LA RAZÓN entrevista a una madre «coraje» que lleva dos años luchando
contra la «secta» «Ella dice que ahora es feliz, pero no va al
colegio, sus amigos están presos y hace poco le han dado una paliza
los "ñetas". Acabará mal»
Es madre, y no hay nada que quiera más que a su hija. Por eso no le
da verguenza pedir ayuda. «Me la están quitando». Cuenta los métodos
que utilizan los hombres «Latin» con sus mujeres. Habla de
violencia, de cárcel, de palizas entre bandas...
Teresa Palacios
Madrid- «Desde que mi hija pertenece a los "Latin", ha perdido el
respeto y cariño que me tenía. Noto que cada vez está más alejada.
Antes era una niña educada y estudiosa, pero ahora lo único que le
interesa es estar con la banda. Le han comido la cabeza y ya apenas
la reconozco». Llamaremos Marta a esta madre. Su nacionalidad, por
motivos de seguridad, se evitará. Su hija, de tan solo 16 años,
pertenece desde hace poco más de dos a la rama femenina de
los «Latin King», las «Latin Queen». Esta mujer lleva todo este
tiempo luchando para que su hija se «reporte» –jerga del grupo para
expresar el deseo de abandonarlo–. Pero su pequeña cada día está más
involucrada, es más fiel a sus «Reyes» y «Reinas» y obedece sin
pensar a sus «supremas».
Marta asegura que no tiene nada en contra de la banda y que, de
hecho, está en contacto con algunos de los «Reyes». Pero lo que le
preocupa es el futuro de su hija y la violencia del grupo. Las dos
viven solas en un modesto piso de una zona de Madrid que es
territorio «Ñeta», y hace menos de un mes a su hija le pegaron una
paliza miebros de esta banda, eterna rival de los «Latin».
Podían haberla matado. Podían haber terminado con su vida. Desde
entonces, la niña tiene miedo y, aunque a su madre se lo niega,
Marta cree que sale armada a la calle. «La he cambiado de colegio
dos veces, pero me ha dicho que no quiere estudiar más. Ha dejado el
colegio y cada día se levanta de la cama, se viste y maquilla y se
va hasta por la noche, sin que yo acierte a saber qué es lo que hace
y dónde está», asegura esta madre que dice además sentirse sola en
la lucha.
«No les tengo miedo, pero lo único que quiero es que mi hija
salga de la banda y sea una niña normal. Que estudie o trabaje, pero
que tenga un futuro», comenta. «Cuando veo en las noticias las
peleas, robos y muertes de estos muchachos, no puedo evitar la
angustia: ¿Será ella una más? No quiero que viva así. Mi hija tiene
muchos amigos de su edad que, ahora, están presos en Centros de
Menores. Son niños muy pequeños que podían haber tenido un buen
futuro y que, por haber sido miembros de la banda, están detenidos.
Muchos de ellos son buenas personas que han cargado con la
responsabilidad del delito sin haberlo cometido. Lo han hecho por
encubrir a sus "Reyes" y sin embargo, ahora, una vez que están
dentro, nadie les protege y se acuerda de ellos», asegura Marta,
quien además, tiene claro que «los verdaderos culpables están en la
calle».
Marta piensa que las «Latin Queen», no son tan violentas como
ellos. «Ellas no cometen tantos delitos como ellos, pero al estar
siempre juntos, puede que al final empiecen a hacerlo». Pero lo que
dicen los documentos y las investigaciones es que las reinas latinas
están cansadas de violencia.
Además, según el reglamento de la banda, al que ha tenido acceso
este periódico, las chicas tienen que pedir permiso para hacer
cualquier cosa, hasta para ir a una discoteca o un bar. Tienen que
vestir como ellos digan y no pueden mantener ninguna relación
sentimental fuera de la banda o con personas que no sean miembros
del grupo.
Lo más curioso de los miembros de A.L.K.Q.N (Almigthy Latin King
& Queens Nation, nombre real de la banda) es que cada vez hay más
muchachos españoles entre sus filas. Si los «Latin» se formaron en
2003 con la intención de buscar el respeto de los inmigrantes
latinos en nuestro país, lo cierto es que esta cultura o filosofía
de vida cada vez tiene más afiliados. Gente con estudios y un alto
nivel económico.
De hecho, según fuentes policiales, parece ser que una de
las «Reinas Supremas» es una chica española, con dinero, trabajo y
carrera universitaria. Además, según relató Marta, «hace unos meses
hubo una concentración general en Barcelona de todos los miembros
del grupo que viven en España. Mi hija fue a ella y, cuando volvió,
me dijo que lo que más le había sorprendido es que en la cita había
niñas del sur de España que pertenecían a la banda, pero que
eran "pijas". Hijas de familias con mucho dinero, españolas y
extranjeras», comenta esta madre que piensa que, «si las autoridades
no toman medidas, esto es el principio de un fenómeno con gravísimas
consecuencias.
Cada vez hay más jóvenes que forman parte de estos grupos y que
empiezan robando en tiendas, pero terminan matando a sangre
fría».Parece que la hija de Marta tuvo el primer contacto con estas
bandas hace más de tres años. A Marta le iban a embargar la casa y
tenían bastantes problemas económicos. Su pequeña sólo tenía 13 años
y, según dice ella misma, «estaba muy sola en clase y apenas tenía
amigos».
Fue perseguida por traidora. Su primer contacto fue con la
pandilla «Latinos de Fuego», grupo en el que estuvo poco más de un
año. Un problema con una chica, que también pertenecía a esta banda,
hizo que esta niña abandonase el grupo y se fuera a formar parte de
las «Latin Queen». Tal y como relata su madre, «fue perseguida por
los otros miembros porque decían que era una traidora. Le esperaban
en el colegio, en la puerta de casa y la amenazaban con matarla. Le
llegaron a pegar y llamaban a casa diciendo que iba a morir»,
comenta. «Llegó a tener escolta policial unos días porque temía por
su vida».
Para Marta, cada día es un calvario y sufrimiento porque ya no
sabe qué hacer para que su hija siente la cabeza y deje el
grupo. «Yo no tengo miedo a que me hagan algo malo, pero sí que lo
tengo por ella. Sale de casa y no se si volverá viva o muerta, o si
dormirá aquí o en la comisaría de Policía. Yo sé que los «Latin
King» no le van a hacer nada malo, porque ella me dice que sus
hermanos le quieren y respetan, pero para mí el problema son las
otras bandas rivales, que ya le han agredido y lo volveran a hacer
si pueden», asegura.
Además, según sus palabras, «hubo un fin de semana en el que mi
hija desapareció. Estuvo todo el fin de semana sin dar señales de
vida, sin llamarme y sin aparecer por casa. Es muy pequeña y lo pasé
verdaderamente mal esos días. Hablé hasta con un «rey» para que me
ayudase a encontrarla. Pero lo peor de todo es que volvió el domingo
a casa y no me dijo ni lo que había hecho ni dónde había estado. De
hecho, hoy sigo sin saberlo, pero creo que estuvo en casa de uno de
los «reyes» haciendo alguna prueba.
La madre de esta joven no sabe el papel que su hija representa
dentro de la banda, pero tiene claro que algo malo ha tenido que
hacer para estar dentro del grupo. «No quiero pensar la de cosas que
mi hija ha tenido que hacer y soportar para estar dentro, aunque
ellas me niega todo».
Marta asegura haber visto a su hija «con importantes cantidades
de dinero en casa. Nosotros apenas tenemos dinero y esas cantidades
tan altas no podían ser de ella. Yo creo que su función, dentro del
grupo, es parecida a la de un mensajero. Debe llevar dinero,
mensajes y recados de un lugar a otro. Creo que también intenta
captar a gente, pero la verdad es que no lo tengo claro porque ellas
siempre me niega todo lo que yo le digo que hace».
Marta reconoce estar muy preocupada. Muchas noches no consigue
dormir y sabe que esta situación ha afectado a su vida personal,
emocional y profesional. «No quiero ir a ningún psicólogo, ni tomar
medicación, pero cada vez más la situación me supera. Ella es lo
único que tengo en la vida, es lo que más quiero y me moriría si le
pasase algo. Quiero que esta pesadilla termine cuanto antes»,
comenta emocionada.
Marta no sabe qué pasará con su hija dentro de unos años. Pero
cada día que se levanta de la cama, lo primero que se pregunta es,
¿Hasta cuando durará esta tortura hija mía?.
«Amor, fuerza y sacrificio». Estas son las tres primeras palabras
que cualquier mujer «Latin Queen» pronunciará cuando haga el saludo
al resto de miembros de su congregación. Son los tres puntos de su
corona. Las tres luces que guían sus actos y comportamientos sin
darle tiempo a cuestionarlos. Suena a secta, ¿verdad?. Y además
rezuma violencia. ¿Cómo no entender, entonces, el miedo de su madre?
http://www.larazon.es/noticias/noti_mad94116.htm