Fidel Castro en Argentina
El discurso de Fidel: la revolución innombrada
La visita del Comandante Fidel Castro a la Argentina y el
multitudinario acto en las escalinatas de la Facultad de Derecho, fue
un hecho histórico. En un mundo donde la Administración Bush intenta
rediseñar la hegemonía imperial, apelando a la guerra contra los
pueblos, la figura de Fidel Castro es un contrapunto que despertó la
simpatía de miles en la Argentina, país cuya población rechazó casi
en forma unánime la invasión a Irak.
En una Argentina que en las últimas dos décadas vio degradar el nivel
de vida, material y cultural de su pueblo, que asistió a la entrega
de sus riquezas naturales y el patrimonio público, cuya clase
dirigente hizo apología de las “relaciones carnales” con el
imperialismo yanqui, el relato de las conquistas sociales de la
revolución cubana despertó en el imaginario colectivo la idea de que
la resignación y la pérdida de las condiciones de vida no son algo
necesario o inevitable.
Fidel y el gobierno de Kirchner
Pero Fidel Castro no sólo fue aplaudido en las calles de Buenos
Aires. En el Congreso –al momento de la asunción de Kirchner- fue
ovacionado por los legisladores presentes. Suerte similar, aunque de
menor envergadura, corrieron Hugo Chávez y Lula Da Silva. Este hecho
emblemático da cuenta de un cambio en el posicionamiento del nuevo
gobierno que quiere dar fe de antineoliberalismo, en ascenso hoy en
América Latina. Kirchner, el primer presidente surgido de una
elección (aunque a medias) luego de los levantamientos populares de
diciembre de 2001, necesita ganar el consenso popular. La visita de
Castro fue un espaldarazo a estas intenciones. Además de un impulso a
un nuevo eje de la diplomacia latinoamericana que ya ha mostrado su
voluntad no de enfrentar al imperialismo, sino de negociar desde
otras relaciones de fuerza con los Estados Unidos.
Según el propio Fidel su viaje respondía a una retribución de favores
por la abstención argentina en la ONU ante el tema de los derechos
humanos en Cuba y además una oportunidad para expresar “solidaridad
con la Argentina, con el pueblo y con la actual administración”1. En =
su discurso en la Facultad de Derecho manifestó que sintió “gran
satisfacción y júbilo cuando llegaron las noticias de un resultado
electoral en nuestra queridísima Argentina” al que calificó como
un “servicio que le han prestado al mundo al hundir en la fosa del
pacífico (…) el símbolo de la globalización neoliberal”. Su ret=
órica
se entronca así con el intento de las clases dominantes criollas de
darle un carácter histórico a las elecciones del 27 de abril para
legitimar al nuevo ejecutivo y de paso borrar del horizonte las
jornadas revolucionarias de Diciembre. Estas últimas sí fueron un
verdadero símbolo, un descomunal golpe al neoliberalismo ya que se
echó en las calles al reaccionario gobierno de De la Rúa. Fidel
Castro vino a tender con entusiasmo su mano a Kirchner y a la
burguesía argentina, que más allá de su discurso, se dispone
concretamente a cumplir sus compromisos con el Fondo Monetario
Internacional, lo que inevitablemente será a costa de mayores
sufrimientos para el pueblo argentino.
Redistribución de la riqueza: ¿Humanizar el capitalismo?
Fidel habló de cómo Cuba pudo avanzar cualitativamente en mejorar las
condiciones de vida e hizo hincapié en los grandes avances en la
educación y la salud. Sin embargo, omitió decir que dichas conquistas
no cayeron del cielo, que fueron el producto de haber roto con el
imperialismo, expropiado a la burguesía y a los terratenientes y
liquidado la propiedad privada.
Estos hechos fundamentales no constituyen para Castro un ejemplo a
seguir. Por el contrario afirmó que “la violencia no parece ser el
camino”2 desterrando como alternativa para el resto de los países de =
América Latina la ruptura radical con el imperialismo y la lucha
contra el sistema que toda revolución implica y asumiendo como
posible una “distribución equitativa de la riqueza” en los marc=
os del
capitalismo. Remarcó que “con el uso adecuado de los recursos no
tendrían ni necesidad de hacer un cambio revolucionario”.
Fidel opone la idea de la redistribución del ingreso a la lucha
contra el capital. En sus palabras, “no (se) necesita ni siquiera
confiscar”. Nos propone tan solo paliar las injusticias del sistema. =
Acorde a esto es que llama a un cambio sin expropiar a los
expropiadores, sin confiscar a los confiscadores, sin afectar la
propiedad privada de los medios de producción. Una “transformación=
221;
que dejaría en pie las desigualdades inherentes al capitalismo y la
dominación burguesa causante de la catástrofe humana que recorre la
sociedad de nuestros días. ¿Cómo es posible satisfacer las
necesidades de las masas, cómo lograr lo que conquistó la revolución
cubana sin poner todas las fuerzas productivas al servicio del
conjunto de la sociedad? ¿Cómo es posible terminar con el hambre, la
pobreza, la desocupación estructural, la mortalidad infantil, sin
atacar al régimen social que las provoca, sin expropiar la gran
propiedad de la tierra, sin tocar los intereses de la gran industria
y del capital financiero, sin repartir las horas de trabajo entre
todas las manos disponibles? ¿Cómo es posible pensar que se pueden
utilizar los recursos destinados al militarismo y a la maquinaria
bélica para terminar con el analfabetismo y las enfermedades de la
miseria sin quebrar la resistencia del sistema capitalista
imperialista que necesita desarrollar su fuerza de destrucción?
Una transformación social radical se enfrenta inevitablemente a estos
dilemas. Esa ha sido la gran lección de la revolución cubana y, por
la negativa, de todas las revoluciones que al no haber tomado medidas
anticapitalistas, fracasaron regando con sangre el territorio de
nuestra América.
El capitalismo es un régimen social basado en la explotación de la
fuerza de trabajo, en la degradación y exclusión de grandes masas de
la población, en beneficio de un puñado de grandes burgueses que
buscan de forma insaciable asegurar y aumentar sus ganancias. No
denunciar esto y proponer actuar en consecuencia, lleva a sembrar la
ilusión de que es viable humanizar al capitalismo. Se termina
apelando a la “buena voluntad” o a la “buena intención=
221; de la
burguesía para “redistribuir” a favor de los que menos tienen, =
desterrando así toda perspectiva revolucionaria. Vaya paradoja de
alguien que se vio obligado a tomar medidas confiscatorias contra el
capital tanto “nacional” como imperialista –contrarrevolu=
cionario por
esencia– para defender su revolución.
Fidel Castro asume como propia la ideología redistribucionista, en
consonancia con la prédica de movimientos antineoliberales. Estas
ideas más aún de cara a la crisis capitalista mundial, de las
tendencias guerreristas del imperialismo yanqui, que amenazan a los
pueblos del mundo, a la revolución cubana misma y que Fidel Castro
describe en su alocución, no pueden más que significar una utopía.
En la década del '60 el Che Guevara señaló claramente que “las
burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al
imperialismo y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que
hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución”3. El Fidel=
Castro que vino a la Argentina, lejos se encuentra de estas
afirmaciones de su compañero de la Sierra Maestra. Distante de estas
enseñanzas reiteró lo mismo que había recomendado al pueblo
nicaragüense a principios de los ’80: “no hagan de Nicaragua ot=
ra
Cuba”. El triste derrotero de la revolución sandinista, es una
muestra de la fatalidad de sus afirmaciones.
Fidel Castro vino a decir que el futuro de nuestros pueblos está del
lado de Lula, el confiscador de las jubilaciones del pueblo
brasileño, el mismo que no duda en optar por el FMI y la burguesía
paulista; del lado de Kirchner, Duhalde y Lavagna representantes de
un viejo régimen que ha llevado al 53% de la población bajo la línea
de la pobreza.
El Che Guevara tenía razón cuando señalaba el carácter cobarde de las
burguesías nativas. Los cimientos de un cambio profundo no descansan
en el personal político de las clases opresoras, respondan estas a un
capital nacional o imperialista, sino en los millones de oprimidos
que en estos años han empezado a sacudir el continente con sus
luchas. En los trabajadores y campesinos peruanos que se levantan
contra Toledo; en los cocaleros y obreros bolivianos que pelearon
contra Sánchez de Losada, en los trabajadores ocupados y desocupados,
en las asambleas populares de Argentina. La revolución cubana, no
encontrará en quienes se ofrecen como humanizadores del capital una
sólida defensa. La América explotada y oprimida, es y será el único
reaseguro de las conquistas de la revolución.
Ruth Werner y Facundo Aguirre
9/6/03 LVO 121
NOTAS
1 Clarín, 1 de Junio de 2003. Destacado nuestro.
2 Idem.
3 Discurso de apertura en la Conferencia Tricontinental.