¡Misericordia!
Lectura: Filipenses 4:1-7
La Biblia En Un Año: Deuteronomio 13-16
Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo . . . sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. --Filipenses 4:6.
Tal vez hayas jugado el juego cuando eras niño. Entrelazas los dedos con otra persona y tratas de doblarle las manos hasta que uno de los dos grita: "¡Misericordia!" El ganador es aquel que hace que la otra persona se rinda.
A veces, cuando oramos, tratamos de jugar "Misericordia" con Dios. Tenemos una petición que deseamos desesperadamente que Dios nos conteste de cierta manera, por lo que tratamos de "doblarle los dedos" y conseguir que Él se rinda. Cuando parece que no estamos ganando, tratamos un poquito más de convencerlo suplicando o negociando. Hasta puede que desistamos gruñendo y digamos: "Señor, Tú siempre ganas! ¡Eso no es justo!"
Dios sí desea honestidad de corazón. Sin embargo, de vez en cuando, en nuestra honestidad sale un espíritu de exigencia. En lo profundo de nuestro ser sabemos que la oración no ha de ser una contienda con Dios que tratamos de ganar. En nuestros momentos más sabios hacemos nuestras peticiones a nuestro Señor, nos rendimos a Él, nos apoyamos en su gracia y esperamos sus respuestas (Filipenses 4:6-7). La escritora Hannah Whitall Smith dijo: "Échate contento, dispuesto y sin reservas en sus brazos de amor, y entrégale las riendas del gobierno."
En lugar de orar con una resignación gruñona diciendo: "Señor, Tú siempre ganas", ríndete a Él. Dí : "¡Misericordia!" --AC