Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste
estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí,
Padre, porque así te agradó. - Mateo 11:25-26.
Creer antes de comprender.
Un predicador había leído y comentado el tercer capítulo del evangelio
de Juan. Después de la reunión, un joven se acercó a él para hablarle.
- Me impresionó lo que usted dijo. Si entendí su pensamiento, basta,
pues, comprender bien qué es el Evangelio para convertirse en un verdadero
cristiano.
Este joven, graduado de una buena universidad, acostumbraba reflexionar,
discutir y examinar los hechos. El predicador repuso: - Amigo mío, usted está
muy equivocado. Si para ser salvo fuera necesario ser culto y comprender
perfectamente los distintos aspectos del mensaje evengélico, ¿cómo podrían
entender los que no tienen instrucción?.
- Nunca pensé en esto -dijo el joven.
- ¡Felizmente Dios pensó en ello! Lo primero que se necesita, no es
comprender el Evangelio, sino aceptarlo sencillamente por la fe. Basta recibirlo
- terminó diciendo el creyente.
El que cree, sometiéndose a la Escritura, es hecho inteligente por el
Espíritu Santo; será capaz de comprender poco a poco las verdades divinas y de
crecer "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo"
(2 Pedro 3:18).
Además, el Evangelio implica lo que siempre permanecerá más allá de
nuestra comprensión: el amor de un Dios que dio a su Hijo para salvar a hombres
rebelados contra él.