Canarias es uno de los puntos de la geografía española en el que está
instalado un mayor número de este tipo de grupos sectarios
Casi 12.000 personas son seguidoras de sectas destructivas en las
Islas
La profanación del cementerio de Haría reabre el debate sobre la
proliferación de ritos satánicos, que en muchos casos parecen estar
detrás de este tipo de actos vandálicos
Laura Ramírez · 6 de octubre de 2006
La autoría de la profanación del cementerio de Haría está aún por
esclarecer, pero entre las especulaciones que se barajan a nadie se
le escapa la posible relación que podría haber con ritos de origen
satánico. Las evidencias señalan hacia esta posibilidad por la
descripción de los hechos, que habla de la colocación de fémures en
forma de cruz y de huesos en montículos posicionados
estratégicamente, unas señales que han quedado impresas en la mente
de todos por medio del cine y las películas de terror, que tan de
moda están últimamente, como señales demoníacas.
Aunque esta moda también llevará a muchos a pensar que sólo se trata
de la gamberrada de unos jóvenes alterados después de ver una
película, la realidad es que estos casos se repiten con frecuencia en
toda España y que en demasiadas ocasiones se ha demostrado que tienen
alguna relación con sectas o grupos de tipo satánico.
Desde hace años Canarias ha estado presente en todas las estadísticas
y estudios sobre nuevas religiones como uno de los puntos del país
con mayor proliferación de grupos sectarios. Rindan o no culto al
demonio, los líderes de este tipo de grupos deciden con frecuencia
que Canarias es un lugar idóneo para sus actividades, y ya son muchos
los dirigentes "espirituales" que han implantado aquí su sede para
captar a nuevos adeptos.
En 2002 se contabilizaban unas 50 repartidas por todas las Islas, a
las que se habían unido ya 10 mil o 12 mil personas y unas 7.500
familias, unas cifras alarmantes con las que se demuestra la
capacidad de expansión y de convencimiento que logran a su
alrededor. Para atajar el problema lo primero es definir qué grupos
de este tipo son conflictivos y destructivos para la persona, y
cuáles simples manifestaciones de nuevas formas religiosas. Aunque es
difícil distinguir entre ambas, todos los expertos coinciden en dotar
a las sectas de un objetivo común que las caracteriza y que las
diferencia, la búsqueda de dinero.
Un fin común
Son muchas las caretas y disfraces que utilizan los grupos sectarios
para expandirse dentro de la legalidad, se camuflan como asociaciones
de todo tipo, empresas, terapias, centros de meditación, de
actividades culturales o lúdicas, e incluso como ONG o centros de
rehabilitación de toxicómanos. Cualquier fachada es buena para
conseguir atraer a adeptos y para que la ley no sospeche de su
verdadera actividad, e incluso para conseguir subvenciones. La
mayoría de las investigaciones comienzan cuando levanta la voz de
alarma la familia de algún afectado, ya que normalmente tienen
totalmente selladas las vías de escape de información de las
verdaderas actividades que realizan.
El rápido enriquecimiento de estos grupos es otra de las señales que
alertan sobre anomalías, ya que en casi todos los casos
los "clientes" tienen que aportar grandes sumas de dinero, que suelen
ir incrementándose hasta llevar incluso a la ruina a las familias
afectadas, y que llaman la atención de las autoridades.
Y es que el único interés final que persiguen las sectas es el
dinero. Aunque la fe y la espiritualidad sean las cartas de
presentación y la defensa en la que se escudan, el único objetivo que
motiva a estos grupos es el económico. Para conseguirlo utilizan todo
tipo de métodos para que los que se acerquen pierdan cualquier
capacidad crítica o voluntad y sobre todo los alejan de cualquier
estímulo exterior que les haga discernir entre lo correcto y lo
incorrecto.
Por eso el primer paso siempre es el aislamiento familiar y de
amistades, a los que los miembros acaban alejando de sus vidas. Las
artimañas que siguen para conseguirlo son muy variadas y según las
que utilicen entrarán en una clasificación u otra en los catálogos de
sectas de los expertos. Las más destructivas utilizan técnicas de
maltrato psicológico, físico y sexual, llegando incluso a prostituir
a sus miembros.
En los casos menos graves sólo se dirigen a la explotación económica,
pero para conseguirlo manipulan las mentes de los adeptos hasta
conseguir manejarlas a su voluntad. Existe todo un manual de cómo
captar y lograr este sometimiento, que en todos los casos pasa por el
chantaje psicológico y la creación de una dependencia hacia el líder
y la organización que no les permita ver más allá.
Este fenómeno se acusa en todo el mundo y son muchos los casos que
llegan hasta la luz pública por medio de las denuncias de casos
extremos o, en el peor de los casos, por actuaciones colectivas como
los suicidios en masa.
Uno de los casos más sonados de este tipo en el mundo fue
precisamente el que protagonizó la gurú alemana Fittzhau Garthe, que
convenció a 30 personas residentes en Tenerife y miembros de la secta
Templo Solar para que el día 8 de enero de 1998 a las 20:00 horas se
suicidaran colectivamente en la cima del Teide. Allí sus cuerpos
serían recogidos por una nave espacial para ser llevados a la isla
Reino de los Beatos, donde se les devolvería la vida. Los adeptos
fanáticos estaban convencidos de ser los únicos elegidos para
salvarse después del fin del mundo, pero finalmente fueron detenidos
antes de que pudieran materializar su escabrosa intención.
Repartidas por todas las Islas
Canarias se ha convertido poco a poco en un auténtico hervidero de
sectas destructivas. En 1999 se contabilizaban en España unas 200
sectas, que contaban con 200.000 seguidores, de las cuales 34 estaban
instaladas en el Archipiélago con unos 10.000 adeptos. El número
llegó a ser tan alarmante que el propio ministro del Interior en
aquel momento, Jaime Mayor Oreja, incluyó a Canarias dentro de los
cuatro puntos de mayor presencia sectaria de España junto a Madrid,
Barcelona y Levante.
Hoy las cifras van en aumento y muchas de las sectas de entonces han
sido sustituidas por otras nuevas o han cambiado su nombre o
actividad para mantenerse ocultas. Pero el problema persiste.
Casos como el del cementerio de Haría, el de las pirámides de Mala
hace unos años o las pintadas aparecidas en la fachada de la Iglesia
de San Ginés, son señales públicas de que en Lanzarote existe al
menos, un interés por este tipo de exaltaciones de las creencias y
ritos que nada tienen que ver con las religiones tradicionales.
En este sentido cabe destacar la relación que también existe entre
religión católica y sectas. En muchos casos esta relación la inventan
los propios grupos para atraer a nuevos adeptos por medio de
cantinelas conocidas, pero también destacan otras que sí que están
estrechamente ligadas a la Iglesia católica como son los Legionarios
de Cristo o el tan cuestionado Opus Dei.
La lucha contra las sectas
El problema de las sectas destructivas ha llegado a tal límite, que
las fuerzas de seguridad se han visto obligadas a formar
específicamente a sus agentes para detectar y detener a estos grupos.
Desde 1987, la Dirección General de la Policía cuenta con grupos
especializados en sectas en ambas provincias que están realizando un
intenso seguimiento a estos colectivos. Sobre todo rastrean sus
sistemas de captación, métodos de adoctrinamiento y las empresas y
entidades satélites creadas por la secta, con el objetivo de
descubrir los delitos cometidos.
Estos delitos van desde lesiones a la salud pública, asociación
ilícita o falsedad documental hasta proxenetismo, delitos contra la
vida, la Hacienda pública y la Seguridad Social, la inducción al
suicidio, amenazas o coacciones, detenciones y secuestros.
Pero no es fácil detectar estas ilegalidades, la mayoría de los
expertos coinciden en que la única manera de acabar con una secta es
atacar su entramado financiero, ya que las sectas destructivas suelen
crear entidades civiles, legalmente independientes, que adoptan la
formas convencionales. Constituyen una red orientada a la captación
de adeptos y a la gestión de las donaciones a favor de la secta.
Además, el líder o gurú busca la legalización como entidad religiosa,
lo que conlleva importantes ventajas fiscales.
http://www.cronicasdelanzarote.es/article.php3?id_article=4420