Progresistas y Emprendedores
|
Recientemente en el blog de mi candidatura para la presidencia del PPD publiqué el siguiente artículo que, aunque lo escribí el año 2000, no ha perdido validez: El verdadero emprendedor está más cerca de lo que se supone del político de izquierda que busca cambiar la realidad para mejorar la situación de los seres humanos, o de los creadores culturales que llaman la atención sobre las desigualdades o la opresión. A veces nuestro lenguaje, con su capacidad de atesorar palabras, las guarda, pero va olvidando o adelgazando su significado, cuando no haciendo de ello un estereotipo. En castellano común, la palabra empresario ha pasado a indicar sólo al dueño de una empresa. Aceptamos que puede tratarse de una empresa de cierto tamaño, de una organización que reúne a muchos trabajadores o empleados, pero, en el fondo, vemos al empresario moviéndose en una trocha angosta, imbuido del ethos del capitalismo con las imágenes que ello comporta: ganar dinero, vivir del trabajo ajeno, etcétera. El emprendedor es una especie de productor de cine; alguien que, sin mucho capital, busca la oportunidad de realizar una obra. Para lograrlo convoca a otras personas: inversores, directores, artistas, técnicos... Supervisa el guión y mantiene la mirada puesta en el público, al que quiere interesar y gustar, al tiempo que gozar él mismo con lo que hace. Algo parecido representaría quien diseña moda. El emprendedor del que hablo es un innovador cultural -como lo puede ser el artista o el líder político- capaz de poner en movimiento nuevas pautas culturales y crear mutaciones, porque en sus actitudes está presente la preocupación por el modo de vida de la comunidad. No olvidemos que el éxito del emprendedor produce cambios, de diferentes escalas, en los hábitos de su entorno. Un caso paradigmático de este siglo fue, sin duda, Henry Ford. Creó masivamente coches baratos y duraderos, a unos precios que pudieran pagar sus propios trabajadores, a los que mejoró sus retribuciones. Con ello alteró nuestras vidas en esferas totalmente alejadas de su idea original. Las ciudades pasaron a ser centros de trabajo y comercio, mientras una buena parte de la población se desplazó a residir en las afueras buscando más calidad de aire. Los grandes desplazamientos se hicieron normales y todos -cual más, cual menos- nos enteramos de cómo funcionaban esas grandes máquinas a nuestra disposición cotidiana. |