Roberto Valdivia (Páginas Libres) [08.01.2006 18:50] - 10 lecturas -
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Cuando una familia peruana se enfrenta a la pérdida de un hijo en
las redes de un "nuevo movimiento religioso" o "movimiento seglar"
se encara ante una situación difícil de superar y de comprender.
Porque el trasfondo del problema yace en los más oscuros rincones de
las mentes religiosas. Y es que la crisis económica y la falta de
vocaciones católicas ha llegado a tal nivel que han tenido que
reformularse las estrategias de evangelización a escala mundial. La
explosión de movimientos seglares después de la caída del muro de
Berlín no es ninguna casualidad, como no lo son el renacimiento del
demonio, del pecado y del rezo con rosario en las mentes de la
generación de jóvenes con crisis de valores que ha sucedido a otra
generación de carácter lógico, pragmático y competitivo.
Llama poderosamente la atención que a finales del siglo XX cantidad
inusitada de jovencitos inmaduros venga a casa pregonando haber
encontrado la "verdad absoluta", que sienten "el llamado de Dios",
que aunque ya estén en alguna universidad dejen sus estudios
superiores porque han sido "iluminados por el espíritu santo", que
han encontrado su "verdadera vocación" y que se van a vivir en
una "comunidad religiosa" porque ahí, y no en la familia,
encontrarán su "felicidad". Este es un alarmante estereotipo que en
el Perú se escucha cada vez más y más insistentemente junto al
nombre del "Sodalicio de Vida Cristiana".
Es evidente que la precariedadde la evangelización formal tocó fondo
cuando el Papa Juan Pablo II dio luz verde para que los laicos
puedan organizar institutos seglares con reconocimiento oficial del
Vaticano, con apoyo financiero eclesial y con autorización plena de
los arzobispados respectivos, de manera que se pudieran conformar
instituciones aparentemente independientes y respetables, sin que se
incorporen dentro de la jerarquía eclesial católica, sin tener los
privilegios de la misma pero cumpliendo a cabalidad los objetivos
evangelizadores de la iglesia.
Y resulta contrastante el observar, que por un lado, la iglesia se
toma varios años para lograr el discernimiento de sus aspirantes al
sacerdocio, de evaluarlos a conciencia en reiteradas oportunidades,
de asegurarse que no haya lugar a dilaciones en el momento de
abrazar la vocación religiosa y, sobre todo, de obtener la
aprobación de la familia del aspirante para su integración a una
congregación determinada.
Sin embargo, por otro lado, algunos movimientos seglares,
especialmente el Sodalicio, solamente pretenden esperar la mayoría
de edad de los jóvenes para introducirlos clandestinamente a su
organización aislándolos intelectual, emocional y socialmente sin la
aprobación de sus padres al más puro estilo sectario. Esta captación
la realizan, primero, con una evaluación psicológica, social y
económica muy escrupulosa que determina la valía del joven para el
movimiento, y luego, fuerzan o fabrican una "vocación religiosa" –a
eso llaman "levantar vocaciones"- con el concurso de "animadores"
(adoctrinadores), todo con el objetivo de convertirlos en "Laicos
Consagrados". La velada metodología para lograr la reformulación del
pensamiento y de la personalidad incluye el mal uso del sicoanálisis
("introspección") y de las confesiones públicas- lo cual transgrede
los derechos de libertad de pensamiento de cientos de muchachos
peruanos.
Esta desestructuración del libre pensamiento de los jóvenes tiene
una de sus manifestaciones más graves y violentas en el
enfrentamiento frontal con sus padres, pues uno de los principios
sectarios es la destrucción de la familia a nombre de Dios usando
como base la cita bíblica de Mateo 10, que a la letra dice: "No
penséis que he venido para traer paz a la tierra, no he venido para
traer paz sino espada. Porque he venido para poner en disensión al
hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera
contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa."
Buscando una explicación, muchos padres de familia opinan que ahora
la formación sacerdotal es muy cara y tediosa... y hoy... ya no hay
tiempo para esperar. Era indispensable, porlo tanto, crear
unas "carreras de mando medio", disponer de "técnicos de sacerdote",
o "para-sacerdotes", elementos de segundo nivel; contar con
trabajadores que cumplan la misma función evangelizadora del clero
pero sin tanto gasto de tiempo ni de dinero; personal prescindible
sin derechos laborales ni beneficios sociales que haga "votos" de
castidad y especialmente de obediencia, pero sin tener acceso a la
jerarquía religiosa.
Desde este punto de vista los institutos seglares son empresas
autónomas o "cooperativas de evangelización" que funcionan de
acuerdo a los vientos neoliberales como lo hace cualquier moderna
empresa de "service". En otras palabras, los elitistas "laicos
consagrados" son simples "cholos baratos", muy bien explotados, en
ciertos movimientos seglares como el Sodalicio.
Los padres se preguntan ¿Por qué razón actúa tan agresiva y
radicalmente el Sodalicio? La respuesta la encuentran primero en el
enfermizo y fanático mesianismo del grupo, pero la razón sustancial
es la económica ya que al tener solamente un apoyo financiero
parcial de la iglesia el movimiento debe velar por su propia
supervivencia física, lo cual se logra en estos tiempos de
competitividad con la calidad de los adeptos que pueda captar
individualmente. Cuanto mayor sea la calidad moral, personal,
intelectual y económica de los adeptos tanto mayor será la
posibilidad de crecer en prestigio, en respaldo financiero y en la
eventualidad de crear nuevas comunidades tanto en el Perú como fuera
de él.
Es claro, pues, que mientras la iglesia no se adscribe a utilizar
técnicas de lavado de cerebro que destruyen la personalidad y el
pensamiento lógico, algunos movimientos, como el Sodalicio, sí las
usan cínica e indiscriminadamente, y con inusitada eficiencia, en
jóvenes que recién están llegando a su mayoría de edad legal,
creando un doloroso problema social. Por lo tanto, las denuncias
contra este tipo de violencia mental, serán de absoluta y exclusiva
responsabilidad de tal movimiento al actuar como secta destructiva;
pues psicológica, sociológica, médica y científicamente lo que
define a una agrupación como secta totalitaria o destructiva es el
hecho de utilizar técnicas de coerción, persuasión y manipulación
mental (lavado de cerebro) con el objetivo de captar y retener
adeptos.
El Instituto Pro Libertad de Conciencia de Lima, Perú, tanto como
otras múltiples instituciones internacionales que velan por la
libertad de pensamiento y la defensa de la familia, han acogido las
denuncias de numerosos padres de familia a escala nacional. La
sociedad peruana de hoy es una sociedad dispuesta a defender a sus
hijos, a proteger a la familia y a reclamar su derecho al libre
acercamiento a Dios, una sociedad cansada de estafas, más aún de las
estafas espirituales, que comienza a pedir cuentas y que exige que
todas las instituciones sean transparentes en sus fines y métodos de
trabajo. El "Sodalicio de Vida Cristiana", por más reconocimiento
papal que tenga, no está exento de rendir cuentas claras al igual
que cualquier otra institución.
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