Carta abierta a los futbolistas del clásico, que tienen la ocasión de
rehabilitarse ante la gente.
Sí, a los jugadores de Boca y River, sólo les pido que el jueves, jueguen. Que
terminen con las historias y las habladurías que inútilmente vuelven desconfiada
a la gente. No jodan más con los referís. Si ustedes quieren jugar, ellos se
pondrán a la altura. Si no quieren, no hay árbitro en el mundo que pueda jugar
bien.
Jueguen por las camisetas que defienden, llenas de gloria y que están por sobre
todo. Por el clásico más importante del mundo. Por el hincha que, hasta desde el
Interior, viaja primero para sacar la entrada y después para ver el partido,
cagándose de frío en la cola, con los pesitos justos, ahorrados desde hace un
par de meses. Por ese tipo que, como el jueves, vuelve a la casa a la medianoche
después de ver a veintidós boludos peleándose, haciéndole "paro" y avergonzando
a todo el ambiente del fútbol. Jugando a no jugar.
Varias veces tuve la suerte de vivir este clásico desde adentro. Y hace poco
coincidíamos con Tito Onega: jugarlo es lo más lindo que hay. Emoción, miedo a
perder, miedo a ganar, el pecho se te revienta, el corazón parece que quiere
salirse por la boca. Es un privilegio que se dan pocos argentinos. El jueves
tienen la oportunidad. Son veinte y pico de tipos entre 36 millones de
habitantes. La cola de postulantes para jugar el clásico llegaría hasta
Trelew... Por eso, jueguen. La vida les da otra chance de quedar en el recuerdo,
como, por caso, Riquelme con el caño a Yepes. Eso persiste, y por mucho tiempo.
Entiendo, las circunstancias del jueves fueron excepcionales. Ausente su
hinchada, el jugador de River se sentía agredido antes de serlo. Grueso error de
la dirigencia esa prueba piloto en un clásico con tanto en juego. Creo que fue
lo que pasó: el jugador piensa que alguien lo agredirá, y entonces pega primero.
Y puntualizo esto, porque ahora el papelón podrían repetirlo los de Boca,
jugando de visitantes y sin hinchada. Claro, hipócrita sería yo —que les pegaba
a todos— si me horrorizara por algún garrotazo. Pero sí me horroriza pensar que,
otra vez, no van a jugar. Y si no juegan, ¿a qué juegan?: a manotearse; a
chamuyar, entre ustedes y con el árbitro; a chicanear, a especular, a
histeriquear, a simular, a mirar la cámara... En esencia, por más vueltas que le
demos, el fútbol es un juego, quizás el más lindo del mundo. Pero como en el
tango —"empezó tu decadencia/ cuando te dieron tanta ciencia"— ese juego ya no
está en primer término.
Este clásico lo jugaron, y muy bien, Labruna, Rojitas, Marante, Pipo Rossi,
Walter, Maradona, Amadeo Carrizo, Bernabé, Marzolini, Alonso, Madurga, Alfredo
Di Stéfano, y tantos otros. Boca y River son y serán para siempre los mascarones
de proa del fútbol argentino. Y eso hay que defenderlo. Por orgullo, por el
honor, por ser jugadores, por el Fútbol..., sólo les pido que jueguen.
Y cuando estén adentro de la cancha piensen en el hincha. Que, también, para
ganar sólo les pide... que jueguen.
Por la historia, por el presente, por el futuro: a respetar el juego.
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