Manual de escritor
a mis alumnos
Para empezar a escribir tenés que hacer algo así como clavarte una lapicera en la garganta.
Luego, sin dolor pero con fuerza, deberás arrastrar la lapicera hacia abajo, y marcar un trazo profundo por tu pecho. Partirás en dos el tórax, cruzarás la boca del estómago, el ombligo, y frenarás a la altura de tu sexo.
Entonces con las dos manos te abrirás el cuerpo, te extirparás el corazón, los testículos, los ovarios y los intestinos, y los desparramarás sin asco a lo largo de la hoja.
No te desesperes. La operación no es sencilla. Requiere de práctica, pasión y valentía. Cuando sientas que ya no queda más sangre para chorrear: pará. Toma distancia. Volá un rato. Desde el aire las cosas se ven mejor.
Quedate el tiempo suficiente para contemplar tus palabras y contemplarte.
Una vez terminado el acto: guarda la obra en el freezer unos días; juntá tus pedacitos y volvé colocarlos donde estaban; ligá el tajo con hilo “colibrí” y puntada fina; y después, muy despacito, volvé a disfrazarte de todo lo que no sos.
Preguntá. Respondé. Descubrí.
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