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Sobre la influencia en las relaciones humanas   Lista de mensajes  
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"Influyentes e influidos"
La influencia, un arma de doble filo que puede actuar tanto para
engendrar relaciones de manipulación como de sumisión
La influencia, un arma de doble filo que puede actuar tanto para
engendrar relaciones de manipulación como de sumisión
TEXTO: JOSÉ MARÍA ROMERA ILUSTRACIÓN: MARÍN OLMOS/
en el mundo de las vanidades todos aspiran a figurar en alguna de
esas listas de personajes destacados que periódicamente publican las
revistas de sociedad: los cien más elegantes, los cincuenta más
ricos, las actrices de mayor belleza o los empresarios que han
triunfado en los negocios. Posiblemente las listas codiciadas por
encima de todas no sean ningunas de estas, sino las que albergan a
los más "influyentes".

No se sabe a ciencia cierta con qué baremo son confeccionadas esas
nóminas. ¿Qué se entiende hoy día por "influir"? ¿Es lo mismo una
persona influyente que una persona poderosa? Los editores de Time ,
una de las publicaciones que elaboran su lista anual de influyentes
mundiales, han explicado que la idea de influencia va más allá que
la de poder político y económico, pues comprende aspectos morales,
estéticos y de popularidad.

Quizá es eso lo que la hace atractiva para los eventuales escogidos
de cada año: la conciencia de disponer de alguna virtud o facultad
especial que le permite intervenir sobre las decisiones de los
demás.

Múltiples direcciones
Pero no sólo son influyentes los "modelos" encumbrados por la
cultura mediática o por la religión del éxito social, económico y
político. En mayor o menor medida, las influencias determinan muchos
aspectos de nuestras vidas. Desde el vulgar `enchufe' mediante el
cual alguien obtiene un puesto de trabajo o una canonjía inmerecida
hasta las decisiones electorales de unos ciudadanos que otorgan su
voto al políti co de más "carisma", la influencia actúa en infinidad
de direcciones, la no menos importante de las cuales afecta a las
relaciones humanas más inmediatas.

Influir no es lo mismo que mandar. No es propiamente una persona
influyente quien, por el lugar que ocupa en una escala de poder o
porque dispone de recursos de fuerza, puede imponer su voluntad
sobre otros.

En la empresa o en el deporte, los buenos líderes son seguidos por
sus equipos merced al ejemplo que ofrecen, a la confianza que
inspiran o a la fuerza de persuasión que son capaces de aplicar a
sus argumentos. Es la diferencia clásica entre "auctoritas"
y "potestas", entre la influencia derivada del mérito personal y la
simple posición de dominio.

En el ámbito del trato cercano, la capacidad de influencia es un
arma de doble filo que tan pronto actúa en provecho del influyente y
del influido, facilitando la consecución de logros sin necesidad de
imposiciones bruscas, como engendra relaciones de manipulación y
sumisión. En el lado positivo, miremos al padre o la madre que
transmiten a sus hijos unos modelos de comportamiento recto no a
base de órdenes, sino mediante sus propios actos; o en el buen
maestro capaz de infundir confianza, inspirar respeto y crear gusto
por el conocimiento sin necesidad de castigos ni amenazas. En el
extremo opuesto, una elevada proporción de las situaciones de abuso
provocadas en el seno familiar, en el trabajo o en el ámbito escolar
guardan relación estrecha con el mal uso de su capacidad de
influencia por parte de quienes se hallan en esa posición.

Hay personas especialmente dotadas para ejercer un ascendiente sobre
otras sin que se sepa con exactitud de dónde proviene su magnetismo.
Desde dictadores aclamados por sus pueblos hasta ídolos musicales
que congregan multitudes de jóvenes en sus conciertos, desde
visionarios fundadores de sectas hasta estrellas del celuloide, la
historia no deja de producir gente con capacidad de influencia. En
unos casos su modelo arrastrará hacia la imitación, incluso en
aspectos que nada tienen que ver con sus habilidades o méritos: así
ocurre en los anuncios publicitarios donde un personaje público
sirve de reclamo para productos de lo más dispar.

Responsabilidad moral
Otras veces quien se sabe influyente empleará su privilegio para
embaucar, manipular o sorber el seso a otros. De ahí deriva la
responsabilidad moral de los que por una razón u otra gozan de una
posición dominante en cualquier orden, sea político, sea mediático,
sea familiar, profesional o amistoso.

Los manuales del buen líder siempre han dedicado capítulos enteros a
exponer las técnicas y destrezas que conducen a ser influyente. La
simpatía, la elocuencia, la seguridad en uno mismo, el respeto a los
otros, el dominio de las artes de persuasión son destrezas que se
pueden adquirir con cierta disciplina de aprendizaje. Lo que no
explican es cómo administrar ese poder sin caer en la tentación de
su mal empleo. Porque no pocos de cuantos un día figuraron en las
listas de Time o de Forbes pasaron después por los tribunales, en
algún caso como estación intermedia en el camino hacia las cárceles.

http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20061001/ocio/influyentes
-influidos_20061001.html





Jue, 12 de Oct, 2006 10:06 am

miguelitto999
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