LA PAZ
JORGE
EL AMOR NO ES JACTANSIOSO NI ORGULLOSO
Entonces ¿por qué estoy aquí afuera? ¿Qué estoy haciendo metido en una zanja, con el agua hasta los tobillos, trabajando en una cañería con goteras? Y, sobre todo, ¿por qué los tres tipos del camión no me están ayudando? ¿Por qué están dentro y yo estoy afuera?.
Aquel día en el campo petrolero, había un jefe. Bajo él había un antiguo capataz, y bajo el capataz, un inmigrante ilegal.
Nuestros asientos en el camión también revelaban nuestro rango. El jefe manejaba. Y cuando llegaba el momento de bajarse del camión y meterte en la zanja, nadie tenía que decírmelo. Entendía la ley del más fuerte. Conocía la jerarquía.
Tú también la entiendes. Conoces el sistema La ley del más fuerte es parte de la vida. Y hasta cierto punto, así debe ser. Hay que saber quien está a cargo de las cosas. El problema con la ley del más fuerte no es el orden
Sólo pregúntele al chico más bajito de la clase o al conserje cuyo nombre nadie sabe ni quiere saber. Una familia de clase minoritaria también te puede hablar de esto. Y el obrero nuevo de una fábrica y el chivo expiatorio de la familia. No es agradable ser el plancton en la cadena alimenticia.
Una amiga mía que se crió en una granja me dijo que una vez vio a los pollos atacando a un pollito recién nacido que estaba enfermo. Fue corriendo y se lo dijo a su madre. Esta le dijo:"Los pollos hacen eso. Si hay uno muy enfermo, los demás le dan picotazos hasta que muere".
Dios dice que en el amor no hay lugar para la ley del más fuerte. Jesús no toleraría tal forma de pensar. Esa mentalidad no puede darse en su reino.
Escucha lo que dijo sobre las aves alfa (la que más picotazos da) de su época.
"Antes, hacen todas su obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos, y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí."
Jesús lanza una descarga contra los de más rango en la iglesia, a aquellos que llevan"la voz cantante" en el tope de la escalera espiritual, y extienden su plumaje de túnicas, títulos, joyas y asientos asignados. Jesús no los soporta. Es fácil darse cuenta por qué. ¿Cómo puedo amar a otros si tengo los ojos fijos en mí? ¿Cómo puedo enfocarme en Dios si me estoy enfocando en mí? Y, peor aún, ¿Cómo puede alguien ver a Dios si sigo desplegando mi plumaje?
Jesús no da lugar a la ley del más fuerte." El amor no es jactancioso ni orgulloso".
¿Su solución para los sistemas de jerarquías humanos? Un cambio de dirección. En un mundo de movilidad ascendente, elige el servicio descendente. Ir hacia abajo, no hacia arriba. "Estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo".
Invirtió la ley del más fuerte. Mientras otros trataban de ascender, él descendía.
Tu actitud debería ser la misma que la de Cristo Jesús:
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz".
¿Serás capaz de hacer lo que hizo Jesús? Cambió un castillo sin manchas por un establo mugriento. Cambió la alabanza de los ángeles por la compañía de asesinos. Él podía sostener el universo en la palma de la mano, pero renunció a ello.
Si fueras Dios, ¿dormirías sobre paja y dejarías que te envolvieran en pañales? Yo no lo haría, pero Cristo sí lo hizo.
Si supieras que tu llegada sólo le iba a interesar a unos pocos, ¿no cambiarías de idea? Si supieras que aquellos a quines amas se reirían en tu cara, ¿te seguirías preocupando por ellos? Si supieras que todas las lenguas que creaste se reirían de ti, las bocas que creaste te escupirían, las manos que hiciste te crucificarían, ¿las habrías creado? Cristo lo hizo. ¿Considerarías a los incapacitados más importantes que tú? Jesús sí.
Se humilló a sí mismo. Pasó de dar órdenes a los ángeles, a dormir sobre paja. De sostener las estrellas, a tomarle el dedo a María. La palma que sostenía el universo recibió el clavo de un soldado.
¿Por qué? Porque eso es lo que hace el amor. Anteponer al amado. Tu alma era más importante que su sangre. Tu vida eterna era más importante que su vida en la tierra. Tu lugar en el cielo era más importante para Él que su lugar en el cielo, así que renunció a su lugar para que tú tuvieras el tuyo.
Te amó hasta ese punto y porque te ama, eres de suma importancia para Él.
Señala al gorrión, al pájaro menos valioso de su tiempo y dice:" ¿No se venden cinco gorriones por dos moneditas? Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos. Así mismo sucede con ustedes: aún los cabellos de su cabeza están contados. No tengan miedo , ustedes valen más que muchos gorriones".
Dios se acuerda de los pajaritos del mundo. Nosotros nos acoramos de las águilas. Pero Dios se fija en los gorriones. Encuentra tiempo para los niños y considera a los leprosos. Le ofrece una segunda oportunidad a la mujer adúltera, y al ladrón en la cruz le hace una invitación personal. Cristo da una atención especial a los desalentados y caídos, y nos insta a seguir su ejemplo. "Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos".
¿Quieres amar a otros del mismo modo que Dios te amó a ti? Ven sediento. Bebe de la copa del amor de Dios para ti, y dile que llene tu corazón de un amor que puedas compartir. Uno que te permitirá:
v Anteponer a otros. Esther Kim sabe lo que significa esto. Durante trece años tuvo un sueño. Las olimpiadas de verano. Quería representar a los Estaos Unidos en el equipo de tae kwon do.
Desde los ocho años, pasó cada hora disponible entrenando esta disciplina. De hecho, fue en una práctica que conoció a su mejor amiga, Kay Poe. Las dos trabajaron muy duro y por tanto tiempo, que a nadie le extrañó que calificaran para las eliminatorias olímpicas del 2000.
Las ubicaron de tal manera que tendrían que competir una contra la otra. Una iba a perder y la otra iba a ganar.
Como si el momento necesitara más drama, dos sucesos pusieron a las amigas en una posición muy difícil. Primero su amiga Kay se lastimó una pierna en la competencia. No podía competir. Debido a eso Esther podía derrotar a su amiga sin mucho esfuerzo.
Pero también había una segunda verdad. Esther sabía que Kay era la mejor peleadora. La mejor atleta se quedaría en casa.
¿Qué hizo entonces? Esther entró al piso de competencia y saludó a su amiga oponente. Ambas sabían lo que significaba ese gesto. Esther renunció a su lugar. Consideró que la causa era más importante que el crédito.
Este es un buen momento para algunas preguntas directas:
¿Qué es más importante para ti, que noten tu presencia o que se haga el trabajo? Cuando un hermano o hermana recibe algún tipo de honor, ¿te alegras o te pones celoso? ¿Tienes la misma actitud de Jesús? ¿Consideras a otros más importantes que tú?
¿Puedo contarte la primera vez que sentí el reto de esto?
Haroldo padecía de parálisis cerebral. Por esta razón no podía andar, vestirse, comer ni ir solo al baño. Mi trabajo era ayudarlo con todas esas cosas. Y no me gustaba. Acababa de salir de la universidad y estaba listo para cambiar al mundo. Estaba preparado para predicar, par viajar, para hacer historia. Pero no estaba preparado para ayudar a Haroldo.
El director del programa tenía otros planes. Un día me dijo que tenía una asignación especial. Di por sentado que se trataba de algún tipo de ascenso. Jamás pensé que se refiriera a Haroldo.
A Haroldo le encantaban las clases bíblicas y los cultos de alabanza. Mi tarea consistía en ayudarlo a asistir a ambas cosas: recogerlo, lavarlo, ponerlo en la silla de ruedas, sentarme a su lado, y llevarlo de vuelta a casa. Sostenerle el tenedor a la hora de comer, y limpiarle la boca cuando se babeaba. No recuerdo haber sido muy cariñoso. Lo que si recuerdo fue el día que estudiamos Filipenses 2. 3:"estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo".
Después de leer el pasaje, el profesor nos preguntó:" Piensa en la persona que está a tu izquierda. ¿La consideras más importante que tú?". Miré a mi izquierda. ¿Quién crees que estaba ahí? Haroldo. La cabeza se le había caído hacia un lado. ¿Cómo iba a considerarlo a él más importante?
Pero Dios me hizo ver mi vergüenza y comenzó a trabajar con mi actitud. Lento, pero a paso firme, comencé a alegrarme de cuidar a Haroldo. A fin de año Haroldo y yo nos habíamos hecho amigos. Dios obró un milagro callado pero indeleble en mi corazón. Cuando hace un año me enteré de la muerte de Haroldo, le di las gracias a Dios por haberme permitido tener un maestro así. Dios usa a personas como él para recordarnos:" Pon a los demás primero".
v Acepta tu parte en su plan.
La verdadera humildad no es pensar que vales menos, sino pensar apropiadamente de ti. El corazón humilde no dice:"No puedo hacer nada", sino"no puedo hacerlo todo. Sé cuál es mi parte y me alegra hacerla".
Cuando Pablo escribe"consideren a los demás como superiores a ustedes mismos" no es decir que no hay lugar para ti, es reconocer tu lugar. " A cada cual que esté entre vosotros , que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener , sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno".
Y por último:
v Apúrate a aplaudir los éxitos de otros.
A los romanos Pablo les da ese consejo:" Amaos los unos a los otros".
El corazón humilde honra a otros
Una vez más, ¿no es Jesús nuestro mejor ejemplo? Se alegraba con que lo conocieran como un carpintero. Feliz de que lo confundieran con un jardinero. Sirvió a sus discípulos al lavarles los pies. Nos sirve a nosotros haciendo lo mismo. Todas las mañanas nos regala la belleza. Todos los domingos nos llama a su mesa. Cada momento habita en nuestros corazones. ¿Y acaso no habla del día en que Él "se señirá y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles?
Si Jesús tiene una disposición para honrarnos, ¿no podemos hacer lo mismo por otros? Haz de la gente una prioridad. Acepta tu parte en su plan. Apúrate en compartir los aplausos. Y, más que nada, considera a los otros más importantes que tú. El amor lo hace. Porque "el amor no es jactancioso ni orgulloso"
Hay alguien juntando todas estas piezas. Sus pensamientos son más o menos esos: Si te considero más importante que yo... y tú crees que soy más importante que tú... y él cree que ella es más importante que él ... y ella cree que él es más importante que ella... entonces al final, todo el mundo se siente importante pero nadie se comporta como si lo fuera.
Mmmm... ¿Piensas que eso es lo que Dios tenía en mente?
Max Lucado.