Ruego su atenta lectura.
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Querido Ángel: tal y como te prometí, te voy a enviar el testimonio de mi hermana carnal (antes de ayer se fue a Kfar Saba), y el nuestro
Hola!!!!!!!Antes que nada, decirles que estamos todos bien.
El miércoles de la semana pasada, un ruido extraño atravesó el cielo de Naharía por encima de mi casa. Nunca había oído algo así. Poco después me llamó una amiga y hermana en la fe, para preguntarme si estaba asustada ¿Debía estarlo? Le pregunté. Me contó que un misil había caido en un kibutz cerca de Naharía, entonces entendí qué era ese sonido desconocido para mí. Hacia la noche me llamó una hermana en la fe del pueblo de Maalot, preguntándome si por casa había pasado un camión con altavoz anunciando que debíamos ir a los refugios.
Recordé que un camión con altavoz sí pasó, pero como siempre lo hace el que vende sandías, pensé que era ese, ella me dijo que por su pueblo sí lo hizo. Esa noche, cuando me fui a dormir, escuché como muy lejanas algunas explosiones.
Fuimos despertados a las 6 de la mañana del jueves por el sonido del altavoz de un camión. Prestamos atención con mi marido, habiendo sido ya advertidos, y pudimos escuchar la palabra refugios en hebreo.
No sabíamos qué hacer. Me asomé al pasillo del edificio, pero no vi bajar ningún vecino y miré al sótano, haber si ya había alguien, pero todo estaba oscuro. Decidimos esperar, y ver por la ventana para ver qué hacían los otros. Un par de personas fueron a la plaza frente a casa a pasear sus perros, entonces escuchamos una detonación muy fuerte, que estremeció la ventana de nuestro cuarto, mi marido enseguida cerró la persiana, luego volvimos a observar, las dos personas que estaban en la plaza se miraron entre ellos con cara de asustados y decidieron irse, el camión volvió a pasar. Volví a asomarme y está vez vi que una vecina bajaba, me dijo que estaba yendo al refugio, mi marido despertó a mi nene más chico (el mayor estaba en una colonia en Jerusalem) y lo vistió, mientras yo hacía lo mismo conmigo y preparaba algunas cosas, como una botella de agua y sillas, para llevar.
Bajamos al refugio, ya habían algunos vecinos. Un vecino colaboró con un ventilador, otra con un budín, otros llevaron la radio para escuchar las noticias y en eso estábamos cuando el techo del refugio se estremeció con el estallido de una segunda bomba.
Todos nos miramos asustados. Luego no se escuchó más nada. Cuatro horas y media estuvimos allí. Parientes y amigos se comunicaban con nosotros para ofrecernos ayuda y ver cómo estábamos.
Cuando vimos que todos los vecinos subían, también lo hicimos nosotros. Recordé todos los ofrecimientos que nos hicieron para que salgamos de la ciudad y nos vayamos a un lugar seguro. Entre ellos, un amigo de Jaifa que se ofreció para lo que pudiera, incluyendo su casa. Para ese entonces, aún no había caido nada en Jaifa.
Le propuse a mi marido irnos a la casa de sus padres y, luego de leer en un diario israelí en Internet que era posible que tuviéramos que pasar la noche en los refugios, finalmente nos decidimos. El papá del amigo de Jaifa nos vino a buscar a eso de las 15 horas. Hicimos un bolso con lo básico que podíamos llegar a necesitar, lo justo para unos pocos días, creíamos, en nuestra ingenuidad, que sólo deberíamos estar ausentes el fin de semana.
Para salir de Naharía, había que pasar por una rotonda a la vuelta de casa. Cuando estábamos por la ruta, unos pocos minutos después, vimos pasar un camión de bomberos, más tarde veríamos la rotonda por la que habíamos pasado, envuelta en llamas, ímpactó allí sólo unos cuantos minutos después de que nosotros la hubiéramos pasado.
Tomamos el tren en Jaifa, estaba llenísimo. Cada persona con la que hablaba resultaba ser de Naharía, huyendo a lugares más seguros. También en Jaifa, veríamos luego por la tele, habían caido ese día un par de misiles, no podíamos creer cómo veníamos zafando.
Ahora estamos como refugiados en la casa de mis suegros, en la ciudad de Jedera. Por aquí aún no pasó nada, pero en la tele dan instrucciones, incluso en español, de los recaudos que debemos tener.
Todas nuestras cosas quedaron en nuestra casa, y no sabemos lo que encontraremos al volver, ni cuánto tiempo deberemos estar aquí. Somos siete personas en una casa para cuatro, es difícil organizarse para que el agua caliente alcance para todos para bañarnos y no chocarnos cada tanto, pero lo vamos sobrellevando. Quiera Dios que esto se termine pronto, que no haya más muertos ni heridos de ninguno de los dos lados y que podamos tener paz también en nuestras mentes y nuestros corazones. Cuando por aquí pasa el camión de las sandías, cuesta no alarmarse y pensar que es un llamado a ir a los refugios. Finalmente, sólo me queda pedirles que oren para que Dios tenga misericordia de su pueblo y lo cubra con sus alas protectoras y que, una vez más, donde abundó el pecado, que sobreabunde la gracia. ¡¡¡Que Dios los bendiga a todos!!!
SHMÁ ISRAEL, ADONAI ELOHEINU, ADONAI EJAD
Estimados Señoras y Señores
Compañeros, Miembros del Parlamento
Al comienzo de mi alocución envío condolencias, en mi nombre y en nombre del Estado, el Parlamento y el pueblo todo, a las familias de los muertos, entre la población civil y los soldados del ejército de Israel. Deseo la pronta recuperación de los heridos y envío un gran abrazo, a las familias de los soldados secuestrados y a sus propios hijos.
En las últimas semanas hubo- con respecto a la soberanía del Estado de Israel y la paz de sus habitantes- una provocación de nuestros enemigos. Primero, en el frente sur y luego, en el límite norte y, más profundamente, en la espalda del Estado.
Israel no quería esta confrontación; todo lo contrario. Hicimos mucho para evitarlo. Regresamos a los límites del Estado de Israel, reconocidos por toda la comunidad internacional. Hubo quienes interpretaron nuestro deseo de paz, nuestro y de nuestros vecinos, como señal de debilidad. Nuestros enemigos se equivocaron al pensar que, nuestra disposición a la contención, era signo de debilidad.
¡Se equivocaron!
Miembros del Parlamento:
Israel no tiene ningún conflicto territorial, ni en el límite sur ni en la frontera norte. En los dos frentes nos asentamos en los límites reconocidos, internacionalmente, tanto frente a la Autoridad Palestina en la Franja de Gaza como frente al Líbano.
No tenemos ninguna intención de involucrarnos en sus asuntos internos. Más aún; el Estado de Israel desea la estabilidad y tranquilidad de un Líbano libre de cualquier autoridad de fuerzas extranjeras y de la Autoridad Palestina.
Anhelamos que, algún día, reine entre nosotros un pacto eterno, de beneficio mutuo, para nuestros pueblos, en ambas márgenes de nuestro límite compartido.
El combate que estamos manteniendo en estos días, es contra las organizaciones terroristas que actúan en Líbano y en Gaza. Estas estructuras son contratados de segunda, que actúan con autorización e inducción, alentados y pagados por regímenes que apoyan el terror y están contra la paz; es el eje del mal que va desde Teherán hasta Damasco.
En el pasado, Líbano sufrió un gran dolor, cuando permitió que fuerzas extranjeras jugaran con su destino.
Irán y Siria continúan incidiendo, a control remoto, en los asuntos internos de Líbano y la Autoridad Palestina, a través de Hezbollah y Hamas.
Aún cuando el ataque asesino, a la patrulla del ejército israelí, el miércoles pasado, fue sin el conocimiento de Líbano y sin la ayuda de su ejército, no le quita, en absoluto, su responsabilidad sobre esta acción que provino desde su territorio autónomo.
Del mismo modo que, el hecho que el presidente de la Autoridad Palestina está contra las actividades terroristas hacia Israel, no lo libera - ni a él ni a la Autoridad Palestina- de la responsabilidad de la acción, realizada desde su territorio, contra nuestros soldados en Kerem Shalom. Los dos son totalmente responsables del estado de los soldados que fueron secuestrados, como garantía.
Elementos extremistas, terroristas, violentos dañan la vida de toda la región y ponen en peligro su estabilidad. Habitamos una región amenazada por estos grupos terroristas asesinos.
Es de interés regional - y también internacional - someterlos y terminar con su accionar. Nuestros ojos ven que, la mayoría de la comunidad internacional, apoya nuestra lucha contra las organizaciones terroristas y los esfuerzos para quitar esta amenaza de Medio Oriente. Nos proponemos hacerlo. Seguiremos actuando con toda nuestra fuerza para lograrlo. Frente a los palestinos pelearemos, sin descanso, hasta que cese el terror; regrese Guilad Shalit a casa y en paz y concluyan los disparos de Kassam.
En Líbano, lucharemos para que se cumplan las condiciones que la comunidad internacional determinó hace tiempo, aunque recién se expresaron ayer, con la decisión del G8, que conducen el mundo:
* Retorno de los soldados Ehud (Udi) Goldwasser y Eldad Reguev
* Cese absoluto del fuego
* Erradicar a Hezbollah de la región, a partir de la Resolución de Naciones Unidas No. 1559
No cesaremos en nuestra acción.
En ambos frentes hablamos de autodefensa, en cuanto concepto esencial y básico. En los dos casos, la importancia y sentido van más allá de las unidades militares, que están involucradas.
Estamos frente a un momento nacional crucial; si continuamos viviendo, bajo constante amenaza del eje del mal, o sacamos nuestras fuerzas internas y descubrimos la determinación y fuerza de espíritu.
Nuestra respuesta es ya sabida por todo israelí, y repercute, hoy, en toda la región.
Rastrearemos todas las áreas, atacaremos a todo terrorista que colabora en golpear a los ciudadanos de Israel y destruiremos sus bases terroristas en cualquier lugar. Seguiremos hasta que Hezbollah y Hamas se comporten, básica y decentemente, como se exige a cualquier ser, humano y educado. Israel no aceptará vivir bajo la amenaza de cohetes y misiles contra su población.
Ciudadanos de Israel,
Hay un momento, en la vida de una Nación, en donde se tiene que observar la realidad y decir: ¡Hasta Aquí! Y yo les digo, a todos: ¡Hasta Aquí!
Israel no será prenda de garantía; no de pandillas terroristas ni de ningún estado autónomo.
En la vida de la Nación, hay momentos de elevación y purificación, donde las divergencias políticas, las facciones y las divisiones dan lugar al sentimiento de responsabilidad compartida. Y yo respeto, y valoro mucho, el camino por donde transita, en estos días, la oposición en el Parlamento cuando desaparecen la competencia humana, las rivalidades personales y surge el sentimiento de compromiso mutuo; nuestro compartir y, especialmente, nuestro amor ilimitado a nuestro pueblo y nuestra tierra.
¡Así es este momento!
Todos; judíos, musulmanes, cristianos, drusos y cherkesos, somos un solo hombre, como un solo pueblo, carentes de odio y de maldad, enfrentándonos en acuerdo y unidad. Cuando nos tiran misiles- sobre nuestros habitantes y nuestras ciudades- nuestra respuesta será una guerra sin cuartel y con toda nuestra fuerza, valentía, sacrificio y entrega del alma, sobre la cual este pueblo descansa.
No hay algo que deseemos más que la paz y la convivencia con nuestros vecinos; en el este, norte y sur. Pedimos paz, perseguimos paz y la anhelamos. Pero, de la misma manera, no hay algo que rechacemos más que ser atacados y tener que renunciar a nuestro derecho a vivir aquí, en nuestra tierra, en seguridad y paz.
En nombre del Pueblo de Israel, en nombre de todos los habitantes del Estado, llego hoy, aquí, Señora Presidente para informar al pueblo y al mundo: No buscamos la guerra ni la confrontación pero, en caso de necesidad, no dudaremos. Sólo un pueblo que, de verdad, sabe defender su libertad tiene derecho a ella. Tenemos derecho a nuestra libertad y, cuando es menester, sabemos pelear por ella y defenderla.
Miembros del Parlamento,
La fuerza del Estado de Israel se apoya en la potencia y las posibilidades del ejército israelí. Ese impulso es la garantía esencial para el resguardo y defensa de nuestra vida en esta tierra. En su construcción se depositaron los mejores recursos económicos y humanos de la sociedad israelí.
Quiero enviar, desde acá, mi agradecimiento, desde lo más profundo de mi corazón, la gratitud del Estado, el reconocimiento y las gracias del Pueblo de Israel, a los soldados del ejército y a sus oficiales, a los servicios de seguridad, al personal de custodia y fuerzas de salvataje, a los bomberos y al resto de las fuerzas de seguridad.
Permítanme leer de la oración "Aquel que bendice a los soldados del ejército". Millones de judíos - en el país y en el mundo - rezan por el Estado y el éxito de aquellos que cuidan nuestro país, desde la frontera con Líbano hasta el desierto, y desde el mar hasta la estepa, por tierra, por aire y por mar. "Que Dios golpee a aquellos enemigos que se levantan contra nosotros.
Que el Santo, Bendito sea, nos cuide y salve a nuestros soldados de todo mal, de toda aflicción, de todo flagelo y enfermedad, y envíe su bendición y que los logros estén en sus manos.
Que nuestros enemigos caigan, y que sean coronados con la diadema de la salvación y la corona del triunfo."
El poder de una Nación, no se mide solamente por la capacidad de su ejército. La fuerza de una Nación se _evalúa por su lugar y su moral, por una economía fuerte y estable, por un mercado moderno y creciente, por la exportación de tecnología y productos destacados en los mercados mundiales, por la investigación científica y académica, capaz de abrir caminos. Por todo esto, cada uno y cada una tienen motivos para sentirse orgullosos.
Pero, por sobre todo, el poder de un Estado se mide, precisamente, en horas de prueba; cuando la retaguardia se convierte en el frente, cuando los ciudadanos saben descubrir su espíritu, paciencia y capacidad para estar, de pie, cotidianamente y despertar admiración, permitiendo accionar contra el enemigo.
Tuve el honor de conocer esa fortaleza de espíritu, en la época en que fui Jefe de Gobierno de la ciudad de Jerusalén, nuestra capital, durante año expuesta a los ataques terroristas, ya conocidos, de asesinos. La capacidad de resistencia, paciencia, el morderse los labios de los ciudadanos de Jerusalén y todo Israel, son ejemplo y prodigio.
Recuerdo una conversación con Rudy Gulliani, Alcalde de Nueva York durante los atentados terroristas de septiembre de 2001. Me comuniqué para fortalecerlo, a él y a los habitantes de la ciudad, luego de la destrucción de la Torres Gemelas y me dijo: "- Ehud, si los neoyorkinos resisten como los jerosolimitanos, venceremos al terror".
Señora Presidente
Señoras y Señores Miembros del Parlamento
Ciudadanos de Israel
En estos días cientos de miles de israelíes están en la primera línea de fuego, como soldados en el campo de batalla, luchando por nuestra existencia y nuestro honor.
Está claro, que estas circunstancias de vida, impuestas sobre los habitantes, nos obligan a ocuparnos de necesidades especiales, que van surgiendo en todas sus expresiones. El gobierno ayudará, de forma inmediata, en todo lugar. El Estado de Israel, a mi cargo, se fortalece con la resistencia de la sociedad israelí.
Somos un pueblo valiente y previsor. Estoy orgulloso, tal vez hoy más que nunca en mi vida, de ser ciudadano de Israel.
Por vuestro honor, nuestros enemigos se enfrentan con un pueblo unido, que lucha junto, hombro con hombro. No nos rendimos y no nos asustamos. Creemos que es justo; que no hay una lucha más justa y moral que la nuestra. Es una pelea por el derecho a una vida, en paz y normalidad, como cualquier ser humano, pueblo y país.
Luchamos por el derecho de niños como Omer Pisajov, Bendita sea su Memoria, de 7 años de Naharía, que quiso visitar a su abuela Iheudit Izkovich, Bendita sea su Memoria, y comer la comida que preparó para Shabat;
Luchamos por el derecho de ciudadanos como Shmuel ben Shimón, Bendita sea su Memoria, de 41 años, de Yokneam, que salió, como todas las mañanas, a su trabajo, en tren, a Haifa, para sostener a su esposa Natalí y a sus hijos pequeños;
Luchamos por el derecho de las ciudadanas como Mónica Lerer, Bendita se su Memoria, de 50 años de Naharía, que tomaba café en el balcón de su casa, en el país al que había llegado desde Argentina.
Y luchamos por el derecho de muchachas, como Ela Abucasis, Bendita sea su Memoria, de 13 años, de Sderot, que tocaba su flauta y leía libros, cosas que amaba hacer.
Luchamos por lo que cada hombre en el mundo civilizado está interesado y sabido, de antemano, que a nadie se le ocurre que esto requiera de una lucha; el derecho a una vida de normalidad.
¡Es una pelea muy dura! Tal vez sea más dura, aún. Es una dolorosa prueba y, tal vez, debamos agregar sufrimientos. Esta pelea jamás es fácil. Está llena de sufrimiento y dolor, sacrificios, muertos y heridos.
Pero no tenemos intención de renunciar a nuestro deseo de vivir, con normalidad. No nos justificaremos por este deseo, y no necesitamos el permiso de nadie para defendernos.
Ciudadanos de Israel,
Estamos, todos nosotros, en una hora de prueba.
El Estado de Israel tuvo experiencias más complejas, y pudo con ellas.
Supimos, siempre, encontrar en la fortaleza de nuestro espíritu, la frialdad requerida, la comprensión y la paciencia para imponernos a nuestros enemigos.
Por último, quiero hablar a título personal, desde aquí, a la familia Shalit, Goldwasser y Reguev; familias de los soldados secuestrados por Hamas y Hezbollah. No dejo de pensar en ustedes y en vuestros hijos, nuestros hijos.
El último miércoles, hace sólo cinco días, a las 10 de la mañana, estuvieron en mi despacho Aviva y Noam Shalit. Ellos, y también yo, queremos más que nada el retorno de Guilad a casa. Mientras debatíamos el qué y el cómo, me llegó y, por mi intermedio, a Aviva y Noam , la amarga noticia de que Ehud (Udi) Goldwasser y Eldad Reguev habían sido secuestrados.
Cuando salieron de mi despacho, Aviva y Noam me dejaron la última fotografía que le sacaron a Guilad poco antes del secuestro. Con todo el dolor del alma, hoy hay tres fotografías en mi oficina. Varias veces en el día miro sus caras, sus ojos y los grabo en mi corazón. No los olvido. Estaban allí en nuestro nombre, por y para nosotros.
Actuaremos con todas las fuerzas, para traerlos a casa. Lo haremos de modo que, ese retorno, no implique ningún modelo para otros secuestros. No hay persona que pueda comprender el lugar en donde ustedes se encuentran. Aunque no hablemos directamente, siento y escucho lo que quieren decirme. Los abrazo con amor, comprensión y aprobación.
El lugar en que me encuentro, me obliga, finalmente, a tomar decisiones y resoluciones que implican un destino, riesgo de vida y, en algunos casos, de muerte. No tengo más poder que el que me otorgaron. No tengo coraje- salvo el que D-os, mi fe puesta en la justicia de su camino y el sentimiento de responsabilidad suprema- más que el que me aprovisionó y preparó para estos momentos decisivos.
Señora Presidente,
Veo delante de mis ojos a nuestros hijos secuestrados, a aquellos que están en el frente de batalla, los valientes de espíritu, los seguros y firmes en sus convicciones que combaten y que hoy podrían convertirse, D-os no lo permita, en objetivos de próximos secuestros.
Defenderemos a todos, lucharemos en nombre de todos y sepan los ciudadanos que están en la línea de fuego, los combatientes secuestrados y sus familias, que están presentes frente a nuestros ojos y que, continuaremos, sin dudar, sin renunciar y sin temer hasta concretar nuestra finalidad. Quiero terminar mi discurso con la lectura de parte de las palabras del Profeta Jeremías:
"Así dice D-os:
En Ramá se escuchan ayes, lloro amarguísimo. Raquel que llora por sus hijos, que rehúsa consolarse por sus hijos, porque no existen.
Así dice Di-s:
Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque hay paga para tu trabajo - oráculo de Di-s - y volverán de tierra hostil
Y hay esperanza para tu futuro - oráculo de D-os -
Volverán los hijos a su territorio.