Crece la cultura libre
Un espacio bajo el sol
Por José Cervera
El Mundo
13/01/05, 09.57 horas
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IBM, el mayor poseedor de patentes (y productor de patentes) del
mundo, ha abierto 500 de ellas. Red Hat, por su parte, ya lo había
hecho, al igual que Novell. Algunas empresas informáticas están así
creando un espacio libre de patentes en el corazón de la industria.
En el mundo de la ciencia iniciativas como el proyecto PLoS hacen lo
propio, con la reciente adición de Science Commons. En el mundo de la
cultura en general, el equivalente es el movimiento 'copyleft' y su
avanzadilla Creative Commons. La cultura, la ciencia y la tecnología
libres están consiguiendo abrirse camino. Con un poco de suerte, y si
las leyes no lo remedian, no toda la cultura será propietaria. Y eso
es una gran noticia, para todos.
Parece abstruso, raro, incluso absurdo. Pero es realmente importante.
La existencia de un espacio de cultura libre nos proporcionará a la
sociedad en su conjunto un muy necesario refugio ante la voracidad
recaudadora de la industria de la propiedad inmaterial. La iniciativa
de IBM permitirá a los desarrolladores de software libre y abierto
crear sin temor a ser perseguidos por patentes ajenas (y en algunos
casos, absurdas).
El 'copyleft' permitirá a los aficionados al arte copiar a los
maestros sin duda ninguna y a las Girl Scouts cantar canciones en los
fuegos de campamento sin problemas. Las licencias Science Commons
permitirán a los científicos impedir la privatización de partes del
mundo natural; las revistas PLoS abren la ciencia a quien quiera
usarla aunque no pueda pagarla. Y todo esto nos beneficia a todos.
El imparable avance de los derechos de propiedad inmaterial está
acorralando a las sociedades. No pasa un día sin que se publique un
nuevo abuso, una nueva iniciativa para recortar los derechos del
consumidor de cultura, un nuevo método de coartar la libertad del
comprador 'manu tecnologica' o de endurecer las leyes y las penas por
incumplirlas.
La perversa lógica de la propiedad inmaterial se impone a la razón y
a la conveniencia, e impide a empresas e instituciones usar la
lógica. A veces, hasta se enturbian las aguas más o menos
deliberadamente, para que las pasiones rijan.
Y es que vamos camino del absurdo, visualizado por pioneros como
Richard Stallman, y ampliado por otros creadores de aterradores
relatos sobre un futuro en el que hasta la Biblia es propiedad de
alguien y ningún libro puede ser leído sin autorización del
propietario... previo pago.
De ahí la importancia de que nazca y se desarrolle una porción de
Cultura Libre. No hace falta cambiar leyes ni derribar empresas ni
modos de trabajo; basta con abrir puertas a quienes han cambiado su
mentalidad. La idea del 'copyleft', el uso de las leyes de propiedad
intelectual para permitir con condiciones la copia (en lugar de
prohibirla sin más) se está extendiendo. Y por donde pasa deja un
espacio de libertad creativa en el que los abogados son bienvenidos,
pero no son necesarios.
Ésta es la clave: necesitamos un trocito de cultura en la que no haga
falta pasar por un bufete de abogados antes de publicar tu código,
tus resultados científicos, tu música o tu libro. Una cultura cerrada
y dominada por un puñado de grandes empresas es mala para todos,
creadores, intermediarios culturales y consumidores.
Copyleft significa cultura sin abogados, no cultura gratis; IBM no se
dedica a la caridad, ni tiene por qué hacerlo. Pero a los resultados
de IBM les vienen bien que haya una vigorosa cultura de software
libre. Lo mismo se aplica a los productores de música o los editores
de libros. Hace falta un espacio de libertad creativa. Y está
naciendo.
Con cada blog que se acoge a una licencia Creative Commons, con cada
músico, literato o fotógrafo que las usa; con cada artículo que se
publica en PLoS Medicine o PLoS Genetics, y con cada patente que se
abre, se crea un refugio donde la creatividad no podrá ser amenazada
por leyes torticeras (o interpretaciones torticeras de la ley).
Ahora sólo queda que algunos intermediarios culturales que las
actuales leyes imponen a los autores y consumidores (sí, las
entidades de gestión colectiva de derechos) se adapten a las
circunstancias.
Si hace falta retocar las normas, la próxima Ley de Propiedad
Intelectual podría ser una excelente ocasión de garantizar un poco de
aire a la cultura libre, sin eliminar los derechos de nadie.
Simplemente reconociendo que hay un glorioso puñado de locos que
piensan que regalar es una buena idea en este economía, y quieren que
se les permita.
¿Es pedir tanto? ¿Es una amenaza tal?
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Enlaces
> Un espacio bajo el sol
http://navegante2.elmundo.es/navegante/2005/01/12/weblog/1105502329.ht
ml
http://www.periodistadigital.com/secciones/tecnologia//object.php?
o=41872