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LATINOAMÉRICA: UN CAMINO, SINUOSO, ARDUO; PERO POSIBLE
Por: Osvaldo J. Paterno (*)
En Latinoamérica hay una gran cantidad de voluntades. Hasta hace poco tiempo hablar de Latinoamérica -de México a Ushuaia- era comentar, escribir, sobre los avatares de los regímenes dictatoriales, de los conflictos viejos y nuevos -algunos perduran. Era hablar de la ruina económica, del Fondo Monetario Internacional y su papel en la exposición de pasivos regionales, casi imposibles de pagar. La historia no reciente, ha demostrado que tan difícil es o era, lograr cierta unión, en aquellas décadas pasadas (1930-1980), fuera de las épocas del ALADI, convenios bilaterales de comercios, y algunos escasos avances para las fotos políticas del momento. No fue fácil, no lo es, ni lo será. La integración -unión para otros- latinoamericana, no será fácil. Hoy parecería que todo es diferente, pero, ¿realmente lo es? Veamos.
Esta claro que 20/30 años de democracia es bueno, es sano para cualquier país, región o continente; y esta mejora, más allá de algunos sismos institucionales (Argentina 2001, Bolivia 2003,, Venezuela 2002-2004, Haití 2004) quedó demostrado que puede haber un lento paso hacia delante en materia institucional, pero no hay lugar para un rápido paso hacia atrás. La democracia como sistema se ha instituido como eje en todo el área Latinoamericana. Bravo! Sin embargo a pesar de la institucionalización global -no solo en latinoamérica - como único sistema de convivencia política, económica y social; hasta el día de hoy fue poco lo que ha aportado en el área latinoamericana, en la solución de temas tan determinantes como la pobreza, la indigencia, la falta de educación estratégica, la inversión en tecnología y ciencias; y la distribución de la riqueza.
Es curioso que en Latinoamérica, sobra y hay en abundancia -aún después de la onda neoliberal de los 80 y 90- de todo tipo de recursos: económicos, naturales, intelectuales. Latinoamérica tiene una enorme capacidad de trabajo, y un potencial productivo enorme, solo con preguntarse: que hace falta en el mundo y que importamos del mundo. Pensar a Latinoamérica, por estas líneas de integración es requisito pero no suficiente. Conflictos y amenazas puede ser otro camino como para cerrar filas en la idea de integración. El conflicto institucional de Haití, puede mostrar el camino a recorrer. Tropas de Brasil, Chile, Perú, Argentina y otros, están colaborando en Haití, bajo el escudo de la ONU. Latinoamérica, para los latinoamericanos. Que Brasil y Argentina, hayan colaborado con Venezuela, en la formación del llamado "Club de Amigos de Venezuela" parece otra arista del mismo camino.
Quedan sin embargo, cuatro conflictos estratégicos: La salida al mar de Bolivia, el bloqueo impuesto a Cuba, las FARC en Colombia y el archipiélago de las Islas Malvinas. En estos conflictos, que son tan territoriales, como político-económicos, se podrá ver en el tiempo hacia donde camina la integración. Es notable, que al menos, en tres de ellos hay una fuerte injerencia anglo-americana; pero no se vislumbra una notable injerencia latinoamericana, más allá de los anuncios y fotos de ocasión. Unificar criterios, políticas externas e internas, mesas de negociaciones, hechos más que disensos, deberían de formar la línea de pensamiento-decisión-acción. Una amenaza, si uno observa los conflictos armados de los últimos cincuenta años, puede notar a simple vista dos condimentos básicos: los conflictos fueron económicos y siempre detrás, al lado o bien cerca estuvo EEUU.
Tal vez la muestra más clara, está en la invasión-guerra de Iraq. El petróleo se sabe es un bien que se esta terminando. Las reservas de Iraq, suponen un mínimo de 200 años de petróleo. Pues con el agua, sucede lo mismo. Recuerdo hace muchos años atrás, tal vez 1976/1978, en la Argentina, se emitía un programa de TV, donde mostraron, que en Medio Oriente, era más económico dejar el auto abandonado en la calle, que lavarlo. El agua era muy cara y lo sigue siendo. Solo el 3% del agua en el mundo es potabilizable. Y Latinoamérica, tiene una de las más grandes cuencas hidrográficas del mundo. Mantenerlas, explotarlas y hacer de ella un pilar de la economía regional, será definitorio de cara a los próximos 100-500 años. No podemos predecir, si algunos países, vendrán por ella, puede ser tan probable como improbable. Pero si debemos pensar, que debemos explotarlas en beneficio propio.
La línea de conflictos y amenazas, es sin duda otra vía de integración, pero como antes, es requisito pero no suficiente.
Gobernantes y gobernados. En mi país Argentina, como en muchos otros de Latinoamérica, ellos han realizado un trabajo de excepción en cuanto a la percepción que tiene la gente de las situaciones económicos sociales. Parecería ser, que nuestros gobernantes necesitaron y nosotros aceptamos, generar un enemigo externo, alguien, a quien adosarle la responsabilidad de nuestra propia ineptitud, de nuestra propia falta de interés. Esta claro, ese enemigo externo es Estados Unidos. Mientras ellos señalan al norte como el principal enemigo de la región, hacen negocios particulares a desmedro de la ciudadanía, justamente con "ese" norte. Esto simplemente se llama: corrupción.
La corrupción en Latinoamérica es historia, y debemos estar claro, que siempre deben existir dos puntas, lo cual parece obvio; pero a la hora de la verdad, todo el mundo olvida. En el año 2003, según Transparencia Internacional, los países más poderosos del mundo, han gastado un total de U$ 250,000 millones en la compra de gobiernos, negocios en países y actividades ilícitas. Hay alguien que corrompe, y alguien que es corruptible. Esta visto y es casi innecesario probar que las estructuras de los partidos políticos más grandes de Latinoamérica, basan su actividad, sobre las dádivas que dan a sus electores, generando rehenes políticos. Pues bien, esto no cambiará sino cambiamos nosotros mismos. Es cierto, también que en la lucha cotidiana por la supervivencia, muchas veces a los latinoamericanos, el árbol no nos deja ver el bosque, actuamos en el día a día, sin una misión que nos trascienda a nosotros mismos, que nos genere un entusiasmo particular.
Sin esa misión estratégica que nos trascienda vamos padeciendo siempre las mismas consecuencias, porque obviamente generamos los mismos acontecimientos, que una y otra vez, nos llevan al lugar de partida. Hemos visto esfuerzos por generar más integración de parte de pocos, no de todos y menos de los que han gobernado a Latinoamérica. Hoy parecería ser que nuestros gobernantes encontraron por arte de magia, que la solución para los países Latinoamericanos, esta claro, en Latinoamérica. Ahora bien, posiblemente mañana nuestros gobernantes, serán ex gobernantes y los nuevos vendrán con sus nuevos planes políticos, y sus nuevas visiones personales del problema en Latinoamérica. Tal vez después de este huracán progresista, en Latinoamérica, vuelva a crecer - depende claro del resultado de las políticas actuales - otro liberalismo económico.
Entretanto, debemos comprender, entender, para poder explicar después, que poco importa la acción de nuestros gobernantes, sino somos nosotros mismos los que exigimos determinada línea de gobierno, sino exigimos transparencia, sino exigimos que gobiernen para el bien común. La idea de una Latinoamérica integrada, no es una idea, tampoco puede ser un fin en si mismo, sino un destino de desarrollo, de maduración social, de crecimiento económico y prosperidad. Participar de cualquier forma de este proceso, es beneficioso, clave y precioso. Este para mi es finalmente, el requisito necesario. Somos nosotros quienes debemos mostrar el camino, quienes debemos exigir más por Latinoamérica, quienes debemos pensar a Latinoamérica. Nuestras sociedades, deberán madurar la idea, hacerla propia y creer.
Porque sólo cuando así sea, la integración será posible, independientemente de la acción de los gobiernos, de sus contenidos políticos. Debemos creer en nuestras potencialidades, debemos creer que es posible. Recorrer nuestra historia y darnos cuenta que el gran enemigo de Latinoamérica, esta entre nosotros mismos, se llama: desidia, irresponsabilidad, falta de compromiso, desinterés y menosprecio de todos nosotros. Se llama cobardía y comodidad. Y la comodidad tiene un gran precio. El precio de la dependencia. Solo un examen de conciencia riguroso, la visión estratégica de nuestras propias vidas y el legado a futuro, podrán hacer el camino. Pero hay que empezar ahora, porque mañana puede ser tarde. En ese momento habrá solo un grito, solo un camino: Latinoamérica unida, integrada.
(*) Director Fundador de Latinoamérica.org
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