amante. Primero fue Chidley Bayard, uno
de los hombres más ricos del Caribe, por el cual tuvo que luchar a
muerte con una violenta española de gran belleza, llamada María
Vargas, de la cual se contaba que había decapitado a un niño sólo
porque le ensució la falda. Anne salió vencedora en esta disputa,
consignada sólo por algunos investigadores, lo mismo que un incidente
en que ella habría golpeado y volado dos dientes de la cuñada del
gobernador, acto que le habría valido la cárcel.
Su amante pasaba la mayor parte del tiempo en viajes de negocios, y
Anne seguía unida a su despreciado marido. Fue entonces cuando
apareció el pirata Calico Jack Rackham, apodo de difícil traducción
que alude a sus pantalones, quien contaba ya con cierta reputación,
principalmente en las costas de Jamaica.
En uno de sus viajes, ella le pidió huir con él, pero el hombre
prefirió tratar de hacer una transacción honorable... El marido se
negó a venderla y acudió al gobernador para que juzgara la situación.
Antes que hicieran nada contra ellos, los amantes escaparon en un
barco.
La muchacha, con menos de 20 años, iniciaba de esta forma su vida
como pirata.
Vestida de hombre, se convirtió en una temida y temible combatiente,
sin abandonar las tentaciones propias de su temperamento fogoso: al
ser condenada, esperaba un hijo. Preocupado por su salud, Rackham la
dejó en Cuba, y del parto nació una niña prematura, muerta una hora
más tarde.
Pese al dolor, la mujer volvió a luchar junto a su amante. Para
entonces, había llegado ya la hora del encuentro de Anne con Mary
Read a bordo del buque en que la frustrada madre pirateaba.

"Si hubieras luchado como un hombre..."
Como se ha dicho, las mujeres se conocieron a bordo del Revenge. El
barco de la inglesa Mary Read había sido capturado por Rackham y al
ser hecha prisionera, Anne se fijó inmediatamente en la que le
pareció un joven fornido y apuesto. Pronto se acercó a "él",
defendiendo su permanencia como tripulante del barco. Rackham se puso
celoso y, previendo un conflicto, Mary acabó por revelarle su
identidad a la otra mujer. Según dice la historia, fue desde entonces
que ambas se hicieron inseparables.
Anne habló entonces con su amante, quien compartió con ellas el
secreto, ocultando a la tripulación el verdadero sexo de la recién
llegada. La banda hizo múltiples asaltos, preferentemente en Jamaica
y los alrededores de Cat Island, una de las 700 islas de las Bahamas.
En todos los combates las dos mujeres lucharon con la ferocidad del
más valiente de sus compañeros.
A bordo del Revenge, Mary volvió a enamorarse, en circunstancias más
o menos parecidas a las de su anterior matrimonio. Esta vez se
trataba de un marino recién capturado, quien también se integró al
negocio de Rackham. Se dice que la pasión de la mujer era tanta, que
decidió suplantar a su amante en un duelo. Conmovido por esta acción,
el pirata juró que se casaría con ella. Para Mary, esta promesa era
tan válida como la bendición sacerdotal.
Hay otras versiones. Mientras algunas sostienen que eran dos muy
liberales jovencitas en brazos de varios piratas, y hasta de la
tripulación entera, otros dan a entender que probablemente hubo una
relación sentimental entre ellas...
Nadie puede saberlo con certeza. Uno de los pocos datos documentales
disponibles es que fueron capturadas al sur de Jamaica en 1720, por
un capitán de apellido Barnet, quien obedecía órdenes del ya
mencionado gobernador Rogers. Para sorpresa de ambas, los hombres del
Revenge apenas lucharon en defensa de la nave. Testigos que
declararon en el juicio, aseguraron que fueron ellas las únicas que
pelearon sobre cubierta. Perplejos quedaron los hombres del
gobernador al comprobar que estos feroces luchadores eran mujeres...
embarazadas.
Las dos -mansamente- pidieron a sus jueces que consideraran su estado
de gravidez. El tribunal de jueces inflexibles las condenó por sus
actos de piratería, y para más remate, por "adúlteras", cargos que
ambas desmintieron. Fueron sentenciadas a la horca, pero como la ley
impedía ejecutar a una embarazada, la aplicación del castigo se
pospuso para después del parto, lo cual nunca ocurriría.
También sobre Rackham pesaba una pena de muerte, y pidió ver por
última vez a su amante. Lo que respondió Anne Bonny la ha hecho
inmortal:
"Si hubieras luchado como un hombre, no te verías en el trance de
morir como un perro".
Poco queda ya que decir sobre las vidas de estas dos mujeres. Ninguna
habría de volver al mar.
De Mary Read -quien durante todo el juicio defendió su amor por el
padre de su hijo y justificó sus acciones como necesarias para
sobrevivir- se cuenta que murió de una fiebre en la cárcel, antes de
dar a luz.
De Anne Bonny se sabe que su nombre desaparece misteriosamente de los
registros de la gobernación. Su padre, mediante buenos contactos,
habría logrado sacarla de la prisión. Bajo otro nombre y en
circunstancias muy distintas habría culminado su vida. Una versión
más prolija y tal vez igualmente fantasiosa dice que un doctor,
Michael Radcliffe, reconoció a su hijo y se casó con ella. Para eso
debieron esperar la muerte de su primer marido, Bonny, en un oportuno
huracán que pasó por las Bahamas. La brava mujer habría pasado el
resto de su vida como una dama norteamericana en Norfolk, Virginia.
Otras chicas malas
Son las más conocidas, pero Anne Bonny y Mary Read están muy lejos de
ser las únicas mujeres piratas. Una goda terrible, Alvilda, hizo su
vida luchando en el mar. Llegó al oficio huyendo de su matrimonio con
el príncipe danés Alf, que era --como se ve-- completamente
terrestre. No iba sola; junto a ella navegaba una tripulación muy
poco adecuada para los tiempos: sólo mujeres.
Siglos más tarde, Charlotte de Berry vistió de hombre para saquear
barcos, liderar motines y cortar cuantas cabezas quiso, siempre con
su arma favorita: una daga. En el siglo XIV, y movida por razones
algo más sentimentales, Juana de Belleville haría lo suyo contra los
franceses, a quienes culpaba de la muerte de su esposo. Siempre
seguida por sus dos hijos pequeños, la implacable Juana hizo su
campaña marítima e incluso sobrevivió a un naufragio.
Grace O'Malley se hizo famosa entre 1560 y 1580 no sólo por haber
estado casada con dos de los principales caudillos del oeste de
Irlanda, sino, además, por sus propias acciones marítimas.
En los mismos días en que Chile luchaba por su independencia de
España, hacia 1810, en Oriente la señora Ching Shih lideraba una
armada invencible: 1.800 naves y cerca de 80 mil piratas,
organización heredada de su marido. Así lo consigna el inglés Richard
Glasspoole en su diario de prisionero.
Autor misterioso
Pirata es una palabra de origen griego peiratès- que significa "el
que intenta fortuna", el que se arriesga, el aventurero. La empresa
debía ser por alta mar, más allá de la línea costera, pues era en
esas lejanías que se hallaban los nuevos mundos y las soñadas
fortunas.
Sin duda, Mary Read y Anne Bonny fueron verdaderas piratas; sus
historias son comparables a las de otros famosos filibusteros
ingleses que saquearon las Antillas. Sus vidas han inspirado desde
obras teatrales de sensibilidad gay hasta cómics en que Anne es todo
un símbolo sexual. Aventuras en que se mezclan gigantes, hechizos y
tesoros, muy lejos de la historia real. Parece real la historia en
que ellas aparecen biografiadas por primera vez y que lleva la firma
de un supuesto capitán inglés, Charles Johnson (1724). En 1932, J. R.
Moore sugirió que ese capitán no era otro que Daniel Defoe, el autor
de Robinson Crusoe. Estaba equivocado. La verdadera identidad del
autor de A General History of the Robberies and Murders of the Most
Notorious Pyrates continúa siendo un misterio, como muchos episodios
de sus heroínas.






Mar, 3 de Ago, 2004 1:14 pm

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Rodolfo Parbst
alemanpars
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3 de Ago, 2004
1:16 pm
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